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Alex y Patrick – Capítulo 24

Fotor021817076¿Cómo? ¿Su hijo? No entiendo nada. Confundida miro la foto de ese niño. Es indudable que es Patrick. Esos ojos son inconfundibles y esa sonrisa también, una sonrisa que hace días que no veo. Meneo la cabeza en señal de negación… no entiendo nada… ¿por qué no me lo dijo? ¿Por qué nadie me lo ha dicho?
 
Las piernas empiezan a flaquearme. Necesito sentarme. Agarrando la foto con fuerza y sin quitarle los ojos de encima, retrocedo hasta sentarme en el sofá. Alice se pone a mi lado y me observa mientras se enjuaga las lágrimas con un pañuelo. No dice nada, espera a que me tome mi tiempo para ordenar las decenas de preguntas que tengo en la cabeza.
 
Pasados varios minutos, trago saliva e intento que las palabras salgan de mi garganta pero me resulta imposible. Carraspeo un poco y al fin consigo decir.
 
– ¿Por qué no me dijo nada? ¿Por qué nadie me dijo nada?
– Perdóname por favor – dice agachando la cabeza – Se suponía que él te lo iba a contar, pero al escuchar que tu hermano le había dado una paliza… compréndelo, es mi hijo… Y después cuando me has dicho que le curaste las heridas, le llevaste al hospital y le acompañaste a casa, después de todo lo sucedido… De verdad es que no puedo creer la suerte que tuvo al encontrarte y sólo pensar que te está perdiendo…
– Era lo menos que podía hacer… pero no me está contestando a la pregunta…
– Alex… yo no debería decirte nada. Sólo te pido una cosa, confía en Patrick, hay una buena razón…
– No me sirve Alice, necesito respuestas.
 
Alice suelta un suspiro.
 
– Vale… – se toma algunos minutos sopesando la respuesta –  A ver, cuando pasó lo de la madre de Will, esa misma noche Patrick me llamó para explicarme lo sucedido y me dijo que ya que el chico tenía que ir a una casa de acogida, quería que viniera aquí. Habló con sus contactos en asuntos sociales y arregló todo el papeleo. Él iba a contártelo todo, pero entonces tú le dijiste que querías adoptar a Will y vosotros estabais, digamos empezando a salir. Si los de asuntos sociales se enterasen de que Patrick intercedió en que Will viniera aquí y que además tú y él estabais saliendo, tu solicitud de adopción se vería afectada, quizá incluso denegándotela.
 
Me quedo callada procesando toda la información. Alice prosigue con la historia.
 
– Así que nos pidió que no dijéramos que éramos sus padres, ni a ti ni a Will. Mis dos hijas y los chicos mayores también saben la historia y nos han guardado el secreto. Todo ha sido por vuestro bien. Patrick iba a contártelo todo cuando la adopción de Will fuera un hecho.
 
Mi cabeza iba a mil por hora. Todos sabían el secreto menos Will y yo. Sí, por nuestro bien, perfecto, pero Patrick no confió en mí… de nuevo. Entiendo que no le dijera nada a Will, es un niño y ya conocemos todas sus nulas habilidades para mantenerse callado, pero me duele que no me lo dijera a mí.  
 
De todos modos, ahora me fijo en detalles que hace unas semanas me pasaron desapercibidos.
 
– Ahora me doy cuenta por ejemplo que Patrick nunca entró conmigo a la casa… siempre entraba yo cuando veníamos los dos…
– Sí, los chicos más pequeños como Aaron, conocen a Patrick pero no saben que salía contigo, así que para evitar problemas, decidimos no decirles nada.
– ¿Y luego se enfadó cuando yo le oculté la existencia de las fotos? ¿Cómo me tendría que poner yo ahora?
 
Alice me mira sin saber bien qué decirme.
 
– Lo siento Alice. Sé que hicisteis lo que Patrick os pidió… no estoy enfadada con vosotros.
– Pero no quiero que te enfades con mi hijo… él lo hizo por ti… para que pudieras adoptar a Will.
– Sí, el fondo o motivo de toda la mentira era bueno, pero sigo sin ver correcta la diferencia de raseros con los que Patrick ve las cosas… ¿Él se puede enfadar conmigo por unas tristes fotos y yo tengo que tragar que no confiara en mí para revelarme ese secreto? ¿Se piensa que si lo hubiera sabido me hubiera ido de la lengua?
 
Miro la foto que tengo en las manos y sin pensarlo acaricio el cristal como si estuviera acariciando a ese niño.
 
– Patrick llegó a casa cuando tenía cinco años junto con su hermano mayor Owen que tenía 12 años. Su madre era drogadicta y murió de una sobredosis. Cuando les encontraron, hacía un mes que la madre había muerto y aún yacía en la cama tapada por una manta. Owen cuidó de Patrick durante muchos años, cuando la madre estaba colocada y también ese mes que estuvieron completamente solos, por eso cuando llegaron, Patrick siempre iba a su lado y nunca hablaba con nadie más. Estaba muy asustado porque no entendía por qué estaban en esta casa y no con su madre. Cuando Owen se escapó una noche, Patrick se encerró aún más en sí mismo. Seguía sin decirnos nada, incluso una vez a la semana venía un psicólogo que nunca obtuvo respuestas. En dos ocasiones le adoptaron pero a las semanas lo devolvieron.
 
Miré a Alice horrorizada por lo que estaba escuchando. ¿Devolver a un crío como si fuera mercancía?
 
– Sí, lo devolvieron. Patrick convertía la vida de las familias que le adoptaban en una pesadilla. Les insultaba, rompía cosas, se escapaba, se peleaba constantemente en el colegio, vamos justo lo contrario que hacía aquí en casa que ni siquiera se le oía. Nadie nunca tuvo la paciencia de quererle aún con todo lo que hacía, excepto supongo que nosotros que le dimos todo el tiempo que necesitó. Cada tarde, antes y después de cenar, Patrick se sentaba en el porche delantero con su maleta llena de ropa y esperaba a que Owen le viniera a buscar. Nosotros, aunque le vigilábamos, nunca se lo impedimos.
 
Qué historia más triste… Pobre Patrick. Ahora entiendo cómo se puso tan rápido en la piel de Will. Debió pasar por una pesadilla.
 
– Así pasaron varios años, hasta que un día cuando tenía cerca de once, no salió a esperar a Owen. Esa noche ni siquiera cenó. Se metió en la cama y lloró durante horas. Antes de irme a dormir decidí entrar a ver cómo estaba y cuando me senté en la cama, se incorporó de golpe y me abrazó. Se quedó así varios minutos y cuando ya no le quedaron más lágrimas, se volvió a estirar en la cama y me regaló las primeras palabras que le oí en todos esos años. Me dijo “¿Te quedas conmigo?”. Eso me rompió el corazón y esa noche dormí a su lado.
 
Alice me alcanza un pañuelo porque las lágrimas han empezado a asomar de nuevo.
 
– Pocos meses después Charlie y yo decidimos adoptarle. Era un niño maravilloso. Nos ayudaba con el resto de críos que acogíamos y enseguida se decantó por ayudar de algún modo a los niños que le necesitaran. Se pagó sus estudios universitarios porque nosotros no podíamos permitírnoslo e intentaba sacar matrículas para que le dieran becas. Ahora se ha convertido en un hombre maravilloso. Tiene sus defectos, como todos, pero estamos muy orgullosos de él.     
 
Tengo la cabeza hecha un lío. Muchas de mis preguntas se han respondido ya pero aún así siento que necesito más explicaciones… y las necesito de él.
 
– ¿Por qué no confió en mí?
– Estaba asustado. No quería que perdieras a Will, pero él tampoco quería perderte a ti. Sé que te quiere con locura Alex. Conozco a mi hijo y se lo noto. Tendrías que haberle visto hablando de ti cuando venía a vernos, se le caía la baba. Hasta Charlie se dio cuenta y mira que los hombres para esto son negados.
– Con todo lo que ha pasado, siento que necesito tiempo, tiempo para pensar…           
 
Me levanto sin decir nada, cojo mi bolso y me dirijo a la puerta de la calle. Agarro el pomo y miro a Alice. Sigo teniendo la cabeza hecha un lío y necesito un poco de aire fresco.
 
– Tómate el tiempo que necesites pero por favor piensa que lo hizo con la mejor de sus intenciones. No pierdas la fe en él…
 
Giro el pomo y abro la puerta. Como una autómata recorro el trayecto hacia el metro. Me siento en uno de los asientos y apoyo la cabeza en la ventana del vagón. En ese momento soy consciente de que llevo algo en las manos y cuando agacho la vista veo que es la foto de Patrick. Me la he llevado conmigo sin darme cuenta y la sigo agarrando con mucha fuerza ya que tengo los nudillos blancos.
 
Tuvo que pasar por una pesadilla. El sentimiento de abandono que sintió entonces, primero por su madre y luego por su hermano, debió de ser horrible. Y ahora le abandono yo…
 
Por eso estaba tan preocupado porque yo hubiera podido utilizar a Will para acercarme a él. Defiende a esos chicos a capa y espada y supongo que en el caso de Will, el sentimiento de protección es aún más grande. Por eso también le afectó tantísimo que Will le viera como el padre que nunca tuvo. Él vivió la misma sensación.
 
Y entiendo que quisiera que las mismas personas que salvaron su vida hacía unos años, ayudaran a Will en esos momentos tan difíciles. Entiendo que no quisiera que se supiera que los tutores temporales de Will eran sus padres y que además él estuviera saliendo conmigo, la persona que había solicitado la adopción del chico. Viéndolo así, sí parece lógico que si el tribunal de menores lo hubiera sabido, quizá hubieran detectado un posible trato de favor.
 
Mi cabeza entiende todas las razones por las que me pudo ocultar ese secreto, pero siempre aparece la misma pregunta al final de cada razonamiento… ¿Y por qué no me lo contó?   
 
Necesito pedirle explicaciones pero a la vez no quiero poner en un compromiso a Alice, así que cuando llega mi parada me apeo del metro y me dirijo a casa.    
 
Paso las horas sentada en el sofá, con el portátil en las piernas y mi artículo abierto aunque sin haber escrito ni una sola línea. Mi cabeza se debate entre decirle que lo sé todo y pedirle explicaciones o seguir viviendo la mentira y así cubrir a Alice y sé perfectamente a quien pedirle consejo.
 
– ¡Hola hermanita! ¿Cómo estás?
– Bien, aunque creo que no mejor que tú… suenas bastante contento…
– ¡Jajaja! Sí… bueno… he pasado un día genial con Claire… la acabo de dejar en casa y antes de irme me ha dado las gracias por todo y me ha dado un beso en los labios. Corto, pero suficiente para mí.
– Mmmmm, parece que ha caído bajo tu hechizo…
– Yo no he forzado nada, te lo juro. No quiero que esté conmigo por despecho ni mucho menos… Sólo intento hacerla feliz… siento que mi único propósito en esta vida es verla sonreír y haré lo que haga falta para conseguirlo.  
– Madre mía Joey. Diciendo esas cosas no creo que tardes mucho en conquistarla del todo. Yo te llamaba para pedirte consejo…
– Desembucha.
 
Y tardo unos diez minutos en hacerle un resumen de todo lo que he averiguado.
 
– Y entonces mi pregunta es, ¿qué hago? ¿Le digo que lo sé todo y que necesito explicaciones o sigo con la mentira y espero a que me lo cuente él?
– Yo opto por la tercera opción. Vas a verle, le dices que lo sabes todo, que ya es tarde para explicaciones y le pegas una patada en los huevos.
– Te hablo en serio Joey…        
– Y yo.
– Lo que no quiero es comprometer a Alice. Se supone que ella no me tenía que decir nada…
– Alice entenderá que se lo hayas dicho. Y si lo prefieres, pues no le pegues la patada en los huevos, pero hazle saber que lo sabes todo. A ver cómo reacciona él ahora.
 
Cuando cuelgo me siento mucho más segura de mi decisión. Sabía lo que Joey opinaría y por eso le llamé. En el fondo sólo necesita oír en boca de otra persona lo que tenía intención de hacer, así que cojo el móvil y le envío un escueto mensaje.
“¿Cuándo pensabas contármelo?”

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