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Alex y Patrick – Capítulo 28

Fotor03049211Abro los ojos con los primeros rayos de luz que entran por la ventana de mi habitación. Compruebo la hora y veo que son algo más de las seis de la mañana. Para lo poco que he dormido me siento estupendamente bien.
 
Me giro a la derecha para ver a uno de los motivos por los que estoy tan animada. La sábana le tapa hasta la cintura y está durmiendo boca arriba con la cabeza girada hacia el otro lado. Sería capaz de verle todo el torso de no ser por la maldita venda. Pongo mi mano encima y observo como sube y baja al compás de la respiración de Patrick.
 
Decido acercarme a él y acurrucarme a su lado, apoyando la cabeza en su pecho y nos tapo a los dos con la sábana.
 
– ¿Qué hora es? – gruñe.
– Temprano. Sigue durmiendo.
– ¿Y qué haces tú despierta?
– Espiarte mientras duermes. De los vicios es difícil quitarse…
 
Patrick sonríe y alarga la mano para coger su reloj y comprobar la hora.
 
– Ufff… de todos modos tendré que ir levantándome si quiero ir a casa y cambiarme de ropa.
– Yo tengo ropa tuya aquí aún, y limpia además, así que si quieres, desayunamos juntos.
 
Y girándose hacia mí roza su nariz contra la mía y añade.
 
– ¡Hecho! ¿En serio tienes hambre o puedes esperar?
 
Una hora después estamos los dos vistiéndonos con prisa, está claro que la puntualidad no es lo nuestro y tampoco ponemos mucho de nuestra parte para remediarlo.
 
– No nos da tiempo a desayunar – digo mientras le ayudo a ponerse la camiseta – tendremos que comprar un café para llevar por el camino.
– Soy capaz de desayunar así siempre si me prometes que cada mañana tu imagen será lo primero que vean mis ojos.
 
Le aliso la camiseta y le sonrío peinándole con los dedos algunos pelos rebeldes y poniéndole las gafas.
 
– Listo, perfecto.
– Alex, hablo en serio.
– ¿Cómo dices?
– Que hablo en serio cuando digo que quiero despertarme cada día a tu lado. Me gustaría que viviéramos juntos, con Will por supuesto.
 
Abro los ojos como platos y me quedo con la boca abierta sin saber bien qué decir. Sé mi respuesta, pero las palabras no salen de mi boca.
 
– No hace falta que me respondas ahora…
– Es que sé cuál es mi respuesta… me encantaría vivir contigo.
– ¿En serio?
 
Me coge la cara con sus manos y empieza a besarme repetidas veces.
 
– Pero con una condición – añado y al ver su cara de sorpresa le digo – Quiero vivir en tu casa y quiero una hamaca bien cómoda para tomar el sol en el jardín.
 
Salimos a la calle y caminamos haciendo planes. Decidimos que de momento Will se venga a mi casa y sigamos viviendo allí e ir haciendo la mudanza poco a poco.
 
Cuando me doy cuenta veo que vamos cogidos de la mano, como una pareja normal y corriente. Bajo la vista hasta nuestra manos entrelazadas y sonrío. Todo empieza a salir bien. Llegamos a la estación de metro y me acompaña dentro.
 
– Oye… quiero llamar a tu hermano y quedar con él para pedirle disculpas personalmente… ¿te importa?
– No, claro que no.
– Con Claire ya hablé ayer en su despacho… pero con tu hermano no he tenido la oportunidad aún y quiero hacer las cosas bien. Si me dice de quedar esta tarde… no te podré acompañar a comprar la cama de Will…
– Tranquilo, yo me apaño. Ya me dirás cómo quedáis y ya está.
– Vale… ven – dice cogiéndome de la mano.
 
Se sube a un banco de la estación y me da la mano para que me suba con él.
 
– ¿Qué vas a hacer loco? – digo negándome a darle la mano.
 
Algunos viajeros empiezan a prestar atención a lo que hace Patrick, que me agarra y me obliga a subir con él al banco. Entonces me agarra del cuello y de la cintura y me besa. Pierdo la noción del tiempo mientras me dejo atacar por su lengua. Sólo soy capaz de enredar mis manos en su pelo y no opongo más resistencia. Vuelvo un poco a la realidad cuando empiezo a oír vítores y aplausos. Cuando se separa de mi, miro a mi alrededor avergonzada y veo a muchos viajeros parados enfrente nuestro aplaudiendo y algunos otros que cuando pasan nos gritan cosas como “¡Así se hace!” o “¡Qué suerte tienes chica!”. Me coge la cara entre sus manos y muy cerca de mi me dice.
 
– Llevamos demasiado tiempo escondiéndonos y ha llegado el momento de recuperar el tiempo perdido.
 
Luego me ayuda a bajar y dándome un beso en los labios nos despedimos caminando cada uno en su dirección pero sin dejar de mirarnos. Levanto mi mano mientras para decirle adiós y él hace lo mismo. Sonríe y se pasa una mano por el pelo mientras puedo leer en sus labios como me dice “Te quiero”.
 
El resto del día pasa volando y sigo teniendo el ánimo por las nubes. Tanto que acabo el artículo que tenía pendiente y empiezo el siguiente, que tengo fecha límite para dentro de tres semanas. Cuando llega mi hora, paso por el despacho de mi jefe para recordarle que mañana no vendré que tengo lo de Will y bajo al vestíbulo. Me suena el teléfono y veo que es Joey.
 
– ¡Hola!
– ¡Hola pedorra! Esta mañana he tenido una charlita con tu hombre porque ya me he enterado que te lo vuelves a tirar de nuevo…
– Joseph…
– Vale, vale… Que tu amado caballero me ha llamado para quedar y pedirme disculpas por lo de la otra noche. Un gesto que le honra, sí señor. Y ya de paso me ha explicado como están las cosas entre vosotros y las últimas novedades…
– Te iba a llamar pero me enteré ayer mismo y todo fue precipitado…
– Sí claro hermanita… después dices de mí pero tú eres igual de perra que yo, por una polla te olvidas hasta de tu nombre.
– ¡Joey por dios! Me haces parecer una puta…
– Vale, vale, perdona… Sólo es que si me voy a convertir en tío, aunque sea postizo, me gustaría no enterarme de rebote. Pero no pasa nada, ya sabes que soy incapaz de enfadarme contigo pero como le he cogido cariño a pegar a tu novio, luego le arreo.
– Sí, en cuanto a eso… ya te vale tío. No pensaba que le habías dado tan fuerte. Tendrías que ver como tiene aún las costillas.
– Nena, cuando me cabrean, no respondo de mis actos y si pego, lo hago con ganas. Defiendo lo que es mío y a los míos.
– Vale, entonces, ¿has perdonado a Patrick?
– Le he dicho que lo discutimos esta noche con unas copas.
– ¿Cómo? ¿Habéis quedado esta noche?
– Sí, y tú y Claire también venís. Le he dicho que aprovechando que será vuestra última noche de libertad sin niño, y que aceptaré sus disculpas cuando me invite a unos cubatas, podríamos salir los cuatro y hemos quedado hoy a las diez en el “Kiss and Fly”
– Vale, pues venga, nos vemos esta noche.
 
Llego al colegio y cuando llego no veo ni a Patrick ni a Will. Entonces se me acerca una madre y me dice.
 
– ¿Eres la mamá de Will verdad? Están allí detrás con el profesor ensayando algo para fin de curso.
– Gracias – contesto sin siquiera intentar corregir a la mujer.
 
Cuando llego a la parte de atrás veo a todos los niños de la clase de Will como si fueran un coro. Él les observa apoyado en la barandilla mientras los niños cantan a pleno pulmón. Están súper graciosos y muchos de ellos miran hacia donde nos hemos congregado muchas madres a mirarles y saludan.
 
Cuando acaban de cantar Patrick se acerca a ellos y los congrega a su alrededor dándoles un mensaje y los niños al momento se ponen delante de nosotras cogiéndose de las manos hacen reverencias entre risas mientras nosotras les aplaudimos.
 
Me giro hacia Patrick y le aplaudo discretamente y él me guiña un ojo mientras se lleva de vuelta a todos los críos a clase para recoger sus mochilas. Algunas madres y padres hablan con él y cuando pasa por mi lado me taladra con sus ojos.
 
Diez minutos después la mayoría de padres y madres se han ido con sus hijos cuando salen por la puerta Will y Patrick y juntos vamos a buscarle a Will su nueva cama.
 
Dos horas después me doy por vencida y claudico a la opinión de mis chicos y compramos una cama con forma de coche rojo. ¿Quién puede rebatir un argumento tan contundente como “hasta tiene volante”?
 
Después llevamos a Will a casa de Alice y nos quedamos a cenar. Según Alice es la última noche que Will pasará con ellos y quiere celebrarlo. La cena resulta muy amena y divertida con mucha gente hablando a la vez. Es increíble ver como todos se entienden y se escuchan entre tanta gente. Compruebo como los chicos tienen gran respeto por Patrick. Los chicos le explican cosas que han hecho o pasado en el instituto mientras que observo como las chicas mayores le miran embelesadas. Acabamos de cenar y nos despedimos de todos explicando que hemos quedado con mi hermano para tomar algo.
 
– Voy a aprovechar la última noche que es sólo mía, que luego vendrá el petardo este y me quitará el puesto – dice Patrick revolviendo el pelo de Will.
– Hasta mañana mi amor – digo cogiendo a Will en brazos.
– Hasta mañana. Me pondré guapo – me dice sonriendo.
– ¿Más? Imposible… – le respondo.
 
Cuando salimos, Patrick me deja en casa y se va a la suya a cambiarse y casi una hora después me pasa a buscar. Decido ponerme el mismo vestido que la última vez ya que Patrick no pudo disfrutarlo. Cuando abro la puerta veo que mi decisión le ha gustado. Me mira de arriba abajo y resopla.
 
– Madre mía… verte así vestida y pensar que hoy no te tengo que compartir con nadie… voy a tener que pegarme a ti como una lapa para que no se te acerque ningún sobón.
– Usted tampoco está nada mal… – digo mirándole de arriba abajo. Y realmente me gusta lo que veo… pantalón vaquero, camisa azul arremangada y corbata gris clarito. Sin chaqueta y simplemente espectacular.
 
Nos dirigimos a la discoteca donde hemos quedado con mi hermano que ya nos espera en la puerta agarrando a Claire por la cintura mientras ella le besa con pasión. Vaya, veo que las cosas entre ellos van muy bien, y ya de paso que no soy la única que se entera de las cosas de rebote…
 
– Hola chicos – digo interrumpiéndolos.
– ¡Hola! ¿Cómo estáis? – Y después de los respectivos besos y saludos, Joey añade – ¡Venga, entremos que quiero que empieces a pagarme mis copas y así me empiezo a pensar lo de perdonarte!
 
La música está altísima y las luces láser nos ciegan. Seguimos a Joey que parece moverse como pez en el agua. Llegamos a una barra y vemos a una rubia saludarle muy efusivamente, aunque al verle acompañado parece que guarda algo las distancias y se centra en un tío rubio algo desaliñado aunque muy guapo que hay algo más a nuestra derecha.
 
Patrick paga la primera ronda de bebidas y mientras ellos dos se quedan cerca de la barra charlando, Claire me lleva a la pista de baile.
 
– Me alegro mucho por los dos – me dice de repente acercándose a mi oído.
– Gracias Claire, de veras. Significa mucho para nosotros que opines así.
– Patrick estuvo hablando ayer conmigo. Me pidió disculpas por lo que hizo y… Alex, está colado por ti… Me dolió que me besara por despecho, para darte celos porque he estado enamorada de él en secreto durante mucho tiempo, aunque por lo que me ha contado Joey, no era la única, pero ahora soy feliz con tu hermano. Me hace reír, me mima mucho y me protege como nunca nadie lo ha hecho. Cuando estoy a su lado siento que nada malo me puede pasar.
– Sí, Joey consigue ese efecto… Pues yo te aseguro que tú también le tienes colado.
 
Miramos hacia Patrick y Joey. Siguen charlando animadamente, Joey tan expresivo como siempre, está de espaldas a nosotras haciendo gestos como lanzando un balón. Hombres y fútbol, siempre inseparables. Patrick en cambio mira por encima del hombro de Joey en dirección a nosotras. Sin poder evitarlo paso la lengua por mis labios humedeciéndolos y él me regala una sonrisa de medio lado súper sexy.
 
– ¡Hola chicas! Menuda sorpresa veros por aquí de nuevo.
 
Justo enfrente de nosotras tapándome la visión de mi dios griego, aparece Henry, el amigo de Claire de la fiesta pasada, el precursor de nuestros problemas.
 
Mientras nos habla Claire y yo nos miramos. Entonces se me acerca a una distancia algo más íntima y me susurra al oído poniendo sus manos en mi cintura.
 
– El otro día te fuiste sin despedirte.
 
De repente una mano aparece en su hombro y le aparta de mí.
 
– ¿Qué haces tío? – le grita Henry mirándole de arriba abajo.
– Aléjate de ella. Ni se te ocurra ponerle una mano encima – le dice Patrick.
– Ya has oído a mi colega, así que sal de aquí – añade Joey que acaba de llegar.
 
Entre los dos le intimidan lo suficiente como para que el pobre salga sin añadir nada más. Las dos nos los quedamos mirando sin saber bien cómo reaccionar. Contentas y orgullosas y algo excitadas por ver cómo nos defienden nuestros hombres, eso seguro, aunque ambas creemos que han sido algo exagerados porque Henry no había hecho nada del otro mundo.
 
– Te dije que no estaba dispuesto a compartirte con nadie – dice Patrick.
 
Le cojo por la corbata atrayéndole hacia mí mientras las notas de la canción “Troublemaker” de Olly Murs empiezan a sonar.
 
You had me hooked again from the minute you sat down
The way you bite your lip
Got my head spinnin’ around
After a drink or two
I was putty in your hands
I don’t know if I have the strength to stand
 
– Eso es lo que tú me traes así vestida, problemas.
 
It’s like you’re always there in the corners of my mind
I see a silhouette every time I close my eyes
There must be poison in those finger tips of yours
Cos I keep comin’ back again for more
 
Bailo delante de él, sólo para él y aunque soy consciente de miradas ajenas, me da completamente igual, sólo me importa Patrick. Él simplemente me observa con sus manos en mi cintura.
 
My mind keeps saying
Run as fast as you can
I say I’m done but then pull me back
Oh oh oh
I swear you’re giving me a heart attack
Troublemaker
 
Cuando acaba la canción me agarra de la nuca y apretándose contra mí, me coge una mano y me la lleva a su entrepierna donde noto su erección.
 
– Espero que tu hermano se dé por satisfecho con las dos copas que le he pagado porque salimos de aquí cagando leches. Corres peligro de que te empotre contra ese altavoz de allí y te arranque el vestido.
 
Nos despedimos de Joey y Claire alegando que mañana será un día largo y vamos a guardarropía a por mi bolso. Mientras hace la cola por mí, le espero a un lado y compruebo como las tías de su alrededor se lo comen con los ojos. Alguna de ellas incluso disimula bastante mal o no pone mucho de su parte en intentarlo, pero me gusta ver como Patrick ni se fija. Sin cortarme un pelo decido darles algo de envidia a esas tías y acercándome a él le susurro al oído.
 
– Estás tardando demasiado… – y le beso con anhelo, mordiendo su labio inferior.
– ¿Cuánto apego le tienes a tu bolso? – me pregunta con su sonrisa sexy cuando acabo.
 
Poco después la cola avanza, podemos recoger mis cosas y nos vamos del local, satisfecha por haber puesto celosas a esas tías. Por una vez en la vida, soy yo la que se lleva el premio gordo, soy yo la reina del baile.
 
Entre besos y caricias llegamos al coche y la tensión va en aumento cuando ya de camino compruebo que Patrick no para de mirarme de reojo y de moverse inquieto en su asiento. Me da un repaso cuando cruzo mis piernas y veo como traga saliva varias veces.
 
Una hora después aparcamos en mi calle. El coche llega con los cristales totalmente empañados y nosotros salimos acalorados, yo con el pelo revuelto y el vestido arrugado y él con el pelo despeinado, la camisa por fuera y la corbata en la mano.
 
Son las tres de la madrugada cuando me duermo en sus brazos, exhausta pero feliz. Si yo pensaba que mi vida había cambiado desde que conocí a mis dos chicos, a partir de mañana cambiaría aún más.

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