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Alex y Patrick – Capítulo 29

Fotor0305131821El olor a café recién hecho me despierta poco a poco. Toco a mi alrededor sin abrir aún los ojos pero no encuentro lo que espero encontrar así que deduzco que ese olor viene de mi cocina.
 
Llego al baño a tientas y me asomo al espejo. Que este hombre quiera despertar a mi lado aún habiéndome visto recién levantada es un puro milagro. Tengo que acordarme de poner una vela en la iglesia de Saint Patrick’s la próxima vez que entre para darle las gracias. Me pongo mi cinta en el pelo para intentar recogérmelo un poco y me lavo la cara. 
 
Mi cocina tiene esta mañana la combinación perfecta. Café recién hecho y Patrick con un pantalón de chándal ancho y una camiseta de tirantes blanca. Tiene algo más de barba de lo habitual… debo ser una mala influencia en ese sentido. Nota mental, decirle que no se la afeite o que al menos se deje perilla.
 
– Buenos días guapo.
– Hola – dice acercándome una taza de café y abrazándome por la espalda – ¿Preparada para el día de hoy?
– Por supuesto. ¿Vendrás?
– Lo intentaré pero tengo clase…
– Lo sé…
– Mis padres estarán allí. Recuerda que ellos llevarán a Will directamente al juzgado. Yo me cambio y me voy a trabajar.
– Vale. ¿Me haces un favor? – digo resiguiendo el brazo con el dedo.
– Claro.
– No te afeites. Me gusta ese toque desaliñado.
– Vale… pero si la novia de tu hermano me dice algo le diré que ha sido cosa tuya…
 
Una hora más tarde ya estoy vestida con mi traje chaqueta oscuro para dar buena impresión y de camino al juzgado en el metro. Mi cabeza no para de dar vueltas esta mañana pensando en lo mucho que me ha cambiado la vida en estos meses. Hace unos meses mi vida estaba vacía, con el trabajo, los ratitos con Joey y las tardes escondida detrás de un árbol como únicos alicientes. Hoy, en cambio, me voy a convertir en madre adoptiva de un niño maravilloso y he aceptado la proposición de Patrick de vivir juntos.
 
Miro el reloj al llegar al juzgado. Aún falta algo más de media hora para que empiece la vista. Compro un café y me siento en las escaleras del juzgado. Compruebo el móvil por primera vez esta mañana para mirar el mail y veo que tengo dos mensajes. Uno de Joey felicitando a la nueva mamá, o sea yo y otro de Claire. Este me sorprende…
 
“Hola Alex. Hoy es el gran día. Dale muchos besos a Will de mi parte. Vais a ser unos padres estupendos. ¡Un beso cuñada!”
 
¡Mira! ¡Otra gran novedad de estos meses! Ahora resulta que tengo hasta una cuñada… y la verdad, no sé qué era más improbable, que yo conociera a un chico o que Joey dejara de conocer a demasiadas chicas y se centrara.
 
Vamos a ser unos padres estupendos. Vuelvo a leerlo y sigo sorprendiéndome al leerlo. Vamos a ser padres. Espera… ¿vamos?
 
– ¡Alex!
 
Levanto la vista y ahí está mi chico, mi niño precioso. Se ha puesto traje, uno que no recuerdo haberle visto antes, creo. Es un traje azul marino oscuro y lleva una camisa blanca con una corbata preciosa en tonos azules. Y estrena zapatos, eso sí lo puedo asegurar.
 
Cuando llega a mi altura le acojo en mis brazos y le abrazo con fuerza. Cogiéndole de una mano le hago dar la vuelta.
 
– ¡Pero bueno! ¿Cómo vienes tan guapo? ¿Y este traje?
– Hay que causar buena impresión – dice cogiéndose de las solapas – ¿Qué te parezco?
 
Y da una vuelta completa con un movimiento muy gracioso y muy de adulto chasqueando los dedos o al menos intentándolo.
 
– Que estás guapísimo.
 
Alice y Charlie me abrazan y me besan.
 
– Hola preciosa. ¿Has visto qué Casanova te llevas a casa?
– Ya veo… No recordaba que tuviera este traje.
– Es nuevo. Me lo ha comprado Patrick. Y mira lo que sé hacer – y reproduce un gesto poniéndose bien los puños de la camisa y cogiéndose el nudo de la corbata para ponérselo recto.
– Pero bueno…
– Patrick me dijo que este gesto nunca falla con las chicas.
 
Los tres nos reímos de ver la escena. 
 
– ¿Entramos? – dice Alice.
– No, falta Patrick – dice Will.
– Cariño, Patrick está dando clase. Que tú no hayas ido no quiere decir que no haya cole hoy… – le digo.
– Ya lo sé. Pero vendrá. ¿Lo ves? – dice señalando a lo lejos.
 
Miro hacia donde apunta el dedo y veo la silueta de Patrick acercarse. Aunque sí va con los vaqueros negros de esta mañana, lleva una camisa y corbata y una chaqueta de traje oscura que no llevaba esta mañana. Will sale corriendo hacia él y Patrick lo coge en brazos y le lanza por los aires. Luego lo pone en el suelo y veo como le da unas instrucciones a las que Will responde con los gestos colocándose bien el traje como nos ha enseñado antes. Patrick se ríe mientras se agacha delante de él y le arregla realmente el traje. Comparten algunas confidencias y no puedo evitar mirarles orgullosa. 
 
Giro mi cabeza hacia Alice y la veo llorar mientas Charlie la abraza.
 
– ¿Está bien Alice? Son lágrimas de alegría, ¿verdad?
– Mi hijo realmente va a ser un padre espectacular y eso hace sentirme muy orgullosa de mi marido, pero sobretodo de Patrick. 
 
Mientras hablamos Will y Patrick han llegado a nosotros. 
 
– Hola – nos saluda Patrick.
– Hola… ¿Qué haces aquí?
– Bueno verás… es algo que hablamos Will y yo hace unos días… ¿verdad Will?
 
El chico asiente cogiéndole la mano a Patrick, que continúa hablando.
 
– Bueno, pues… si tú quieres, me gustaría adoptar a Will contigo. Él me lo preguntó hace unos días y la verdad es que quiero hacerlo, siempre que tú lo veas bien, claro…
 
Intento darle mi respuesta pero un nudo en la garganta me impide hablar. Así que mi respuesta es lanzarme a sus brazos y llorar desconsolada, vamos, mi manera últimamente de hacer las cosas, bañada en lágrimas.
 
– ¿Eso es un sí?
– Pues claro – consigo articular entre sollozos.
– ¡Bien! ¡Genial! ¡Genial! – empieza a decir Will entre saltos de alegría.
– Vale, porque traigo preparados los nuevos papeles de adopción para entregárselos al juez. Tengo que entrar para ver si encuentro al asistente social que lleva el caso de Will y dárselos. Ahora vengo – y sale corriendo con toda la agilidad que la venda le permite.
– ¡Patrick! ¡Las costillas! – le recuerdo.
– Tengo más – me dice girándose hacia mí y guiñándome un ojo.
 
A las once nos hacen pasar a una pequeña sala del juzgado. Patrick está ya dentro hablando con el asistente social que conocí en su día y al que entregué los primeros papeles cuando todo esto empezó. Charlan muy animados, parece que se conocen de tiempo.  
 
Nos saludamos y el asistente nos da unas instrucciones de cómo va a ir la cosa. Es un puro trámite porque la adopción está aceptada y el añadido de Patrick como co-adoptante no hace más que afianzar la decisión afirmativa. Habla también con Will y le explica qué tendrá que responder cuando le pregunten. Poco después aparece el juez en la sala y nos ponemos de pie. Procede a leer el informe de la adopción. Las palabras del juez me parecen lejanas. Will está justo en medio de los dos y nos ha cogido la mano. 
 
Lee nuestros nombres y nos hace certificar que realmente somos las personas indicadas en el papel y luego se dirige a Will.
 
– Bien. Entonces, vayamos a la personita importante aquí. Señorito William Matthews, ¿es usted?
– Sí señor.
– ¿Cómo estás jovencito?
– Muy bien señor. Muy contento.
– ¿En serio? Pues me alegro. Estos son los mejores casos que me pueden tocar. Vamos a ver, ¿quieres que el señor Patrick Wilson y la señora Alexandra Williams te adopten?
– ¡Pues claro que quiero! Señor, perdone, se me olvidaba.
– ¡Jajaja! No pasa nada. Puedes llamarme Oliver – le dice guiñándole el ojo – Vale, pues sí el jovencito lo tiene tan claro y los señores aquí presentes están todos de acuerdo, no voy a ser yo quien me oponga. Felicidades Will y felicidades a ustedes dos por ser tan generosos de querer compartir sus vidas con él.
 
Cinco minutos después hemos firmado y estamos esperando a que Will escriba su nombre con su habitual pose de escritura, lengua fuera y de lado incluída.
 
Al salir del juzgado Charlie va hacia el coche a recoger la maleta de Will. Ni él ni Alice pueden evitar las lágrimas, mezcla de sentimientos de alegría por Will y la pena a la vez de dejar de verle.
 
– Alice, no llores, que si Patrick es mi papá y tú eres su mamá quiere decir que eres mi abuela. Y te vendré a ver muchos días y me quedaré a comer y Charlie será mi abuelo y me llevará al fútbol y me compraréis juguetes por navidad y mi cumpleaños. ¿A que sí?
 
Todos nos reímos pero el hecho es que lo que dice Will tiene sentido y consigue que Alice y Charlie se sientan mejor.
 
– Y podrás quedarte a dormir cuando Alex y yo queramos ir al cine y a cenar, ¿a que sí? – dice Patrick divertido.
– ¡Al cine voy con vosotros! Que quiero ver Iron Man 3 y Alex también porque dice que está buenorro.
 
Vale, ya está aquí de nuevo el bocazas. Patrick me mira con cara de interrogación mientras pone una mano en los hombros de Will y le pregunta.
 
– ¿Alguna confidencia más que creas que pueda interesarme, colega? ¿Alguien más que le guste a Alex que te haya confesado?
– Pues le gusta también uno que se llama Grey de unos libros que en las tapas salen una corbata y unas esposas como las de Joey.
– Interesante… ven, que te invito a un helado y me sigues contando.
– ¡Oye! – les grito roja como un tomate y muerta de la vergüenza.
 
La verdad, que mis “suegros” se enteraran que leo libros eróticos no me apetecía demasiado…
 
– Apañada vas con este par – me dice Alice dándome un abrazo para despedirse y me dice al oído – y que sepas que a mí también me gusta mucho el Sr. Grey.
 
Me despido de Charlie aún con la cara de asombro reflejada en mi rostro.
 
– Veniros a comer algún día, ¿vale?
– ¡Hecho! – dice Patrick mientras le da un beso a su madre.
 
Nos dirigimos al parking donde ha dejado el coche. Sigo en una nube de la que tengo miedo de caerme pero a la que juro que me voy a agarrar con uñas y dientes.
 
– ¿Me has comprado la silla de Rayo McQueen? ¡Cómo mola! – Dice Will sentándose en su silla nueva para el coche – ¡Ka-Chow!
– ¿Qué te parece si le contamos a este señor nuestros planes?
– Ajá. Me parece bien.
– ¿Qué planes? 
– Ahora lo verás – dice Patrick arrancando el coche.
 
Poco después aparcamos el coche en la calle de Patrick, a unos metros de su casa.
 
– ¿Dónde estamos?
– Pues en nuestra casa… si te parece bien.
– Pero aquí no es dónde vivimos…
– No, aquí es donde vivía yo sólo y donde hemos pensado que podemos vivir los tres. Ven – dice dándole la mano – vamos a verla y luego decides.
 
Nos coge de la mano algo confundido. 
 
– ¿Cuánta gente vive aquí? – dice delante de la puerta mirando hacia arriba.
– Sólo yo.
– ¿En serio?
 
Entramos en casa y la cara de sorpresa de Will no desaparece. Pasea por todo el salón inspeccionando cada rincón con la boca muy abierta. Una vez en la cocina se sube a uno de los taburetes de la barra y lo hace girar hasta que se queda petrificado al ver el pequeño jardín.
 
– Ualaaaaaa. ¡Cómo mola!
 
Patrick empieza a respirar tranquilo al ver la reacción positiva del crío, y la verdad es que yo también.
 
– Si quieres podríamos poner aquí una portería de fútbol – le animo decantando más la balanza a nuestro favor.
– Y podría guardar aquí la bici…
– Ven, que te enseñamos el piso de arriba.
 
Subimos y le enseñamos todas las habitaciones, incluida su habitación.
 
– Aquí te cabe la cama coche sin problemas…
– Y mis muñecos de Star Wars… ¿Y vosotros donde estaréis?
– Justo al otro lado de esta pared. Si nos llamas venimos en dos segundos – añado.
– Aunque yo había pensado que te gustaría más como habitación de juegos la que hay aquí encima…
 
Will levanta la cabeza al techo y Patrick y yo nos reímos a carcajadas.
 
– Ven, mira, tiene una entrada secreta que sólo conocemos los que vivimos aquí – dice Patrick.
 
Salimos al pasillo y Patrick le enseña la trampilla al desván. Tira de la cuerda hacia abajo y la escalera se despliega.
 
– ¡Uaaaalaaaa!
– De momento no llegas a coger la cuerda así que nos tendrás que avisar cuando quieras subir, ¿vale?
 
Will asiente ansioso por subir. Patrick le ayuda con los primeros escalones y sube justo detrás de él.
 
La estancia no es para nada como los desvanes que había visto antes. Era muy luminoso gracias a unas claraboyas que había en el techo y a un gran ventanal que daba al jardín. La estancia estaba completamente diáfana, ideal para un crío pequeño y tan grande como toda la planta de la casa. Por el momento no había nada excepto unos enormes cojines en el suelo y un telescopio al que Will se acercó enseguida.
 
– ¿Se ven las estrellas desde aquí?
– Bueno, algo sí. ¿Te gusta?
– ¡Me chifla! ¡Me quiero quedar aquí! ¡Por favor! ¡Por favor!
– Esa era nuestra idea…
–  El único inconveniente es que ya no podrás ir al cole caminando… o vamos en metro los dos juntos o en coche – le dice Patrick.
 
A regañadientes conseguimos que Will baje del desván y nos acomodamos los tres en la barra de la cocina. Will saca una tarrina de helado de chocolate y nos da una cucharilla a cada uno.
 
– ¿Esta noche ya duermo en mi cama?
– Pues… no sé. La llevaban hoy a mi casa… puedo llamar y decir que la traigan aquí… y pasamos a coger algo de ropa.
– Vale. Y si quieres cogemos cajas y nos dedicamos este fin de semana a empaquetar tus cosas y las de Will… Tendrás que llamar al casero para decir que te vas…
– ¿Y puedo tener perro? – nos suelta Will de repente – En el jardín tendría sitio…
– ¿Perro? Pero se pasaría casi todo el día solo… 
– Pero le sacaríamos a pasear por la mañana un rato y por la tarde podríamos irnos al parque a correr con él.
 
Qué listo el jodío tocando donde sabe que puede ganar puntos.
 
– Bueno, primero os instaláis y más adelante lo hablamos…
– ¿Y puedo invitar a alguien a jugar a casa o a dormir? Nunca he invitado a nadie a mi casa antes…
– Pues… supongo que sí. No veo ningún problema en ello. 
– Genial – dice de repente poniéndose rojo.
– Oye… ¿y por qué te pones rojo? ¿A quién pretendes invitar? ¿A Sam? – cuidadito con la lagarta que se quiera acercar a mi chico.
– No, Sam ya no me gusta… Tengo una amiga nueva… Se llama Emma.
– ¿Del colegio? – pregunta Patrick extrañado.
– Sí, es una niña nueva que llegó hace unas semanas. Va unos cursos por delante, es más mayor que yo.
 
Patrick le mira arqueando una ceja, divertido.
 
– ¿Cuánto más mayor bribón?
– Nueve.
– ¿Nueve? ¿Y cómo os habéis conocido? – pregunto.
– En el recreo. Estaba sola, sentada en un banco y estaba llorando. Está siempre triste porque echa de menos a Carlota que era la novia de su padre que vive en España.
– ¿Su padre? – pregunto de nuevo. Me encantan los cotilleos y este tiene pinta de jugoso.
– No, Carlota. Los papás de Emma están separados pero cada uno tiene pareja. Pero el señor que está casado con la mamá de Emma tuvo que venirse aquí y la mamá no la quiso dejar en España y como su papá la iba a echar mucho de menos, se vino con ellos. Pero claro, la novia de su papá…
– Carlota – afirmo.
– Exacto. La novia de su papá se quedó en España. 
– Vaya…
– Y Emma la echa mucho de menos y me ha dicho que su papá también y que también está muy triste y callado. Encima, las niñas de la clase de Emma son muy tontas y no son amigas suyas. Pero yo sí soy amigo suyo. Le he dicho que tiene mucha suerte de tener dos mamás y dos papás, que yo hasta hace poco no tenía ninguno.
– Es un buen consejo – comenta Patrick – Bueno, pues dile que si quiere se venga a jugar un día.
– ¿Le podré enseñar el desván secreto?
– Claro. ¿Te gusta esa niña eh? 
– Es muy guapa Patrick… pero quiero que se vaya a España porque allí será feliz.
– Eso es muy bonito Will – le digo dándole un beso enorme en la mejilla.
– Pero antes de que se vaya, quiero que me dé un beso – dice el muy pícaro – Me dio el teléfono de su padre por si la llamaba para jugar en el parque… Mira, aquí tengo el papel. Es muy lista, ¡se sabía todos los números de memoria! ¿Le llamas Patrick?
– Esto… vale. ¿Ahora? – pregunta al ver que Will le acerca el teléfono.
– Sí.
– Vale… ¿Cómo se llama el padre de Emma?
– John Connor.
– ¡Anda! ¡Como el de Terminator! – dice Patrick divertido. 
 
Patrick marca el teléfono del papel y empieza a caminar por la cocina y el salón mientras suenan los tonos de llamada. Will le sigue todo el rato nervioso.
 
– ¡Hola! ¿John? Soy Patrick. Su hija Emma le dio su número de teléfono a mi… – y se queda un rato sin saber bien cómo continuar – hijo Will.
 
Patrick se rasca el pelo nervioso mientras me hace una mueca cómplice. Es la primera vez que alguno de los dos utiliza la palabra padre con respecto a Will.
 
– Sólo quería preguntarle si Emma querría jugar un rato con Will… Pasaríamos a recogerla y luego la dejaríamos en casa para no ocasionarle ningún problema… A Will le haría mucha ilusión…
 
Patrick aparta un momento el teléfono y le dice a Will en tono bajito.
 
– Su padre le está preguntando a Emma si quiere – y le guiña el ojo mientras Will se pone cada vez más nervioso.
 
Will me mira expectante y no puedo evitar acariciarle la cara para tranquilizarle. 
 
– Vale perfecto, pasaremos en una hora más o menos si le va bien. Si me dice la dirección… vale, perfecto – confirma Patrick escribiéndola en un papel – Hasta ahora.
 
Will empieza a dar saltos de alegría por toda la habitación y rápidamente se acerca al espejo de la entrada para peinarse un poco con los dedos.
 
Salimos hacia casa de Emma tratando de ser lo más puntuales posible. Cuando picamos, nos abre la puerta un tipo alto y moreno algo más mayor que Patrick. Lleva unos vaqueros oscuros y un jersey beige que se le ciñe bastante al cuerpo y le marca todos y cada uno de los músculos del torso. Además tiene unos ojos azules preciosos y una perilla bien recortada. 
 
Patrick y él se saludan dándose la mano. Menuda escena por favor. Qué dos hombres tengo enfrente… Patrick me presenta y nos damos dos besos y compruebo que encima huele genial. Esto es un reto que me presenta la vida para ver si aún teniendo a Patrick tengo pensamientos impuros con otros hombres. Y aunque el padre de Emma está cañón, me quedo con mi chico, seguro.
 
Al momento aparece una niña preciosa al lado de John, iluminando los ojos de Will con su presencia.
 
– ¡Hola Will!
– ¡Hola Emma! Hemos pensado en ir al parque y tomar un helado. ¿Te apetece?
– ¡Claro! – añade la niña.
– Si le parece bien la traemos de vuelta sobre las siete…
– De acuerdo – dice John educado – Muchas gracias. Pórtate bien Emma, ¿vale? 
 
El resto de la tarde en el parque pasa rapidísimo. Los chicos se portan de maravilla. Juegan un rato en los columpios y otro rato a pasarse un disco que ha traído Emma. A la niña se la ve disfrutar y a Will se le iluminan los ojos cada vez que la mira. Mi niño se ha enamorado completamente.
 
Patrick y yo nos limitamos a hacer de celestinas, sentados en uno de los bancos del parque con un café en la mano mientras apoyo mi cabeza en su hombro.
 
– Lo que hay que hacer por los hijos, ¿eh? – pregunto divertida.
– Pues empezamos pronto. Llevamos horas con él y ya nos ha trastocado los planes…
– Pero mírale. Merece la pena, ¿no crees?
– Por supuesto.
 
Para desgracia de Will, se acerca la hora de devolver a Emma a casa, así que emprendemos el camino de regreso. 
 
Cuando llegamos a su casa, Patrick llama al timbre y aparece de nuevo John que sonríe al ver la cara de su hija con sus mejillas coloradas y los ojos brillantes. Supongo que hacía tiempo que no veía así a su hija.
 
– Gracias Will, eres un amigo – le dice Emma y acto seguido le da un beso en la mejilla que le deja plantado casi sin respiración. Will no sabe hacer nada más que sonreír como un tonto, incluso cuando la niña ha entrado en su casa, perdiéndola de vista.
– Muchas gracias Will – le dice John revolviéndole el pelo – Emma me ha contado que te has portado muy bien con ella. Eres su único amigo aquí en Nueva York… le está costando un poco adaptarse…
– Porque echa de menos a sus amigas de Madrid. Y echa muchísimo de menos a Carlota y a como era usted cuando estaba con ella – le suelta Will sin cortarse un pelo.
 
Patrick le agarra del hombro pero John no parece haberse molestado. Sonríe a Will y le dice.
 
– Yo también, créeme amiguito, yo también. En fin… muchas gracias por todo – dice dándole la mano a Patrick y dos besos a mí.
 
Cuando estamos en el coche de vuelta Will tiene aún la sonrisa en los labios. Ha conseguido lo que él quería, el beso de su primer amor.

2 Comentarios

  1. belen-Reply
    21 enero, 2017 en 15:56

    me esta encantando,y ese guiño a La Tentación Mas Dulce…..
    enamorada de todos tus libros¡¡¡¡

    • Anna García-Reply
      22 enero, 2017 en 18:16

      😉 Qué bien que lo hayas visto!

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