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Alex y Patrick – Capítulo 23

Fotor021584230El despertador me suena a las diez de la mañana. Es la primera vez en varios días que necesito de sus servicios para despertarme. Anoche el taxi me dejó en casa cerca de las dos de la madrugada, agotada por la hora y por el cúmulo de emociones de la noche. Nada más llegar envié un mensaje a Joey diciéndole que ya estaba en casa, apagué el teléfono, me desvestí, me puse una camiseta y me metí en la cama. 
 
Ni siquiera tuve fuerzas para desmaquillarme, así que lo primero que hago es meterme en la ducha. Dejo que el agua resbale por todo mi cuerpo mientras repaso todos los acontecimientos de anoche. Aún no puedo creer que tuviera el valor necesario para decirle a Patrick todo lo que le dije, pero lo que hizo me rompió el corazón… a mí y a dos personas más, una de ellas mi hermano, por el que daría la vida.
 
Tengo que reconocer que me costó dejarle allí en las condiciones que estaba. Realmente le costaba ver porque uno de los ojos lo tenía completamente cerrado por la hinchazón. Además no podía hablar muy bien, no quiero ni pensar comer, con el labio partido. Y me pregunto cómo se habrá desvestido sin poderse mover bien por las fisuras en las costillas. Evidentemente, en esa tarea le hubiera ayudado encantada, por eso me fui rápidamente antes de caer en la tentación… le hubiera curado las heridas a lametones. 
 
Salgo del baño y me enfundo unos tejanos y una camiseta de los Giants de chica que me regaló Joey hace unos años y con la que voy la mar de cómoda. Además, hoy voy a recoger a Will y a él le encantará.
 
Will… va a flipar cuando vea a Patrick mañana, si es que va a trabajar, claro… A ver qué les explica a los chicos en clase porque lo de “me lié con la directora del cole porque estaba enfadado con mi ex y entonces el hermano de mi ex, que está enamorado de la dire, me dio una paliza” no creo que sea muy educativo.
 
Mientras enciendo la máquina del café enciendo el teléfono y lo dejo en la encimera. A los pocos segundos, mientras me sirvo mi primera taza de café del día, y sospecho que no la última, empieza a sonar y vibrar como un loco. Arrastro los pies hasta él, café en mano y con pereza miro la pantalla: TIENES 10 MENSAJES DE TEXTO NUEVOS Y TRES MENSAJES EN EL BUZÓN DE VOZ.
 
¿Pero esto qué es? Por dios, ¿la gente no duerme o qué? Vamos por partes. Me siento en el taburete y llamo al buzón. 
 
Suena la voz del contestador y me confirma que tengo tres mensajes por escuchar, el primero a la 2:30 de la madrugada, poco después de llegar a casa y apagar el teléfono.
 
BEEEEEEP. Silencio. Sólo oigo una respiración forzada y un gran suspiro.
 
La comunicación de corta en ese momento y sin pausa, la voz del contestador me informa que el segundo mensaje fue grabado media hora después.
 
BEEEEEEP. Más silencio hasta que por fin oigo la voz de Patrick.
 
“Alex… yo sólo… bueno, sólo quería darte las gracias por cuidar de mí esta noche a pesar de… de todo lo que he hecho – deja de hablar y sólo le oigo respirar con muchísima dificultad. Esas fisuras en las costillas le están haciendo pasar un mal rato – Siento haberos decepcionado, sobretodo a ti… Me gustaría recuperar algún día tu confianza… que vuelvas a quererme. ¡Joder! Soy un jilipollas y no te merezco… Lo siento”
 
Sin tiempo a digerir lo que acabo de escuchar y con un nudo en la garganta, la puñetera voz me recuerda que me queda un mensaje por escuchar. Es de esta misma mañana.
 
BEEEEEEP. Y automáticamente aparece una sonrisa en mi cara al escuchar a Will.
 
“¡Hola Alex! ¿Por qué tienes apagado el móvil? ¿Estás durmiendo aún? ¡Pero si son las nueve ya! – oigo la voz de Alice de fondo diciéndole que espabile, que se le va a acabar el tiempo del contestador – Vale, ya voy, sin presiones ¿eh? Alex, que dicen Alice y Charlie que vengas a comer, que van a hacer una barbacoa. ¿A qué hora? – oigo que pregunta más bajito a Alice – Que vengas a la hora que quieras. Es el cumple de Charlie y Alice ha hecho una tarta. Estaremos todos y también vendrán los hijos de Alice, bueno Megan vive aquí, pero vendrán los otros…”
 
BEEEEEEP. Fin de los mensajes. ¡Jajaja! Pobre, se le acabó el tiempo. Decido llamarle para que sepa que ya me he despertado y confirmar a Alice que sí iré.
 
– ¿Diga? – responde la voz de Charlie.
– ¡Feliz cumpleaños Charlie! Soy Alex.
– Hola cariño. Muchas gracias. ¡Menuda fiesta me están preparando!
– Lo sé, he recibido la invitación y llamaba para confirmar que vendré.
– ¡Perfecto! 
– Nos vemos en un rato entonces. 
– Vale, hasta luego.
 
Y colgamos. Estoy pensando que ya sé qué puedo llevarle a Charlie de regalo. Le llevaré alguna foto de las que le he hecho a Will para que la cuelgue en la pared del salón junto al resto de fotos de los niños que han pasado por la casa. Seguro que le encanta, además que al ser domingo, no puedo comprarle nada porque está todo cerrado.
 
Doy los últimos sorbos al café mientras aprieto al icono del sobrecito de los mensajes. De Joey hay dos mensajes. Uno a los pocos minutos de enviarle yo anoche el mío.
 
“Vale. Si necesitas algo, llámame”
 
Y el segundo es de esta mañana, hace dos horas.
 
“¿Estás bien?”
 
Aprieto a contestar. Quiero saber cómo han pasado ellos la noche. Quiero saber como está Claire y quiero saber como está Joey.
 
“Sí, estoy mejor. Una ducha y un café me están devolviendo a la vida. Ahora en un rato me voy a casa de Alice a comer parar celebrar el cumpleaños de Charlie. ¿Y vosotros?”
 
Mientras espero respuesta, voy a mirar los restantes ocho mensajes que tenía. Uno de ellos es de un número desconocido y me pica la curiosidad.
 
“Hola Alex, soy Henry. Le he pedido tu número a Claire, espero que no te importe. Anoche te fuiste precipitadamente. Espero no haber hecho nada malo. Me lo pasé muy bien. Si quieres llámame algún día o te llamo yo y quedamos… Un beso”
 
Es verdad pobre. Le dejé un poco plantado, pero ahora mismo no tengo demasiadas ganas de darle explicaciones. Igualmente, es un tío guapo y simpático y no quiero cerrarme ninguna puerta, así que pulso a responder.
“Hola Henry. En absoluto me importa. Yo también me lo pasé muy bien. Acepto tu propuesta. Nos llamamos algún día y nos tomamos algo con Claire y Joey”
 
Ahí sin cerrarme puertas pero tampoco dejándolas abiertas de par en par. No sé si estoy preparada para quedar con él a solas y tampoco sé si me gusta tanto para ello.
 
En ese momento me suena el móvil y recibo la respuesta de Joey. ¡Dios mío qué capacidad tenemos las mujeres para estar en varias conversaciones a la vez! 
 
“Nosotros bien. He dormido en el sofá y le he llevado el desayuno a la cama. Soy todo un caballero como puedes observar. Claire está mejor. Me dice que te pregunte si Patrick va a ir a trabajar mañana o le busca sustituto. ¡Jajaja! ¡Me encanta esta mujer!”
 
“Hombre, pues no lo sé… Anoche no parecía estar en buenas condiciones pero conociéndole, irá a trabajar. Veo que Claire empieza a superar su enamoramiento de Patrick…”
 
“Eso espero hermanita. A ver si así tengo alguna posibilidad. Me lo estoy currando y si tengo que partirle la cara a ese capullo cada semana, lo haré”
 
“Tampoco nos pasemos. Yo debo ser más tonta entonces porque a pesar de todo, sigo enamorada de él. Me ha dejado un mensaje en el contestador y oírle la voz sigue siendo una tortura… una lucha entre mi cabeza y mi corazón. Una me dice que me olvide de él y el otro me dice que corra a sus brazos”
 
“Date tiempo. Pásalo bien hoy con Will. Dale una colleja de mi parte. Te llamo mañana. Te quiero”
 
“Vale. Muaka”
 
Vale, voy a por los últimos siete mensajes. Han sido enviados todos esta misma madrugada y son todos de Patrick. Descubro que no sólo escuchar su voz provoca que el corazón me dé un vuelco sino que ver su nombre escrito, me hace soltar un suspiro a lo quinceañera. Respiro profundamente varias veces y aprieto para leer los mensajes.
 
“No me puedo creer que después de cómo me he portado esta noche, me llevaras al hospital y me trajeras a casa. Gracias de nuevo por cuidar de mí”.
 
Bueno, no podía dejarle en la calle en esas condiciones y no soy médico y esa herida necesitaba de un profesional. Lo que yo no sé es como fui capaz de dejarle en su casa y largarme. Vamos a por el segundo mensaje.
 
“Quiero que sepas que tienes razón en todo lo que me dijiste y que voy a hablar con Joey y Claire personalmente para pedirles perdón”
 
Bien por ti. Advertiré a Joey no vaya a ser que le vea y le pegue otra paliza, que capaz es.
 
“Siento haber pensado que te aprovechaste de Will. No sé como fui capaz cuando sé perfectamente que no eres así. Perdóname”
 
Bueno, eso era lo más importante que quería que tuviera claro. Me sigue doliendo que llegara a pensarlo, pero creo que ha quedado claro.
 
“En cuanto a lo de las fotos… no supe cómo reaccionar… no puedo creer que alguien se enamore de mí de esa manera… me chocó, la verdad pero ahora veo que mi reacción no fue la que debía”
 
Bueno, en esto tenemos los dos la culpa… la verdad es que entiendo que le chocara el tema y que flipara algo al verse en todas esas fotos.
 
“Yo nunca he hecho locuras por amor, porque nunca he estado enamorado… hasta ahora. Por ti daría hasta mi vida”
 
Ufff, vaya, el nudo que se me ha formado en la garganta se hace aún más grande y me quedo casi sin respiración. Noto como los ojos se me empiezan a humedecer.
 
“No quiero perderte. No pierdas la fe en mí. Volveré a ganarte, haré que te vuelvas a enamorar de mí”
 
Por dios, ¡si ni siquiera con lo de anoche dejé de quererte! Pero calla tonta y deja que piense lo contrario, que sufra y se lo curre un poco.
 
“No te rindas conmigo por favor. Dame tiempo. Nadie me ha querido nunca como tú y es una sensación que no quiero dejar de sentir. Te amo tanto que hasta me duele. Alex no te olvides de mí, por favor”
 
¿Por qué consigue siempre agitar mi corazón como si se tratara de una coctelera? Puede conmigo… Ahora mismo saldría corriendo a su casa y le diría que sigo queriéndole como el primer día que le vi, que a pesar de todo sigo enamorada. 
 
Decido no pensar en él durante un rato y mantenerme ocupada eligiendo la foto para Charlie. Cuando acabo me arreglo un poco y salgo a la calle para ir a ver a Will. Él seguro que me mantendrá la mente ocupada.
 
Casi una hora después llamo a la puerta de la casa y me abre un chico de algo más de diez años. 
 
– Hola, soy Alex. 
– Hola, soy Aaron. Tú debes ser la nueva madre de Will. Pasa.
 
Nueva madre… madre mía cómo suena eso… El poco sentimiento familiar que tienen estos críos hace que tengan el concepto de madre un poco extraño… Y ellos aún gracias que tienen a Alice y Charlie que mientras están bajo su techo les dan el cariño que necesitan.
 
Entro en la casa y me encuentro a Alice en la cocina hablando con una chica de mi edad. 
 
– ¡Hola Alex! – me saluda Alice con energía mientras me abraza – Mira, te presento a mi hija Sara.
– ¡Hola! Encantada. Tú debes ser la famosa Alex. Me alegro de conocerte al fin.
 
Charlamos durante un rato más en el que descubro que es arquitecta en Boston. Está casada y tiene dos hijas, una adolescente y otra de diez años que se han quedado con su padre. Ella ha hecho un viaje relámpago para estar con su padre adoptivo el día de su cumpleaños y ya para las vacaciones de verano vendrán todos a pasar unos días. Nos reímos cuando nos cuenta lo dura que está siendo su vida con una adolescente en su vida y cuando le pregunta a su madre cómo lo hace ella teniendo a varios en su casa. 
 
En ese momento entra Charlie por la puerta con el teléfono en la oreja.
 
– Qué solicitado está papá – dice Sara
– Sí, algunos de los chicos que hemos tenido en casa llaman por nuestro cumpleaños. Es bonito ver que has influido en ellos algo como para que se acuerden de ti en ocasiones.
 
Charlie se nos acerca y podemos escuchar parte de su conversación.
 
– Vale hijo, cuídate. ¿Cuándo te pasarás? Para decírselo a tu madre, digo. Vale, lo entiendo, no te preocupes. Yo también te quiero campeón.
 
Y cuelga el teléfono.
 
– Hola preciosa – dice dirigiéndose a mí.
– Hola Charlie, feliz cumpleaños.
– Gracias.
– ¿No viene verdad? – le pregunta Alice.
– No. Dice que a lo mejor si tiene tiempo vendrá la semana que viene. Voy a avisar a Will de que has llegado Alex. Está arriba jugando.
– Bueno, pues parece que tu hermano no vendrá al final – le dice a Sara.
 
Parece que finalmente no voy a conocer a toda la familia de Alice, al menos a la de verdad, pienso cuando el torbellino de Will entra en la cocina.
 
– ¡Hola Alex! 
 
Se me tira a los brazos y le abrazo con fuerza. No pienso soltarle en años. Veo que Sara y Alice nos miran. Sara sonríe y agacha la cabeza mientras le susurra a su madre.
 
– Es perfecta.
 
Me alegra el cumplido y más viniendo de alguien que estuvo en la misma situación que Will.
 
– Ven, que te enseño la bici que me ha regalado Patrick. Está fuera. Es súper chula y la monto genial y dice que me va a enseñar a ir sin ruedines. Ayer me dijo que era muy pronto para quitármelas, que primero tengo que acostumbrarme a la bici.
 
Me va hablando mientras me lleva a rastras de la mano hacia el jardín. Y luego me vuelve a llevar a rastras hacia la calle de delante de la casa para que vea lo bien que pedalea. Me siento en las escaleras de la casa y le observo ir de arriba debajo de la calle. 
 
Al poco rato nos llaman para comer. Mientras Charlie, ayudado por alguno de los chicos mayores empieza sacar carne ya hecha de la barbacoa, el resto nos sentamos en la gran mesa de madera.
 
La comida resulta muy amena y divertida. Los chicos hablan sin parar y se les ve las caras llenas de felicidad. Alice y Charlie los escuchan a todos y cada uno y sus caras reflejan el orgullo y el cariño que sienten por ellos.
 
Charlie y Alice ocupan cada una de las puntas de la mesa y yo me siento a un lado de ella y Sara al otro. Después de comer y antes de sacar el pastel, los chicos se van a jugar y nos quedamos las tres hablando. 
 
– ¿Al final qué hiciste anoche? ¿Saliste con tu hermano? – me pregunta Alice de repente.
– Sí…
 
Y al ver mi cara y mi respuesta poco entusiasta, ambas se sientan mejor en la silla, se me acercan y Alice pone su mano encima de la mía y me pregunta.
 
– ¿Qué pasó? ¿Algo no fue bien?
 
Parecemos un corrillo de un programa de esos del corazón. 
 
– A ver… por donde empiezo… La noche empezó muy bien. Joey, mi hermano – aclaro mirando a Sara – me recogió y fuimos a un pub cerca de la fiesta a tomar unas copas los dos solos. Luego fuimos a la fiesta y Claire nos presentó a todos sus amigos.
– Un momento, ¿quién es Claire? – me interrumpe Sara.
– Es la chica que le gusta a mi hermano y la que nos invitó a la fiesta.
– Vale, continúa.
– Y que a la vez es la directora del colegio donde da clases Patrick, el ex novio de Alex, que es profe de Will – le aclara Alice como si fuera Oprah.
– ¡Por dios qué culebrón! ¡Cómo me gusta esto! Tengo que venir a visitaros más a menudo. Sigue.
– Pues eso, que nos presentó a todos sus amigos y bebimos una copas y bailamos muchísimo. Henry, uno de los amigos de Claire se puso a bailar conmigo y yo no sé si era producto del alcohol o qué, pero me desinhibí y empezamos a tontear. Hasta que de repente me encontré a Patrick mirándonos fijamente a pocos metros.
– ¡¿Qué me dices?! – grita Sara poniéndose una mano en la boca.
– ¿Fue a la fiesta? – me pregunta Alice.
– Pues no iba a ir pero Joey me sacó una foto y se la envió al móvil poniéndole un mensaje del estilo “mira lo que te estás perdiendo”.
– ¡Me encanta tu hermano! Bien hecho, que sepa lo que se pierde ese cabezota.
 
Miro a Alice y no deja de sorprenderme. Cada vez me gusta más esta mujer.
 
– Pues bueno, que vino y al vernos tontear a Henry y a mí, se enfadó y se largó. Claire salió tras él sin saber lo que había pasado. Yo me encontré a mi hermano por el camino que buscaba a Claire y juntos salimos a la calle a buscarles.
– ¿Y? – preguntaron las dos a la vez.
– Pues que cuando salimos vimos a Patrick y a Claire besándose.
 
La cara de Alice es un poema. Se ha quedado con la boca abierta e incapaz de reaccionar.
 
– ¡Será tonto! No me lo puedo creer… – dice visiblemente afectada.
– Bueno la cosa está en que volví adentro para recoger mis cosas e irme – sigo narrando con la cabeza agachada – Joey entró conmigo y me volvió a acompañar afuera y entonces Claire estaba gritando a Patrick que la dejara en paz. Joey salió disparado hacia ellos y le pegó un puñetazo a Patrick. Entonces fue cuando nos vio e intentó explicarse y pedirme disculpas. Cada vez que intentaba acercarse a mí, Joey le pegaba. Él se volvía a levantar sin siquiera devolverle ni un golpe, sólo quería acercarse a mí una y otra vez y Joey se lo impedía cada vez. Al final le pedí a Joey que parara y que se fuera con Claire. Me quedé con Patrick e intenté curarle las heridas pero una era bastante fea y le llevé al hospital. Salió con un corte en el labio, la ceja partida con el consiguiente ojo hinchado y fisuras en algunas costillas. Le llevé a su casa, le canté la caña y me volví a mi casa.
 
Las dos se han quedado de piedra, incapaces de reaccionar.
 
–  ¡Queremos el pastel! ¡Queremos el pastel! – nos interrumpen Will y Aaron.
 
Alice reacciona por fin y se mete en la casa sin decir nada. Saca el pastel y mientras todos cantamos el cumpleaños feliz a Charlie, ella se queda en un segundo plano.
 
Me acero a él y le doy mi regalo. Cuando saca la foto del sobre, una gran sonrisa se dibuja en la cara de Charlie.
 
– ¡Gracias Alex! Es preciosa. Ya puedo hacerle sitio en la pared del salón.
 
Mientras le dan el resto de regalos me acerco a Alice.
 
– Alice, ¿está bien?
– Ven – dice cogiéndome de la mano y llevándome al interior de la casa.
 
Me lleva al salón, coge una foto que hay en una estantería y la pone en mis manos. En ella veo a un niño de unos ocho años. Es moreno y tiene una sonrisa grande y preciosa y… me quedo parada cuando veo sus ojos. No puede ser… aunque esos ojos los reconocería de entre un millón. Paseo mi vista de Alice a la foto repetidas veces hasta que finalmente me dice.
 
– Alex, éste es Patrick, mi hijo.
– Patrick… ¿mi Patrick?
– Ajá… – y con las lágrimas asomándole en los ojos añade – Gracias de todo corazón por cuidar de mi hijo a pesar de lo que te hizo.

2 Comentarios

  1. Maka-Reply
    26 marzo, 2016 en 23:07

    Qué me dices??!! Esto no me lo esperabaaaaa

  2. Eva Maria Solano-Reply
    10 mayo, 2016 en 18:14

    Como???? Que fuerte!!!

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