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Alex y Patrick – Capítulo 14

Fotor01159340Me despierto poco a poco. Me desperezo mientras abro los ojos y me llega algo de luz desde el salón. Giro la cabeza hacia el reloj despertador y veo que son las diez de la mañana. Últimamente duermo hasta más tarde de lo habitual… será el ejercicio físico nocturno…
 
Cuando me levanto veo a Patrick en uno de los taburetes de la cocina trabajando con su portátil.
 
– Buenos días guapo.
–  Buenos días – me dice sonriendo.
– ¿Por qué no me has despertado?
– ¿Y por qué debería haberlo hecho? Tenía que prepararme un poco las clases de mañana y por eso me he levantado temprano. Me traje el portátil para poder trabajar aquí  porque últimamente no es que pase mucho tiempo en casa…
– ¿Me quieres hacer sentir culpable? 
– Bueno… antes tenía mi vida muy ordenada. Iba a trabajar, llegaba a casa, me cambiaba para ir a correr, volvía, me duchaba, cenaba y luego antes de dormir trabajaba un poco ya fuera preparando clases, buscando información para alguna excursión o actividad a hacer en el colegio o simplemente leía un rato. Y ahora, mi única preocupación eres tú. Sólo quiero estar contigo…
– Yo tampoco estoy haciendo muchos méritos en el trabajo que digamos… Tengo una semana para acabar dos reportajes… ¿me pregunto de quién será culpa eso?
 
Me acerco hacia él y empiezo a besarle poco a poco. Él abre sus piernas para acogerme entre ellas y me abraza con ternura.
 
– Podría quedarme así para siempre – le susurro en el oído – no dejes de abrazarme nunca.
 
Patrick me acaricia la espalda y una de sus manos poco a poco sigue bajando hacia mis nalgas mientras hunde su cara en mi cuello y empieza a besarme justo cuando empieza a sonar mi móvil.
 
– Ya decía yo que hacía mucho tiempo que no nos interrumpía nadie – se queja Patrick.
– No seas bobo.
– No lo cojas… luego si hace falta devuelves la llamada…
– No puedo hacer eso… ¿Y si es importante? ¿Y si es mi hermano o mi madre?
 
Patrick me deja ir rindiéndose y agachando la cabeza. Rebusco en mi bolso hasta dar con el teléfono. Miro la pantalla y extrañada le digo a Patrick:
 
– Es de la casa de acogida…
 
Él se incorpora al instante. Tiene cara de asustado.
 
– ¿Diga? ¡Hola Will!
 
Patrick me interroga con la mirada. Realmente está inquieto y diría que incluso preocupado hasta que finalmente me ve sonreír.
 
– Vale, espera que te lo paso – y dándole el teléfono a Patrick le digo – Es Will. Quiere preguntarte una cosa.
 
Will me ha explicado que Alice le ha premiado por haberse portado muy bien y que el premio que él había pedido era pasar un rato con Patrick.
 
– Vale campeón, dame media hora que me cambio y paso a recogerte, ¿de acuerdo? Hasta ahora.
 
Cuelga y me mira con el teléfono en la mano y una sonrisa en los labios.
 
– Alice le ha premiado por buen comportamiento y lo que quiere de premio es pasar un rato conmigo.
– No le culpo…
–  ¿Qué hago con él? ¿Dónde le llevo? – me dice mientras hace su gesto característico de rascarse la cabeza.
– Patrick, tranquilo… él quiere estar contigo, le da igual donde le lleves. Además, trabajas con niños todos los días, no me digas que no sabes qué les gusta.
– Ya… Bueno, algo se me ocurrirá. A lo mejor le llevo al cine… no sé, él sabrá qué quiere hacer. Mejor dejaré que él decida.
– Me parece genial – digo sin poder evitar sonreír. Está contento y aunque lo que Will le dijo ayer le puso algo nervioso sé que le enorgullece que el crío le quiera como figura paterna. Está muy emocionado.
– ¿Quieres venir? A Will no le importará, seguro.
– No, pasad el rato los dos juntos, os irá bien a los dos. Él quiere estar contigo y tú necesitas pasar un rato con él. Yo aprovecharé para empezar a poner orden en la habitación de Will.
– Alex, no te hagas ilusiones aún…
– Lo sé, pero no puedo evitarlo… 
 
Cuando Patrick se va me quedo ordenando la habitación donde dormirá Will, que hasta ahora era un trastero y armario. Dos horas después, la habitación estaba libre de trastos y cogí los productos de limpieza para darle un buen repaso. Y una vez acabé de limpiar cogí unas cuantas fotos de los tres que tenía guardadas y se las colgué en una de las paredes de la habitación formando un collage. Quedan preciosas y creo que le encantarán. Estoy echándoles un último vistazo cuando suena mi móvil y miro la pantalla. Es mi madre.
 
– Hola mamá.
– ¡Hola cariño! ¿Qué haces?
 
Limpiar la habitación del fondo del pasillo porque voy a adoptar un niño. Esa sería una respuesta perfecta para quitármela de encima, lo malo es que sería para siempre y tampoco me molesta tanto. Nunca nos hemos llevado bien, porque somos muy diferentes, pero tampoco es plan de matarla.
 
– Nada, limpiar un poco.
– Alex cariño, ¡es domingo! Una chica joven como tú debería estar por ahí con las amigas o… con un chico.
 
Ya está. Ya lo ha dicho. Y ahora es cuando empieza con su interrogatorio-charla-reprimenda.
 
– Cariño, te lo he dicho muchas veces, estoy preocupada por ti. Deberías salir más. Sé que tu trabajo te gusta y te importa mucho, pero te centras demasiado en él. Cariño, tienes casi treinta años, deberías salir y buscar a ese chico que te haga tilín y empezar a pensar en un futuro juntos. 
 
Ahí es cuando ya he desconectado. Me sé este discurso de memoria. Me lo da una vez al mes, cuando hace un paréntesis en su ajetreada vida y se acuerda que tiene dos hijos y nos llama. 
 
Primero llama a Joey y a él le pega la charla de que tiene que comprometerse ya de una vez por todas con una chica, que deje ya de ir de flor en flor. Que no tiene ya edad para acostarse cada noche con una chica ya que las chicas que hacen esas cosas no son decentes, son mujeres de moral distraída (me estuve riendo durante días cuando Joey me explicó que le dijo esta frase).
 
Mi charla es totalmente opuesta. Que salga de casa y vaya a conocer a chicos para poder encontrar al indicado. Que pruebe en discotecas que hay muchos chicos solteros. Que ya sabe que no me gustan esos sitios, pero que si sigo pensando que el chico ideal lo encontraré en la biblioteca o el museo, me quedaré soltera para toda la vida.
 
Me lo dice mi madre, que es experta en bodas, de hecho está casada por cuarta vez. Cuando mi padre nos abandonó cuando teníamos quince años, mi madre, una mujer dedicada por entero a su familia hasta aquel entonces, hizo un giro en su vida de 180 grados y empezó a salir con amigas. Salía muchas noches e incluso hacía algún que otro viaje. Desde entonces, tres bodas nada más y nada menos. Nosotros sólo convivimos con el primero de esos tres, Robert. Era un buen hombre, pero supongo que no lo suficiente para mi madre, ya que poco después de mudarnos Joey y yo a Nueva York, le abandonó y empezó una relación con Phil, el que se convertiría en su tercer marido. A este pobre, Joey y yo lo vimos poco, pasó sin pena ni gloria. Pero entonces conoció a Jack, con el que lleva ya más de diez años casada y la verdad es que tanto Joey como yo le hemos cogido cariño. Es un santo con mucho dinero que hace lo que mi madre quiere porque está enamorado de ella hasta las trancas. Como dice Joey, ese hombre es un santo no sólo por aguantarla sino por tenerla tan ocupada y alejada de nosotros.
 
– … ¡mira tu hermano! Se ha dado cuenta de que con el ritmo de vida que llevaba no era feliz y se ha echado novia y quiere sentar la cabeza.
 
¡¿Cómo?! ¡¿Joey con novia?! ¡¿Desde cuándo?! Me quedo muda escuchándola. No puede ser… pero si no hace tanto que no hablamos, sólo unos días… Me dijo que estaba un poco cansado de ir de flor en flor y que le gustaría conocer a alguien con quien salir más de una noche, pero de ahí que se haya echado ya novia… 
 
Decido cortarla porque tengo que llamar ya mismo a Joey. Yo lo mato, y va a ser una muerte lenta y dolorosa.
 
– Tienes razón mamá. ¿Sabes qué haré? Mañana mismo llamaré a mi amiga Rachel de la universidad y quedaré con ella para salir el viernes que viene.
– ¡Claro que sí Alex! ¡Sal ahí fuera y rebusca entre el mercado! – qué vergüenza oír a una madre decir esas cosas – Pero cariño, cuando salgas, ponte guapa, no como vas habitualmente.
 
¡Zas! En toda la boca.
 
– Vale mamá. Te quiero. Adiós.
 
Y cuelgo rápidamente para marcar el número del futuro difunto. Mamá siempre nos llama el mismo día a los dos y después de repartirnos algunas de sus perlas provenientes de su lengua viperina, nos llamamos para comentar la jugada, así que debe esperarse mi llamada…
 
– ¡No me mates por favor!
– ¡¿Pero tú eres jilipollas o qué te pasa?! ¿Cómo le dices a mamá que te has echado novia? Y lo peor de todo, ¿por qué me dejas sola ante el peligro delante de mamá?
– Joder Alex, pensé que le dirías que tenías novio… Y entonces me cagué y pensé que me daría la charla en plan “mira tu hermana lo bien que lo ha hecho”… y no tenía ganas de que me diera la brasa y se lo solté sin pensar.
– Pues genial porque la brasa me la pegó a mí…
– ¿Pero no le hablaste de Patrick?
– Pues no listo, pues no… No sé yo si estoy preparada para el tercer grado de mamá y no quiero ni pensar que le hubiera hecho tanta ilusión que decidiera venir a verme. Imagínate cómo sería presentársela a Patrick… sólo de pensarlo se me pone la piel de gallina.
– Mamá es capaz de gustarle e intentar ligárselo… Pues lo siento Alex… Pensé que se lo dirías y me bloqueé. Por cierto, ábreme la puerta.
– ¿Qué? – digo mientras llaman a la puerta.
 
Abro y me encuentro delante de Joey, los dos con el teléfono en la oreja, con la diferencia que él lo aguanta con una mano mientras con la otra lleva un pack de cervezas y pone su típica cara de “soy monísimo y te estoy pidiendo perdón”. Acto seguido estamos sentados en el sofá con una cerveza en la mano cada uno.
 
– ¿Estás sola? 
– Patrick está con Will.
 
Y le explico toda la historia desde el punto en el que él se quedó. Mientras lo cuento me doy cuenta de lo que han cambiado las cosas últimamente y de lo rápido que lo han hecho.
 
– ¿Y sabes cuándo te llamarán para darte la respuesta de la adopción? 
– Ni idea… La verdad es que me estoy empezando a poner nerviosa, pero es cierto que sólo han pasado unas semanas… Y Patrick me dice que lo normal es que un proceso de adopción tarde meses. De momento, él movió hilos para que la entrevista me la hicieran esta semana pasada cuando suelen tardar semanas en hacerla.
 
Seguimos hablando del tema durante largo rato hasta que oímos la cerradura de la puerta abrirse. Miramos los dos hacia el recibidor y vemos a Patrick y a Will. El crío viene corriendo hacia mí y se me tira a los brazos. Después se lanza hacia Joey y empiezan a revolcarse por el sofá haciéndose cosquillas. Mientras me acerco a Patrick que está en la cocina cargado con unas bolsas y dejando unas pizzas en el mármol.
 
– Hola guapo – le digo dándole un casto beso en los labios. No estamos acostumbrados a darnos muestras de afecto delante de la gente… más bien al contrario.
– ¡Hola! Hemos preferido venir a comer contigo. Hay comida de sobras así que si Joey quiere quedarse… – me dice mientras me acaricia los brazos sin dejar de mirar a Will por si nos estuviera mirando.
– ¿Cómo ha ido? ¿Qué habéis hecho?
 
Y agachando la cabeza y con la sonrisa más amplia y sincera que haya visto nunca, me contestó:
 
– Genial Alex. Ha sido genial. Es un chico estupendo. Me cogía todo el rato de la mano y ha sido una sensación extraña pero… fantástica.
– Tengo hambre – dice Will desde el sofá interrumpiendo nuestra conversación.
– No se hable más – contesta Patrick apartándose de mi de golpe – Joey, hay pizza de sobras. ¿Te quedas verdad?
– Nunca le digo que no a un trozo de pizza. Las cervezas corren de mi cuenta.
 
Nos sentamos en la barra de la cocina y Will enseguida se sienta al lado de Patrick dejándome a mí al lado de Joey, justo enfrente de Patrick. 
 
– ¿Y bien? ¿Qué habéis hecho esta mañana? – digo mirando a Will.
– Patrick me llevó a tomar un batido de chocolate. Y luego me compró unos comics de Star Wars y una camiseta de Darth Vader que quiero estrenar mañana en el cole – nos explicaba emocionado mientras Patrick y yo nos mirábamos – Y después fuimos a Times Square y entramos en una tienda de deportes y me ha comprado unas zapatillas para salir a correr juntos. ¿A que es genial?
– Mucho, mucho… – le contesto yo.
 
Will está emocionadísimo y por lo que adivino en su cara, Patrick también. Para los dos lo que sienten es una novedad y les gusta. Nos miramos divertidos. Él sonríe bajando la mirada hacia su plato y yo no puedo evitar morderme el labio inferior. Por dios, qué sexy es ver a un hombre ejercer de padre y además haciéndolo tan bien como lo está haciendo Patrick. Will nos mira y suelta una risita divertido.
 
– ¿Y a ti qué te pasa? ¿De qué te ríes enano? – le pregunta Patrick.
– Estáis enamorados… Os hacéis miraditas todo el rato… – nos suelta bajando la vista y poniéndose rojo.
 
Los dos nos sonrojamos y nos miramos sin saber bien qué decir e intento cambiar de tema diciendo:
 
– ¿No vas a ver los cambios que he hecho en la habitación?
– ¿Cambios? ¿En mi habitación? – y cuando muevo la cabeza afirmativamente sale disparado hacia allí seguido por Patrick.
 
Cuando nos quedamos solos los dos, Joey me mira y me suelta:
 
– No es por nada, pero parecéis adolescentes… Si os besáis no va a pasar nada… nadie se va a escandalizar… 
– Joey… no lo entiendes… Las cosas han ido muy rápido y no hemos tenido un comienzo de noviazgo o lo que sea, digamos… convencional. Justo después de conocernos y empezar a “tontear” pasó lo de la madre de Will y desde entonces hemos estado liados con el tema de la adopción. No hemos salido por ahí los dos solos en plan novios nunca, no me ha llevado a cenar ni nada por el estilo… Además está el hecho que no queremos que en el colegio se sepa que estamos juntos hasta que no veamos cómo es la política del centro respecto a estos temas…
– Perfecto, pero delante del crío no hace falta que disimuléis porque tonto no es – y levantándose me da un beso – Me voy que esta noche curro. ¡Adiós Will! ¡Hasta luego Patrick!
– ¡Hasta luego Joey! – dicen los dos a la vez.
– Patrick, ¿te apetece ir a ver a los Giants la semana que viene? Puedo conseguir entradas para los tres y así nos llevamos a Will.
– Vale, si a Alex le parece bien…
– ¡Calzonazos! Te llamo entonces – y dirigiéndose esta vez a mí me suelta – por cierto… si te pregunta mamá cuando te vuelva a llamar, mi novia es alta y rubia y se llama Kate, y como sigue en pie lo que te dije de que me buscaras alguien así, si se adapta a esas características, mataríamos dos pájaros de un tiro.
 
Una vez sale por la puerta, pensativa me levanto y me dirijo a la, esperemos, futura habitación de Will. Patrick tiene al crío cogido en brazos para que vea mejor todas las fotos que le he colgado. Están adorables y Will tiene los ojos abiertos de par en par. Me quedo en la puerta observándoles hasta que pregunto.
 
– ¿Te gusta?
– ¡Me encantaaaaaaa! – contesta Will saltando a mis brazos – ¡Y allí me has puesto una estantería para los libros y allí un cojín enorme para sentarme encima! Voy a guardar aquí los comics que me ha comprado Patrick. ¿Y esta tarde podríamos salir a correr ya, no?
– Bueno… ya veremos luego… ¿no te has cansado suficiente esta mañana? 
– No. Además, antes me has dicho que hace días que no sales a correr y si quieres hacer el tritón ese, tienes que entrenar.
– ¡Jajaja! Tritón no… Triatlón – contesta Patrick divertido – Pero Will, no tengo la ropa de correr aquí… tendremos que dejarlo para otro día. 
– Pues yo no sé porqué no te traes toda tu ropa aquí… si te pasas con Alex todo el día…
– Will, con respecto a eso – digo dejándole en el suelo y agachándome a su altura –  verás, aunque Patrick y yo estemos juntos, sólo lo sabéis tú y Joey, ¿vale? De momento nadie más se puede enterar.
– ¿Por qué?
 
Miro a Patrick suplicándole que me eche una mano y se agacha a mi lado. 
 
– Es complicado… En el colegio no lo sabe nadie de momento y nos gustaría que fuera un secreto. ¿Nos lo guardas?
– ¡Vale! Pero Alice y Charlie también lo saben, con ellos no hace falta que disimuléis. Y delante de mí también os podéis dar besos, que no os dé vergüenza.
– ¡Jajaja! Vale, lo tendremos en cuenta.
– ¡Qué guay! Así ya tendré papá nuevo y mamá nueva.

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