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Alex y Patrick – Capítulo 4

Fotor1207220011Cuando faltan diez minutos para las cinco, me pongo los vaqueros, una camiseta blanca y me calzo mis Converse rosa. Cojo la bolsa de las cámaras de fotos y, aparte de la mía, decido meter una réflex que hace tiempo que no utilizo. Creo que se la dejaré a Will para que haga las fotos que quiera. Luego se las imprimiré y se las regalaré. En el recibidor decido coger una sudadera por si hace fresco y además elijo uno de mis pañuelos para el cuello.
 
Cuando estoy en la puerta de Will, ni siquiera he picado y ya me ha abierto la puerta. 
 
– ¡Estoy listo Alex!
 
Durante el trayecto al parque no para de hablar y de contarme las cosas que le gustan. Así averiguo que le encanta jugar con sus muñecos de Star Wars a hacer guerras. Que le gusta mirar las estrellas de noche y que alguna vez le gustaría ver algunos planetas porque los ha estudiado en clase y es lo que más le gusta de lo que le ha explicado su profe. Que de mayor le gustaría ser profesor para enseñar cosas a otros niños pero que hay que leer muchos libros para eso (lo sabe porque se lo ha dicho su profe), que Julie Wilson es mala porque le da patadas por debajo de la mesa y que Samantha Olsen es muy guapa y que le gustaría darse un beso con ella, pero oye, un beso normal no de los asquerosos, pero ella no quiere. Dios mío, me va a costar un rato procesar toda esa información. 
 
Al llegar al parque, le llevo a uno de mis sitios favoritos. Nos sentamos en la hierba y le enseño el puente de piedra que hay cerca. Además, desde allí se puede ver el edificio que antes era el Hotel Plaza y que ahora son unos apartamentos de lujo. Entonces saco las dos cámaras de fotos y le pongo la que he traído para él en las manos. 
 
– Toma. He pensado que podrías hacer tú tus propias fotos con esta cámara que he traído para ti. Es una que utilizaba antes de comprarme la que tengo ahora. Y si quieres luego te puedo imprimir algunas de las fotos que hagas.
– ¿En serio? ¡Guay! ¡Como mola!
– Ven que te enseño como funciona.
 
Es un chico listo. Presta mucha atención a mis instrucciones y lo mira todo con esos ojos despiertos que tiene. Así que al momento ya le veo danzar de un lado al otro fotografiando todo lo que tiene por delante. Se le ve feliz y entonces me doy cuenta que pocas veces le había visto sonreír de esa manera, claro que tampoco es que le prestara mucha atención antes…
 
Cojo mi cámara y empiezo a hacerle fotos a Will y a la gente de alrededor. Me encantan las fotos en movimiento, sin que se las esperen. Entonces Will se acerca y me pide ir a otro sitio diferente porque ya lo ha fotografiado todo. Me encanta su entusiasmo y verle así de contento así que decido que esta tarde manda él, soy toda suya.
 
Avanzamos por el camino sin destino fijo mientras me enseña algunas de las fotos que ha hecho. Alguna está desenfocada, pero otras están bastante bien.
Llegamos a un parque infantil y le pregunto si quiere ir un rato a jugar pero en lugar de eso me dice que prefiere quedarse conmigo. ¡Esto es un hombre como Dios manda que ante pone el bienestar de su chica a su propia diversión! Como premio compro unos helados y nos sentamos en la hierba.
 
Esta zona no la suelo frecuentar demasiado, está algo más hacia norte de donde suelo pasar yo las tardes practicando deporte. ¿Qué pasa? ¡Acosar puede ser muy estresante y agotador!
 
– Alex, ¿por qué las nubes no se caen del cielo?
 
¿Qué? ¿Cómo?
 
– Pues no lo sé Will… Nunca me lo había planteado…
– Te planteas muy pocas cosas.
– ¿Qué dices? ¿A qué viene eso? 
– El otro día me dijiste que no te habías planteado nunca qué planeta te gustaba más y ahora tampoco lo de las nubes…
– Will, creo que eso es porque cuando nos hacemos mayores, tenemos muchas otras cosas en las que pensar y tenemos que elegir qué cosas son las más importantes por las que preocuparse. ¿Lo entiendes?
– Creo que sí.
– Y además, cuando eres pequeño hay cosas que te preocupan mucho y que conforme pasan los años te das cuenta que no eran tan graves. En unos años verás que no eran tan grave que Samantha te diera calabazas porque seguro que habrás encontrado a otra chica que te gusta más.
– Ya. A mí me preocupa que mi mami está siempre malita, pero dentro de unos años cuando esté buena, veré que no era tan grave.
 
Vale, esa frase me ha pillado por sorpresa. No me dio la sensación al verla de que la enfermedad de su madre sea algo leve, pero tampoco creo que el crío sepa realmente lo que le pasa.
 
– ¿Y tu mami cuando está malita va al hospital?
– No. Se queda en la cama durmiendo y se le pasa. A veces viene una amiga suya a ayudarla, pero lo que mejor le va para curarse antes es que no haga ruido y la deje dormir todo lo que necesite. Y así se cura y al día siguiente puede llevarme al cole.
 
Está claro que Brooke le dice eso a Will para mantenerle lo más alejado de ella cuando está mal y él parece llevarlo bien, pero no dejo de pensar que sólo tiene 6 años y que lo que más necesita es el cariño de alguien. Esto me huele cada vez peor pero no sé hasta qué punto puedo hacer algo o a quién podría pedirle consejo. Además, tampoco querría hacer daño a Will.
 
– Alex… ¿era de verdad cuando dijiste que me llevarías al cole? 
– Claro que sí. Es una promesa que te hago. Yo te llevo y te recojo. Igualmente, creo que deberíamos decirle a tu profesor algo y a lo mejor tu madre debería firmar una autorización… Mañana ya miramos a ver.
– Guay… Molas mucho Alex.
– Vaya, ¡gracias! Creo que es el mejor piropo que me han dicho en mucho tiempo…
– ¿No tienes novio que te diga cosas bonitas?
– Pues no… 
– ¿Y por qué?
 
Buena pregunta… 
 
– Pues… supongo que trabajo mucho y no tengo tiempo.
– Pues si pasas mucho tiempo en el trabajo, búscate alguien que te guste en el trabajo. Yo sólo veo niños de mi edad en el cole porque no voy mucho al parque y por eso me gusta Sam. Aunque yo no le gusto pero le voy a regalar cosas bonitas que les gustan a las chicas y entonces verá que soy guay. ¿Te gusta algún chico? Porque si te gusta puedes regalarle cosas que nos gusten a los chicos y entonces podéis ser novios. 
– ¡Jajaja! Creo que es buena idea Will. La verdad es que sí me gusta un chico, pero no nos conocemos.
 
Me mira con la boca abierta. ¿Tan raro suena? Madre mía soy más friky de lo que pensaba… Y me siento obligada a darle explicaciones.
 
– Es un chico al que veo a menudo por la calle. Ni siquiera creo que se haya fijado en mí y no me he atrevido a decirle nada.
– Pues acércate y dile hola. Sabes hablar bien y no creo que se aburra…
 
No puedo evitar soltar una carcajada. Me encanta su sinceridad y su inocencia. 
 
– Mi hermano Joey me dijo lo mismo… que simplemente me acercara, le dijera hola y empezara una conversación.
– ¿Tienes un hermano? ¿Jugabais mucho juntos de pequeños? A mí me gustaría tener un hermanito.
– Sí, y tiene mi misma edad, somos mellizos. La verdad es que de pequeños sí jugábamos juntos. Pero lo que más recuerdo es que me hacía reír mucho. Creo que os caeríais bien… ¿sabes que es policía?
– Guau. ¿En serio? ¿Y lleva pistola? ¿Y me la puede enseñar? ¿Y ha matado a algún malo? ¿Y un día le puedes decir que me deje poner la sirena del coche? 
– Sí lleva pistola, pero creo que no va en un coche de los que te piensas… Bueno, cuando venga a verme te aviso y le preguntas lo que quieras tú mismo.
– Guay… Si no soy profe, seré policía. ¿Qué me quedarían mejor, las gafas o una gorra de policía y una pistola?
– ¡Jajaja! Pues no sé… ¿Y quién te ha dicho que todos los profes llevan gafas?
– El mío lleva y es muy buen profe y si algún día fuera uno, me gustaría parecerme a él.
 
Al poco rato decidimos volver para casa ya que mañana Will tiene clase y yo trabajo. Nos despedimos quedando que al día siguiente temprano pasaba a recogerle para llevarle al colegio. Me dice que está a sólo unas manzanas caminando, así que me dará tiempo de dejarle y coger el metro para llegar a la redacción a tiempo de la reunión matinal. Luego hablaré con mi jefe para explicarle la nueva situación. Llevarle cada mañana será fácil, recogerle será algo más complicado de cuadrar, pero estoy dispuesta a hacer el sacrificio ya que me gusta ver feliz a Will, y creo que además se lo merece y lo necesita de veras.
 
Cuando me meto en la cama me doy cuenta que es el primer día en dos meses que no veo a “Neal”. No lo llevo mal… no tengo mono de él… aún. Abro mi mesita y saco mi carpeta. Cojo una de las fotos de dentro y la miro con detenimiento. Es una foto suya reciente de cuerpo entero corriendo, con pantalón largo y camiseta de manga corta. Se le marca el pecho porque lleva la camiseta mojada por el sudor y las mangas de la camiseta se le ciñen al bíceps. El pelo, que últimamente no se ha cortado, también está mojado… A quien quiero engañar, ¡sí le he echado de menos hoy! Algo tendré que ingeniar para poder “estar” con mis dos chicos a la vez.
 
A la mañana siguiente cojo todas mis cosas y recojo a Will por su casa. Está muy contento y muy bien arreglado y peinado. 
 
– ¡Tu madre te ha puesto muy guapo!
– He sido yo, ella está descansando ¿Voy bien? – dice visiblemente nervioso.
– Mucho.
 
Al salir a la calle él me guía hacia el colegio. No para de hablarme durante todo el camino. De repente me sorprende cuando me coge de la mano. Lo hace de forma natural y la verdad es que no me molesta. No me siento nada rara en el papel de tía postiza que he decidido desempeñar. 
 
Llegamos al colegio en diez minutos. Realmente compruebo que por las mañanas no será ningún problema llevarle. Cuando llegamos a la puerta veo que la mayoría de padres los dejan allí y los niños entran solos.
 
– Will, ¿te parece bien si entro contigo? Así sabré cuál es tu clase y si puedo hablaré un momentito con tu profesor para explicarle la nueva situación.
– ¡Claro! Mira, es esa del final.
 
Miro al interior de la clase y veo a muchos niños dentro pero su profesor no ha llegado aún. 
 
– Nos esperamos un poco para ver si llega tu profe. Si tarda un poco ya intentaré hablar con él por la tarde.
 
Saco la Blackberry para enviarle un mail a mi jefe advirtiéndole que llegaría tarde pero entonces Will sale corriendo pasillo abajo.
 
– ¡Patrick! ¡Patrick!
– ¡Hola colega! ¿Cómo estás?
 
Cuando levanto la cabeza del móvil, veo a Will al final del pasillo hablando con alguien que está agachado a su altura. El crío me está señalando, supongo que explicándole que le he traído yo al colegio. Cuando se incorpora y empieza a venir hacia mí con Will caminando a su lado, no puedo creer lo que ven mis ojos. Ese chico es Neal, mi acosado, mi corredor, ¡mi obsesión! ¿Qué hago? Me flaquean las piernas y empiezo a respirar con dificultad. Tranquila Alex, acuérdate de los sabios consejos que te han dado tu hermano salido y el niño de 6 años, di hola soy Alex y conversa tranquilamente.
 
Respiro hondo y hago acopio de toda la valentía que hay en mí. ¡Tú puedes Alex! Le observo venir hacia mí como a cámara lenta y utilizo mi súper poder para hacerle un repaso de arriba abajo, al fin y al cabo es la primera vez que le veo vestido sin ropa de deporte. Y madre mía si me gusta lo que veo… Lleva unas zapatillas New Balance marrones, unos vaqueros azul oscuro y una camisa negra por fuera del pantalón con las mangas remangadas. Y si pensaba que el conjunto no podía ser mejor, veo que lleva unas gafas de pasta negras que le dan un toque intelectual que me pone mucho. 
 
– Alex, él es Patrick, mi profe.

2 Comentarios

  1. Denise-Reply
    2 octubre, 2013 en 3:49

    Comencé a leer hoy y no he podido dejarlo……muy bueno!

    • Anna García-Reply
      2 octubre, 2013 en 8:26

      Muchas gracias!
      Espero que disfrutes tanto leyendo como yo lo hice escribiendo!

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