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Alex y Patrick – Capítulo 27

Fotor0302120344Will y Charlie aparecen por la puerta de la cocina.
 
– Enhorabuena – me dice Charlie dándome un abrazo.
– Gracias – le respondo – por todo.
– ¿Aún no te vas, no? – me pregunta Will.
– No cariño. Ahora vendrá Patrick.
 
La cara de Will se ilumina al instante.
 
– ¿Sí? ¿En serio? ¿Se lo has dicho? ¿Está contento?
– ¡Claro que está contentísimo!
– Espera… – dice mirándome extrañado – ¿ya no estás enfadada con él? ¿Va a venir aquí? ¿Contigo?
 
Le sonrío y me abraza fuerte.
 
– ¿Pues sabes qué? Se cayó de la bici el otro día y tiene un ojo morado y una herida en el labio y una venda por aquí – dice señalándose el estómago.
– ¿Ah sí? ¿Y entonces os habéis portado bien en clase y no le habéis hecho enfadar?
– Pues claro. Nos ha dicho que como no podía hablar mucho, que hiciéramos nosotros la clase y ha sido divertido porque hemos hecho de profesores. Y él no ha tenido que hablar nada, aunque cuando se reía se cogía así la barriga.
 
En ese momento se abre la puerta de la calle y escuchamos la voz de Patrick.
 
– ¿Hola?
 
Will sale disparado hacia él corriendo.
 
– ¡Patrick!
– Ojo… – contesta Patrick soltando un quejido de dolor al momento.
 
El bruto de Will seguro que de la emoción se le ha tirado a los brazos sin acordarse del vendaje, y eso que nos lo estaba explicado ahora mismo.
 
Alice y yo nos asomamos al pasillo desde la cocina. La escena que veo hace que mis ojos vuelvan a humedecerse. Patrick está agachado a la altura de Will y éste se le ha agarrado del cuello. Patrick tiene su cara hundida en el pequeño cuello del niño. Ninguno de los dos dice nada. Will llora mientras Patrick le acaricia la cabeza y lo sostiene fuerte contra él. Ninguno de los dos nos ve mirarles y preferimos no hacernos notar, aunque a ninguna de las dos nos es posible apartar la mirada de esa escena.
 
Patrick coge la cabeza de Will y le enjuaga las lágrimas con los pulgares.
 
– Te dije que todo saldría bien, ¿te acuerdas? Escúchame bien lo que te digo Will, haré siempre lo que esté en mi mano para que no sufras nunca más. Es una promesa, ¿vale?
 
Will asiente y le pone la manita encima de la ceja y el ojo hinchado.
 
– ¿Te duele?
– No mucho ya.
– ¿Y aquí? – dice tocándole la venda del estómago.
– Ahí un poco más…
 
En ese momento Patrick nos ve y se pone en pie saludándonos con la mano. Le miro embelesada de arriba abajo sin poder evitarlo. Hoy va vestido en tonos azules que le resaltan aún más el color de los ojos. Vaqueros azul oscuro, camisa de cuadros y chaqueta azul con cremallera. Todo ello adornado por sus habituales gafas de pasta negras, de las que me he declarado su mayor fan.
 
Alice se da cuenta que no podemos apartar la vista el uno del otro y acompañada por Charlie, se acercan a Patrick. Charlie le da una colleja cariñosa a su hijo mientras él le sonríe y coge a Will para llevárselo a jugar fuera. Alice se acerca a Patrick y le da un beso en la mejilla acompañado de un abrazo y le dice algo al oído.
 
Ya estamos solos los dos, mirándonos a sólo unos pasos de distancia. Patrick avanza hacia mí lentamente, cauteloso, pero con ese caminar suyo tan sexy y a la vez tan natural. Se queda a sólo unos centímetros de mí.
 
– Hola – dice casi en un susurro.
– Hola.
 
Acerco mi mano a su ceja llena de puntos aún. Empieza a tener mejor pinta que cuando salimos del hospital y la hinchazón empieza a remitir, aunque el color es muy morado aún. Acaricio su cara poco a poco, intentando que sienta el contacto y no dolor. Patrick cierra los ojos dejándose llevar, relajado, sin muecas de dolor.
 
Me siento en la encimera de la cocina y le cojo de las manos atrayéndolo hacia mí. Abro mis piernas y él se coloca en medio. Ahora ya tengo mi cara a la altura de la suya, a escasos cinco centímetros. Le quito las gafas, acerco mis labios a su ojo hinchado y lo beso varias veces y con parsimonia. Veo la nuez de Patrick subir y bajar cuando traga saliva. Le pongo de nuevo las gafas y agarro su cara entre mis manos y desciendo mis labios hasta los suyos. Me acerco a la comisura del labio inferior justo donde mi hermano le pegó el puñetazo reventándoselo. Repito la acción que hice en su ojo, lentamente, sin prisa.
 
Poco a poco, como si me estuviera pidiendo permiso, Patrick acerca sus manos y me coge de la cintura. Acerca su mejilla a la mía y oigo su respiración muy cerca de mi oreja.
 
– Perdóname por favor.
 
Me separo de él y le miro de frente poniéndole un dedo en los labios para hacerle callar. Acto seguido acerco mi boca a la suya y con el máximo cuidado lamo sus labios con mi lengua. Le miro y veo que ha vuelto a cerrar los ojos cuando sus manos cobran vida y pasan de mi cintura a mi espalda y una de ellas sube hasta mi nuca.
 
Sin perder ni un segundo introduce su lengua en mi boca y un calor abrasador inunda mi cuerpo. Nuestras manos demuestran lo mucho que han echado de menos el contacto y palpan nuestros cuerpos con avidez. Tanto que pasados unos minutos tengo que poner cordura a la situación y separarme de él un poco. Patrick me mira con los ojos encendidos de deseo y apoyo su frente en la mía cerrando los ojos.
 
– No sigas que estamos en casa de tus padres – le digo plantando una mano en su boca.
 
Él empieza a besarme los dedos de la mano y sigue por el brazo hasta llegar al hombro. Me da pequeños mordiscos en el hombro mientras se acerca a mi cuello. Mi cabeza reacciona a su contacto y se ladea instintivamente para dejarle vía libre. Mi cuerpo ha decidido empezar a recuperar el tiempo perdido, aunque mi mente no para de enviarme mensajes pidiéndome que pare y recordándome que estamos en casa de los padres de Patrick, rodeados por unos cuantos niños y adolescentes.
 
Enredo mis manos en su pelo y le hago apartarse de mis labios.
 
– Patrick… para… estamos en casa de tus padres…
– No sé si voy a ser capaz… te he echado demasiado de menos…
 
Y hunde su cara en mi cuello, aspirando mi olor mientras yo juego con su pelo y acaricio su nuca.
 
– ¿A qué huele? – me pregunta de golpe.
– ¿Eh?
– Huele como a… flores…
– Ah, ¡es verdad! – digo metiendo la mano en el bolsillo del pantalón – Es esto, un saquito del amor que me dio una de tus fans de anoche.
– ¿Cómo? – me pregunta divertido.
– Esta mañana una vecina me ha abordado por la calle al salir de casa para darme este amuleto del amor. Dice que anoche vio que estábamos enamorados pero que yo tenía una pena en mi corazón por algo que me habías hecho, así que decidió hacerme este amuleto para ayudarme a perdonarte.
– Pues parece que ha funcionado…
– Ya te había perdonado cuando me lo dio – y le doy un beso en los labios.
– ¿Habéis tenido suficiente intimidad? – nos pregunta la vocecilla de Will.
 
Nos quedamos frente contra frente sonriéndonos.
 
– Si no nos interrumpiera no sería nuestro Will – digo
 
Nos giramos hacia él y le vemos con la bicicleta que le regaló Patrick en la mano.
 
– Déjame que adivine… – dice Patrick acercándose a él.
 
Will enseña todos los dientes sonriendo.
 
– ¿Por favor?
– Vamos, pero un rato sólo, ¿vale?
 
Salimos fuera y me siento en los escalones de entrada mientras ellos se alejan hacia la acera. Patrick le indica por donde puede pedalear y señala hacia mí indicándole donde estaremos sentados. Luego se sienta a mi lado y le observamos durante un rato. Le vemos subir y bajar la calle, saludándonos y enseñándonos como lleva la bici con una sola mano o como quita los pies de los pedales.
 
– Hacía mucho tiempo que no me sentaba aquí – dice Patrick agachando la cabeza.
 
Me giro hacia él y le sonrío apoyando mi cabeza en su brazo.
 
– Le esperé tantos años Alex… Me dijo que volvería a por mí y cada tarde me sentaba aquí a esperarle. Cuando se fue metí todas mis cosas en una maleta y nos la deshice hasta varios años después. Durante años me sentí abandonado, primero por mi madre y luego por mi hermano. Tenía a mi lado a unas personas que me querían muchísimo y aún así esperé cada tarde que me sacaran de aquí…
 
Tiene los ojos vidriosos mientras me lo explica y la mirada perdida en el horizonte.
 
– Estuve la mayor parte de mi infancia enfadado y no quise que eso le pasara a Will. Es algo muy duro verte en una casa ajena con personas que no conoces de nada. Mi madre era una drogadicta que no cuidaba de nosotros, pero era mi madre. Por eso pensé enseguida en que viniera aquí con mis padres, no podía pensar en nadie mejor si no podía estar contigo.
– Creo que fue una decisión muy acertada. Tus padres son increíbles. Ojalá hubiera tenido una madre como Alice.
– Lo sé. Y te adoran como si fueras su hija, que lo sepas. Tú dices que yo tengo mis fans pero te puedo asegurar que tú tienes los tuyos… Mi padre ya me ha amenazado que si no te cuido me patea el culo.
– ¡Lo sé! ¡Jajaja!
 
Poco después empieza a hacer fresco, así que entramos en casa y como Alice está a punto de servir la cena, decidimos irnos para casa. Will se pone delante de Patrick y alza sus brazos hacia él para que le coja en brazos. Lo hace, no sin esfuerzo y el crío se le agarra al cuello.
 
– ¿Me puedo ir con vosotros? ¿Alex por favor?
– Sabes que no puede ser cariño – le digo yo – Pero queda muy poquito ya…
 
Will asiente con la cabeza con cara triste.
 
– Will, piensa que el viernes ya dormirás en casa de Alex. Además, tenemos que ir a buscarte una cama para tu habitación…
 
Al final se convence y nos despedimos de él. Charlie le da un abrazo a su hijo y luego a mí y Alice se acerca a mí, me besa y me dice en el oído.
 
– Sois perfectos el uno para el otro. Soy muy feliz cariño – y me da un abrazo como si fuera mi propia madre.
 
Luego se acerca a Patrick y le coge la cara entre las manos.
 
– Cuídala mucho mi vida. No tengas miedo de ese sentimiento tan fuerte que sientes aquí dentro – dice poniéndole la mano en el corazón.
 
Al salir me coge de la mano y nos dirigimos al coche. Me abre la puerta del copiloto como un caballero y cuando me voy a montar me detiene y me besa mientras me acaricia la mejilla con el pulgar.
 
– No tengo miedo de lo que siento, que lo sepas. Estoy enamorado de ti desde el primer segundo que te vi en el pasillo del colegio. Y quiero que sepas que no te arrepentirás ni un segundo de haberme dado esta segunda oportunidad.
 
Me lleva hasta casa y aparca en mi calle. Sale corriendo y viene a abrir mi puerta. Creo que podré acostumbrarme a este trato… Cuando salgo vamos hacia el portal cogidos de la mano y cuando llegamos al portal me subo al escalón para quedarme a su altura.
 
– Ha sido un día fantástico – le digo cogiéndole del cuello de la chaqueta.
– La verdad es que sí… Me alegro de haberlo compartido contigo…
– ¿Me acompañarás mañana a comprar la cama de Will?
– Claro…
 
Nos miramos a los ojos. El corazón empieza a latirme con más fuerza. No quiero separarme de él.
 
– No te vayas… – le susurro al oído – Quédate esta noche conmigo.
– Pensaba que no me lo pedirías nunca…
 
Y cuando nos besamos oímos una voz.
 
– ¡Bravo! ¡Me alegra ver que le has perdonado!
 
Nos quedamos alucinados con cara de no creérnoslo. Hasta que Patrick empieza a reír.
 
– No bromeabas acerca de mis fans… ¡son de las incondicionales!
 
Abro la puerta rápidamente para escapar antes de que más vecinos salgan y hagan palomitas para presenciar la escena y nos metemos en el ascensor. Aprieto el botón y cuando me giro hacia él me sobresalto al encontrármelo a escasos centímetros de mí.
 
– ¿Por dónde íbamos? – me dice.
 
Salimos del ascensor sin despegarnos y cuando me separo para abrir la puerta de mi casa, lo hago con él pegado a mi espalda besándome el cuello y los hombros. Entramos, y sin darme un respiro me atrapa contra la pared del pasillo. Sus manos palpan mi cuerpo, empezando por mis caderas y subiendo hasta mi cara, recreándose en mis pechos.
 
Su respiración es costosa y le oigo quejarse cuando muevo mis manos alrededor del vendaje del estómago. Le cojo de las manos y le llevo hasta el dormitorio. Le pongo de pie junto a la cama y cuando me coge por la cintura, le separo las manos.
 
– Déjame a mí. Tú preocúpate sólo por respirar sin ver las estrellas por el dolor.
 
Lo primero que hago es desabrocharle los cordones de sus New Balance, que él acaba por quitarse tirándolas a un lado de la habitación, y le quito también los calcetines dejándole descalzo. Luego le quito la chaqueta y desabrocho su camisa botón a botón, intentando ni siquiera rozarle la piel para no hacerle daño.
 
Cuando le quito la camisa por los hombros veo por primera vez el gran vendaje que lleva en el estómago. Me sorprende ver que por la parte de arriba de la venda aparece un color morado muy feo. Él mira hacia la venda siguiendo mi mirada.
 
– No pasa nada. Ya casi no me duele…
– No tiene buena pinta… ¡Qué bruto mi hermano!
– Me lo merecía.
 
Me agacho a la altura del vendaje y lo beso hasta llegar al color morado que llega hasta casi la altura del pecho. Está muy apretado y le marca todos y cada uno de los músculos así que supongo que nota el contacto de mis labios.
 
Me incorporo y le miro a los ojos mientras mis manos bajan hasta su pantalón y empiezan a desabrocharle el cinturón. Me muerdo el labio y veo como ese gesto capta su atención. Su respiración se hace más sonora. Desabrocho el botón del vaquero y le bajo la cremallera apretando contra su erección. Abre la boca y de ella sale un sonido gutural. Dejo caer el pantalón al suelo y él lo envía de una patada al lado de las zapatillas. Finalmente pongo mis dedos alrededor de la goma del bóxer y se los bajo agachándome también.
 
Cuando libero su erección no puedo evitar acariciarla con mi lengua rodeando su glande para ir poco a poco metiéndola entera hasta el fondo de la garganta. Patrick pone las manos en mi cabeza y cierra los ojos echando la cabeza hacia atrás.
 
Pasados unos minutos, me incorporo y empiezo a desvestirme con mucha parsimonia, poniendo dosis extra de erotismo en cada movimiento. Los ojos de Patrick son puro deseo. Los tiene clavados en mi, siguiendo todos y cada uno de mis movimientos. Cuando estoy desvestida del todo, con sumo cuidado le estiro en la cama boca arriba, abro la mesita para coger un preservativo y se lo pongo ayudándome de la boca.
 
– Madre mía Alex… me estás matando.
 
Me siento a horcajadas encima y dirijo su erección hacia mi vagina. Poco a poco la introduzco con movimientos lentos, sin necesidad de ayudarme de las manos. Cuando ya está completamente dentro cabalgo sobre él sensualmente, llevando las manos a mi pelo y recogiéndomelo. Patrick alarga las manos a mis pechos y juega con mis pezones, ya de por sí erectos.
 
Estoy a punto de llegar al éxtasis cuando me agarra las manos y las atrapa con una sola mano detrás de mi espalda mientras con la otra sigue martirizando mis pezones.
 
Entonces aprieto los músculos de mi vagina y la reacción es inmediata. Patrick suelta un gruñido y abre los ojos como platos mirándome sorprendido por lo que acaba de pasar. Me muerdo el labio inferior y vuelvo a hacerlo. Él cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás y cuando los abre, sin pensárselo dos veces se incorpora agarrándome por la cintura y me tumba en la cama.
 
– ¡Patrick, las costillas!
– Déjalas, tengo más.
 
Pocos minutos después llegamos los dos al orgasmo y él se estira rápidamente boca arriba intentando recuperar algo de aliento.
 
Con mucha dificultad y agarrándose la cintura con las manos, su respiración se va acompasando. Yo le miro preocupada mientras apoyo una de mis manos en su pecho y compruebo como sube y baja.
 
– ¿Estás bien? – le pregunto apoyando mi cabeza en su pecho.
– Más que nunca.

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