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Alex y Patrick – Capítulo 10

Fotor1221220346Me suena el despertador a las siete de la mañana. Tengo mucho que hacer antes del funeral como ir a casa de Brooke y mirar en el armario de Will a ver si tiene algún traje con el que vestirle para la ocasión. El funeral va a ser un momento difícil para él y no hemos hablado del tema aún. 
 
Salgo a la cocina a encender la cafetera y veo a Patrick durmiendo en el sofá. Me acerco a él y le beso en los labios. Se revuelve pero enseguida se relaja de nuevo. No le voy a despertar aún porque necesita recuperar sueño atrasado. Está increíblemente guapo, tanto que me quedaría horas mirándole pero reconozco que parecería una loca de atar así que intento contenerme un poco.
 
Me tomo el café, me voy a la ducha y me pongo algo cómodo. Ya me arreglaré luego, aunque aprovecho para elegir lo que me pondré para el funeral. Elijo un vestido negro entallado largo hasta algo encima de las rodillas y de manga larga. Me pondré las medias y unos zapatos negros de tacón alto. Completaré el conjunto con uno de mis pañuelos a juego con alguno de los miles de bolsos que tengo. Bolsos y pañuelos son mi debilidad y los tengo a montones.
 
Salgo al salón con la intención de ir a casa de Brooke a echar un vistazo al armario de Will y me encuentro a Patrick recién levantado bostezando y rascándose la cabeza delante de la cafetera. Madre mía, hasta así está para comérselo. Parece un niño pequeño y dan ganas de achucharlo con fuerza.
 
– Buenos días dormilón – le digo abrazándole.
– Buenos días, preciosa. ¿Qué tal has dormido?
– Bien, bastante bien. ¿Y tú?
– He dormido algo, que ya es mucho. Me he levantado alguna vez para comprobar cómo estabais. 
– Gracias por cuidar de nosotros – le digo besándole – Voy al piso de Brooke a ver si en el armario de Will hay algo que se pueda poner para el funeral.
– Vale. Yo bajaré un momento al coche. Me guardé el traje en el maletero.
– ¿Coche? No sabía que tenías coche…
– Bueno, lo tengo siempre en el parking, en la ciudad no lo necesito. Sólo lo uso cuando voy a casa de mis padres, pero he pensado que es más apropiado ir al funeral en coche que en metro…
– Vale… sigues siendo una caja de sorpresas…
– ¡Jajaja! ¿Luego cuando suba de la calle me podré duchar?
– Mmmmm, deja que me lo piense…
 
Y me empieza a besar por el cuello y los hombros.
 
– Vale, me has convencido. Ahora vengo guapo. Will no está despierto. ¿Me harías el favor de despertarle y explicarle el plan de hoy?
– Primero un café, ¿vale?
 
Sonrío mientras le doy un pellizco en los abdominales.
 
Salgo al rellano y antes de entrar en casa de Brooke respiro profundamente. Es la primera vez que entro en esa casa desde el terrible suceso. Sin pensarlo dos veces, meto la llave en la cerradura y decidida entro en el piso. Todo está igual que la última vez que entré. Quizá más adelante tendría que volver a recoger todas estas cosas… supongo que el casero querrá volver a alquilar el apartamento. Me dirijo entonces hacia el dormitorio de Will, abro el armario y rebusco entre la ropa. Enseguida encuentro un pantalón oscuro, una camisa blanca. Veo una americana muy pequeña para Will, pero sí encuentro una corbata que aunque le viniera corta, sí se podría utilizar. Decido que ya irá bien así, con su chaqueta para abrigarle. Aprovecho para coger su bolsa de muñecos, bueno, de tropas imperiales y de asalto, y no puedo evitar sonreír.
 
Al volver a mi apartamento, oigo el sonido de la ducha. Voy hacia mi dormitorio para dejar allí la ropa de Will. El chico ya no estaba en la cama y la puerta del baño estaba medio abierta. Me acerqué un poco al escuchar voces que venían del interior.
 
– Will, sé que no va a ser fácil, pero hoy es el funeral de tu madre y creo que sería bueno que fueras. Creo que es tu oportunidad para despedirte de ella. ¿Entiendes lo que te digo?
 
A través del espejo del baño veo a Will mojado, recién salido de la ducha, de pie encima del lavabo. Tenía una gran toalla envolviéndole el cuerpo y Patrick estaba de pie frente a él secándole el pelo con otra toalla más pequeña. Mientras él habla, Will le mira fijamente, le está escuchando atentamente, le cree y confía en él.
 
– Will, una cosa quiero que tengas clara, ni Alex ni yo vamos a dejarte sólo, estaremos cerca por si nos necesitas, ¿vale? Cuando quieras y te apetezca, estaremos ahí para hablar.
 
Cuando ya está seco, Patrick le coge en brazos y se dirige hacia el dormitorio. Rápidamente me separo de la puerta y me pongo a disimular dejando la ropa de Will encima de la cama.
 
– ¡Hola chicos! 
– Hola Alex. Te dejo aquí a este tiarrón y me voy a duchar yo. Ya está duchado y seco, sólo faltará ayudarle a vestirse. Hemos tenido una pequeña charla, ¿a que sí?
 
Will sigue sin hablar pero al menos nos mira y está atento a lo que decimos. Mientras Patrick se mete en el baño de nuevo, yo me quedo con Will en el dormitorio.
 
– Will, ¿te ayudo a vestirte?
 
Él asiente así que me pongo manos a la obra. Al principio no hablamos nada pero luego me decido a dar el paso.
 
– Oye… me gusta que estés conmigo… es decir, que si te apetece y quieres, podríamos vivir juntos. Te puedes quedar aquí conmigo y vivir en mi casa. Tengo una habitación que no utilizo y… bueno… la verdad es que me va a costar imaginarme la vida sin ti rondando por aquí cerca… Me he acostumbrado a ti…
 
Entonces Will se me tira a los brazos y me abraza. No me dice nada pero no hace falta, esa es su respuesta y me basta para decidirme.
 
Patrick sale del baño con los pantalones puestos y la camisa abierta. Nos mira y sonríe. Yo le devuelvo el gesto con los ojos vidriosos por la emoción. Emoción porque Will quiere quedarse conmigo y emoción por las vistas que me está regalando Patrick. Pelo mojado, camisa desabrochada enseñando los abdominales, pies descalzos… ¡este chico lleva siempre el sexy subido! Mientras ayudo a Will, no quito ojo a Patrick. Él no deja de mirarme a los ojos provocándome mientras se abrocha los botones de la camisa. Luego lleva sus manos hacia abajo, hacia el botón del pantalón. Se lo desabrocha lentamente mostrándome la goma de los calzoncillos, unos Calvin Klein, para arremeterse la camisa por dentro. Luego se abrocha los botones de los puños. Sigue mirándome fijamente y sabe lo que consigue haciéndolo. Luego coge la corbata y cuando se dispone a atársela, dejo a Will ocupado con los cordones de los zapatos y me acerco a Patrick. Le cojo la corbata y empiezo a hacerle el nudo, despacio y sin dejar de mirarle. Él mira por encima de mi hombro hacia Will y se acerca a mi oreja.
 
– Me encantaría que me la quitaras luego… – y roza mi cuello con su nariz.
 
Ese gesto tan simple me hace estremecer de placer y me pone la piel de gallina. No quiero ni imaginar cómo será cuando nos acostemos por fin. Empiezo a pensar que a este paso y con nuestra mala suerte, ese día no llegará en un corto plazo de tiempo.
 
– Will, si quieres ves a ver la tele un rato mientras me cambio.
 
El chico nos mira y sale del dormitorio y enseguida oigo el sonido de la televisión. De espaldas a Patrick, abro mi armario, saco el vestido que he elegido antes, lo dejo encima de la cama y empiezo a quitarme el pantalón de pijama. Lo hago lentamente y a conciencia, sabiendo que Patrick me estará mirando. Me alegro de haberme puesto el conjunto de ropa interior negro esta mañana. Entonces sin girarme hacia él, cojo las medias y lentamente empiezo a subírmelas poco a poco. Oigo la respiración de Patrick cada vez más cerca, se acerca a mí. Sin mirarle, cojo el vestido y empiezo a ponérmelo lentamente, subiendo por las caderas y pasando las mangas por los brazos. Entonces es cuando me giro. Sus ojos me miran de arriba abajo, su respiración está agitada.
 
– ¿Me subes la cremallera? – le digo mientras me vuelvo a girar y me retiro el pelo de la nuca dejándola al descubierto.
 
Sin decirme nada noto como una de sus manos coge la cremallera y empieza a subirla mientras la otra se posa en mi cintura.
 
– Como ves, yo también sé jugar… – le digo haciéndole referencia al momento cuando se ha vestido delante de mí.
 
Cuando acaba de subirme la cremallera hasta arriba me gira con cuidado. En sus ojos veo deseo pero también… ¿amor? No, no puede ser. Son imaginaciones mías porque, aunque me encantaría que sintiera lo mismo que yo, le llevo dos meses de ventaja. No se puede haber enamorado de mí en tan poco tiempo. De hecho, aún tengo dudas de que se enamore de mí algún día.
 
– ¿Qué estás haciendo conmigo Alex? Me vuelves loco. Esto… no me había pasado nunca. Siento como si hubiera perdido el control de mi vida… no puedo hacer nada sin pensar en ti… me controlas… soy como una marioneta en tus manos.
 
Me mira como con devoción. No puedo creer que un tío como él me mire de esa manera y me diga ese tipo de cosas… ¡a mí! Mis ojos se humedecen de nuevo.
 
– No quiero que te pongas a llorar… lo siento…
– Lloro de alegría Patrick. Esas cosas que me dices son preciosas y no me puedo creer que alguien como tú me diga esas cosas a mí…
– ¿Alguien como tú? ¿Alguien como yo? ¿A qué te refieres con eso? 
– Ya sabes… tú eres… estás… ¡mírate! ¡Estás tremendo! Y yo soy… normal.
– A ver, tú no eres normal, eres increíblemente guapa. Además de cariñosa, generosa, divertida y salta a la vista que muy sexy – me dice mirándome de arriba a abajo – Así que deja de decir tonterías y de menospreciarte. Y por favor, si no quieres matarme, tápate un poco porque al final te digo en serio que nos detienen por escándalo público.
 
Cogiendo mi foulard, me lo pone por encima de los hombros.
 
– Mucho mejor.
 
Salimos al salón y nos encontramos la televisión encendida y a Will sentado en el sofá mirándola sin prestarle ninguna atención, con la mirada perdida. Los dos nos acercamos a él y nos agachamos a su altura. 
 
– ¿Listo?
 
Le pongo la chaqueta a Will y Patrick se pone la americana. Está guapísimo con el traje y la corbata negros y la camisa blanca. No me importaría verle así vestido más a menudo aunque creo que daría un poco el cante en el colegio.
 
Bajamos a la calle y Patrick nos lleva hasta donde tiene aparcado el coche, un Honda Civic negro. El tráfico en la ciudad es horroroso y enseguida nos vemos atrapados en un atasco. Patrick enciende la radio y empieza a sonar una canción de Robbie Williams. Es Angel, me encanta esa canción y no puedo evitar tararearla. Miro por el espejo hacia la parte de atrás y veo a Will mirando por la ventanilla, otra vez con la mirada perdida. Patrick hace lo mismo que yo y veo como tuerce el gesto. Le duele tanto verle así como a mí así que alargo mi mano hacia la suya y se la aprieto.
 
Una vez pasado el atasco, llegamos al cementerio en media hora. Hay un cura esperando junto a un ataúd y un agujero en la tierra. Será un entierro sencillo, sin nadie más que nosotros, Joey, el cura y los empleados del cementerio y una ceremonia corta.
 
Cuando el cura empieza a hablar, Will me coge de la mano y cuando le miro veo que ha empezado a llorar. Me mata su sufrimiento. Patrick lo nota y coge mi mano.
 
Poco después el cura acaba su discurso y los empleados del cementerio meten el ataúd en el agujero. La ceremonia ha acabado, pero antes de marcharnos, Will me suelta de la mano y se acerca al agujero. Estoy tentada en acercarme pero Patrick me agarra del hombro. 
 
– Déjale espacio.
 
Will saca una fotografía del bolsillo de su pantalón, le da un beso y la tira dentro del hoyo. Pasado un tiempo prudencial, Patrick se acerca y coge a Will en brazos. Con una señal con la cabeza les da el visto bueno para que empiecen a echar la arena.
 
El resto del día lo pasamos tranquilos en casa. Will se lo pasa en el sofá con el mando de la tele cambiando de canal sin interesarse por nada en concreto. Come algo, poco pero lo damos por bueno. Patrick ha pedido el día libre y se va a casa de Brooke para empezar a empaquetar cosas. A media tarde, una vez acabado su turno, Joey viene para echarle un cable. Miedo me da que Joey pase un buen rato a solas con Patrick pero sé que la ayuda le vendrá bien. Les pido que todo lo que hay en la habitación de Will lo metan en cajas aparte del resto, y que las cosas de la habitación de Brooke me las dejen a mí para echarles un vistazo. El resto, lo donaremos todo a la beneficencia. 
 
Le preparo a Will una sopa para cenar que se acaba entera y muy rápido. Parece que el apetito vuelve a hacer acto de presencia. Luego le acompaño a la cama y me quedo estirado a su lado hasta que se duerme. Al poco rato vuelven Patrick y Joey. 
 
– Bueno, todo listo. Todo lo que donaremos está dentro del piso. Lo de Will está en unas cajas marcadas con su nombre y lo de Brooke está en otras cajas dentro de su dormitorio. Échales un vistazo cuando puedas por si quieres guardarle algo para Will.
– Gracias chicos. Joey, quédate a cenar. Es lo menos que puedo hacer para agradecerte la ayuda. Pediremos unas pizzas.
– Ya sabes que no puedo decirle que no a una pizza y unas cervezas.
 
La cena resulta ser muy relajada y compruebo que los dos congenian muy bien aun siendo tan distintos. Joey nos hace reír muchísimo y de momento no ha soltado ninguna de sus perlas que me hagan sonrojar.
 
– Bueno, y entonces ¿cómo os va a vosotros dos?
 
Vale, ahora empieza la fiesta… 
 
Nos miramos incómodos. Patrick sonríe y agacha un poco la cabeza y alza los ojos para mirarme. Dios mío podría comérmelo a besos cuando hace eso. Me encanta cuando me mira así.
 
– Bueno, llevamos poco… Nos estamos conociendo… – digo yo.
– Además no hemos tenido un comienzo digamos muy… convencional… Lo que viene siendo una cita, vaya. Nos conocemos hace sólo unos días, y con lo que ha pasado con Brooke no hemos tenido mucho tiempo de estar a solas – le aclara Patrick.
– Aparte que tampoco hemos querido que Will lo supiera porque no es muy discreto que digamos y no queremos que lo sepan en el colegio. No quiero que Patrick pueda llegar a tener problemas con el equipo directivo.
– ¿En serio tío? ¿Por liarte con una tía? ¿Qué pasa que sois como los curas?
– ¡Jajaja! No hombre, no. No es por “liarme” con alguien, es por quién es ese alguien. Ahora además si va a adoptar a Will será su tutora y eso puede ser más difícil. No sé cómo son las normas del colegio con respecto a la relación profesores y padres. Quiero asegurarme antes de dar un paso en falso. 
– Entiendo…
– Prefiero tener una relación con tu hermana a escondidas que no tenerla.
 
Vale, es el hombre de mi vida. Le cojo de la mano y le sonrío. Al mirar a Joey veo que pone los ojos en blanco y da un último trago a su cerveza. Ese comentario de Patrick ha matado a Joey. Le conozco y si hubiéramos estado solos, me habría hecho su típico gesto de meterse los dedos en la boca como si fuera a vomitar.
 
– Bueno tortolitos, yo me largo a mi casa así que os dejo solos.
 
Me da un beso en la mejilla y le da la mano a Patrick.
 
Cuando nos quedamos solos, me abraza y me dice.
 
– Acuérdate de lo de mañana…
– ¿Mañana?
– Alex… mañana vendrán los de asuntos sociales para llevarse a Will…
 
Me quedo petrificada. Me lo dijo, pero no me acordaba. 
 
– Pero… no le he dicho nada a Will… esta mañana le pregunté si quería quedarse conmigo y me contestó que sí pero no le dije que mientras hacíamos el papeleo tendría que estar en un hogar de acogida. No puedo hacerle eso Patrick.
– Alex, es la ley. No puedes decidirlo tú… es lo que hay que hacer.
– ¡A la mierda la ley! ¡No puedo hacerle pasar por ello! ¡No lo va a entender!
– Alex… – dice intentando acercarse a mí.
 
Pero yo le aparto y me voy al dormitorio. Me estiro con Will mientras Patrick me observa desde el umbral de la puerta.

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