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Alex y Patrick – Capítulo 15

Fotor0118120452El resto de la semana pasó lentamente, sin noticias de asuntos sociales. La única respuesta que recibíamos cuando Patrick intentaba averiguar algo era: “está en trámite”. Yo me ponía frenética porque no entendía que, si yo quería adoptar a Will y él quería que le adoptaran, se lo tuvieran que pensar tanto.
 
Patrick había pasado todas las noches en mi apartamento. A mitad de semana incluso trajo algo más de ropa para no tener que pasar cada tarde por su casa. A finales de semana cuando bajé al cuarto de las lavadoras a hacer mi colada, me llevé algunas camisetas suyas. Conforme las iba metiendo en la lavadora, iba oliéndolas recordando mis maneras de acosadora. Las buenas costumbres no deben perderse… No salíamos juntos a la calle, en parte por el miedo a ser vistos por alguien y en parte porque preferíamos no tener que compartirnos con el resto de la humanidad. Por las noches hacíamos juntos la cena y luego charlábamos durante horas. Empezábamos hablando de las batallitas del día a día y nos acabábamos confesando algún secreto de juventud. Así descubrí que una tal Christine del instituto fue con quien perdió la virginidad a los 17, que siempre sacaba matrículas para recibir becas para pagarse la carrera ya que sus padres no podían pagársela o que empezó a correr para mantenerse ocupado cuando dejó de fumar. Así mismo, yo le hablé de mi infancia, de Jeff, mi novio de la universidad e incluso de mi madre, incluido sus matrimonios, su afición a darnos sermones e incluso de la última ocurrencia de Joey para quitársela de encima. 
 
Además, con tal de conservar nuestros respectivos trabajos, decidimos turnarnos las tardes con Will, así de ese modo mientras uno estaba con él, el otro podía trabajar un rato. No sabíamos cuanto tiempo iba a quedarse Will en la casa de acogida y el ritmo que llevábamos hasta ahora era insostenible. Yo por ejemplo tenía muy cerca la fecha límite para dos reportajes y no los tenía nada adelantados y Patrick se preparaba las clases por las mañanas mientras se tomaba el café. La fórmula resultó funcionar a las mil maravillas y aunque Will quería tenernos a los dos, le prometimos que haciéndolo de este modo, podríamos dedicarle los fines de semana enteros a él.
 
La noche del viernes, Patrick me contó que Joey le había llamado para ir con Will al día siguiente a ver el partido de los Giants contra los Dallas Cowboys.
 
– ¿Te parece bien? Recogeré a Will por la mañana, nos vendremos aquí y después de comer Joey nos pasará a recoger. Ha conseguido entradas de tribuna y es un partido contra uno de los mejores equipos de la liga.
– Si me lo dices con ese entusiasmo, soy incapaz de negarme.
 
Así pues, el sábado decidimos aprovechar la mañana y recoger temprano a Will. Nos fuimos a casa y nos vestimos para salir a correr. 
 
– ¿Te gusta la idea? – le preguntó Patrick al montarnos en el coche y explicarle el plan.
– ¡Genial! A lo mejor, si me entreno mucho, podré hacer el tristón contigo.
– Triatlón, Will, aunque siento comunicarte que es sólo para mayores de edad y menos mal porque si no estoy seguro que me ganarías.
– Pues que lo haga Alex contigo.
– Sí, en eso mismo estaba yo pensando. No se me ocurre algo mejor que hacer que dejarme el hígado en una carrera de esas. Yo os acompaño a correr para que no se diga pero a la que me canse, me siento en un banco a comerme un helado. Yo no os entiendo ese afán o moda de correr hasta perder el sentido…
– Lo creas o no, engancha. Yo empecé al dejar de fumar por eso de seguir un régimen de vida sano y por eso de que al dejar de fumar te pones a comer como un loco y una cosa llevó a la otra y mira, ya he hecho dos triatlones, varias carreras y espero en un año o dos correr el maratón.
– Y yo allí estaré para animarte – le digo guiñándole un ojo.
 
Una vez estamos cambiados, nos dirigimos al parque. Will está encantado con sus zapatillas nuevas y su pantalón nuevo. Patrick se ha puesto pantalón corto y camiseta de manga corta. Verle así vestido me traslada a hace unas semanas, cuando lo máximo que me acercaba a él era a unos 10 metros, apostada detrás de un árbol o disimulando sentada en un banco. Ahora pienso sin poder reprimir una sonrisa, que no sólo voy a correr a su lado, sino que además me corro en la cama con él cada noche. Toma ya la cerdaca que hay en mí… ¡qué orgulloso estaría Joey si me hubiera oído!
 
– Vamos a ver, la vuelta entera son 10 kilómetros, aunque creo que mejor vamos a empezar con una distancia más corta… ¿qué os parece si damos una vuelta al lago que son 2 km y medio y al acabar vemos qué tal?
– Tú mandas… – le respondo.
 
Madre mía, si se piensa que voy a ser capaz de correr 2 km y medio sin parar, es que tiene un concepto muy equivocado de mi… Además, ahora no tengo que esforzarme corriendo hasta sobrepasar mis límites para verle ya que le tengo cada noche en mi cama.
 
Así que estiramos un poco siguiendo las instrucciones de Patrick hasta que se me acerca al oído y me dice:
 
– La próxima vez señorita, no se ponga una mallas ajustadas y una camiseta ceñida o no respondo de mis actos…
 
Si él supiera la de veces que he ido así vestida delante suyo y no me ha siquiera mirado… 
 
Empezamos a correr a ritmo lento. Ah bien, no está mal, puedo seguirlo bien. Cinco minutos más tarde empiezo a notar cierto cansancio en las rodillas. Diez minutos más tarde empiezo a respirar con dificultad. Miro a Will y aunque se le ve sudar, no muestra signos de parar. Se fija mucho en Patrick, en el ritmo que lleva y sigue al pie de la letra sus instrucciones. Dios mío no sé como es capaz de correr y hablar a la vez sin siquiera cortársele la voz. A los quince minutos estoy sudando la gota gorda y a punto de echar el desayuno así que a la que veo un banco a una corta distancia decido pararme.
 
– Chicos, yo me quedo aquí – consigo articular dejándome caer de golpe.
 
Patrick se me acerca y se agacha a mi altura.
 
– ¿Estás bien? Llevamos medio circuito… ¿seguro que no quieres intentarlo un rato más?
– Patrick, si tú quieres que esta noche te sea útil en la cama, créeme, por tu bien, me quedo aquí sentadita.
– No se hable más entonces. Quédate aquí y ahora en un rato te recogemos. ¿Quieres que te traiga algo? ¿Un café? ¿Un helado?
 
Mira tú qué bien que a la que he relacionado las palabras sexo y cansancio, le he convencido de golpe.
 
– No tranquilo. A la que recupere el aliento iré yo a coger algo.
– Vale entonces. Nosotros seguimos.
 
Me quedo tranquila sentada en mi banco un rato intentando recobrar el aliento, cosa que me lleva más rato del esperado. Cuando lo consigo decido levantarme a por un refresco y me estiro en el césped a esperar a mis atletas.
 
Al cabo de unos quince minutos, les veo llegar a lo lejos. Juegan a hacerse la puñeta adelantándose el uno al otro. Cuando veo que miran hacia el banco donde estaba sentada les hago señas y empiezan a correr hacia mí lo más rápido que pueden para ver quien llega el primero. Patrick se deja ganar y Will se me tira encima.
 
– ¿Cómo ha ido?
– ¡He hecho el recorrido entero sin pararme! ¡Mira qué fuertes se me han puesto las piernas! – me dice Will.
– ¡Vaya! ¡Es verdad! – digo mientras le toco el gemelo y los brazos y en un arrebato le empiezo a dar besos y a hacerle cosquillas.
– Oye, yo también he hecho el recorrido entero… ¿yo no tengo recompensa? – y se estira a mi lado girando su cuerpo hacia mí. 
 
Verle así sudado y con el pelo mojado despierta mis instintos más primitivos. Mi imaginación sólo piensa en sentarme a horcajadas encima suyo y empezar a besarnos como haría cualquier pareja. Pero en lugar de eso, nos tenemos que limitar a echarnos miradas cómplices y contenernos hasta que estemos a solas. Pensaba que llevaría mejor la situación pero la verdad es que empieza a joderme el tema…
 
Patrick me mira a los ojos y sé que puede leer mi mente y saber lo que pienso. Le da a Will un billete de 5 dólares y le dice que se vaya a comprar un helado al quisco de al lado y el crío obedece contentísimo. Miramos mientras se aleja y de repente Patrick me estira en el césped cubriéndome con su cuerpo. Nuestras caras quedan a escasos centímetros.
 
– Lo siento pero no puedo aguantar mucho más. Estoy cansado de esconderme – y me besa apasionadamente.
 
Le cojo la cara con mis manos y hundo mi lengua en su boca. Dejo que mis labios jueguen con los suyos. Instintivamente tiro mi cabeza hacia atrás cuando empieza a besarme el mentón y el cuello dándole vía libre. De repente no existe nadie más a nuestro alrededor. De repente somos una pareja de novios normales que no tienen nada que esconder a nadie.
 
– Gracias por esta demostración pública. La necesitaba – le digo muy cerca aún de sus labios.
– Lo sé. Yo también – y me acaricia la cara con su incipiente barba.
 
Poco después nos vamos hacia casa. Esta tarde mis chicos tienen una tarde de hombres con Joey. Les cedo el baño y se duchan mientras preparo unos espaguetis que devoran casi sin respirar. Patrick se pasa toda la comida con el móvil en la mano enviando mensajes, hasta que mosqueada, no por el hecho sino por no saber con quién se escribe, le digo:
 
– Eso que estás haciendo no es de muy buena educación…
– Sí, lo sé, lo siento. Es tu hermano. Estoy quedando con él para luego. Como tengo mi camiseta de los Giants en casa, hemos quedado que él pasará a recoger a Will y luego vendrán a por mí a mi apartamento – y me pone una sonrisa de disculpa.
– Por dios, todo lo que estáis liando por un partido… hombres… Pues yo voy a ver “Pretty Woman” que he visto que la dan esta noche otra vez.
– ¿Otra vez? Pero si la han dado millones de veces…
– Pero es muy romántica y me gusta y vosotros no vais a estar, así que chitón. 
 
Sobre las cinco de la tarde, Patrick se va hacia su apartamento y nos deja a Will y a mí solos.
 
– He visto como os besabais en el parque… – me dijo en un tono de voz muy bajo, como si alguien nos fuera a oír.
– Cariño, aquí no hace falta que hables así – le respondo imitándole.
– Como me dijisteis que era un secreto…
– Sí pero en casa no hace falta que disimulemos ni que hablemos así.
– ¿Y en el parque ahora tampoco?
 
Ya sabes Will, el calentón del momento… nos pusimos cachondos y una cosa llevó a la otra… Ojalá pudiera responderle eso, pero tengo que buscar las palabras adecuadas para un niño de seis años.
 
– A veces, cuando una persona te gusta mucho, aunque sea un secreto, no puedes evitar darle un beso. 
– ¡Pues menudo beso se os ha escapado!
 
Jodío niño… Parece que no está pero se entera de todo…
 
A las seis de la tarde llega Joey para recoger a Will. Lleva su camiseta enorme de los Giants y la gorra puesta y lleva en la mano lo mismo unas cuantas tallas más pequeñas para Will. 
 
– ¿Para mí? ¡Como mola! ¡Vamos a ir iguales!
– Le he preguntado a Patrick y me ha dicho que no tenías y eso no podía ser.
Will se saca su camiseta al instante tirándola al suelo y se enfunda la nueva. Está graciosísimo.
– Hola hermanita. Te ha contado Patrick, ¿verdad? Ahora pasaremos a recogerle.
– Ajá. Tened cuidado con Will por favor… Alejaos de los problemas que te conozco Joey.
– Que sí… Que me he vuelto muy responsable ahora… – y dándome un beso en la mejilla me susurra al oído – Pásalo bien y  no te preocupes por nada. Te quiero.
 
Sola al fin en mi apartamento, saco del congelador el sushi para que vaya descongelándose para la cena. Con la tontería hacía mucho que no estaba sola una noche en mi apartamento. Eso que antes era habitual, se va a hacer raro esta noche y aunque siempre he fardado de ser muy independiente, reconozco que me he acostumbrado muy rápido a la presencia de Patrick todas las noches.
 
Media hora después, llaman a la puerta. Qué raro, no espero a nadie… Y cuando abro me quedo de piedra. Es Patrick. Va vestido con un vaquero oscuro y una camisa negra con las mangas arremangadas. No entiendo nada… ¿No habían quedado en su apartamento? ¿No iba a recoger su camiseta? 
 
– Esto… me parece que no he entendido algo… – le digo confundida.
 
Y con las manos en los bolsillos y con su sonrisa de medio lado, con la pose más sexy que le he visto nunca, me dice:
 
– Me parece que te debo una cita.

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