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Alex y Patrick – Capítulo 22

Fotor0211190329No puedo seguir viendo esa escena por más tiempo, así que salgo corriendo hacia el interior de la discoteca con la intención de coger mi bolso en guardarropía y largarme a mi casa.

– ¡Alex! – me grita Joey, pero no le hago caso.

Le doy el ticket a la chica del guardarropa sin siquiera verla. Mis lágrimas se agolpan en los ojos y soy incapaz de ver nada. En ese momento Joey me alcanza.

– ¿Te vas? – me pregunta.
– ¿Tú qué crees? ¿Te parece que me apetece ver como el tío del que estoy totalmente enamorada le mete la lengua hasta la tráquea a tu amiguita?
– Lo siento mucho. Siento haber provocado todo esto.
– Yo también lo siento por ti. Sé que estás enamorado de Claire, pero me temo que ella lleva mucho tiempo enamorada de Patrick…
– No teníamos nada en realidad… Supongo que eran todo ilusiones mías…
– No, hemos estado hablando un rato antes de ti. Le gustas, mucho, pero me ha dicho que llevaba mucho tiempo enamorada de un tío que no le hacía caso y quería empezar a olvidarle… Me temo que ese chico es Patrick y después de ese beso…

Me abraza con fuerza y me besa el pelo. Lloro desconsolada y me muero de la rabia por ello. Ese capullo no merece que derrame ni una lágrima por él, pero no puedo remediarlo.

– No te preocupes por mí, se me pasará, ya me conoces – pero sus ojos están tristes y muestran lo contrario – Vámonos de aquí. ¿Nos tomamos la última en tu casa?

Salimos a la calle e inconscientemente dirijo la mirada hacia mi izquierda y veo que Joey ha hecho lo mismo que yo. Ya no se están besando. Claire está… ¿llorando? y Patrick intenta con hablar con ella. Entonces la coge de los brazos para intentar que le mire. Claire le grita e intenta zafarse.

– ¡Te he dicho que me dejes!

Joey como un resorte sale disparado hacia allí. Separa a Claire y sin mediar palabra le pega a Patrick un puñetazo en la mandíbula.

– ¡Te está diciendo que la dejes en paz! ¿Eres sordo o qué te pasa jilipollas?

Patrick se levanta del suelo y se toca la boca con la mano limpiándose algo de sangre que le sale del labio. Se coloca bien las gafas y me mira. Al verme llorar tuerce el gesto, agacha la cabeza e intenta acercarse a mí, pero Joey se lo impide.

– Ni se te ocurra volver a acercarte a mi hermana.
– Eso lo tendrá que decidir ella, ¿no crees?

Y sin moverse del sitio me vuelve a mirar.

– Alex, no puedo verte llorar… por favor…

Da un paso adelante y Joey le empuja con fuerza y le empotra contra el coche. Patrick se duele pero se vuelve a incorporar y sigue mirándome directamente a los ojos mientras intenta acercarse de nuevo.

– Alex, háblame por favor.

Claire observa la escena atónita. Mira a Patrick y me mira a mí y su cara refleja que empieza a encajar el rompecabezas.

Al dar el siguiente paso, Joey le pega un puñetazo en el vientre que le obliga a doblarse para acto seguido soltarle otro directo que impacta en un ojo partiéndole la ceja. Él sigue sin devolverle los golpes, se sigue levantando y sólo me mira. Recojo sus gafas que han salido disparadas del golpe.

– ¡Joey basta por favor! – le grito.

Joey me mira extrañado.

– ¿En serio? ¿Crees que no se lo merece? – Y se gira hacia Patrick mientras habla – Te mereces que te esté dando hasta que se me canse el brazo. Por jilipollas tío, por jilipollas… ¿Sabes que te digo? Que Alex estará mejor sin ti, tú te lo pierdes, porque ella vale demasiado como para perder el tiempo con un tío como tú. El único delito que cometió fue enamorarse de ti perdidamente.

Patrick le escucha sin quitarme los ojos de encima. Tiene la cara magullada y llena de sangre pero parece darle igual. Se mantiene en pie básicamente porque se apoya en su coche, de lo contrario, creo que no podría mantener la verticalidad… Joey le ha dado bien.

Me acerco a mi hermano y le digo.

– Ya está Joey, por favor… – y le pongo una mano en el pecho para tranquilizarle – Vete, luego te llamo.

Joey me mira extrañado y me coge para alejarnos un poco.

– ¿Qué vas a hacer?
– Dejarle las cosas claras. Confía en mí por favor. Estaré bien. Luego te llamo. Vete con Claire… me parece que necesita que le des algunas explicaciones…
– ¿Cómo volverás a casa?
– Por favor, soy mayorcita y existe el metro… A las malas ya le pediré a Patrick que me lleve. Te dejo un mensaje cuando llegue a casa, prometido.
– Vale, como quieras – y me da un beso en la frente mientras se lleva a Claire.

Me acerco a Patrick, le doy las gafas y quedándome a escasos metros de él, le reprendo.

– ¿Quieres hablar? Pues habla.

Patrick traga saliva. Le estoy intimidando, lo noto. Tiene el jersey completamente manchado de la sangre que no para de manar de la ceja, que por otra parte se le está inflando por momentos obligándole a cerrar el ojo.

– ¿Llevas agua en el coche? – le pregunto.
– Creo que sí…

Me da las llaves y cojo una botella de agua que lleva tirada en el asiento de atrás. Cojo un paquete de cleenex de mi bolso, saco uno, lo mojo bien y me acerco a él. Acerco mi cara a la suya para ver bien la herida y con mucho cuidado pongo el pañuelo mojado encima del corte de la ceja. Él aprieta los dientes del dolor y me coge la mano.

– Toma, aguántate así el pañuelo. Voy a intentar limpiarte la sangre de alrededor para ver cómo es el corte.

Él sólo me mira, sigue sin decirme nada en absoluto. Yo no le miro a los ojos, no quiero caer en su trampa, mientras mojo otro pañuelo y con cuidado empiezo a limpiar la zona.

– Vale – digo cambiando el pañuelo de la ceja – aguanta aquí otra vez. Vamos a ver el corte del labio.

Centro mi atención en sus labios mientras con delicadeza aprieto otro pañuelo en el foco de la sangre. Me acerco para ver la herida de cerca y noto su respiración agitada. Noto por su aliento que ha estado bebiendo, bastante además. ¿Habrá llegado bebido a la disco o habrá estado aquí más tiempo del que yo creía? Mientras una de mis manos sujeta el pañuelo del labio, la otra se posa en su otra mejilla, mientras nuestros cuerpos están más juntos de lo que mi fuerza de voluntad puede resistir. Él sigue buscando mi mirada y yo me sigo resistiendo.

– El corte de la ceja no me gusta nada… creo que necesitas puntos de sutura… Vamos al hospital a que te lo vean. Yo conduzco.

Con más dificultad de la que yo pensaba, en parte por la paliza y en parte por lo que ha bebido, Patrick se dirige al asiento del copiloto. Una vez los dos dentro, arranco el motor y me dirijo al hospital más cercano. De reojo voy observándole. Tiene el cuerpo y la cabeza recostados contra el asiento y ha cerrado los ojos. Sigue aguantando el pañuelo en la ceja, el cual vuelve a estar completamente bañado en sangre y ésta empieza a gotear de nuevo en el jersey.

Meto el coche en el parking de urgencias del hospital y le ayudo a bajar. Cada vez le cuesta más caminar, así que le digo que apoye uno de sus brazos en mis hombros. Entramos y le dejo sentado en la sala de espera mientras le doy todos los detalles a la enfermera de recepción. Hemos tenido suerte porque no hay mucha gente, así que me dice que en breve le atenderán. Me da el impreso y me siento al lado de Patrick a rellenarlo. ¿Nombre? Patrick. ¿Apellido? Ostias, pues no lo sé…

– ¿Cuál es tu apellido?
– Wilson.

Vale, Wilson. ¿Fecha nacimiento? 11/10/78 ¿Edad? 34. Y así voy rellenando todo el resto de campos… domicilio, profesión, teléfono… ¿Nombre del padre? Pues no hemos hablado mucho del tema… Y justo cuando voy a preguntarle entra una enfermera y le llama.

– ¿Patrick? Ven, ya puedes pasar – y dirigiéndose a mí me dice – Deme el formulario que ya acabamos de rellenarlo nosotros con él. Usted puede esperarle aquí. Será rápido.
– Vale.

Patrick me mira y asiente. Da la sensación de estar ahora tan indefenso y perdido que lo único que me apetece es abrazarle y decirle que todo irá bien, pero no debo olvidar el motivo por el que estamos aquí… ¿Cómo se nos ha ido esto tanto de las manos?

Mientras espero, salgo al exterior y llamo a Joey, que contesta al momento.

– ¿Estás bien?
– Sí tranquilo. Estamos en el hospital. Le has dado fuerte.
– Menos de lo que me hubiera gustado. Se lo merecía y él lo sabe. No se ha molestado en devolverme ni un solo golpe. ¿Habéis hablado? ¿Te ha dicho por qué lo ha hecho?
– No, hemos venido directos para aquí. Luego le llevaré a casa porque está algo borracho. Desde allí llamaré a un taxi para que me lleve a casa. ¿Y vosotros?
– Estamos en mi apartamento. Ya le he explicado a Claire toda la historia. Lo vuestro y eso… aunque sin entrar mucho en detalles. Dice que después de besarla, Patrick se separó de ella y empezó a pedirle disculpas. Le dijo que lo sentía, que la había utilizado para mitigar la rabia y los celos que sentía en ese momento. Entonces fue cuando ella se puso a llorar, él intentaba pedirle disculpas y salimos nosotros.
– ¿Y cómo ha reaccionado ella? ¿Cómo está?
– Está mejor, más tranquila. Ahora se está duchando y pasará aquí la noche. No pienses mal, yo dormiré en el sofá. En cuanto a lo vuestro, dice que entiende que lo llevarais en secreto pero que por su parte como directora, no hubiera habido ningún problema.
– Bueno, ya es tarde para eso…
– Hermanita, déjale las cosas claritas, le pegas la patada y te vuelves a casa. Llámame cuando llegues, ¿ok?
– Vale.
– Oye – me dice antes de colgar – hazle una foto que vea como le he dejado…
– Joey…

Cuelgo y suspiro tapándome un poco con el foulard. Mi corazón no para de decirme que ha cometido un error, al igual que yo cometí el error de no hablarle antes de la existencia de las fotos y que todos necesitamos una segunda oportunidad. Pero mi cabeza me dice que haga caso a Joey. Fuera por despecho o por lo que sea, se merece un escarmiento ya que me ha hecho mucho daño.

– Alex…

Me giro y veo a Patrick. Lleva el jersey ensangrentado en la mano y la camisa con las mangas arremangadas a la altura de los codos. Me acerco a él para ver las heridas. El labio, aunque inflado, no tiene mala pinta. La herida empieza a cicatrizar. La ceja es otro cantar. Le han cosido el corte y la tiene mucho más inflada que cuando llegamos y la piel de alrededor empieza a ponerse morada. Como consecuencia de eso, ese ojo lo tiene prácticamente cerrado.

– Parece que te han arreglado bien… Vamos, que te llevo a casa. Así no puedes conducir.

Y cuando le agarro por la cintura para ayudarle a caminar suelta un quejido y me detengo en seco. Me mira, se levanta la camisa y veo que tiene todo el estómago vendado.

– También tengo una fisura en un par de costillas.
– Pues te ha dejado bueno mi hermano… – digo mientras llegamos al coche y le ayudo a meterse.
– Me lo tengo merecido. Siento mucho lo que ha pasado Alex… Necesito que me perdones.

Conduzco sin decirle nada.

– Cuando recibí la foto que me envió Joey… no sabía qué hacer… Al principio seguía demasiado enfadado y ni siquiera me planteaba ir a la fiesta. Luego, empecé a imaginarte allí, así vestida y rodeada de… babosos y me empecé a poner enfermo. Decidí coger el coche y plantarme en la fiesta pero antes de entrar la cobardía pudo conmigo. Al fin y al cabo yo había decidido marcharme y tú eras libre de hacer lo que quisieras… así que me metí en un pub cercano y empecé a beber. No paraba de mirar la foto que me había enviado Joey y cuando ya llevaba tres o cuatro copas, recuperé la valentía y entré. Cuando te vi bailando, con ese tío arrimado a ti… todo se desmoronó a mí alrededor. Entonces fui plenamente consciente de que te había perdido. Estabas en los brazos de otro, divirtiéndote y yo no pintaba nada allí. Y aunque por un segundo tuve la intención de partirle la cara a ese tío, luego te miré y te lo estabas pasando bien, no tenía derecho a inmiscuirme…

Llegamos a su casa y yo sigo sin articular palabra y sin mirarle a los ojos. No quiero flaquear y si le miro caeré en su trampa sin remedio.

– Alex… háblame… por favor. Pégame, grítame o insúltame, pero haz algo…
– Creo que Joey ya te ha dado suficiente… Me voy a casa.
– Alex – dice agarrándome del brazo para detenerme.

Me zafo de un manotazo y se queda mirándome sorprendido.

– ¡No me toques! ¿Quieres que te hable? Pues ven.

Le agarro del brazo y le llevo hasta el sofá y de un empujón le hago sentar. Hace una mueca de dolor y se lleva la mano a las costillas y me sabe mal lo que he hecho pero tengo que ser fuerte y soltarle todo lo que pienso o explotaré. Me siento a su lado y fruto de la propia rabia, las palabras empiezan a salir sin cesar.

– Eres un imbécil engreído.

La primera frase le deja alucinado y me mira fijamente, con los ojos muy abiertos.

– Lo primero que quiero que tengas claro es que no es a mí a quién tienes que pedir disculpas. Es a Claire y a Joey a quién tienes que pedírselas. A Claire porque la has utilizado a tu conveniencia. Sabías que ella sentía algo por ti y te aprovechaste de ello. Ese beso quizá para ti no ha significado nada, pero para ella sí. Y luego a Joey porque sabes perfectamente lo que siente por Claire. A mí no me tienes que pedir disculpas porque tú y yo ya no somos nada y no te voy a negar que ese beso no me ha dolido, pero eres libre para tirarte a quién te dé la gana.

Tomo aire y vuelvo a la carga.

– Lo segundo. Ten bien clarita una cosa. No voy a permitir que cuestiones si quiero a Will o no. Nunca, y repito nunca le utilizaría para acercarme a ti. ¿Y sabes por qué? Porque para mí Will es mucho más importante que tú.

Las lágrimas empiezan a caerme por las mejillas de nuevo. Patrick agacha la cabeza, avergonzado. Mi reprimenda está haciendo mella en él.

– Y tercero. Sí, era una imbécil y una cagada, pero sobretodo, estaba enamorada. Me enamoré de ti desde el primer día que me crucé contigo en el parque. No me atrevía a acercarme, pero necesitaba verte. Cada día y a todas horas. Por eso te hacía las fotos, para poder verte siempre que quisiera. Era tan tonta que en lugar de atreverme a dar el paso y conocerte, me inventé una vida para ti. Te puse un nombre y te imaginé una vida. Planee varias cosas para conseguir hablar contigo. Empecé a correr y soñaba cada día con los dos segundos en los que pasabas por mi lado y que mi cabeza reproducía a cámara lenta. ¿Qué tonta verdad?

Me enjuago las lágrimas de la cara y Patrick intenta cogerme la mano pero se la aparto. Me levanto y me dirijo a la puerta sacando el móvil para llamar a un taxi. Patrick se levanta y me sigue y entonces cambio de opinión y me giro para decirle una última cosa. Me lo encuentro a escasos centímetros de mí.

– ¿Pero sabes qué? Que no me arrepiento de nada. En el amor a veces se cometen locuras y eso es lo que yo cometí, una locura, no un crimen. Adiós Patrick.

Un Comentario

  1. Laura Gómez-Reply
    5 marzo, 2016 en 2:06

    Bien merecido se lo tiene

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