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Alex y Patrick – Capítulo 26

Fotor022610550Me fui a la cama con el teléfono en la mano y una sonrisa en la cara. Lo que acababa de hacer Patrick era una prueba más que suficiente de que me quería y una locura digna de equipararse a la mía. Al final había acabado siendo como la escena de una película. A los vecinos sólo les faltó vitorear a Patrick cuando se lo llevaban, excepto el viejo gruñón claro, e incluso algunas vecinas me pidieron que les fuera contando cómo iba la cosa.
 
Aunque me resistía con todas mis fuerzas porque quería esperar una respuesta a mi mensaje, me quedé dormida casi de inmediato, con la sonrisa aún grabada en mi cara.
 
Sin darme cuenta llegó la mañana y los primeros rayos de sol inundaron la habitación. Me giré hacia la ventana y comprobé que no quedaba ni rastro de la lluvia de anoche. El móvil seguía en mi mano y enseguida lo miré en busca del mensaje de respuesta. Y ahí estaban, no sólo uno. Eran de las seis de la mañana, hacía tan sólo una hora.
 
“Pues yo de ti les haría caso. No sabes lo insistentes que pueden llegar a ser las personas mayores”
 
 “Me voy a casa a ducharme y cambiarme, los niños creo que ya fliparán suficiente con mis moratones como para presentarme de esta guisa”
 
“¿Te puedo llamar luego? Te quiero”
 
Pues claro que puedes, responde mi mente al instante. ¿Quiere decir eso que le he perdonado? Todos y cada uno de los poros de mi cuerpo quiere que le perdone, así que no sé cómo podría negarme…
 
“Espera que le pregunto a mis vecinas a ver qué les parece… Sí, me dicen que sí puedes”
 
Enciendo la cafetera y mientras me pego una ducha. Cuando salgo me visto y me dirijo a por mi dosis de cafeína. Me tomo el café y suena mi móvil de nuevo.
 
“¿Y tú crees que puedo?”
 
Esbozo una sonrisa y sin poder evitarlo me muerdo el labio. No quiero dárselo aún mascado. Por supuesto que le he perdonado y estoy deseando estar entre sus brazos de nuevo, pero quiero jugar un poco antes. 
 
“Déjame que mire mi agenda. Hoy tengo mucho trabajo”
 
“Lo entiendo. Como quieras. Esperaré tu mensaje”
 
Ai madre que sigue creyendo que estoy enfadada… ¿Sigo el rollo o quizá me estoy pasando? No… seguimos jugando un rato…
 
Agarro mis cosas y salgo de mi apartamento pitando porque con la tontería ya vuelvo a ir tarde. Salgo a la calle y voy en dirección a la estación de metro cuando oigo una voz.
 
– ¡Bonita! ¡Oye, bonita!
 
Al girarme veo a la ancianita de anoche, la fan numero 1 de Patrick, venir hacia mí con algo de dificultad para caminar. Miro a un lado y a otro para asegurarme que es a mí a quien llama y compruebo que es así.
 
– Hola… – le digo en tono algo extrañado.
– Ai, espera, que ya llego – dice resoplando por el esfuerzo.
– ¿Está usted bien?
– Sí, es que a mi edad no está una para hacer muchas carreras de éstas…
– Tranquila, respire – le digo mirando disimuladamente el reloj.
– Mira, toma – me dice cogiéndome la mano y dejando en él un saquito de tela.
 
La miro tan confundida que se ríe y añade.
 
– Tranquila, es sólo un amuleto hecho con lavanda, pétalos de rosa y raíz de iris. Anoche comprobé que ese chico guapetón está muy enamorado de ti y aunque noto que tú también estás enamorada de él, puedo sentir que tu corazón sigue dolido por algo que él hizo. Este amuleto te ayudará a aclarar tus ideas y a despejar el camino – me cierra la mano añadiendo – llévalo contigo y confía en sus efectos. Ese chico es bueno.
 
– Eh, gracias… lo haré – las fans de Patrick son más incondicionales de lo que pensaba.
– Gracias a vosotros. Lo de anoche fue mejor que ver la novela.
 
Sin más vuelve hacia su casa y yo me quedo mirando el saquito. Me lo acerco a la nariz, al menos huele bien, y me lo guardo en el bolsillo.
 
Después de casi media en metro llego a la redacción. La reunión es más larga de lo habitual, así que al salir me siento en mi mesa y trabajo sin parar muy concentrada, sin separar la vista de la pantalla del ordenador ni dos segundos. Estoy dando un repaso final a mi escrito cuando suena el teléfono de mi mesa. Miro el indicador de llamada y veo que es Jessica desde la recepción.
 
– Dime.
– Hay aquí un mensajero que te viene a entregar un sobre. Dice que tienes que bajar a firmar conforme te lo ha entregado. Alex – dice bajando el tono de voz – es del juzgado… 
 
¿Del juzgado? ¿Qué he hecho? Espera… ¿puede que sea…?
 
– Bajo enseguida – digo colgando de inmediato el teléfono.
 
Ni siquiera espero al ascensor y bajo todos los pisos corriendo y saltando los escalones de dos en dos. Cuando llego abajo veo a Jessica de pie detrás del mostrador mascando chicle con la boca abierta, como es habitual, y cogiéndose un mechón de pelo mientras habla con el mensajero. El chico está encantado y parece no tener la prisa habitual que tienen el resto de mensajeros.
 
– ¿Y tienes que ir muy rápido conduciendo para llegar a tiempo a todas las entregas?
– Ajá… y con el tráfico de la ciudad se hace difícil a veces pero me sé algunos atajos…
 
Yo les miro y aunque impaciente, soy educada y espero a que acaben su interesantísima conversación a la vez que intento que se percaten de mi presencia…
 
– ¿Y has llevado alguna vez algún paquete peligroso?
– Pues están siempre cerrados pero estamos bien entrenados para enfrentarnos a cualquier incidencia.
 
Hombre claro… los mensajeros son los nuevos G.I. Joe. ¿Quién no sabe eso? Por favor…. Sé acabó mi paciencia.
 
– Siento interrumpir, soy Alex Williams, me parece que tiene un sobre para mí – le digo al mensajero.
– Sí, disculpe… Tenga. Firme aquí.
 
Mientras cojo el bolígrafo y la carpeta, veo como el mensajero sonríe a Jessica mientras ésta juega con el chicle. Firmo el impreso y le devuelvo la carpeta al mismo tiempo que el mensajero arranca una copia del comprobante para mí y me entrega el sobre.
 
– Bueno, hasta luego… me marcho señoritas.
– A ver si tenemos la suerte de que vuelvas a entregarnos algo…
– A ver… – dice haciendo un saludo tocándose la visera de la gorra.
 
Yo en cambio no le he dicho nada. Estoy demasiado nerviosa mirando y dando vueltas al sobre que me acaban de entregar. Sin duda es el sobre que contiene las noticias que llevo esperando desde hace semanas ya que lleva el sello de Servicios Sociales. 
 
Después de haberle dado veinte vueltas al sobre, rasgo un poco la parte de arriba para sacar el contenido.
 
– ¿Es una denuncia? ¿Por qué estás tan nerviosa? 
 
Pego un brinco del susto y me giro hacia ella furiosa.
 
– Es privado Jessica por dios.
 
Decido subir en el ascensor hacia mi mesa y abrir el sobre en un lugar más íntimo, ajeno a miradas curiosas. Una vez en mi planta me dirijo a los lavabos y encerrada en uno de los cubículos me siento en la taza y vuelvo a mirar el sobre. Las manos me tiemblan… es la noticia que llevo esperando con más ganas y ahora que la tengo delante no soy capaz de leerla. Y menos sola… Saco el móvil del bolsillo del pantalón y abro la agenda de contactos sopesando mi elección. La mayoría de las mujeres en estos casos elegirían a sus madres pero eso es algo que yo he descartado de inmediato. Yo me debato entre tres personas y paso el cursor buscándolas. Finalmente me decido y aprieto al botón. El tono de llamada suena tres veces hasta que por fin oigo su voz.
 
– Hola…
– Hola… Siento llamarte a estas horas… sé que estás en clase… dudaba que lo cogieras…
– Lo llevaba encima por si me llamabas… y tengo a los chicos ocupados pintando con las manos. 
 
Los ojos se me empiezan a humedecer y empiezo a respirar entre sollozos.
 
– Alex… ¿estás bien? ¿Qué te pasa? – me pregunta nervioso.
– Patrick… tengo la carta en mis manos…
– ¿Carta?
 
Las lágrimas caen como cascadas de mis ojos y un nudo en mi garganta me impide contestarle.
 
– ¿La carta de Servicios Sociales? – pregunta él finalmente.
– Sí… – consigo decir entre sollozos – pero no puedo abrirla…
– No te entiendo… ¿qué quieres decir?
– ¡Que no me atrevo a abrirla! – le grito al fin. 
 
Las manos me tiemblan sin parar y el corazón me late a tanta velocidad como si se fuera a salir del pecho. Entonces Patrick empieza a susurrarme, como si me hablara al oído.
 
– Alex, escúchame. Ábrelo. Sea cual sea la respuesta, tendrás que leer esa carta para averiguarla.
– No puedo Patrick… tengo miedo de leer una negativa… 
 
¿Me habrá entendido entre tanto llanto y los mocos que voy sorbiendo conforme hablo?
 
– Alex… ábrelo, yo estoy aquí… me quedo a tu lado…
– Vale… espera que saco el papel… ya… – digo secándome las lágrimas con la manga.
– Venga, tranquila, léela.
– Espera, Estado de Nueva York… número de expediente…  solicitud de adopción… ley estatal bla bla bla… ¡No lo encuentro!
– Tranquila… fíjate bien en todo…
– Aquí… Srta. Alexandra Williams le comunicamos que su solicitud de adopción de William Matthews ha sido… ¡aprobada! ¡Patrick pone que me la han aprobado! 
 
Y como me quedaban algunas lágrimas en la recámara,  empiezan a brotar de nuevo. Cojo la carta y el móvil y los aprieto contra mi pecho, abrazándolos. Me quedo así durante largo tiempo, con imágenes de estos meses pasando por mi mente, hasta que me acuerdo que he dejado a Patrick colgado al teléfono.
 
– ¿Sigues ahí?
– Claro… te dije que me quedaba a tu lado. Me alegro mucho Alex, de verdad. Te lo mereces… os lo merecéis los dos…
– Soy tan feliz Patrick…
– Pues eso es lo que importa. Se va a poner tan contento… Ahora le estoy viendo por la ventana de la puerta de clase y me está saludando. ¡Jajaja! Menudo está hecho…
– Gracias por todo Patrick. No quería enfrentarme sola a la noticia…
– Gracias por quererla compartir conmigo… significa mucho para mí. Oye… no le voy a decir nada a Will, ¿vale? Le darás tú la noticia. Además… luego al salir tengo reunión con unos padres…
– De acuerdo.
– ¿Te pone cuando tenéis que ir al juzgado a firmar los documentos?
– A ver… sí, el viernes, pasado mañana. ¿Tiene que venir él también?
– Sí. Coméntaselo a Al… a mi madre. Ella te dirá qué hacer.
– Vale… ¿nos veremos hoy?
– Sólo si tú quieres…
– Llámame cuando salgas.
– De acuerdo… me vuelvo con la tropa… por cierto, si te dice algo Will, les he contado que me caí de la bicicleta por la montaña…
– Vale, lo tendré en cuenta… ¿Estás mejor por cierto?
– Ahora sí…
 
El resto del día lo paso mirando el reloj deseando que llegue la hora de salir a por Will y darle la noticia, así que llegado el momento, me levanto como si tuviera un muelle en la silla, meto el portátil y el resto de mis cosas de mala manera en la mochila y salgo pitando. Llego corriendo al colegio donde le veo esperando en la puerta. Al verme salta los escalones y me abraza.
 
– ¡Hola! ¿Vamos al parque?
– No… Te tengo que explicar una cosa…
 
Me mira extrañado mientras le cojo de la mano y le llevo a un lugar más tranquilo. Entonces me agacho a su altura y le digo.
 
– ¿Aún quieres venirte a vivir conmigo? 
 
Me mira y al ver mi sonrisa su cara se ilumina.
 
– ¡¿En serio?! ¿Ya puedo? 
– Pasado mañana tenemos que ir a firmar a un sitio y ya te podrás quedar conmigo. Tenemos que ir a casa de Alice y ella nos lo explicará todo. ¿Quieres?
 
Le llevo todo el camino en brazos mientras él no para de darme besos y de hacerme promesas.
 
– Y prometo que voy a hacerme la cama yo solito todos los días y si me enseñas, te preparo el café.
– ¡Jajaja! Oye, que no hace falta… que no te adopto como esclavo…
 
Al llegar a casa de Alice, ella está en la cocina como es habitual. Will sale disparado hacia ella anunciando la noticia gritando a pleno pulmón. Alice lo sube al mármol de la cocina y le besa mientras le da un fuerte abrazo.
 
– Me alegro tanto por ti, cariño. ¿Lo ves como todo iba a salir bien?
– ¿Dónde está Charlie?
– En el jardín – le dice bajándole – Corre, ves a contárselo.
 
En el momento en que nos quedamos solas, Alice me mira con una mezcla de sentimientos reflejados en los ojos. 
 
– Me alegro mucho Alex…
 
Automáticamente salgo corriendo a sus brazos y lloro desconsolada en su hombro. Ella no dice nada, sólo me abraza, pero es suficiente para consolarme, como por arte de magia.
 
– ¿Se lo has contado a Patrick? – me pregunta cuando me separo de ella y me seco las lágrimas.
– Claro, es con quien he querido compartir la noticia. No me atrevía a abrir la carta y le he llamado para que estuviera conmigo mientras lo hacía. Le dije que sabía que era… tu hijo.
 
Ella esboza una gran sonrisa y me coge de la mano.
 
– Lo sé, anoche me llamó. 
– Lo siento pero necesita que él supiera que lo sabía y que estaba dolida porque no hubiera confiado en mí, de nuevo.
– Lo entiendo. Yo hubiera hecho lo mismo.
 
Saca dos tazas y vierte café en ellas llevándolas a la mesa.
 
– Me vino a ver por la noche… 
– Veo que me hizo caso… – dice Alex pensativa y al ver mi cara añadió – Le dije que una vez de pequeño había aprendido a dejar de esperar, a dejar de estar enfadado con el mundo y aprovechar las oportunidades que le brindaba la vida y que ahora debería hacer exactamente lo mismo.
 
Le expliqué entonces que no le abrí la puerta y el numerito que montó en la calle, denuncia y fans incluidas, y se moría de la risa. 
 
– Hasta esta mañana una de sus fans me ha regalado un saquito para favorecer el amor. Me veo presionada a perdonarle…
– Pues yo como su madre te digo que le perdones, pero que le hagas sufrir un poquito más.
 
La miro divertida. Esta mujer es increíble.
 
Me cuenta que el viernes lo único que tendremos que hacer es personarnos a la hora indicada en el juzgado, que nos leerán la sentencia de adopción y tendré que firmarla. Es un mero trámite pero se tiene que hacer delante de un juez y estaré acompañada por el asistente social que ha llevado el caso.
 
En ese momento me suena el teléfono. Es Patrick. Miro a Alice y le sonrío y sé que sabe quien me llama.
 
– Hola – digo mientras ella se aleja dejándonos algo de intimidad.
– Hola. Ya he salido… 
– Bien… Estoy en casa de… tus padres – digo mirando a Alice.
– ¿Quieres que vaya?
– Me gustaría.

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