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Alex y Patrick – Capítulo 19

Me duele la cabeza de tanto llorar. Llevo horas estirada en mi cama, rodeada por pedazos de las fotos que con tanto esmero y devoción guardaba hace unos meses y que hace unas horas no me costó más de cinco minutos romper en pedazos. Por culpa de esas malditas instantáneas estoy ahora como estoy. Por culpa de ellas he perdido al amor de mi vida. Por culpa de ellas mi vida ha vuelto a como estaba hace unas semanas, vacía.
 
Aunque en el fondo, ¿a quién pretendo engañar? No es culpa de estas fotos, sino de la loca que las hizo, yo. Es lo más lógico que haya salido por patas al verlas. ¿Quién en su sano juicio tiene semejante colección de fotografías de alguien desconocido? Una loca obsesionada como yo. ¿Por qué no me comporté entonces como una persona adulta normal y corriente y me acerqué a él para hablarle? ¿O por qué no le conté lo de las fotos cuando tuve la oportunidad? ¿O por qué narices no las tiré?
 
Por otra parte, me duele en el alma que piense que utilicé a Will para acercarme a él. No puedo creer que me vea tan vil e insensible como para utilizar a un niño de seis años para tirarme a un tío. Quiero con locura a ese niño y realmente quiero hacerme cargo de él. Aunque por otro lado, ¿cuáles son las probabilidades de que te obsesiones con un tío y que resulte ser el profesor del niño que cuidas? Muy pocas en una ciudad normal, ínfimas en una ciudad como NY de más de ocho millones de habitantes. 
 
Después de irse Patrick, le llamé varias veces al móvil y le envié varios mensajes pero no he recibido respuesta. No sé si insistir hasta quemarle la batería del móvil o dejar pasar el tiempo. 
 
Miro el reloj y son las seis de la mañana. No puedo recluirme en casa. Tengo que salir, ir a trabajar y afrontar las consecuencias de mi estupidez, por mucho que me cueste. Y evidentemente que no me daré por vencida hasta hacer que Patrick me crea. Si quiere enfadarse conmigo por las fotos, lo acepto, me comporté como una adolescente obsesiva. Es que cada vez que lo pienso alucino conmigo misma. El pobre tiene que haber flipado con las fotos. Decenas de ellas, todas suyas y hechas en plan paparazzi, como si fuera un famoso al que acosar. Pero lo que no puedo permitir que se piense es que utilicé a Will para llegar a él. Will es mi único motivo para seguir adelante ahora mismo y con él no la voy a cagar. 
 
Me ducho. Cargo mi cuerpo con mi dosis matutina de cafeína y pongo mi mejor cara para ir a trabajar. Cuando estoy saliendo por la puerta cojo mi móvil y sorprendida veo el sobrecito de mensaje en la pantalla. El corazón me da un vuelco e instintivamente cierro los ojos mientras pulso para abrirlo.
 
“¿Comemos juntos? Tengo que hablar contigo. Anoche salí a cenar con Claire. Me gusta Alex, me gusta… Y no, no me acosté con ella. Bueno… ¿te recojo a la 1?”
 
Al menos parece que a alguien se le dio bien la noche… No quiero fastidiarle su buen humor, así que le contesto con mi mayor optimismo.
 
“¡Bien por ti Joey! No puedo esperar a que me des detalles. A la una en el vestíbulo del periódico”
 
En el fondo es verdad. Me muero por saber cómo ha aguantado mi hermano una noche sin sexo al lado de una tía como Claire. Quizá la distracción me vaya bien, aunque no sé si seré capaz de disimular delante de él.
 
Me miro al espejo y compruebo que el quilo de maquillaje que me he puesto no ha conseguido disimularme las ojeras y los ojos hinchados de llorar. Me parece que las gafas de sol serán hoy un complemento imprescindible.
 
Salgo a la calle y me dirijo al metro. Todo me recuerda a él. El trayecto que hacíamos uno al lado del otro, sin siquiera rozarnos, o la estación de metro, donde hacía escasamente una horas me había dado un beso de esos que salen en las películas. Entro en el edificio del periódico y esquivo a Jessica que seguro me va a preguntar por Joey o por “mi novio”. Llego a mi mesa y veo el ramo de flores…
 
Hasta ahora enfrentarse a la vida de un modo adulto se está convirtiendo en una pesadilla. Sólo me apetece llorar como una desconsolada y en lugar de eso, he decidido ser todo lo adulta que no fui hace dos meses y coger el toro por los cuernos. Lo más fácil hubiera sido meterse en la cama, taparse con la colcha y alimentarse tan sólo de helados de chocolate durante meses… Cómo he podido acostumbrarme tanto a su presencia… Y lo mejor de todo, ¿seré capaz de acostumbrarme a no tenerle a mi lado?
 
La otra cosa en la que no puedo dejar de pensar es en cómo lo haremos con Will. ¿Cómo le explico lo que he hecho a un niño de seis años? ¿Cómo le digo que he asustado a Patrick? ¿Cómo le digo que si está conmigo, no podrá estar con él? Por dios, vamos a parecer un matrimonio divorciado repartiéndose al niño, y no somos ni padres ni estamos casados.
 
¿Será capaz de perdonarme Will? Justo ahora que estaba recuperando la sonrisa que perdió hace unas semanas, voy yo y la cago alejándole de Patrick. ¿Querrá venirse conmigo igualmente?
 
Madre mía, tengo tantas cosas en la cabeza que sin haber escrito más de diez líneas de mi artículo, me doy cuenta que ya es la una. Cojo mis cosas y antes de bajar voy un momento al baño para mirarme en el espejo y arreglarme un poco. No quiero calentarle la cabeza a Joey con mis problemas, pero me conoce demasiado y viéndome la cara puede sospechar algo. 
 
Bajo al vestíbulo y en ese momento entra Joey por la puerta. Al instante Jessica se levanta por detrás del mostrador de recepción y le saluda con la mano enseñándole todo su escote. Pero se sorprende, como yo, para qué negarlo, cuando ve que no da resultado y tan solo le hace un gesto con la cabeza sin prestarle demasiada atención. Definitivamente la cita de ayer le ha cambiado en algo, se lo ha tomado en serio y no voy a ser yo la que le arruine el momento con mis problemas. Ya ha aguantado mis llantos y lamentos muchas veces, así que hoy él es el protagonista.
 
– ¿Comida guarra? – le pregunto cogiéndole del brazo.
– Genial.
– Bueno… ¿y qué tal con Claire? ¿Cómo os fue? ¿En serio no te acostaste con ella?
 
Le miro mientras caminamos y sus ojos brillan. Son ojos de… ¡¿enamorado?!
 
– Joey, ¡no me lo puedo creer! ¿Estás enamorado?
– Joder, pues no lo sé, pero es raro… Alex, no puedo dejar de pensar en ella. Llevo toda la mañana en el laboratorio repasando mentalmente la cena de anoche, recordando cada gesto suyo y deseando llamarla para volver a verla.
 – Vale, pues si no estás enamorado, poco te falta…
 
Llegamos al quisco y pedimos los perritos con una cerveza cada uno y nos sentamos en el césped de Bryant Park.
 
– Venga, pelos y señales. Cuéntamelo todo.
– Bueno, pues la recogí por su casa en Brooklyn y fuimos a un italiano que conozco por ahí cerca.
– ¿Cómo ibas tú vestido y cómo iba ella? – le interrumpo.
 
Me mira con los ojos muy abiertos.
 
– ¿En serio te hace falta esa información? – Y viendo mi cara prosigue – Vale, vale. Pues yo llevaba vaqueros, camiseta y cazadora de cuero y ella pantalón vaquero, camiseta de tirantes entallada negra, una cazadora tejana y unas botas de tacón altas hasta más arriba de las rodillas. El pelo lo llevaba suelto, no recogido con un moño como cuando va al colegio. Me dijo que allí viste muy clásica pero que no es para nada su estilo.
– ¿Lo ves porqué me hacía falta esa información? Para ser un tío, has memorizado a la perfección cómo iba ella vestida. Además, sabiendo cómo eres, has prestado atención a lo que te decía. Cariño, deja que te lo confirme, estás enamorado. 
– Bueno… pues supongo sí… 
 
Y se pone rojo. Por favor qué cosa tan bonita de hermano que me ha tocado. Tengo que felicitar a esa chica y reconocer que zorrón rubio merece mi admiración y respeto por lograr ese cambio en mi hermano en tan sólo una noche, ¡y sin llevárselo a la cama!
 
– Sigue.
– Bueno, pues fuimos al restaurante y estuvimos hablando mucho rato, sobretodo de nuestros trabajos. Ella me estuvo contando que ser directora de un colegio público la llenaba muchísimo porque la mayoría de las familias que llevan allí a los niños no tienen muchos recursos económicos y hace todo lo posible por ayudarles. Que igualmente le gustaría impartir más horas de clase de las que da ahora, hacer como Patrick que es tutor de grupo, pero que desde dirección puede hacer más trabajo social y eso le encanta.
 
Al nombrar a Patrick no puedo evitar notar una punzada de dolor en el corazón, que intento disimular dando un sorbo a mi cerveza.
 
– Alex, se le iluminaba la cara cuando hablaba de su trabajo y yo no podía dejar de mirarla. Me preguntó por el mío y la verdad es que fui muy escueto… Normalmente cuando intentaba llevarme a la cama a alguna tía, la baza de ser policía me venía de fábula para hacerme el fanfarrón y eso. Una placa siempre te da puntos extra, pero ayer no quería hablar de mí, sólo quería escucharla a ella…
 
Por dios, enamorado hasta las trancas está.
 
– También hablamos de lo que hacemos en nuestro tiempo libre. Ella lee, va a museos y esas cosas… bueno, como tú y Patrick. Le dije que a mí me gustaba ir a ver algún deporte, algo avergonzado la verdad, y salir de bares o discotecas, pensando que no nos pareceríamos en nada, y me dijo que a ella le encantaba salir a bailar y que algún día podríamos salir juntos. ¡Dios Alex! Si una noche salgo a bailar con ella no sé yo si voy a poder retenerme. Estuvimos hablando durante horas, hasta que el dueño del restaurante nos dijo que tenía que cerrar. Luego la llevé a casa y aunque estuve tentado de besarla y meterla dentro de casa para llevarla a la cama, no lo hice, no quise estropearlo.
– ¿Y cómo os despedisteis?
– Pues la verdad es que fue algo… no sé… como de adolescente. Nos quedamos los dos sin saber bien qué decir. A mí me sudaban las manos y no sabía qué hacer con ellas, así es que me las metí en los bolsillos del pantalón. No sé, le dije algo así como que me lo había pasado muy bien y que si ella quería la podía llamar otro día. Ella me dio su número de teléfono, me pidió el mío y me dijo que me llamaría porque teníamos un baile pendiente. Y nos dimos dos besos en las mejillas y me fui. 
 
Joder, ¡qué bonito! No puedo reprimir las lágrimas.
 
– A ver, no te voy a engañar, estaba deseando meterla en casa a rastras si hacía falta y acabé con un dolor de huevos espantoso, pero no la quise cagar y me reprimí.
 
Ahora me ha hecho reír e inconscientemente levanto mis gafas de sol y me seco los ojos.
 
– Alex, ¿por qué lloras?
– Porque me alegro mucho por ti. Aix Joey, te lo mereces. Por fin has dejado de ser un mujeriego y te has dado cuenta que con las mujeres se puede hacer algo más que follar. 
– Bueno, tengo que reconocer que me daba un poco de envidia lo que tenéis Patrick y tú y quería saber qué se siente. Ahora entiendo a Patrick. Ahora sé porqué te miraba con esa cara de tonto embobado. Antes no lo entendía, al igual que no entendí porque prefirió salir contigo y hacer todas esas cosas románticas que te preparó durante días, a ir a ver el partido de los Giants. Ahora sí le entiendo.
 
Al oír esas palabras, las lágrimas ya corren por mis mejillas sin consuelo. Se me hace un nudo en la garganta que me impide tragar y empiezo a sollozar sin remedio. Joey se extraña, se acerca a mí y me abraza.
 
– Oye, ¿seguro que esto es llanto de alegría por mí? Alex, que soy yo, ¿en serio estás bien? ¿He dicho algo que no debía?
– No, nada, en serio.
– Alex… – dice quitándome el perrito y la cerveza de las manos y quitándome las gafas de solo para mirarme a los ojos – ¿Qué pasa?
– Patrick me ha dejado.
– ¿Qué? ¡No puede ser! ¡Pero si estaba colado! Por dios Alex, me hizo jurar que no te lo contara pero tenías que haber oído lo que me dijo de ti. Decía que hasta estaba asustado de lo que sentía, que nunca le había pasado y que te habías convertido en todo su mundo. No puede ser… no te puede haber dejado… 
– Encontró las fotos…
– ¿Fotos? ¡Joder Alex! ¿Las fotos del parque? 
 
Asiento con cabeza agachada, incapaz de mirarle a los ojos.
 
– Y se acojonó, claro…
– ¿Tú qué crees?
– Hombre, yo la verdad es que saldría por patas… Saber que le molas mucho a una tía está genial, pero saber que te espía, te sigue y te hace fotos a escondidas, la verdad es que acojona un poco…
– Lo peor de todo es que se piensa que utilicé a Will para acercarme a él.
– Cuando me lo dijiste yo también lo pensé, ¿te acuerdas? 
– Lo sé, soy una loca y es todo culpa mía. Ahora que Will estaba tan ilusionado con Patrick… hasta le dio una foto en la que le puso que quería que fuera su padre… Ahora tengo miedo de que Will me culpe del alejamiento de Patrick y no quiera venirse conmigo.
– Cierto, Will idolatra a Patrick, pero también te adora a ti. El día que le llevé al fútbol no paró de hablarme de vosotros, de los dos, no sólo de él.
– ¿Y qué hago esta tarde cuando le recoja? No sé si seré capaz de enfrentarme a Patrick… Llevo todo el día intentando comportarme como una persona adulta pero se me está haciendo cuesta arriba, y si ya encima tengo que verle…
– Pues lo tendrás que hacer, por cojones. Y sobre todo, explicarle a Will lo que ha pasado. No hace falta que le des muchas explicaciones, pero que sepa lo que hay porque está muy ilusionado… Alex, Will piensa que cuando se vaya contigo, Patrick vivirá con vosotros. Se merece que seas todo lo sincera que puedas.
 
Me abraza y me gustaría que lo hiciera durante horas. Sus brazos forman un muro a mi alrededor que impide que nada malo entre. Pasada una media hora, me besa en la cabeza y me devuelve a la realidad diciéndome que tengo que volver al trabajo. Me acompaña hasta la redacción y antes de entrar pone sus manos en mis hombros y me dice:
 
– Alex, tienes que ser fuerte con Will y una vez tengas eso controlado, habla con Patrick. Quizá a los hombres nos cuesta más enamorarnos que a la mujeres, pero cuando lo hacemos, no nos podemos quitar a la chica de la cabeza con facilidad. Patrick aún está enamorado de ti. Habla con él, intenta arreglar las cosas. Yo estaré a tu lado para lo que sea.
 
Le miro orgullosa. Con sus hoyuelos en las mejillas, esos ojos verdes y ese pelo rubio que han llevado siempre de cabeza a todas las chicas. Con la misma cara de pillo y sinvergüenza que de pequeño, pero es mi hermano, le adoro y sé que me quiere con locura.
 
– Gracias por todo y perdona por haberte fastidiado la comida. 
– ¡Qué va! 
 
Llego a mi mesa algo más animada y decido trabajar un poquito. Me mantengo distraída hasta la hora de ir a recoger a Will. De camino en el metro empiezo a ponerme nerviosa pensando cómo actuar si me cruzo con Patrick o cómo contarle a Will lo sucedido.
 
Cuando llego a la puerta del colegio, no hay ni rastro de Patrick y tampoco de Will, aunque alguno de sus compañeros de clase ya están por aquí fuera. Me apoyo nerviosa contra la barandilla, mirando de un lado a otro a través de mis gafas de sol.
 
Al poco rato aparece Will y al verme baja la escalera.
 
– Hola Will – le digo intentando parecer todo lo animada que puedo.
– Hola. Hoy no viene Patrick. Me ha dicho que tiene un poco de faena y que no va a poder venir por las tardes con nosotros pero que el fin de semana intentará venir a verme, si tú quieres.
 
Lo que yo decía, un matrimonio divorciado es en lo que nos hemos convertido. 
Nos dirigimos al parque. Como es habitual, Will sale corriendo a jugar con sus amigos y yo me siento en el banco. 
 
Repaso mental. Enfrentarme a Patrick superado, básicamente porque no me lo he cruzado. Ahora queda, enfrentarme a Will. Parece que Patrick ha allanado el terreno y ya le ha dicho que por las tardes dejará de venir con nosotros. No le ha dicho el motivo real, le ha puesto la excusa de que tiene trabajo. No sé si es bueno porque ve una posible solución a lo nuestro o malo porque me deja a mí el marrón de explicarle lo que ha pasado. 
 
Sumida en mis pensamientos, no me doy cuenta que Will se ha sentado a mi lado. 
 
– ¿Qué haces? ¿No vas a jugar?
– Estás triste.
– No… no te preocupes… es que he tenido mucho trabajo y tengo muchas cosas en las que pensar.
– Tengo seis años pero no soy tonto. Patrick está igual que tú. A ratos se quedaba callado en clase y cuando me ha dicho que no vendría por las tardes estaba raro. Ahora tú me dices lo mismo, que tienes mucho trabajo. ¿Sabes qué? Que no me lo creo.
 
Le miro alucinada. Había olvidado que Will es el mismo niño que me dejaba alucinada cada cinco segundos con sus preguntas y ocurrencias de adulto. Y decido serle todo lo sincera que puedo.
 
– Pues verás Will, Patrick y yo hemos discutido.
– ¿Por qué? ¿He hecho algo?
– No cariño. Tú no has hecho nada. Verás… 
 
Y le cuento todo. Empezando por mis “paseos por el parque” cámara en mano, continuando por mi nula capacidad para entablar conversación con Patrick para acabar con mi asombro al ver que el chico con el que estaba obsesionada era su profesor.
 
– Entonces el chico del que me hablaste una vez, con el que no habías hablado nunca, ¿era Patrick?
– Ajá – confieso avergonzada.
– Gualaaaaaa, qué fuerte.
 
Sonrío ante su respuesta.
 
– ¿Y entonces encontró las fotos? ¿Y por qué se ha enfadado contigo?
– Hombre, pues se ha asustado un poco… Yo le perseguía como una espía y le hacía fotos porque no me atrevía a hablar con él…
– Pues no es para tanto. A mí sí Sam me hiciera fotos y me persiguiera, me gustaría. Sería como si yo fuera uno de los One Direction esos que le gustan.
No puedo evitar reírme. ¡Qué fácil lo ve! Tengo que reconocer que su simplicidad al pensar las cosas, me anima. Decido seguir contándole el resto.
– Lo que me preocupa es que Patrick se piensa que te he utilizado para acercarme a él.
 
Al ver su cara de no entender nada, decido explicárselo de una manera que él pueda entender mejor.
 
– Yo te conocí y me ofrecí a llevarte al cole todos los días, antes de saber que Patrick era tu profesor. Y él no se lo cree. Se piensa que me enteré que era tu profesor y que entonces me ofrecí a llevarte al cole y cuidar de ti para estar cerca de él.
– Pero eso no es verdad…
– Lo sé cariño… Quiero que lo tengas muy claro. Tú estás por encima de Patrick para mí. Y si para que estés conmigo, no puedo estar con él, no me importa. 
– Pero yo quiero que estéis juntos… ¿Y si le explico yo que sé que lo que piensa no es verdad?
– No, mejor no te metas. Más adelante intentaré explicarle yo todo. Verás Will… siento que por mi culpa veas menos a Patrick que antes… y si por eso no quieres estar conmigo…
– No, no, no… ¡Yo quiero irme a tu casa! Nadie me cuida mejor que tú. A Patrick ya le veré en el cole o los fines de semana. Nunca he tenido un papá, así que tener uno un día a la semana ya me parece genial.
 
Se me sienta en el regazo y me abraza. No puedo parar de darle besos. Él es el que me dará fuerzas para tirar para adelante, estoy convencida de ello. 
Cuando llegamos a la casa de acogida, Will les da un beso a Alice y Charlie y sube a su habitación a dejar las cosas. Ella me mira y al momento me suelta.
 
– ¿Va todo bien?
 
La capacidad de la gente de leerme el pensamiento ha dejado de sorprenderme así que con toda la tranquilidad del mundo y poniendo mi mejor sonrisa, respondo.
 
– Sí, todo genial. Muy cansada del trabajo, pero bien.
– ¿Habéis venido en metro?
– Sí – y me siento obligada a justificar – Patrick tiene trabajo.
– Pues te llevo a casa – dice Charlie levantándose.
 
Pocos minutos después y habiéndome despedido de todos, estoy en la furgoneta con Charlie camino a casa. De vez en cuando me mira, sin decirme nada, hasta que al parar el coche delante de mi bloque me dice.
 
– Los hombres somos muy simples y tontos y nos asustamos con facilidad. No sé lo que ha pasado ni quiero inmiscuirme, pero hazme caso, dale tiempo para recapacitar y si dentro de un tiempo no lo ha hecho por sí mismo, avísame y le pateo el culo a ese cabezota.

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