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Alex y Patrick – Capítulo 12

Fotor010401156 bAbro los ojos acostumbrándome poco a poco a la luz que entra por mi ventana. Empiezo a recuperar la conciencia y la memoria. ¿Lo de ayer no fue un sueño, verdad? No, no fue un sueño. Este brazo que me rodea la cintura, ese torso desnudo contra mi espalda y esa pierna rodeando las mías son de verdad. 
 
Me giro lentamente intentando no despertarle. Consigo que se quede en la misma postura y le observo dormir. Es simplemente perfecto, con sus rasgos marcados y esa barbita de varios días. Bajo mi vista levantando un poco la sábana. Me gustaría tocarle el pecho y reseguirle todos y cada uno de los músculos con mi dedo, pero es que se le ve tan relajado… pero a la vez me gustan tanto sus abdominales… Así que mi mano cobra vida propia y empiezo a dibujar una línea imaginaria pasando de sus hombros hasta el cuello, bajando por el pecho y acabando por todos y cada uno de sus abdominales marcados. No me atrevo a bajar más, sería ya tentar mucho a la suerte. Cuando reposo mi mano en su cintura se remueve un poco y abre la boca un poco. 
 
Ayer cuando estábamos a punto de dormirnos, me dijo que me quería. No lo soñé, estoy segura. ¿Fue un acto reflejo producto del momento o  realmente lo siente? 
 
Tengo que besarle. No me puedo resistir, esa boca me invita a ello. Al principio no me responde al beso, pero pasados unos segundos, abre un ojo y con una sonrisa en los labios me coge por la nuca e introduce su lengua en mi boca. Después de unos maravillosos minutos se separa de mí, dejándome los labios enrojecidos. Me los resigue con el pulgar y ni corta ni perezosa, me lo meto en la boca chupándoselo provocativamente. Cuando se lo suelto, retira la sábana, mira hacia abajo y con una sonrisa pícara me dice:
 
– Buenos días a ti también.
– Hola. ¿Has dormido bien?
– Ni te lo imaginas.
– Me voy a duchar para desperezarme del todo. ¿Haces café mientras?
– ¿Y me dejas así?
– No me digas que tienes tan poco autocontrol… – le contesto mientras me levanto de la cama y desnuda me dirijo al baño.
 
Me sigue con la mirada desde la cama. Sus ojos tienen una mezcla de asombro y diversión. Necesito una ducha y hoy me he levantado juguetona. Ayer ya le puse las cosas demasiado fáciles así que hoy he decidido que se lo tiene que currar un poquito más.
 
Abro el grifo y mientras espero a que se caliente el agua, enchufo el reproductor del Ipod que tengo en el baño. Me encanta escuchar música mientras me ducho. Me meto bajo el chorro de agua calentita y empiezo a enjabonarme al son de “Talking to the Moon” de Bruno Mars. A punto de acabar la canción y cuando ya me estoy quitando el jabón del pelo, se abre la mampara. Al girarme me encuentro a Patrick mirándome fijamente a los ojos. Se acerca a mí, quedándose justo debajo del chorro de agua. El agua le empapa el pelo inmediatamente y le resbala por el cuerpo. Con el efecto del agua, sus ojos parecen aún más claros de lo habitual. Es, con diferencia, la imagen más sexy que he visto en mi vida, y no es un anuncio de colonia, es la vida real, con un tío de carne y hueso que puedo tocar, que ayer me dijo que me quería y está dentro de mi ducha totalmente desnudo.
 
Justo en ese momento empieza a sonar “Something Stupid” de Robbie Williams. ¡Qué cachondos los dioses! Me los imagino ahí arriba manejando sus hilos y pensando ¿qué podemos hacer ahora para ponerlo más interesante? ¡Pongamos una canción que haga que ella desee que la tierra se abra y la trague!
 
Patrick me coge por la cintura y me acerca a él. Se apodera de mis labios en un momento. Cierro los ojos y me rindo a él. La cabeza me da vueltas mientras la letra de la canción me golpea una y otra vez.
 
And then I go and spoil it all
By saying something stupid
Like “I love you”
 
La letra no tiene porqué acertar al cien por cien… No la he cagado diciéndole que le quiero, ¿verdad? De hecho, él también me lo dijo a mí, vale que estaba prácticamente dormido, pero esas mismas palabras salieron de su boca.
 
Poco a poco él avanza y me hace retroceder hasta quedar apoyada contra la pared. Atrapa cada una de mis manos con las suyas a cada lado de mi cuerpo. El contraste entre la fría pared de la ducha y su cuerpo caliente y mojado me excitan de una manera maravillosa.
 
Me mira de arriba abajo con los ojos llenos de excitación y pasión. Es una mirada que me vuelve loca, como si estuviera venerándome, demostrando que yo le excito de igual manera que él a  mí. Y de nuevo vuelve a la carga reclamando lo que es suyo, mis labios, que le pertenecen desde el primer segundo que me los besó.
 
Después de recrearse varios minutos con mi boca, jugando con mi lengua y mordiendo suavemente mis labios, decide seguir su camino descendente por el cuello. Mi respiración ya está algo más excitada cuando baja hacia mis pechos. Mis manos empiezan a moverse hacia su cabeza pero él automáticamente se levanta y me las vuelve a colocar donde estaban.
 
– No te muevas – me susurra al oído.
 
Y vuelve a empezar desde el principio. Madre mía está intentando matarme… de placer, pero matarme al fin y al cabo.
 
Llega de nuevo a mis pechos y aunque mis manos intentan moverse por inercia de nuevo, una voz en mi cabeza grita “¡¿Qué haces loca?! ¡Quédate quietecita! ¡Es una orden!” 
 
Juega rodeando uno de mis pezones con su lengua hasta que se lo mete en la boca. Con la mano acaricia el otro pezón y me lo retuerce suavemente. Mi vientre se contrae por las oleadas de placer que invaden todo mi cuerpo. Cuando cree que ya me ha torturado bastante, bendita tortura, inicia el camino de descenso. Sus manos siguen el camino marcado por los labios y me separan las piernas. Empieza a besarme el pubis y luego separa mis labios y lame mi clítoris. El placer vuelve a contraer mi vientre y las rodillas empiezan a flaquearme. Luego muerde suavemente y cuando creo morir, se detiene, se levanta, me sonríe y sale de la ducha poniéndose una toalla alrededor de la cintura.
 
Mi cara debe ser un poema. Él sigue con una sonrisa en los labios. ¡Será capullo! ¿Se puede saber qué hace?
 
– Esto… ¿ya está? ¿me dejas así?
– Espera… cómo era la frase… ¿no me digas que tienes tan poco autocontrol?
 
Y sale del baño dejándome con cara de tonta. Me lo tengo bien empleado por ir de lista.
 
Obligo a mis piernas a reaccionar a marchas forzadas y me pongo el albornoz para salir de la ducha. Me lo encuentro en el dormitorio subiéndose los vaqueros y aún sin camiseta. Se gira y me mira.
 
– Voy a hacer café.
 
¿¡Qué!? ¿¡Cómo!? ¡Ni hablar! Y antes de que salga por la puerta le cojo por el brazo.
 
– ¡Ni se te ocurra salir por esa puerta!
– Convénceme…
 
Sin perder tiempo le guío hacia la cama y de un empujón le tiro sobre el colchón. De pié delante de él y sin dejar de mirarle, dejo resbalar el albornoz por mi cuerpo y como si fuera una tigresa me deslizo hacia él hasta llegar a su boca.
 
Lo tengo a mi merced, él lo sabe y no opone resistencia. Me humedezco los labios y mientras le miro de arriba a abajo no puedo evitar morderme el labio inferior, gesto provocado por las imágenes que se me pasan por la cabeza.
 
Quiero morderle, no puedo resistirme. No puede ser legal estar tan tremendo… así que sin pensarlo dos veces le doy un pequeño mordisco en el mentón, gesto que repito luego en su labio inferior. Patrick cierra los ojos y un sonido gutural sale de su boca. Luego bajo hacia su pecho aún húmedo. Acerco mi boca a su pecho y chupo uno de sus pezones durante un rato para luego morderlo.
 
– Ufff… Alex… – dice echando la cabeza hacia atrás.
 
Sigo mi camino descendente. Me siento pletórica, yo mando, tengo el control y decido cuándo y cómo hago las cosas, y Patrick tiene pinta de estar totalmente de acuerdo con ello. Paso por encima de su ombligo y llego a una de mis zonas favoritas del cuerpo masculino. Me encanta ese triángulo invertido marcando la parte baja del vientre… parece una flecha que te indica hacia abajo diciéndote a gritos “¡Baja! ¡Baja y verás qué bien lo pasamos!”. 
 
Agarrándole de la cintura del pantalón empiezo a tirar de él y del calzoncillo hacia abajo descubriendo su erección. Le dejo los pantalones a la altura de las rodillas y vuelvo a centrar mi atención en su miembro. Me lo meto en la boca y lo aprieto con los labios notando la textura suave mi lengua decide ir por libre y jugar su propio juego. Cuando noto que empieza a tensar los músculos de todo el cuerpo y veo que aprieta los puños y los dientes, me pongo encima de él y le guío hacia mi interior.
 
Poco a poco empiezo a cabalgarle. Él abre los ojos y no deja de mirarme ni un segundo. Alza sus manos hasta tocar mis pechos. Echo la cabeza hacia atrás de placer.
 
De repente noto como sus ojos se oscurecen y pasan de ser cálidos a ardientes. Sin dejarme tiempo para reaccionar, se incorpora y se sienta sin salir de mí y quedamos a escasos centímetros de distancia. Nuestras respiraciones se acompasan y aumentan a la vez de velocidad. Sus embestidas son cada más fuertes y cuando estoy al borde del abismo, me agarro a su pelo y suelto un gemido intenso. Él se libera poco después que yo gritando mi nombre. 
 
Se estira de nuevo en la cama llevándome con él. Apoyo mi cabeza en su pecho lleno de sudor. Inspiro con fuerza y huelo a sudor y sexo. Me encanta…
 
– Ahora ya puedes ir a hacerme un café – le digo sonriéndole cuando recupero el aliento.
– ¡Jajaja! Sus deseos son órdenes señora.
– Me voy a duchar de nuevo.
 
Cuando salgo del baño me pongo unos vaqueros y una camiseta y me dirijo a la cocina donde un Dios en vaqueros y sin camiseta está echando café en un par de tazas. Me siento en uno de los taburetes de la cocina y él se sienta a mi lado, acercando su taburete lo máximo posible al mío. Me mira y luego agacha la cabeza sonriendo. El Patrick apasionado de hace unos minutos me encanta pero su lado tierno, su faceta más tímida, me tiene robado el corazón. 
 
– ¿Dónde has estado estos días Patrick? Te llamé y te envié varios mensajes. Me preocupé muchísimo más cuando Will me contó que tampoco ibas a clase, que tenían a una sustituta.
– ¿Cómo está Will? 
– Bien. No me cambies de tema. Te marchaste de mi casa muy afectado por las palabras de Will. Sabes que no siente en serio lo que dijo, ¿verdad?
– Él siente que le fallé. Lo que me dijo fue producto de su enfado. No le culpo, él confió en mí y no estuve a la altura de sus expectativas. Me fui cabreado conmigo mismo porque no supe hacerlo mejor, no fui capaz de hacer que fuera lo menos traumático posible para Will.
– Pero no podías hacer nada…
– Pero le hice creer que sí… Me equivoqué asegurándole que no permitiría que sufriese más cuando hay cosas que no podemos controlar… A los niños no se les puede engañar… Los otros días estuve hablando con gente que conozco para intentar averiguar cómo van los trámites de su adopción e intentar agilizarlos.
– ¿En serio? ¿Y cómo va la cosa?
– No sé si he conseguido mucho… Bueno, la entrevista te la hicieron rápido, ¿no? Sobre lo que viene ahora, no puedo intervenir. Se estudiarán el caso lo más urgente posible, pero de momento son sólo palabras.
– Gracias por todo lo que estás haciendo – le digo agarrándole del brazo y dándole un beso en la mejilla – y no te preocupes, a Will se le pasará. Es imposible odiarte durante mucho tiempo…
 
Se gira hacia mí y me mira levantando una ceja. 
 
– Es un consuelo… Entonces, ¿cómo le va a Will en la casa de acogida?
– No se puede quejar. Está muy bien cuidado. La señora que lleva la casa, Alice, es fantástica. Yo también charlé un rato con ella, bueno de hecho me hizo una especie de test personal. A Will también le cae muy bien. Ya sabes cómo es, y cuando se le pasó el cabreo y empezó a socializar con el mundo, enseguida se la metió en el bolsillo. 
– Genial, me alegro mucho por él. ¿Y dices que esa mujer te hizo un test?
– Sí, bueno una especie de charla y supongo que lo que le dije le gustó– le contesto riéndome – En ese momento no me hizo mucha gracia porque fue el primer día que fui a ver a Will y no estaba para leches, pero después me dijo algo que me encantó y me dio mucha confianza. Dijo que les cogía mucho cariño a esos niños y que le gustaba conocer algo más a las personas que tenían intención de adoptarles. Me pareció perfecto.
– Y… ¿qué te dijo o qué dijiste tú para que te “diera su aprobación”?
– Bueno… no recuerdo toda la conversación, estaba un poco ofuscada… Recuerdo que me dijo que tuviera paciencia porque la cosa podría ir para largo y que no me pensara que sería fácil, que en las adopciones suelen dar prioridad a las parejas antes que a gente soltera. 
– Cierto, aunque no es una norma.
– Y le dije que eso me daba igual, que Will me había cambiado la vida y que no quería separarme de él, que se lo debía por haberme hecho tan feliz y ahora quería hacerle feliz yo a él. 
– No me extraña que le cayeras bien – dice poniéndose en pie y situándose entre mis piernas.
– Es que tengo un encanto irresistible… además me dijo que le habían dado buenas referencias de mí… – jugueteando con mi dedo por su pecho desnudo añadí – Sólo dije la verdad. Will me cambió realmente la vida. Me sacó de mi mundo en el que sólo existía el trabajo. Además, gracias a él conocí a cierto profesor sexy…
 
Pongo mis brazos alrededor del cuello de Patrick y él me rodea por la cintura. 
 
– ¿Así que soy sexy? Lo tendré en cuenta…
– Como si no lo supieras… 
– ¿Lo dices por el grupo de fans que tengo apostadas en la puerta esperándome? 
– Patrick, no te fijas en esas cosas pero las madres del cole te miran mucho… y ciertas profesoras también.
– ¡Jajaja! ¡Venga ya! ¿Profesoras? – Y piensa durante un rato – ¿Te refieres a Claire?
– No sé cómo se llama “zorrón rubio”.
– ¡Madre mía Alex! ¿Llamas a Claire “zorrón rubio”? 
– ¿Es rubia, alta y lleva un maletín muy elegante?
– Sí…
– Pues entonces sí, es “zorrón rubio”.
 
No puede evitar una carcajada mientras me abraza.
 
– Es muy simpática, te caería bien. Pero no es profesora… es la directora del colegio. O sea, lo que viene siendo mi jefa… 
– Pues te mira como si te estuviera desnudando…
– Que me mire como quiera. Yo sólo tengo ojos para ti.
– No me digas esas cosas que me pongo roja.
– Pues en la cama muy tímida no eres…
 
Tonteando así nos pasamos el resto de la mañana. Comemos algo rápido y cuando estamos acabando le pregunto si quiere venir conmigo a ver a Will.
 
– No. Creo que no sería buena idea… Prefiero que paséis los dos solos el máximo tiempo posible. No quiero que piense que intento inmiscuirme entre vosotros. Yo aprovecharé para salir a correr un rato y luego iré a casa a cambiarme. Vamos, que te llevo en coche.
 
Una hora después detiene el coche delante de la casa de acogida. 
 
– ¿Me llamas cuando vayas a salir y te vengo a recoger?
– Vale. Tráete ropa y te quedas a dormir esta noche, ¿te parece? Le daré recuerdos de tu parte a Will.

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