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Alex y Patrick – Capítulo 32

Fotor0318214137El sonido de la puerta me despierta y como un resorte me incorporo. Me he quedado adormilada sentada en la silla, con la cabeza apoyada en el brazo de Patrick, así que mi espalda no está para muchos trotes. No creo haber conseguido dormir más de media hora seguida porque inconscientemente yo misma me obligaba a mantenerme despierta, alerta por si Patrick me necesitaba.
 
– ¡Buenos días! Ha pasado una noche tranquila, ¿verdad? – me pregunta Rita en su tono jovial de siempre
– Sí… supongo… la verdad es que aparte del ruido constante de las máquinas y del respirador automático… nada más.
– Créeme, eso son buenas noticias. Deberías intentar dormir un poco… en condiciones. Además de comer algo. No tienes buena cara…
– No quiero separarme de él… al menos estas primeras horas… Quiero que sepa que estoy aquí con él que no le voy a dejar sólo. Además, esta mañana vendrá Will.
–  Como quieras. Mira toma – me dice dándome una bolsa blanca – Aquí está la ropa que llevaba Patrick. Bueno, la camiseta se la llevó la policía pero el resto está aquí. También están la cartera, el teléfono y sus gafas.
 
Abro la bolsa y cojo sus gafas y su chaqueta azul. La huelo y cierro los ojos mientras dejo que el olor de Patrick me llegue al cerebro e invada mi cuerpo.
 
–      Vale… ¿y si nos tomamos un café en la sala de enfermeras? Está aquí al lado, sería solo un momento y creo que te vendría de maravilla…
 
Acepto a regañadientes saliendo de la habitación girando la cabeza a cada paso que doy alejándome.
 
– Tranquila… si hay algún cambio, lo oiremos, te lo aseguro.
 
Así, nos sentamos en unos sofás de la sala con una gran taza de café en las manos. Le doy pequeños sorbos y me sabe a gloria. Rita saca unos trozos de bizcocho que ha hecho ella misma y me ofrece. Está buenísimo y me como tres trozos en un abrir y cerrar de ojos. La tranquilidad del lugar y el silencio me hacen sentir como si fuera el primer momento de relajación que tengo en horas
 
– ¿Will es vuestro hijo? – me pregunta Rita.
– Sí… tiene seis años – digo sin poder evitar dibujar una sonrisa en mis labios.
– ¡Vaya! Lo tuvisteis pronto.
– No, es adoptado. Will perdió a su madre hace poco. Yo me encargaba de él mientras su madre estuvo enferma y cuando murió no pude soportar la idea de perderle y pedí su custodia.
– Eso es precioso Alex… ¿Y le adoptasteis juntos?
– Bueno… a Patrick le conocí porque es el profesor de Will. Realmente nos conocemos hace sólo unos meses, pero sí le adoptamos juntos.
– A eso se le llama flechazo, ¿no? 
 
Sonrío agachando la cabeza. La verdad es que sí, las cosas han ido rápidas.
 
– Espera… ¿Will estaba en el colegio cuando…? – pregunta Rita interrumpiendo mis pensamientos.
– Sí, Patrick le escondió en el armario junto al resto de alumnos. 
– ¡Qué susto por dios! 
– Sí, pensar que les podía haber perdido a los dos…
 
Saco mi móvil cuando lo noto vibrar en el bolsillo. Es Joey informándome que están afuera con Will y que Alice también está.
 
– Mi hermano ha traído a Will.
– Ves a buscarle y tráele. 
 
Estoy segura que Will querrá ver a Patrick pero tengo miedo de que la imagen que vea de él le asuste. Estoy nerviosa, no sé si será bueno para Will verle en ese estado, pero sé que a Patrick le ayudará muchísimo sentirle cerca.
 
Cuando llego a la sala de espera veo a Will cogido de la mano de Joey. Mira de un lado a otro nervioso, hasta que me ve y sale corriendo a mis brazos.
 
– Hola cariño mío. ¿Cómo estás? ¿Te lo has pasado bien con Joey y Claire? – le abrazo con fuerza y cuando le aparto de mí le paso la mano por el pelo despeinado.
– Quiero estar contigo y con Patrick. Me lo he pasado bien pero me quiero quedar con Patrick, aunque sea aquí en el hospital. Me he traído la mochila con mis cosas.
 
Joey me mira con cara de “a ver si le convences tú de lo contrario”.
 
– Will, ¿quieres ver a Patrick? 
– Sí, Joey y Claire me han explicado que le están curando y que unas máquinas le están ayudando. Joey me ha dicho que es como Robocop.
 
Miro a Joey al instante y él me devuelve la mirada abriendo las manos en señal de impotencia y vuelvo a prestarle atención a Will que sigue hablando.
 
– Y Patrick necesita esas máquinas para curarse porque cuando me escondió en el armario me dijo que no me preocupara por nada que no iba a pasar nada malo y Patrick no me miente nunca, así que se curará seguro.
– Vale, pues vamos entonces. 
 
Me acerco a Alice y nos damos un abrazo. Le explico como ha ido la noche y me cuenta que se quedará por el hospital un rato pero que luego tendrá que ayudar a Charlie con el resto de niños. 
 
– Si hubiera cualquier cambio le llamaré al instante – le prometo.
– Alex, nosotros nos vamos. Llámanos para ocuparnos de Will luego y si hubiera cualquier cambio – me dice al oído – Por cierto, hay bastante prensa afuera para intentar hablar con alguien y saber como está Patrick. Se ha convertido en el héroe de la ciudad. Los médicos les dan el parte cada ciertas horas pero te aviso por si sales y eso… bueno ya sabes como son los periodistas de pesados en insistentes… son como un grano en el culo…
– Muy gracioso…
– Vamos a ver a Patrick – digo encaminándome hacia dentro.
 
Entramos dentro y observo la reacción de Will por el rabillo del ojo. Mira a un lado y a otro con curiosidad atento a cada sonido o conversación. Cuando entramos en la unidad de cuidados intensivos Rita nos ve y se encamina a nosotros con una sonrisa.
 
– Hola guapísimo. Tú debes ser Will. Yo soy Rita, la enfermera que cuida de tu papá.
– Hola Rita – dice con su desparpajo habitual – Patrick no es mi papá de verdad, ¿sabes? Pero me cuida mucho y ahora vivo en su casa con Alex porque han firmado mi adopción. 
 
Rita le mira alucinada por su capacidad de charla y añade.
 
– Pues eso para mí eso se parece mucho a un papá, ¿no?
– Sí… creo que sí… – responde Will después de pensarlo un rato.
– Bueno… ¿te han explicado un poquito cómo está? – y cuando Will asiente, Rita añade – son sólo tubos Will, no pasa nada, ¿vale? Puedes tocarle pero sobretodo ten cuidado con los cables y el tubo de la boca. Y sobre todo, necesita que le hables. Oírte le va a venir muy bien. ¿Preparado?
 
Rita abre puerta y cuando entramos noto como Will me aprieta la mano con más fuerza. Tiene los ojos fijos en Patrick y muy abiertos. Sé que está asustado aunque intenta simular lo contrario. Me agacho a su lado y le abrazo.
 
– Mira, está dormido, ¿le ves? ¿Nos acercamos?
 
Will asiente y cogiéndole en brazos le subo encima de la silla en la que he pasado toda la noche y que sigue al lado de la cama. Se le queda mirando mucho rato, primero la cara y el tubo que le sale de la boca y luego los cables que le salen de la bata. Le mira el brazo y la vía teñida de rojo. Poco a poco Will mueve su mano, la pone encima de la de Patrick y la coge con fuerza.
 
– Hola papá. 
 
Escuchar esas palabras me encoge el corazón. Rita me coge el brazo para avisarme de que nos deja solos.
 
Will se acerca más a Patrick con mucho cuidado, para observar el tubo de respiración. Luego pone sus manitas a ambos lados de la cara de Patrick. 
 
– Hola – le dice al oído – soy Will. ¿Por qué no te despiertas? El malo ya se ha ido y todos te hicimos caso y nos quedamos escondidos en los armarios – y girándose hacia mí me pregunta – ¿Por qué no se despierta, Alex? 
–  Porque está muy cansado cariño.
– Los otros niños dicen que el malo disparó una pistola y le dio a Patrick… ¿a que no es verdad?
– Sí es verdad cariño. Pero le han curado y ahora está descansando. Y como la herida era grande, tenemos que cuidarle mucho para que descanse y se despierte.
– ¿Y el tubo? ¿No le duele? Es muy grande…
– No le duele porque le han dado medicinas. Está tan cansado que para ayudarle le ponen ese tubo que respira por él.
 
Will entonces apoya su cabeza en el pecho de Patrick y se queda así durante varios minutos, hasta que cierra los ojos. Está despierto, tan sólo escuchando, relajado, el latir del corazón de Patrick y decido no molestarle.
 
Convencido de que el corazón de Patrick sí late, se vuelve a incorporar, acerca la boca a su oreja y empieza a hablarle. 
 
Rita entra en ese momento y Will le pregunta enseguida.
 
– Rita, ¿me puedo estirar con Patrick? Hay sitio en la cama, ¿no?
– Vamos a intentarlo… pero tienes que tener mucho cuidado con los cables, ¿me lo prometes?
 
Tras la promesa de Will, Rita le coge en brazos y con sumo cuidado le estira de costado al lado de Patrick.
 
– Aquí estamos… sin moverse demasiado, ¿vale?
 
Rita vuelve a salir de la habitación y yo me siento en la silla observando la escena. Will le resigue la cara con sus dedos y con un dedo toca el tubo que le sale de la boca. Al instante de tocarlo mira a Patrick a los ojos esperando una reacción.
 
– ¿Te duele esto? Tiene pinta de doler porque es un tubo grande. Pero de doler más que cuando me caí de la bici y me hice sangre en la rodilla, ¿te acuerdas? Me dijiste que no le dijera nada a Alex para que no se enfadara contigo por haberme quitado los ruedines tan pronto. Era nuestro secreto, ¿a que sí?
 
No puedo evitar sonreír al escuchar eso. Mis chicos aliándose y guardándose secretos contra mí. Will sigue hablándole, contando todo lo que se le pasa por la cabeza, haciendo planes de los sitios donde quiere que le llevemos o pidiéndole las cosas que quiere que le enseñe. No para de hablar ni un momento con su tono optimista y divertido de siempre hasta que se queda callado durante unos segundos y oigo como se le escapa un sollozo. Me levanto de la silla como un resorte y me acerco a ellos.
 
– Will…
– Es que no quiero que se muera como mi mamá… He intentado no llorar pero no puedo… Sé que tengo que portarme como un niño mayor y no llorar aunque quiera hacerlo o no gritar porque estoy enfadado con el capullo que disparó a mi papá… Pero no sé cómo hacerlo…
 
Le cojo en brazos y le abrazo con fuerza. 
 
– ¿Sabes qué te digo? Que llores, grites o rías cuando quieras o lo necesites. No pasa nada cariño. Yo tampoco quiero que se muera pero antes has dicho que Patrick nunca te ha mentido y te dijo que no dejaría que nada malo pasara. Seguro que ahora está luchando para ponerse bien y despertarse y poder estar con nosotros de nuevo.
– He dicho una palabrota que me ha enseñado Joey. Capullo. Me gusta.
– Vale, pero no la digas mucho.
 
Consigo tranquilizarle y me siento en la silla aún con él en brazos cuando al poco rato aparece el médico.
 
– Hola. Rita me ha dicho que hoy había una visita especial – dice dirigiéndose a Will.
– Will este es el médico de Patrick – digo yo.
– Hola… – dice Will con un tono de voz bastante triste.
– Ven, que me vas a ayudar, ¿quieres? Vamos a ver qué tal está tu papá y si todo va bien mañana le quitamos el tubo de la boca y le ayudamos a despertarse.
 
Will le mira con los ojos muy abiertos cuando le sienta en la cama al lado de Patrick y le entrega la carpeta con el historial. Mientras, el médico se mueve ágil entre las diferentes máquinas comprobando todos los datos que le marcan. Luego le coge la carpeta de las manos, escribe algunas cosas y comprueba las páginas anteriores.
 
– Todo perfecto. Esta noche le quitaremos la sedación y veremos como reacciona y si todo va bien, mañana por la mañana le quitaremos la respiración asistida – dice dirigiéndose a mí – Esta noche es crucial pero lo está haciendo fenomenal, no hay rastro alguno de infección así que el hígado está cicatrizando perfectamente.
– Gracias – le digo cuando sale – ¿Lo ves? Está luchando con todas sus fuerzas. Ven, vamos un momento fuera a ver si está Alice y si no la llamaremos por teléfono.
 
Salimos fuera y encontramos a Alice sentada aún en una de esas incómodas sillas. Will sale corriendo hacia ella sonriente y dándole las buenas noticias a gritos.
 
– ¿Es cierto? – me pregunta cuando llego a ellos.
– Sí, esta noche fuera sedación y mañana fuera tubo. A ver qué tal reacciona.
 
Alice me abraza aliviada y le doy la tarjeta para que pase a ver a su hijo. 
 
– Toma, voy a pasar algo de rato con mi otro hombre. Me lo llevo a comer algo y luego vengo y te hago el relevo.
– Bien hecho. Yo cuido al otro un rato – me dice guiñándome un ojo.
 
Pasamos un rato divertido comiendo un perrito estirados en el suelo del parque más cercano al hospital. Will me alegró la comida con sus ocurrencias y me hizo olvidarme por un rato de las últimas horas. Luego llamé a Joey para que se llevara a Will a su casa con la promesa que a primera hora de la mañana lo trajera de vuelta. 
 
He vuelto a perder la noción del tiempo cuando el médico entra de nuevo en la habitación, acompañado por una enfermera. Rita debe haberse ido a casa al acabar su turno, así que ya debe ser de noche. La enfermera le quita una de las vías del brazo izquierdo y se lleva el gotero dejándome a solas con el médico.
 
– Bueno, ya está hecho. Hemos quitado la sedación así que poco a poco debería ir despertándose y debería poder ir respirando por sí sólo… cuando eso pase vendremos a quitarle la respiración. Estoy de guardia toda la noche así que a la que haya cualquier cambio, alguna de estas máquinas pitará y vendré volando.
 
Acerco la silla lo máximo posible a la cama de Patrick, esperando ya una reacción por su parte aunque me haya dicho el médico que pueden pasar horas. Me quedo de pie observándole y acariciando su cara como si ya pudiera sentir el tacto de mis manos. Acerco mis labios a su frente y le beso para advertirle que sigo a su lado y me siento en la silla cogiéndole de la mano con fuerza.
 
Me agarran. Me aprietan la mano. Poco a poco abro los ojos, levanto la cabeza y dirijo la vista a mi mano. Los dedos de Patrick se mueven. ¡Se mueven! Me incorporo de un salto y acerco mi cara a la suya acariciándole el pelo.
 
– Patrick… Patrick estoy aquí.
 
Mueve la cabeza hacia un lado con un movimiento brusco mientras me da otro fuerte apretón con la mano al cual yo respondo. 
 
– Hola… mírame cariño.
 
De repente se medio incorpora abriendo los ojos de par en par. Le cojo la cara con las manos y se la giro un poco para que pueda verme. Al instante se relaja sin dejar de mirarme a los ojos y le ayudo a volver a estirarse en el momento en que entran el médico y la enfermera. Me aparto un poco dejándoles sitio para trabajar y después de sus constantes, el doctor se gira hacia mí y me dice.
 
– Vamos a quitarle el tubo. Está recuperando la conciencia.

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