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Alex y Patrick – Capítulo 35

Fotor0329210721Estoy estirada en la cama mientras Patrick está con Will en su habitación a punto para acostarle. El médico me ha recomendado algo de reposo y  me ha dado cita con una ginecóloga para dentro de una semana para ver cómo evolucionan el feto y mis mareos. Tengo las manos en mi vientre, aún en estado de shock por la noticia de esta tarde, aún haciéndome a la idea de que llevo una vida creciendo en mi interior. No estaba para nada en nuestros planes, aunque la verdad es que desde que vivimos juntos no hemos tenido tiempo de planear nada. 
 
– Aquí hay alguien que quiere daros las buenas noches… – dice Patrick entrando en la habitación con Will en brazos.
 
Will se sienta en la cama con las piernas cruzadas y pone la cara muy cerca de mi vientre.
 
– Patrick… las muletas… – le digo al verle alguna mueca de dolor en la cara cada vez que se mueve.
– Ya casi no las necesito…
– Anda, estírate aquí a mi lado y no te hagas más el machito. No pasa nada porque tengas que llevar las muletas. Es normal después de lo que ha pasado.
 
Resopla y frunce el ceño mientras se estira a mi lado. Apoya la cabeza en mi hombro y cierra los ojos unos segundos. 
 
– Voy a cuidar de ti el tiempo que haga falta, así que no hace falta que te hagas el valiente porque a mí no me engañas. Sé que te sigue doliendo la herida cada vez que te mueves. El médico ya dijo que aunque la herida exterior cicatrice rápido, la de dentro puede tardar meses en hacerlo.
– Pues vamos bien… Se supone que yo debería cuidar de vosotros en estos momentos… – dice poniendo una mano en mi vientre.
– Ya nos lo cobraremos, no te preocupes. Mientras pueda, déjanos que te cuidemos y así te recuperarás pronto. ¿A que sí Will?
 
Nos giramos hacia él y vemos que no nos hace ni caso, mirando fijamente mi vientre como si de él fuera a salir el bicho de Alien en cualquier momento.
 
– ¿Will? 
– No se mueve… – dice sin apartar la vista de mi barriga.
– ¡Jajaja! Es muy pronto Will. Aún es muy pequeño – le dice Patrick.
 
De repente pone las manos alrededor de su boca y acercándola a mi vientre empieza a susurrar muy bajito.
 
– Holaaaaaa. Soy Will, tu hermano mayor. ¿Me oyes? – y acto seguido pone la oreja en mi barriga.
– Cariño, no sabe hablar y aún es tan pequeño que no tiene brazos ni se mueve. Dentro de un tiempo a lo mejor te da una patada si te acercas mucho a la barriga, pero aún es pronto. Pero tú sigue hablándole porque cuando nazca reconocerá tu voz y sabrá que eres su hermano mayor, que le ha estado cuidando desde antes de nacer.
– ¿Es niño o niña? – Pregunta – ¿Qué nombre le ponemos? 
– Pues no lo sabemos… – digo mirando a Patrick también – Tenemos tiempo de pensar en nombres. Además, he pensado que el nombre lo puedes elegir tú, si te parece bien.
 
Patrick le mira afirmando con la cabeza y Will sonríe orgulloso y vuelve a hablarle a la barriga.
 
– Me da igual si eres niño o niña porque te voy a cuidar un montón. Papá me ha dicho que ser hermano mayor es muy importante y que tengo que protegerte siempre y lo voy a hacer. No te voy a dejar solo nunca, te lo prometo. Tengo ganas de que salgas ya para que veas lo guay que es vivir aquí.
 
Patrick mira a Will con orgullo y le coge en brazos con los ojos llorosos.
 
– Ven aquí. Te quiero mucho campeón, ¿vale? Y estoy seguro que lo vas a hacer de maravilla. Serás el mejor hermano mayor del mundo – le abraza con mucho sentimiento hundiendo su cara en el pequeño cuello de Will – Venga, a la cama.
– ¡Espera! Un beso al bebé – dice inclinándose y besando mi vientre.
– Hasta mañana mi vida – le digo.
– Hasta mañana mami – me dice mientras me besa y me abraza.
 
Patrick me mira y me sonríe mientras se lo lleva a su habitación. Cada vez camina más encorvado así que me levanto enseguida para cogerle a Will de los brazos y llevarle yo a la cama.
 
– Vente conmigo que te llevo – le digo a Will cogiéndole de los brazos de Patrick.
– Hasta mañana papá.
 
Patrick le dice adiós con la mano mientras se queda parado en la habitación. Cuando vuelvo sigue en el mismo sitio plantado con la cabeza agachada y me dirijo a él despacio buscando su mirada.
 
– Lo sé, lo siento… No estoy acostumbrado a depender de nadie… me cuesta dejarme cuidar.
 
Le cojo por la cintura y me pongo de puntillas para llegar a sus labios.
 
– ¿Por dónde íbamos esta mañana cuando nos han interrumpido?
– Espera… ¿estamos solos? ¿En serio? No puede ser verdad…
– Solos, solos no estamos… – digo señalando a mi barriga.
– Bueno, pero él o ella no nos molestará hasta dentro de al menos unos meses… ¿a qué sí? – Dice dirigiéndose a mi vientre – ¿tenemos un pacto eh?
 
Me coge por la cintura y empieza a besarme, como si con sus labios estuviera acariciándome. Me dirige hacia la puerta, que cierra de una patada y volvemos al sitio sin despegarnos. Poco a poco sus manos cobran vida y una se posa en mi trasero, atrayendo mi entrepierna hacia él mientras la otra se enreda en mi pelo apretando mi boca contra la suya. Estoy de nuevo a su merced, respirando con dificultad, casi jadeando ya, y con un calor abrasador subiendo desde mis pies hasta el centro de mi estómago. Dios mío cómo echaba de menos sus besos, sus caricias, su cuerpo. 
 
Me quita la camiseta y se va agachando mientras dibuja un reguero de besos desde mi oreja hasta mi vientre, poniendo especial énfasis en mis pechos y martirizando de placer a mis pezones, que ya se habían erguido mucho antes reclamando su atención. Cuando llega a mi vientre, la parte más besada en lo que llevamos de día, susurra algo para luego seguir su camino descendente, bajándome los pantalones del pijama y dejándome sólo vestida con mi braguita negra. 
 
Se echa algo hacia atrás para observarme bien y le veo respirar fuerte, casi jadear mientras la punta de su lengua asoma por sus labios y entorna algo los ojos bajando la vista, en una de las poses más sexys que me ha regalado este hombre desde que nos conocemos.
 
Se quita la camiseta mientras el pantalón del pijama se apoya en los huesos de la ingle. Estos días ha adelgazado mucho y se le marcan mucho más que antes. De todos modos, compruebo satisfecha que todos y cada uno de sus músculos de las abdominales siguen en su sitio. El pantalón le queda bastante por debajo de ombligo, y le veo asomar la goma del Calvin Klein.
 
Sin poder evitar morderme el labio inferior de puro vicio, sí, lo reconozco, de puro vicio, meto dos dedos por debajo de la goma de mis braguitas y empiezo a bajármelas poco a poco, deslizándolas por mis caderas, sin dejar de mirarle a los ojos.
 
– Elige una pared – me dice de repente.
– No tengo preferencias. Me gustan todas mientras seas tú el que me apriete con ella.
 
Dos segundos más tarde estoy atrapada contra la pared de la habitación más cercana a donde estábamos. Volvemos a estar en la misma situación que esta mañana, sólo que yo estoy totalmente desnuda y en casa, no en el hospital.
 
Noto su erección contra mi vientre mientras hunde su cabeza en mi cuello martirizándome con pequeños mordiscos que no hacen más que empaparme más y más. Una mano la tiene ocupada en mi nuca mientras baja la otra a mi trasero y me aprieta con él. Empiezo a frotarme contra él cuando me dice al oído.
 
– Quietaaaaa… Si sigues haciendo eso no podré aguantar mucho más… 
 
Su boca empieza un camino descendente de besos de nuevo, aunque cuando llega a mis pechos los besos pasan a ser pequeños mordiscos de nuevo. Con el primero creo morir por las descargas eléctricas que me provoca, así que cuando lo repite varias veces, pierdo completamente el control sobre mi cuerpo.
 
Cuando ya creo que he perdido casi la razón, una descarga aún más fuerte me recorre todo el cuerpo, desde la punta de los dedos de los pies hasta el último pelo de mi cabeza. Su lengua se hunde en mi pubis dejándome al borde del abismo. Agarro su pelo con mis manos justo en el momento en el que con sus labios agarra mi clítoris y lo succiona sin piedad. El orgasmo me golpea en el estómago y se expande por el resto de mi cuerpo como si fueran olas. Las rodillas empiezan a fallarme justo en el momento en que Patrick me coge en brazos. Abro mis ojos y le miro fijamente a los suyos. Hipnotizada por el azul que brilla más intenso que nunca, me tumba de espaldas a la cama. Se quita los pantalones y los bóxers dejando libre por fin su erección mientras yo me retuerzo en la cama de puro placer por las vistas que me está regalando ahora mismo.
 
Con sumo cuidado y sin siquiera apoyarse en mi, se tumba encima, dejando sus ojos a la altura de los míos, enmarcando mi cara con sus antebrazos. Con una delicadeza exquisita, como con miedo a que me rompa, me penetra poco a poco. Se mueve dentro y fuera de mí, sin dejar de mirarme a los ojos ni un solo segundo, con la respiración cada vez más acelerada y con la máxima suavidad de la que es capaz.
 
Cojo su cara entre mis manos y repaso sus labios con mis pulgares. Quiero verle jadear de placer así que en una de sus suaves embestidas aprieto los músculos internos de mi vagina. Al instante sus ojos emiten un destello diferente y aprieta los dientes con fuerza. 
 
Verle así me excita sobremanera y otro orgasmo está a punto de recorrerme el cuerpo, así que decido tomar aún más las riendas de la situación y poniéndole las manos en el pecho, le indico que ahora soy yo la que quiero ponerme encima. 
 
Sin salir de mí se estira de espaldas a la cama agarrándome de las caderas mientras me observa cabalgarle. Le cojo las manos y se las pongo encima de la cabeza.
 
– No te muevas – susurro en su oído – hazte a la idea de que te tengo atado.
 
Muerdo el lóbulo de su oreja mientras apoyándome en su pecho empiezo de nuevo a moverme. Al cabo de unos minutos le veo apretar los dientes y sé que está a punto de correrse así que empiezo a ejercitar de nuevo los músculos de la vagina. Al instante reacciona y no puedo evitar sonreír victoriosa, mientras llegamos al orgasmo y un sonido gutural emerge de su garganta. Noto su calor dentro de mí mientras sigue cogido a mis caderas apretándome aún contra él y apretando la mandíbula. Me encanta lo que soy capaz de provocar en él.
 
Al rato me estiro a su lado y cojo la sábana para taparnos un poco. Me pongo de lado y coloco mi mano encima del apósito que tapa la herida de entrada de bala mientras observo su pecho subir y bajar recuperando el ritmo normal.
 
Se gira hacia mí y empieza a acariciarme el vientre.
 
– Es muy bonito lo que le dijiste a Will acerca de lo de ser el hermano mayor, Patrick.
 
Levanta la vista y me mira.
 
– Will será un hermano mayor increíble, lo sé. Y va a ser gracias a ti – añado.
– No… eso va con cada uno… No creo que si alguien le hubiera pegado la charla a Owen, se hubiera quedado conmigo. Will será un hermano mayor fantástico porque es un chico increíble. 
 
Se medio incorpora, me besa el vientre y susurra al bebé tal y como Will hacía antes.
 
– Te quiero mucho chiquitajo y a ti también cariño – dice subiendo hacia mis labios.
– Oye… debemos empezar a pensar acerca de cuándo se lo diremos a todos… más que nada por Will y su ineficaz capacidad de mantener la boca cerrada – digo.
– Cierto… pero aún es pronto, ¿no? Deberíamos esperar unas semanas. Mañana hablamos con Will y a ver si conseguimos que guarde el secreto…
– Sabes que no será capaz, ¿verdad?
– Te sorprenderías de los secretos que sabe guardar… – dice guiñándome un ojo.
– ¿Qué quieres decir?
– Cosas nuestras. Son cosas de chicos.

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