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Alex y Patrick – Capítulo 34

Fotor0325211212Hoy es el día que le darán el alta a Patrick. Han sido dos semanas bastante duras que no podría haber superado sin la ayuda de Joey, Claire, Alice o Charlie y por supuesto sin la sonrisa de Will. Dos semanas en las que he vivido prácticamente en el hospital, comiendo, durmiendo y hasta trabajando sin despegarme de Patrick. Saliendo sólo para ir a casa a ducharme y recoger algo de ropa para ambos. 
 
Durante estos días he vivido la lenta pero constante recuperación de Patrick. 
 
Ha recuperado su tono de voz habitual ya que la irritación de la garganta debido al tubo respiratorio ha desaparecido. Lástima, realmente me había acostumbrado a esa voz ronca tan sexy.
 
Respirar ya no supone un esfuerzo extra para él y el ritmo cardíaco se ha estabilizado del todo. Hasta puedo besarle sin temer matarle ahogado.
 
La herida de bala está cicatrizando a la perfección aunque siguen haciéndole las curas, que me han enseñado a hacerle para cuando estemos en casa. Así mismo, el hígado está respondiendo perfectamente señal de que la curación va según lo previsto.
 
Su movilidad también ha experimentado una notable mejoría.  Primero sentándose en la cama, luego en una silla de ruedas y finalmente poniéndose en pie ayudado por unas muletas. Hace dos días que damos paseos por el hospital a paso muy lento y parándonos cada cierto tiempo, pero caminando al fin y al cabo. Esos paseos, aunque cortos, suponen un esfuerzo físico enorme para él, pero no se deja ayudar. Necesita no sentirse un inválido y no quiere ser una carga para nadie.
 
– Te compensaré. 
– ¿Por qué dices eso?
– Estoy siendo una carga y creo que lo seguiré siendo durante algunas semanas… No quiero ser un estorbo y te prometo que haré todo lo posible para recuperarme lo antes posible.
– No digas tonterías. ¿Qué pasa que no te gusta la enfermera de la asistencia domiciliaria? – le digo acercándome a él mientras apoyo mis manos en su pecho.
 
Me mira largo rato y en su boca se dibuja esa sonrisa sexy de medio lado.
 
– El problema es que me gusta demasiado y no quiero que me vea como un inválido y se canse de mí… 
 
Pone una mano en mi nuca y me atrae hacia él con cuidado posando con suavidad sus labios en los míos. Introduce su lengua poco a poco, coloca las manos a ambos lados de mi cara y empieza a enredarlas en mi pelo. Han sido unos días duros y faltos de contacto físico pero mi cuerpo empieza a recordar sus caricias, el sabor de su boca, y empieza a reaccionar. Mis manos se cuelan por debajo de su camiseta y acarician sus abdominales. Le noto mucho más delgado que antes. Con sumo cuidado paso mi mano por encima del apósito que tapa la herida de bala mientras la otra baja por sus abdominales y se sitúa en el hueso de la ingle. Patrick cierra los ojos y de su boca sale un jadeo.
 
– Te necesito Alex… aquí y ahora… 
– Patrick, es una locura – consigo decir entre jadeos.
– Necesito demostrarte que te sigo deseando como el primer día y que soy tan capaz de hacerte disfrutar como siempre.
– Cariño, eso ya lo sé…
– No, escucha – me dice separándome un poco y enseñándome las muletas – aunque necesite esto para mantenerme en pie por el momento, volveré a ser el mismo de siempre en breve, te lo prometo.
– Bueno… así te tengo más tiempo estirado en la cama… 
 
Con un movimiento bastante ágil para las condiciones en las que está, me atrapa entre su cuerpo y la pared y mete una de sus manos por debajo de mi camiseta mientras la otra sigue cogida a la muleta que le ayuda a mantenerse en pie. Con una habilidad pasmosa me desata el sujetador como quien chasquea los dedos y acaricia uno de mis pechos. Mi cuerpo, que ya le echaba de menos, reacciona al mínimo roce de su piel y mis pezones se endurecen al instante. 
 
– Patrick… no… – esa es toda la resistencia que puedo oponer.
 
Vuelve a hundir su lengua en mi boca, y un calor abrasador invade todo mi cuerpo. Le quito la camiseta en un arrebato de locura provocado por la excitación del momento y la lanzo sin mirar donde cae. Aprieta su entrepierna contra mi vientre y noto su erección y mis manos, a las que ya soy incapaz de controlar, se dirigen a su culo apretándole más contra mí.
 
– ¡Holaaaaaa!
 
No puede ser… tiene el don de la oportunidad, un radar jode-momentos románticos. Patrick apoya su frente en la mía y suspira resignado.
 
– Esto no puede estar pasando…
 
Miro hacia la puerta y le veo en el umbral con la boca y los ojos muy abiertos. En ese momento llega Joey a su lado.
 
– Joder chaval, no hay quien te siga el ritmo…
 
Cuando nos mira y ve la escena, le tapa los ojos a Will con una mano.
 
– Me parece que interrumpimos algo Will – suelta divertido mirándonos mientras guiña un ojo.
 
Y por si fuera poco, se añaden Alice y Charlie a la fiesta.
 
– ¡Hola! – Y viendo a Joey y Will preguntan – ¿Qué hacéis? ¿Qué miráis?
– No me lo puedo creer – dice Patrick – ¿Alguien más?
– ¿Queréis que siga de canguro esta noche o qué? – nos pregunta Joey aún con la sonrisa pícara en los labios.
– ¡Ni hablar! – dice Will soltándose de Joey y acercándose a nosotros – Quiero irme a casa con vosotros…
– Claro que sí cariño, no te preocupes. Hoy nos vamos a casa los tres – le digo agachándome a su lado.
– Ya os daréis besos cuando me vaya a dormir.
 
Cojo la camiseta de Patrick y le ayudo a ponérsela de nuevo.
 
– ¿Listo para volver a casa? – le digo abrazándole por la cintura.
– Por supuesto.
 
Nada más llegar a casa Will acapara a Patrick. Pretende recuperar el tiempo perdido sin perder ni un segundo y sin dejarle siquiera sentarse lo lleva a su habitación para que vea los trabajos que ha hecho en el colegio en su ausencia, los dibujos que ha ido enganchando por las paredes y la gorra de la policía que le regaló Joey. 
 
No contento con eso, después le ha pedido jugar a millones de cosas diferentes y entre el abanico de posibilidades que le ha dado Will, jugar al fútbol, salir en bicicleta, montar el circuito de coches, Patrick ha accedido a jugar a la consola de videojuegos. Para ello, he tenido que subir al desván ya que para Patrick es aún algo difícil y bajar la consola al salón. Y allí están los dos, estirados en el sofá, rompiendo bloques, chafando setas y consiguiendo monedas al más puro estilo Súper Mario.
 
– Me parece que os voy a dejar un rato y me voy a dar un baño – digo levantándome del reposabrazos del sofá.
 
Al instante de incorporarme noto como la cabeza empieza a darme vueltas y necesito agarrarme a algo para mantener la verticalidad. Patrick y Will me miran extrañados.
 
– ¿Estás bien? – me pregunta Patrick.
– Uf, sí, creo que me he levantado muy rápido… Ya estoy mejor – y me vuelvo a levantar.
 
Pero tan sólo cinco o seis pasos después, cuando estoy a punto de subir las escaleras, vuelvo a marearme y pierdo el equilibrio cayendo hacia delante. Patrick salta como un resorte y viene enseguida a mi lado ayudándome a incorporarme y llevándome al sofá.
 
– Alex… ¿seguro que estás bien?
– Sí… debe ser el cansancio… Un baño me vendrá bien para relajarme y descansar. Aunque me da todo vueltas…
– ¡Nos vamos al hospital! Will apaga eso que vamos a llevar a Alex.
– No hace falta Patrick… No seas exagerado. Sólo es cansancio. 
– Me da igual… Si es cansancio, que me lo diga un médico. Mi madre me ha dicho que has dormido poco y comido menos estos días así que no está de más que te examine un médico.
– Es verdad. Ha comido muy poco. A mí me lo dijo Rita – añade Will.
 
Sin fuerzas para discutir y a sabiendas que saldría perdiendo, decido dejarme hacer y cinco minutos más tarde estoy en el asiento de atrás del coche con Will cogiéndome la mano sin perderme de vista, haciendo caso de lo que le ha pedido Patrick que haga.  
 
Una media hora después volvemos a estar en el hospital. Y yo que me había convencido en tardar en pisarlo durante mucho tiempo… Enseguida nos pasan a la sala de espera y nos sentamos en las dichosas sillas grises rompeculos. Algún día escribiré al buzón de sugerencias y pediré que al menos les pongan un pequeño acolchado…
 
– ¿Y tus muletas Patrick? – le pregunto al darme cuenta que no las lleva mientras le veo cojeando nervioso por la sala de espera.
– Me las dejé en casa – dice disculpándose mientras se rasca la cabeza como un niño pequeño.
– Ah, pues genial. Tú fuerza la máquina…
– Vale, vale… ya me siento. ¿Contenta?
– ¿Srta. Williams? – dice una enfermera – Puede pasar.
 
Y Patrick vuelve a ponerse de pie para acompañarme al interior de la consulta. Me ayuda a caminar cogiéndome por la cintura, aunque ya le he repetido mil veces que el mareo ha desaparecido. Will nos sigue de cerca.
 
Una vez dentro, le explicamos al médico lo ocurrido. Patrick le cuenta lo sucedido estas semanas y lo poco que me he cuidado últimamente y yo le cuento que ha sido un simple mareo y que es un exagerado.
 
– Bueno, me parece bien que la hayas traído – dice el médico dirigiéndose a Patrick y dirigiéndose a mí me dice – Pasa a la sala de aquí al lado que te tomaré la tensión y te sacaré sangre. ¿Te había pasado antes o esta tarde ha sido la primera vez?
– Bueno… ayer o antes de ayer también me mareé un poco en el metro y tuve que bajarme en la siguiente estación y salir a tomar el aire.
– Mmmmm… vale… pasa aquí al lado. ¿Te esperas aquí campeón? – dice dirigiéndose a Will y mira a Patrick – Si quieres pasa con ella.
 
Me estiro en la camilla y Patrick se sienta en un taburete al lado. 
 
– Te voy a tomar la tensión – dice el médico – pero antes de nada déjame hacerte una pregunta… ¿Cuándo te vino la regla por última vez?
 
Esas palabras resuenan  en mi cabeza rebotando de un lado a otro. ¿La regla? Pues me vino… Espera… ¿Este mes me ha venido? Sí… ¿no? 
 
– Deduzco por tu cara y tu falta de una respuesta concreta que hace bastantes días que no la tienes… ¿Puedes estar embarazada? – dice mirándonos a ambos.
– Pues… 
 
Agacho la mirada intentando recordar alguna vez que se nos pasara ponernos protección y la verdad es que alguna que otra se me viene a la cabeza. Miro a Patrick mordiéndome el labio inferior, nerviosa. Me mira con los ojos muy abiertos y las cejas levantadas. Le miro intentando descifrar si le parece bien o está a punto de salir por patas de la habitación. De repente una sonrisa se empieza a dibujar en su cara y respiro tranquila sin poder evitar sonreír, mientras contesto al médico sin apartar los ojos de Patrick.
 
– Pues podría ser…
– Toma este bote, haz pis en él y salimos de dudas en cinco minutos.
 
Cuando le entrego el bote se aleja hacia la mesa que hay en un lateral mientras Patrick y yo le miramos intrigados. Mi cabeza empieza a funcionar y aunque todo es muy precipitado no puedo evitar estar muy contenta. No se me ocurre una persona mejor con la que tener un hijo y me apetece ser madre, la verdad. Así pues, miro al médico impaciente y expectante, deseando que la respuesta del médico sea afirmativa.
 
– Bueno, pues… parece que sí vais a ser padres.
– ¿En serio? – dice Patrick con un tono muy ilusionado y con una gran sonrisa en la cara.
– Sí, tienes una falta de aproximadamente 6 semanas. Si queréis podemos intentar escucharle el corazón… a ver si se deja oír.
 
Nos miramos sin poder dejar de sonreír. Se me escapan una lágrimas de felicidad y compruebo que los ojos de Patrick tienen un brillo especial de emoción.
 
– ¿Podemos hacer pasar a Will? – pregunto acordándome de él.
– Claro.
– ¿Nos puede dejar un momento a solas para que se lo expliquemos?
– Por supuesto. Vuelvo en diez minutos. Voy a buscar un ecógrafo.
 
Cuando el médico sale de la consulta, Patrick se me acerca para darme un beso. Y luego baja la vista hacia mi vientre y pone su mano encima. 
 
– Ahora vengo. Voy a buscar a Will.
 
Cuando vuelven, Will tiene cara de intrigado y mira a un lado y a otro de la sala.
 
– Hola cariño – le digo cuando Patrick lo sienta a mi lado en la camilla.
– ¿Qué pasa? Patrick me ha dicho que tenéis que contarme una cosa…
– Bueno, pues que ya sabemos por qué me he encontrado mal antes… – y para tranquilizarle añado – y no es nada malo. Bueno, al menos a nosotros no nos parece malo y estamos muy contentos y nos gustaría que tú también lo estuvieras…
 
Will me mira y luego a Patrick.
 
– ¡¿Qué pasa?! ¡¿Decídmelo ya?!
– Pues verás – continua Patrick – Alex y yo vamos a tener un bebé… Vas a tener un hermanito o hermanita… 
 
Will le mira con los ojos muy abiertos y luego me mira el vientre parpadeando de vez en cuando.
 
– Pero vamos a necesitar tu ayuda, ¿sabes? Porque vas a ser el hermano mayor y vas a tener que cuidar mucho del bebé… Además, ¿te acuerdas cuando me dijiste que te encantó hacer de profesor ese día en clase? ¡Pues ahora lo vas a poder hacer todos los días! ¡Le podrás enseñar al bebé muchas cosas!
 
Una sonrisa se dibuja en la cara de Will. Por si hubiera la posibilidad de que el fantasma de los celos se asomara en Will, Patrick se las había arreglado perfectamente para evitarlo y se le veía encantado.
 
– ¡Uaaalaaaa! Voy a ser un hermano mayor. ¡Qué guay!
– Y si quieres ahora van a traer una máquina para escuchar su corazón. ¿Quieres?
 
Minutos después el sonido de unos latidos muy rápidos rompe el silencio de la habitación. Miramos la pantalla de la máquina sin ver nada claro en realidad, sólo un punto que es el causante de ese ruido tan maravilloso que invade la habitación.
 
Patrick tiene a Will en su regazo mientras me coge la mano y me la acaricia. Tiene los ojos bañados en lágrimas, al igual que yo. Miro a Will y le hago señas a Patrick para que le mire. Tiene una ceja levantada y ladea la cabeza de un lado a otro esforzándose con todas sus fuerzas por ver algo donde no lo hay.
 
– ¿Qué te parece Will? – le pregunta el médico.
– Que de momento muy bonito no es… 

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