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Alex y Patrick – Capítulo 3

Fotor120519048Vuelvo hacia casa sumida en mis pensamientos. Es como si las palabras de Joey me hubieran abofeteado en la cara haciendo que me diera cuenta de la persona en la que me estoy convirtiendo. No me comporto como una mujer que ronda los 30 años, sino como una quinceañera obsesionada con el cantante de turno. ¡Dios mío, soy una Belieber! 
 
Antes de llegar a casa me paro en la cafetería de la esquina. Pido un café con leche y me siento en una mesa justo al lado de la ventana. Durante un rato leo el Times que encuentro en la mesa, hasta que me doy cuenta que estoy leyendo las noticias que yo misma escribí o fotografié ayer. Esto es como seguir trabajando en tu día libre, así que lo cierro y me centro en mirar a la gente de la calle pasar.
 
Pareja de novios cogidos de la mano, pareja con niños, pareja sin niños, pareja que se convertirán en padres en breve, pareja de gays, pareja de ancianos… ¡Venga ya! ¿Es que no va a pasar nadie que vaya solo? ¡Ajá! Ahí hay una chica sola a pocos metros de mí. Y es bastante guapa, así que hay más gente de mi especie… Entonces veo aparecer a un chico por la derecha, abraza a la chica por detrás, ella se gira, se le tira a los brazos y empiezan a besarse. Y siguen uno pegado al otro como si hiciera años que no se veían y de repente se aprietan contra el cristal de la cafetería justo al lado de mi mesa. ¡Por favor, iros a un hotel! 
 
Entro en mi edificio y cuando llego a mi rellano, por si pensaba que mi día no podía ser peor, me encuentro con Will, mi vecinito de 6 años. No es que no me gusten los niños, es que no sé cómo comportarme con ellos y este crío en particular me pone muy nerviosa… es como un mini adulto que no para de hablar, de preguntar y de opinar sobre todo sin siquiera preguntarle.
 
– No puedes pasar.
 
Empezamos bien…
 
– ¿Y se puede saber por qué?
– Pues porque las tropas de la Alianza Rebelde están protegiendo su campamento a la espera de un ataque de las tropas imperiales comandadas por Darth Vader.
– ¿Y el campamento rebelde ese tiene que estar precisamente delante de mi puerta?
–  ¡Un respeto por las tropas de la Alianza Rebelde señorita! 
–  ¿Y por qué el señorito no coge sus tropas y juega dentro de casa?
– Pues porque mi madre está descansando y no la puedo molestar.
 
Genial entonces, para no molestar a su madre, me tiene que tocar a mí las… relax Alex, relax… 
 
– Siéntate si quieres y charlamos un poco. Cuéntame cosas de ti, que vivimos puerta con puerta y casi no sabemos nada el uno del otro. 
 
Me quedo parada durante unos segundos mirándole. Me tiene alucinada. ¿De dónde saca esas expresiones? ¿Del colegio? Durante un rato valoro la posibilidad de arrasar las dichosas tropas cual Godzilla y entrar en mi casa, pero me retengo pensando que tampoco tengo nada mejor que hacer… Evidentemente, si alguien me pregunta el lunes qué hice el sábado por la noche, negaré rotundamente haberlo pasado charlando y jugando a Star Wars con mi vecino de 6 años. 
 
– ¿Y bien? ¿De qué quieres hablar? – le digo mientras me siento. 
– Pueeeeeeees… no sé… ¿Cuál es tu planeta favorito? 
– Joder, pues nunca lo he pensado… – ¿qué pregunta es esa?
– ¡Has dicho una palabrota!
– Mira, ¡no me toques las narices! Tus tropas imperiales me bloquean el paso y no puedo entrar en mi propia casa. Y créeme que después del día de mierda que llevo, lo único que me apetece es ponerme el pijama y estirarme en el sofá a ver la tele mientras me como un helado de chocolate tamaño industrial ¿Quieres charlar? ¡Pues hablaré como me dé la real gana! ¿Queda claro?
– ¿Tienes helado de chocolate? ¡Pues haberlo dicho antes! Vamos a tu casa – me dice metiendo todos los muñecos en una mochila y poniéndose de pie.
 
Mi cara debe ser un poema. ¡Tendrá jeta el tío! 
 
Entramos en mi piso, cuelgo el bolso en el recibidor y me dirijo a la cocina. Cuando me doy la vuelta me lo encuentro parado en medio del salón con su mochila cogida contra el pecho y mirando alrededor inspeccionando minuciosamente cada rincón. 
 
– ¿No deberías decirle a tu madre que estás aquí? A lo mejor sale y se preocupa. Ves mientras preparo los helados.
 
Pongo dos bolas de chocolate en cada cuenco y además le añado mi toque con virutas de colores y sirope de chocolate por encima. Al volver pone cara de alucinado al ver la copa de helado.
 
– ¿Eso es para mí? ¡Madre mía!
 
No puedo evitar sonreír mientras le veo intentar subirse al taburete de la barra de la cocina. Ahí es donde compruebo que aunque tenga la labia de un tío de 40 años, sigue siendo sólo un niño de 6. Le ayudo a subir y me siento a su lado.
 
– ¿Y bien? ¿Ahora ya me dirás cuál es tu planeta favorito? Y que sepas que te dejo decir palabrotas – me suelta.
– Pues no sé… supongo que la Tierra ya me parece un buen lugar para vivir… ¿Y a ti?
– Pues Saturno me parece chulo porque tiene un aro alrededor como si fuera un hullahop. Pero Marte también me gusta porque es rojo.
– ¿Y dónde has aprendido todo eso? 
– En el cole. 
– ¿Te gusta ir al cole? ¿Tienes muchos amigos?
 
Entonces baja la mirada al suelo y arruga un poco la nariz. 
 
– El cole me encanta y mi profe es muy guay. Me explica muchas cosas que me gustan pero no voy todos los días y por eso no tengo amigos porque cuando voy ya no queda ninguno libre, ya tienen otros…
– ¿Y por qué no vas todos los días?
– Pues porque a veces mi mami está muy cansada y está mala y no me puede llevar.
– ¿Y tu padre?
– No le conozco. Mi mami me dijo una vez que era astronauta pero yo sé que es mentira. Yo sé que me lo dice porque no quiere que me ponga triste. Y yo le digo siempre que no se preocupe, que no me hace falta…
 
Llevo un rato con la boca abierta intentando procesar toda la información. No me puedo creer lo que me cuenta y además con la madurez que lo hace. 
 
¿Cómo puede ser que este crío viva en la puerta de al lado y no me haya dado cuenta de nada? Es cierto que nunca he visto entrar o salir a ningún hombre, y siempre veo a Will solo, jugando en el rellano. Pocas veces he visto a su madre, pero supuse que era porque mis horarios de trabajo no son fijos ni muy “normales”. 
 
No sé si sería meterme donde no me llaman pero quizá podría hablar con la madre de Will para darle mi número de móvil y que me llame la próxima vez que se encuentre mal. Si me lo pidiera podría montármelo para llevarle yo al colegio e incluso recogerle… podría hablar con mi jefe y adaptar el horario… De alguna manera siento que debo hacer algo por ayudarles.
 
– Estas fotos son muy chulas.
 
Me sorprende de repente sacándome de mis pensamientos. Le veo sentado en el sofá con un montón de fotos en el regazo. Son fotos que he ido revelando con la intención de enmarcarlas y colgarlas por el piso. Y en eso se quedó, en intención. 
 
– ¡Gracias! Las he hecho yo. Soy periodista, escribo algunas noticias del periódico y además hago algunas fotos porque me gusta mucho – y así de paso mis jefes se ahorran un sueldo, para qué negarlo…
– ¿En serio? Estas me gustan porque son del parque. A veces mi mami me ha llevado a jugar allí pero hace mucho que no voy.
 
Y en un arrebato y esperando no arrepentirme le digo:
 
– Oye, ¿qué haces mañana? ¿Te apetece que por la tarde vayamos? Si quieres podemos llevarnos la cámara de fotos y te enseño a usarla. Vamos, si a tu madre le parece bien. 
– ¿Sí? ¿De verdad? A mí me encantaría.
– Vamos, que es tarde. Te acompaño a casa y de paso le preguntamos a tu madre qué le parece el plan.
 
Al llegar a su puerta veo que saca una llave de su bolsillo. 
 
– La llevo porque así no molesto a mi madre cuando está descansando.
 
Entramos en su piso y Will desaparece por el pasillo llamando a su madre. Echo un vistazo alrededor y observo bastantes platos sucios en el fregadero (teniendo en cuenta que sólo son Will y su madre, son los platos de varios días). El comedor está bastante ordenado, salvo algo de ropa plegada en una esquina del sofá. No hay muchos muebles, apenas ese sofá viejo, una mesa y dos sillas, y tampoco veo ningún cuadro en las paredes ni tampoco fotos. 
 
Will aparece al rato con una chica que apenas aparenta 20 años. Es rubia y muy guapa, aunque su aspecto es algo enfermizo. Tiene ojeras y está más delgada de lo que debería.
 
– Alex,  ella es mi mami. Le he preguntado si mañana puedo ir contigo al parque y me ha dicho que sí, que si a ti no te importa, puedo ir.
– Hola…
– Brooke, me llamo Brooke. Espero que Will no te haya molestado demasiado.
– Qué va, no te preocupes. De hecho he sido yo la que le he ofrecido que me acompañara mañana al parque. Soy periodista y fotógrafa y tenía pensado ir para sacar unas fotos y si no te importa, Will podría venir conmigo y así le dejo sacar algunas a él. 
– De acuerdo… – dice acariciando el pelo de su hijo.
– Bien… De hecho, hay otra cosa… Will me ha contado que estás un poco… indispuesta, así que si me necesitas para algo, puedo ayudarte si quieres… vivo aquí al lado y también puedes llamarme al móvil… Toma aquí está mi número. Incluso si me necesitas para, no sé por ejemplo, llevar y recoger a Will del colegio, sólo tienes que decírmelo.
– Vale, lo tendré en cuenta… Gracias. Sí, últimamente no me encuentro muy bien y no es fácil ser madre soltera… Gracias, de veras.
– Genial. Bueno, me voy. Recogeré a Will sobre las cinco de la tarde. Hasta mañana.
 
El chico me acompaña a la puerta con una sonrisa y al abrir la puerta me dice:
 
– ¿Dices en serio que me llevarías al cole?
– Claro, yo no digo mentiras, palabrotas sí, muchas, pero mentiras no – y le guiño un ojo.
– Alex, ¿estás libre? Para ser mi amiga, digo…
– Claro Will – digo mientras me agacho a su altura – Estaré encantada de ser tu amiga. 
 
Vale, me equivocaba con el crío, lo reconozco. No es tan cojonero como yo pensaba e incluso es más fácil y divertido hablar con él que con muchos adultos. 
 
Me preocupa un poco el tema de su madre. Realmente tiene pinta de estar enferma pero no precisamente de tener un catarro. Quizá con el tiempo y la confianza consiga saber qué pasa y ver si puedo ayudarles en algo más. De momento me lo montaré para poder llevarle al cole cuando su madre no pueda e incluso podríamos repetir alguna vez más la salida de mañana al parque. 
 
¡Parque! ¡Neal! Es cierto… lo olvidé… Bueno, después de dos meses conformándome tan sólo verle correr, creo que no va de un día más.

Un Comentario

  1. 25 octubre, 2013 en 18:46

    Genial!! Ya me re enganche!! Ya veo que es la excusa que necesitaba para hablar con Neal!?
    Bss

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