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Alex y Patrick – Capítulo 21

Fotor0208104015El sábado por la mañana me levanto de muy buen humor. Me ducho, me visto y desayuno rapidísimo para salir pronto de compras.
 
Me dirijo hacia el centro comercial. Voy temprano, pero es que no tengo una idea definida de lo que me quiero comprar. Durante dos horas paseo arriba y abajo del centro comercial, sin prisa, escuchando música en mi Ipod.
 
Entonces veo un vestido negro en un escaparate y me enamoro al instante. Es de manga larga, con cuello tipo barco, dejando ver parte de los hombros, y parece largo hasta las rodillas. Entro en la tienda y busco la etiqueta. Sube algo más de lo que suelo gastarme en ropa en varios meses, pero es tan bonito… Así que sin pensarlo más, cojo uno de mi talla y me meto en el probador. Es ajustado por las caderas y hace como unas arrugas preciosas. La verdad es que me queda como un guante. Estoy tan animada que cojo el móvil, me hago una foto contra el espejo y se la envío a Joey.
 
“¿Así iré bien?”
 
Me quedo un rato más delante del espejo pensado qué accesorios podría añadir. Tengo un foulard que le irá perfecto y creo que por mi armario hay un bolso también negro que no utilizo muy a menudo pero que combinará. Lo único que quizá debería comprarme son unos zapatos de tacón ya que excepto mis botas altas, todo el resto de mis zapatos son planos.
 
En ese momento recibo respuesta de Joey.
 
“¡Madre mía! ¿En serio que no quieres que engañe a Patrick para que venga esta noche? Lo tendrías en tu cama en cero coma”
 
La verdad es que sí me gustaría que me viera así, aunque con el enfado que lleva, creo que ni que fuera desnuda me perdonaría. 
 
“¡Ni se te ocurra! Quiero pasármelo bien, no darme cabezazos viendo al macizo que he perdido pasar de mí o huir despavorido”
 
“Créeme, si sale despavorido, es gay, pero no te preocupes, no haré nada que tú no quieras. Te recojo a las nueve muñeca”
 
Pago mi vestido y salgo de la tienda. La dependienta me ha recomendado una zapatería en la planta de arriba donde puedo encontrar zapatos bonitos a buen precio, y no se equivocaba porque veinte minutos después salgo por la puerta con unos zapatos negros de tacón preciosos metidos en una bolsa.
Estoy dando una última vuelta por la planta de arriba del centro comercial cuando oigo mi teléfono sonar dentro del bolso. Rebusco dentro hasta encontrarlo y me quedo de piedra cuando veo la pantalla. Es Patrick. De repente me empiezan a sudar las manos y la seguridad con la que me he levantado esta mañana empieza a desvanecerse. En fracciones de segundo, ensayo en mi cabeza lo que debo decirle y cómo debe sonar. Finalmente suelto aire con fuerza para tranquilizarme y aprieto el botón de descolgar.
 
– Hola Patrick – elijo tono serio y tranquilo.
– ¡Hola Alex! 
– ¡Hola Will cariño! – espero que mi voz no delate la pizca de desilusión que he sentido cuando he descubierto que no era Patrick – ¿Qué haces?
– Pues estoy con Patrick y, ¿a que no sabes qué?
– No, dime – Patrick… oír su nombre me sigue provocando un pellizco en el corazón.
– ¡Me ha regalado una bici! Es roja y negra y tiene un timbre. Escucha – y acerca el teléfono al timbre haciéndolo sonar y provocando que mis oídos pierdan algo más de audición – y tiene una luz delante por si salgo de noche. 
– ¡Guau, eso es fantástico cariño!
– Ahora lleva ruedines porque no sé ir solo, me ha dicho que me va a enseñar. Ahora vamos a probarla al parque. ¿Quieres venir a verme montar?
– Cariño… – empiezo a decir cuando oigo la voz de Will de nuevo hablándole a alguien que no soy yo.
– Lo sé, lo sé… vale, ya paro…
– Will – vuelvo a insistir.
– Que sí, que sí, ya lo sé, ya me ha quedado claro. Adiós.
 
Y automáticamente se cuelga la comunicación y me quedo mirando el teléfono. Estaba muy enfadado. En teoría iba a ser fácil para Will tenernos a los dos por separado, pero a la práctica veo que no lo lleva tan bien como esperábamos. Somos un par de jilipollas que estamos haciendo sufrir a un niño de seis años que no tiene culpa de que yo sea una loca de atar y él un cagado rencoroso.
 
Definitivamente, tendré que hablar con Patrick para intentar solucionar esto. Entro en uno de los restaurantes y cojo una ensalada y una botella de agua. Mientras me la como recibo un mensaje de Patrick. Tengo que aprender a controlar mis palpitaciones cada vez que oigo o veo su nombre, sino cuando le vea en persona me caeré en redondo y me tendrán que hacer el boca a boca. Lo abro y veo una foto de Will montado en su bicicleta nueva. Lleva un casco y su cara vuelve a ser la misma de siempre, sonriente, y saluda a la cámara con una mano.
 
Pulso a responder al mensaje sin pensarlo demasiado.
 
“Gracias por la foto. Está guapísimo y muy contento”
 
Trato de empezar a ser lo más racional posible y si lo nuestro se ha acabado realmente, empezar a acostumbrarnos a estar juntos en un mismo sitio con Will. Si pudiéramos conseguir que yo no me desmayara al verle y él no saliera corriendo en dirección contraria a mí, sería un gran paso.
 
Mi móvil suena, respuesta de Patrick. Me sudan las manos y me pongo roja. Vale, voy a tener que practicar algo más antes de volver a verle.
 
“Will me pidió que te la enviara”
 
Vaya, seco y cortante, genial, dejándome claro que él no ha tenido nada que ver con el envío de la foto. Genial.
 
“Vale, pues dale las gracias a él”
 
Ala, si él es cortante, yo también.
 
Me acabo la ensalada y me voy para casa. Estoy decidida a hacer de esta noche una noche memorable. Me lo voy a pasar de miedo con Joey, beberemos y bailaremos, por qué no. Salir a bailar es algo que seguro no haría mucho si estuviera con Patrick porque no es muy de su estilo, así que voy a exprimir esta oportunidad al máximo.
 
Una vez en mi apartamento, me quito de la cabeza a Patrick manteniéndome ocupada lo más que puedo. Como tengo mucho tiempo, limpio un poco antes de ducharme. Luego me preparo algo de cena y cuando he acabado, cerca de las ocho, empiezo a vestirme. Me pongo un conjunto de tanga y sujetador negro y unas medias. Luego me pongo el vestido y me maquillo antes de calzarme los zapatos. Entonces hago diferentes pruebas con mi pelo. Suelto, medio recogido, recogido en una cola baja o en una cola alta de caballo. Al final decido hacerme un recogido cómodo y a la vez que me deja el cuello a la vista. Miro el resultado final y creo que no estoy nada mal. Voy mucho más arreglada de lo que es habitual en mí, pero a la vez cómoda para salir a bailar.
 
Justo en ese momento llaman a la puerta. Miro el reloj. Las nueve menos cuarto. Joey llega antes lo habitual, está nervioso, lo sé.
 
Cuando abro Joey me mira con los ojos como platos.
 
– Perdone, me he equivocado de piso.
– ¡Jajaja! Ven aquí tonto – digo cogiéndole de las solapas de la chaqueta de cuero.
 
Entra en mi apartamento, me coge de ambas manos y se retira un poco para mirarme de arriba abajo.
 
– Madre mía nena, estás que te sales.
– Gracias, tú tampoco estás nada mal… – digo mirándole.
 
Vaqueros oscuros, camiseta de manga corta blanca y chaqueta de cuero. La verdad es que está tremendo, como siempre, pero me da la impresión de que esta noche necesita que se lo diga más.
 
– ¿Nos vamos? – dice ofreciéndome su brazo para cogerme.
 
Cojo mi foulard violeta y el bolso y agarro el brazo de Joey. Bajamos y nos metemos en el Range Rover de Joey. La fiesta es en el Upper East Side y nos dirigimos hacia allí. Aparcamos y como me prometió, vamos a un pub cercano a tomarnos una copa los dos solos.
 
– ¿Lo de siempre? – me pregunta mientras nos dirigimos a la barra.
– ¡Venga!
 
Dos minutos después tengo mi gin-tonic en la mano y Joey da los primeros sorbos a su primer ron con cola de la noche.
 
– ¿Estás nervioso?
– Un poco… – me dice con una sonrisa tímida mostrando sus hoyuelos.
– Joey, no lo estés. No conozco a nadie más seguro de sí mismo que tú. Haz lo que haces siempre para conquistar a todas las chicas que has querido.
– Es que Alex… ella no es como todas las demás, es diferente y eso es lo que me asusta. No es una chica que haya conocido en una discoteca. Es una tía lista y… bueno, diferente a las que suelo ligarme… me cuesta creer que se interese en alguien como yo con gustos tan diferentes… Ella es más del tipo de… Patrick por ejemplo.
 
En ese momento recuerdo a Claire zorrón rubio. La que no paraba de tocar a Patrick cuando hablaba con él, la que me ponía tan nerviosa. Estaba claro que Patrick le gustaba, pero a lo mejor conocer a Joey la ha hecho rectificar.
 
– ¿Y tú qué? ¿Vas a ligarte a alguien?
– ¡Ui, qué va! 
– Pues tendrás que contratar a un guardaespaldas… – dice mirándome de arriba abajo – Déjame que te haga una foto y se la envíe a Patrick…
– ¡Ni se te ocurra Joey! Quiero divertirme esta noche y ahora mismo Patrick me pone muy nerviosa. No sería capaz de hablarle como hacía antes. Creo que he retrocedido a los tiempos en que no me atrevía a dirigirle la palabra.
 
Le explico nuestra breve conversación a través de los mensajes de hoy y el enfado de Will. Joey menea la cabeza en señal de negación.
 
– Ese crío está en medio de los dos… si la cosa entre vosotros explota, tened cuidado de que él no sea un daño colateral y menos ahora que se supone que el tribunal de menores debería dar una respuesta en breve.
– Lo sé, tenemos que sentarnos a hablar… Cuando me vea capaz, ahora no puedo. 
– Bueno… ¿nos vamos?
– Sí, un momento que voy al baño.
 
Joey paga las bebidas y se queda esperándome en la barra. Cuando regreso del baño le veo trasteando su móvil. 
 
– Vamos, Claire ya está en la fiesta – dice señalando el teléfono.
 
En pocos minutos nos plantamos en el local de la fiesta. Es inmenso y la música suena atronadora. Todo está oscuro excepto por la luces azules que salen como rayos láser del techo. Está lleno de gente y me consuela ver que la mayoría de nuestra edad. Los garitos a los que me llevaba Joey de vez en cuando estaban frecuentados por gente que apenas rozaban los veinte, así que ver gente que se emociona cuando suenan canciones de The Counting Crows, The Goo Goo Dolls o Nirvana como yo, me levanta algo más el ánimo.
 
Claire enseguida nos localiza. Va espectacular con un vestido rojo de tirantes anchos y el pelo rubio suelto. Le da un fuerte abrazo a Joey y me planta dos besos. Se acerca a él y empieza a hablarle al oído porque con la música tan alta es imposible entenderse ni a gritos. Les miro y me gustan juntos. Prueba visual aprobada. Joey me dice al oído.
 
– Ven, vamos con Claire que nos va a presentar a los amigos con los que ha venido.
 
Nos acercamos a un grupo de chicos y chicas, todos también de entre 25 y 35 años. Nos los presenta a todos y los chicos van a la barra a por unas bebidas. Cuando nos quedamos solas las chicas, Claire se me acerca y me dice al oído.
 
– Me gusta mucho tu vestido. Es precioso.
– Gracias. Lo estreno hoy. El tuyo también, estás espectacular.
– Me alegro que hayas venido. Joey me contó que acabas de salir de una relación con un chico y que no te apetecía mucho venir.
 
Bien, Joey ha sido discreto… Si alguien no podía enterarse de nuestra relación era la gente del colegio y principalmente zorrón rubio… digo Claire.
 
– Sí, bueno, estaba un poco de bajón pero salir me vendrá bien.
– Y quién sabe, a lo mejor encuentras a un chico interesante… Si ves alguno dímelo que si le conozco te lo presento – y me guiña un ojo – Yo veo a un rubio que me interesa bastante…
– ¿Te gusta Joey? – me atrevo a preguntarle haciendo de celestina.
– Es muy guapo y la verdad es que siento muy cómoda con él. Acabamos justo de conocernos y es muy pronto pero gustarme, me gusta mucho. Si te soy sincera, llevo bastante tiempo enamorada de un tío que no me hace ni caso y creo que ha llegado el momento de empezar a olvidarle y Joey es el candidato perfecto. No me malinterpretes, no le estoy utilizando, pero no puedo hablar de que estoy enamorada aún de él, es muy pronto.
 
En ese momento vuelven los chicos con las bebidas. Joey se la da a Claire y a mí me la trae Henry, unos de los chicos que acabo de conocer.
 
Las notas de “Never gonna give you up” de Rick Astley empiezan a sonar. ¡No me lo puedo creer! ¡Qué recuerdos! Como un resorte todos saltamos a la pista a bailar. No lo podemos evitar, somos de la misma quinta y nostálgicos, y los de la disco lo saben y se aprovechan. Ya me imagino al dueño en plan: “Bailad y moveos. Sudad y consumid mucha bebida. ¡Buajajajaja!”
 
Y oye, como que le hicimos caso, porque hora y media después seguimos en la pista bailando y tengo en mi mano mi tercer gin-tonic. La música está siendo genial, desde los Nirvana, pasando por Bon Jovi, Lady Gaga o Beyonce. Todas muy movidas y mezclando canciones de todos los tiempos.
 
Joey y Claire están bailando también en la pista. Él no le quita los ojos de encima y ella tampoco, aunque hay que decir que tampoco ha hecho un acercamiento demasiado íntimo. Joey ni siquiera se ha atrevido a ponerle una mano encima. Pobrete está tan asustado por la reacción de ella que no quiere pasarse.
 
El que en cambio parece no tener ningún problema en ponerme la mano encima es Henry. Lo tengo detrás con sus dos manos en mi cintura. Según me ha contado es profesor de educación física y acaba de hacer los 30. Es castaño con el pelo algo ondulado y ojos claros. Conoce a Claire de haber coincidido trabajando en un colegio anteriormente. Es muy simpático y nada tímido. Y la verdad, es que no sé si es el alcohol o qué, pero yo estoy totalmente desinhibida ya que lleva varias canciones pegado a mi espalda como una lapa y yo me contoneo sin ningún miramiento.
 
Las notas de “Relight my fire” de Lulu empiezan a sonar. Me encanta esa canción. Henry empieza a mover sus manos de mi cintura hacía mis caderas mientras acerca su nariz a mi cuello y sensualmente me lo acaricia inspirando el olor de mi colonia. Instintivamente tiro mi cabeza a un lado dándole claramente vía libre. El alcohol me convierte en una fresca, está comprobado.
 
Help me escape this feelin’ of insecurity 
I need you so much but I don’t think you really need me 
but if we all stand up in the name of love 
and state the case of what we’re dreamin’ of 
I’ve got to say I only dream of you 
but like a thief in the night you took away the love that I knew
 
De repente levanto mi vista y dejo de bailar al instante. Un camino de gente parece haberse abierto ante mis ojos y nada se interpone en mi campo de visión. A escasos metros de mí está Patrick con los ojos clavados en nosotros dos.
 
Turn back the times ‘til the days when our love was new 
do you remember 
no matter what was happenin’, I was there with you
 
Ya no veo a nadie más. Sólo estamos él y yo, nada importa a mí alrededor. Está guapísimo con unos vaqueros azul oscuro, una camisa blanca con el botón de arriba del todo desabrochado y jersey de pico oscuro encima. A través de sus gafas negras de pasta veo sus brillantes ojos azules resaltados por el azul del láser de la discoteca.
 
Relight my fire, your love is my only desire 
relight my fire ‘cos I need your love 
relight my fire, your love is my only desire 
relight my fire ‘cos I need your love
 
Sin ser consciente, me llevo una mano a la boca mientras con la otra me recojo detrás de la oreja algún mechón de pelo descontrolado. Él entorna sus ojos sin dejar de mirarme y le noto tragar saliva. Mientras Henry, sin haberse percatado de nada, sigue su incursión en mi cuello y sus manoseos por mis caderas. Patrick le observa y noto como su respiración se hace cada vez más fuerte. Aprieta los puños con fuerza y parece que va a dar un paso hacia nosotros, pero entonces agacha la cabeza y da media vuelta con paso decidido.
 
– ¡Patrick! – oigo la voz de Claire llamándole mientras va tras él a toda prisa.
 
Me separo de Henry disculpándome y busco a Joey entre la multitud. ¡Mierda de mala suerte que tengo! ¿Qué hace él aquí? ¿No se suponía que este tipo de ambiente no iba con él? ¡Yo mato a Joey!
 
– ¿Has visto a Claire? 
 
Me giro y me encuentro a mi hermano con un par de copas en la mano.
 
– ¡Mira! ¡Justo a quién quería yo ver!
– ¿Qué pasa? Hace un rato parecía que te lo estabas pasando muy bien con ese tal Henry…
– Sí… justo antes de encontrarme a Patrick delante de mis narices observando toda la escena.
 
Joey pone los ojos como platos y automáticamente sé que él ha tenido algo que ver en ello.
 
– ¿Qué has hecho Joseph? ¡Te dije que no intervinieras!
– Yo sólo… bueno… cuando estábamos en el bar de copas solos tú y yo y te fuiste al baño… te hice una foto disimuladamente y se la envié al móvil. Te juro que sólo le puse que viera lo que se perdía por no venir a la fiesta, sólo eso… No sabía que iba a venir, te lo prometo…
– Pues lo ha hecho. Y me ha visto tontear con Henry. Y te puedo asegurar que se ha enfadado un huevo.
– Bueno… peor para él ¿no? ¿De qué se enfada? Se supone que no estáis saliendo ya… puedes hacer lo que quieras ¿no? ¿O acaso te tiene marcada como si fueras de su propiedad para siempre?
– Ya Joey… pero no me apetecía nada que me viera tonteando con alguien cuando hace sólo unos días que lo hemos dejado… Se va a pensar que lo he superado y no es para nada así… 
– Me sabe fatal Alex… yo sólo quería darle un escarmiento y que recapacitara… no me imaginé que viniera. Ven – dice dándome la mano – vamos a buscarle y a aclararle las cosas. Me siento responsable y tengo que hacer algo al respecto. ¿Por dónde se fue?
– Creo iba en dirección a la salida… Claire le ha visto y ha ido tras él llamándole pero creo que no le ha escuchado…
 
Deja las copas en una de las mesas cercanas y me coge de la mano para dirigirnos a la salida. Pasamos por las puertas y el portero nos pone un sello en la mano. Miramos alrededor pero no hay ni rastro de ninguno de los dos. De repente veo el Civic negro aparcado a unos 200 metros. Él está apoyado en la puerta y Claire está delante suyo hablando con él. Ya tiene una de sus manos apoyada en el pecho de Patrick… ¡¿Es que no puede dejarlas quietecitas?! Él inquieto se pasa las manos por el pelo y entonces su mirada se dirige hacia nosotros y nos ve. 
 
Sus ojos no son los de siempre, ahora dan miedo, están llenos de rabia. Pasa la vista de mí a Claire repetidas veces. Entonces, la agarra por el cuello y por la cintura y hunde su lengua dentro de la boca de ella. Claire al principio se queda sorprendida, pero al instante reacciona y le agarra de la cintura. Está encantada, se le nota. No eran imaginaciones mías, Claire está enamorada de Patrick. No puedo creer lo que veo y mis ojos tampoco porque en seguida empiezan a caerme las lágrimas. Joey se da cuenta entonces que algo me pasa y dirige su vista hacia donde miran mis ojos y entonces los ve. Se queda quieto sin entender nada.
 
– Será hijo de puta.

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