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Alex y Patrick – Capítulo 30

Fotor030901843Empieza otra semana de nuestra nueva vida juntos. Llevamos algo más de dos viviendo juntos y aunque ya hemos vaciado mi apartamento, aún quedan cajas llenas de ropa, libros, cd’s y demás cosas por desempaquetar en nuestra nueva casa. En cierto sentido, me sentía como si estuviéramos invadiendo la vida de Patrick, aunque él parecía estar encantado, la verdad.
 
Will se ha acostumbrado muy rápido a la nueva casa y su lugar favorito es el desván que con tanto esmero preparó Patrick para que pudiera jugar allí. Incluso alguna noche nos ha pedido dormir allí arriba, estirados encima de varias mantas ya que un colchón no cabe por la trampilla de entrada. La verdad es que la experiencia fue muy divertida y hubiera sido incluso romántica si no tuviéramos un individuo entre los dos roncando y dándonos patadas dormido.
 
Su habitación fue lo primero que adecuamos. Su cama la trajeron el mismo día que nos mudamos y aunque al principio tuve mis reparos, tengo que reconocer que queda genial. Entre los dos se dedicaron a forrar las paredes de la habitación con las fotos y posters que Will había traído consigo y a guardar los cientos de comics de Will en las estanterías. Patrick se encargó además de ponerle un escritorio donde poder hacer los deberes.
 
Las cosas entre Patrick y yo no podían ir mejor tampoco. Aunque la vida con Will no era lo mismo que viviendo solos en cuanto a intimidad se refería, conseguíamos seguir teniendo nuestros momentos. De todos modos, estamos tan contentos con Will que su compañía compensa con creces la falta de intimidad, aunque seguro que un día de éstos se quedará a dormir en casa de los abuelos o de su tío Joey.
 
Meto los desayunos de Patrick y Will en sendas bolsas y les doy un beso a cada uno. Hoy han decidido ir en metro al colegio. Yo tengo que hacer unas fotos para un reportaje antes de ir a la redacción, así que saldré más tarde de casa.
 
– ¿Nos llamamos al salir?
 
Asiento lentamente mientras me acero a él cogiéndole por la cintura. 
 
– ¿Me echarás de menos? – le pregunto.
– Pues claro que sí… ¿lo dudas?
– Valeeeeee, venga va, dejaros de daros besos ya… 
– Oye, que nosotros no te molestamos cuando estabas en el parque con Emma…
– Nosotros no hacíamos esas cosas asquerosas.
– Vale, toma – digo agachándome a su altura – para ti también tengo. No te pongas celoso.
 
Meto la bolsa del desayuno en su mochila y le ayudo a colocársela en los hombros. Le miro a los ojos y se me tira a los brazos.
 
– Te quiero Alex – me dice al oído.
– Y yo mi vida.
–  Se me olvidaba. Toma las llaves. Hazte las copias y ya me las devolverás – me dice Patrick cuando me levanto.
 
Cuando le tiendo la mano, me deja el manojo en la palma y gira a Will cogiéndole por la cabeza.
 
– No mires enano.
 
Hunde su lengua dentro de mi boca haciendo volar de nuevo un millón de mariposas en el interior de mi estómago. Le doy un pequeño mordisco en el mentón donde sigue estando la perilla que le pedí que se dejara. Me muerdo en labio en un acto inconsciente respuesta al calentón que llevo ahora mismo. 
 
– Te amo – susurra su boca a escasos centímetros de la mía.
– ¿Ya me puedo girar?
 
Cierro la puerta y me quedo apoyada en ella mirando el salón de mi nueva casa, nuestra casa. Enciendo la radio de la cocina mientras me preparo un sándwich para llevármelo al trabajo. El locutor comenta las noticias del tráfico y el estado de los transportes e intento prestarle atención por si tengo que variar mi itinerario. Parece un lunes tranquilo para ser Nueva York, así que cojo la mochila de las cámaras, me calzo las zapatillas para ir cómoda y salgo a la calle.
 
Tres horas después y casi doscientas fotos, empujo la puerta de entrada del edificio del periódico. Es casi la hora de comer así que para intentar adelantar al máximo posible la criba de las fotos para el reportaje, me comeré el sándwich sentada en mi mesa, pegando un mordisco entre instantánea e instantánea. No sería la primera vez que lo hago.
 
Miro hacia recepción de reojo, evitando a Jessica el máximo posible pero me sorprendo al no verla sentada en su sitio. Miro alrededor buscando algún chico al que pueda estar pegado pero compruebo que el vestíbulo está extrañamente tranquilo. Para ser la hora de comer, esto debería ser un hervidero de gente entrando y saliendo… qué raro. Aprieto el botón de llamada del ascensor y las puertas se abren al momento. Creo que es la primera vez que subo sola en él y compruebo lo grande que es… con lo pequeño que parece por la mañana cuando subimos en él un mínimo de treinta personas.
 
Llego a mi planta y saco una botella de agua fría de la máquina. Empujo las puertas de la sala de redacción con el trasero, porque llevo las manos ocupadas y cuando me giro veo que toda la sala está desierta. ¿Estamos a lunes, no? Camino poco a poco hacia mi mesa, dejando mis cosas encima de ella. Doy una vuelta pasando por los despachos del redactor jefe y del editor pero sigo sin encontrar a nadie. Hasta que oigo un ruido procedente de la sala de las televisiones. Es una sala llena de televisiones en la que en cada una está sintonizado un canal de noticias diferente. Al principio es algo caótico cuando te piden que entres y escuches una misma noticia dada por informativos de ideología completamente diferente, pero al final te acabas acostumbrando. Supongo que se te desarrolla ese súper poder que te hace capaz de realizar cuatro tareas a la vez.
 
Me acerco poco a poco a la puerta de la sala y compruebo que allí está metido todo el mundo que debería estar ahí fuera en sus mesas, Jessica incluída. Todos miran hacia las televisiones, pero soy incapaz de saber a qué exactamente le prestan tanta atención. Me intento hacer paso poco a poco hasta que descubro a Mike, el fotógrafo que me acompaña algunas veces y al que he sustituido otras tantas cuando llega tarde.
 
– Mike, ¿qué pasa? 
– Otro loco.
– ¿Cómo? Échate a un lado y déjame ver.
– Un pirado ha entrado en un colegio con una escopeta y ha empezado a disparar.
 
Mi cerebro está procesando la información que me acaba de dar Mike mientras mis ojos procesan las imágenes que están viendo. La imagen de un colegio aparece en todas las televisiones mientras los reporteros de todas las cadenas informan de la noticia en exclusiva. Soy capaz de registrar algunas palabras o frases cortas mientras la fachada del colegio de Will y Patrick se graba en mi retina.
 
Antiguo alumno… escopeta… varios disparos… niños y profesores retenidos… policía… algunos liberados.
 
Las piernas empiezan a flaquearme y noto la sensación de mareo en el estómago que me sube hacia la garganta. Hasta que la voz de Mike me devuelve a la realidad.
 
– Alex, ¿estás bien? Estás blanca…
 
Le miro incapaz de articular palabra mientras mi cabeza ha tomado ya las riendas de la situación y obliga a mis piernas a empezar a correr hacia las puertas. Ni siquiera espero al ascensor y salto de dos en dos las escaleras. Cuando salgo al exterior empiezo a correr calle abajo mirando de vez en cuando hacia la carretera en busca de un taxi libre. Saco el móvil y llamo al número de Patrick. Después de varios tonos me salta el buzón de voz. Plan B, llamo a Joey. 
 
– ¡Joey! – le grito al instante que descuelga.
– Lo sé, lo he oído. Voy para allá. Tranquila, todo va a ir bien. Estarán bien. Muchos niños y personal docente ya han salido. Quedan pocos dentro. ¿Vas para allá?
– Sí – las ganas de vomitar me impiden decir nada más.
– Vale, nos vemos ahora. Estoy llegando.
 
Vuelvo mi cabeza hacia la carretera de nuevo en busca de un taxi libre sin éxito. Sigo bajando la calle y mirando el móvil vuelvo a intentar llamar a Patrick cuando alguien me quita el móvil de las manos y sale corriendo.
 
– ¡Eh tú! ¡Mi teléfono! 
 
Pero soy incapaz de correr tras él. Las piernas no me responden y víctima de la impotencia empiezo a llorar desconsoladamente. 
 
– ¿Estás bien?
 
Levanto la vista hacia la voz para encontrarme con un chico de pelo despeinado y piercing en el labio vestido con una camisa blanca con rayas azules con las mangas arremangadas a la altura del codo dejando ver un tatuaje en uno de los brazos.
 
Incapaz de responderle aún, niego con la cabeza y miro en dirección donde el tío ha salido corriendo con mi móvil. El chico sigue mi mirada.
 
– ¿Te han robado?
– Sí, el móvil – consigo articular al fin.
– Espérame aquí – dice el chico que al momento sale corriendo en busca del ladrón de mi teléfono.
 
Pero no puedo esperar… no puedo quedarme aquí de brazos cruzados… necesito saber que Will y Patrick están bien, así que dando por perdido mi móvil, empiezo a correr de nuevo calle abajo.
Al fin consigo un taxi libre que me lleva lo más cerca posible del colegio, a una manzana, porque la zona está acordonada. Me acerco al cordón policial, agarro la cinta e intento pasar por debajo.
 
– Señorita, no puede pasar.
 
Sigo caminando sin poder reaccionar a las palabras del agente. Las voces suenan y rebotan en mi cabeza pero soy incapaz de procesar la información. Lo único que quiero es llegar a la puerta principal, comprobar que mis chicos están bien y abrazarles con fuerza y no soltarles nunca más.
 
El agente llega a mi altura y me retiene impidiéndome avanzar más.
 
– Señorita, le digo que no puede pasar.
– Mi hijo y mi pareja están en ese colegio…
– ¡Agente! – Veo a mi hermano acercarse enseñando la placa – Déjela pasar, está conmigo.
 
Joey me abraza y cogiéndole de las solapas de la chaqueta le miro a los ojos y lo que leo en ellos no me gusta nada.
 
– Siguen dentro Alex. Claire ha conseguido salir por las escaleras de incendio porque estaba en los pisos superiores con los alumnos más mayores. Los más pequeños y sus maestros siguen dentro, en la planta baja del edificio. 
 
Salgo corriendo hacia el colegio y Joey me alcanza justo delante de los coches de policía que rodean el edificio. Alrededor se encuentran los alumnos y profesores que han salido ya.
 
– De momento no ha salido nadie herido. Aunque se han oído disparos, algunos chavales han dicho que disparaba al techo. Ahora mismo hay un negociador intentando ponerse en contacto con el capullo del arma. Según el recuento que nos ha facilitado Claire, quedan dentro 42 niños y dos profesores, Patrick y otra chica, Susan.
 
Me coge la cara y me obliga a mirarle mientras me dice que todo va a salir bien, que los van a sacar de allí, pero yo soy incapaz de pensar con el mismo optimismo. Hasta que no los tenga a mi lado no estaré tranquila.
 
– Por cierto, te he llamado al móvil y me lo ha cogido un tío. 
– ¿Eh? – contesto distraída – Sí, me lo han robado cuando intentaba llamar al teléfono de Patrick, justo después de hablar contigo.
– Pues que sepas que lo tiene un tal Gabriel. 
– ¿Gabriel?
– Sí, dice que salió corriendo tras el ladrón y lo ha recuperado. Le llamaré cuando todo se haya calmado para que nos los devuelva.
 
Pasados unos minutos que me parecen horas, se acerca un agente a Joey para informarle que tienen localizado al sospechoso dentro del edificio y que varios agentes van a intentar colarse a través de alguna ventana. Joey me lleva hasta donde están congregados los alumnos que ya han salido. Me deja junto a Claire, que me abraza con fuerza.
 
– Patrick no permitirá que les pase nada, no te preocupes… 
 
Joey se pone un chaleco antibalas y coge uno de los walkies para seguir la operación. Yo no le quito los ojos de encima para ver si puedo averiguar qué pasa a través de sus expresiones. Le conozco demasiado y puedo interpretar cualquier gesto que haga. Veo como escucha atentamente varias consignas que se oyen a través del walkie durante varios segundos, o minutos… años para mí. Luego se gira hacia nosotros y nos hace una señal con el pulgar hacia arriba, aunque se gira de espaldas a nosotras mientras sigue conversando a través del aparato. Finalmente se acerca a nosotras.
 
– Los niños están localizados. Están todos bien. Estaban escondidos en los armarios de las clases. Van a intentar sacarles por las ventanas en cuanto tengan bajo control al asaltante.
– ¿Y Patrick?
– De momento no han visto ni a Patrick ni a Susan. No están en clase con los chicos. Los agentes sospechan que les han dicho que se escondieran allí y han intentado distraer al sospechoso.
 
El sonido de tres disparos de escopeta rompe el silencio expectante que reinaba en el lugar. Joey al instante se pone el  walkie a la altura de la boca y empieza a gritar.
 
– ¿Qué ha pasado? ¡Mierda!, ¿qué coño ha pasado?
 
Segundos después el sonido una ráfaga de disparos vuelve a salir del edificio y se oyen las palabras que llevo horas esperando oír.
“Sospechoso abatido, repito, sospechoso abatido. Vía libre”
 
Al momento varios agentes con chalecos antibalas irrumpen en el colegio. El caos reina en el lugar mientras varios agentes intentan retenernos en el sitio. Busco a Joey y nuestras miradas se encuentran. Sé que va a entrar y va a buscar a Will y a Patrick. 
 
Tres minutos después, las puertas de colegio se abren y los cuarenta y dos niños salen acompañados de algunos policías. Muchos niños lloran mientras otros tienen cara de pánico. Los acercan hasta donde estamos nosotros y cuando Will me ve sale corriendo hacia mí. No es de los que están llorando, pero tiene el pánico reflejado en sus ojos.
 
– Cariño, ¿estás bien? – le digo tocando su cara con ambas manos como asegurándome que está realmente allí conmigo.
– Sí… Oímos gritos y Patrick se asomó a la puerta de la clase y al momento nos pidió que nos escondiéramos en los armarios y que no saliéramos para nada, aunque nos lo pidieran. No hemos visto nada, sólo hemos oído pistolas – me dice con los ojos abiertos como platos.
– ¿Y Patrick cariño? ¿Dónde está? – le pregunto.
– No lo sé. Nos metimos en los armarios y ya no vimos nada…
 
Intento buscar a Joey entre la multitud pero no le localizo. Lo que sí veo es a varios paramédicos entrar corriendo en el edificio cargando aparatos médicos. 
 
El corazón me late tan fuerte y rápido que parece que se me va a salir del pecho en cualquier instante… hasta ese momento en que el mundo se paraliza a mi alrededor. Joey corre hacia mí y cuando me alcanza me agarra de los brazos y me dice.
 
– Alex, se llevan a Patrick al hospital. Ven, te llevo.
– ¿Dónde está? – digo intentando zafarme de sus brazos.
– Ahora le sacan. Ven, no hace falta que esperemos aquí.
– ¡Suéltame! ¡Tengo que verle! – y justo en ese momento veo a la que supongo que es Susan salir llorando, aunque intacta, cogida a un policía y a los médicos llevando a alguien en una camilla.
 
Como un resorte mis piernas empiezan a correr hacia allí llamando a Patrick a gritos. Nadie me lo impide, aunque tampoco creo que pudieran. Conforme me voy acercando y soy capaz de ver la escena con más detalle veo que lleva una mascarilla de aire puesta y uno de los paramédicos está subido encima haciéndole un masaje cardíaco. Un médico intenta que no me acerque más.
 
– Tranquila señora, déjenos trabajar. 
– ¡Patrick! ¡Patrick! ¡Háblame por favor!
 
Tiene los ojos cerrados y varios electrodos enganchados en el pecho. Le han rasgado la camiseta e intuyo una gran mancha de sangre a la altura del estómago donde está sentado el paramédico.
 
Joey me separa del médico y con fuerza me lleva hasta su coche.
 
– Vamos al hospital. Claire llamará a Alice para explicárselo y se quedará con Will el tiempo que haga falta.
– Joey… está…
– Cariño, te aseguro que están haciendo todo lo que pueden. Tiene una herida de disparo en el estómago pero lo primordial es que su corazón vuelva a latir. 

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