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Alex y Patrick – Capítulo 5

Fotor121512565– Encantado Alex. Soy Patrick, el profesor de Will. Me ha contado que a partir de ahora, cuando su madre se encuentre mal vendrás tú a traerle y recogerle. 
 
Asiento con la cabeza porque soy incapaz de articular palabra.
 
– Will entra en clase y vete sentando que voy enseguida.
Ahora mismo, si mis habilidades en el arte del disimulo no estuvieran en alerta amarilla, lo único que me saldría de la boca sería una risita tonta, pero no, yo digna, muy digna. No me puedo creer que esté tan cerca de él y encima hablando. 
 
Me gusta mirar a la gente a los ojos cuando me hablan pero, aunque me quedaría mirándole toda la vida, no puedo evitar pasear mi vista por todo su rostro. Ahora que le tengo parado frente a mí, tengo que aprovechar. Es simplemente perfecto.
 
– Sí. Will me dijo que le gustaba mucho el colegio pero que no podía venir cuando su madre estaba mala y me ofrecí a traerle y recogerle, ya que vivo en el piso de al lado. Su madre me dio su consentimiento pero he preferido quedarme para hablar contigo porque imagino que hará falta una autorización firmada o algo por el estilo…
¡Le estoy hablando! ¡Y creo que disimulo bastante bien que por dentro estoy dando saltos de alegría!
– Sí, en estos casos mejor hacer las cosas bien. Pediré a secretaría un papel para que su madre lo firme. 
 
Qué bien habla por favor… Y esas gafas le dan un aire de intelectual que me encanta. El pelo, que se toca mientras hablamos, lo tiene algo más largo que cuando le empecé a ver correr. Madre mía, si le sigo mirando así se va a pensar que soy tonta de remate. ¡Alex, reacciona!
 
– Perfecto, se lo daré a su madre para que lo firme.

– Alex, igualmente me gustaría comentarte un par de cosas sobre la madre de Will… si te va bien, claro. Alguna tarde al salir de clase podríamos vernos. Hay algunos asptectos que me preocupan. A lo mejor al vivir tú al lado me sabes responder a algunas preguntas que tengo o incluso podemos intentar ayudarnos lo máximo posible. Me preocupa mucho Will porque está claro que el ambiente que tiene en casa no es el mejor para un crío.
– Vale, sí, yo también tengo bastantes dudas… ¿te va bien esta tarde? – digo pensando que esta buena racha tengo que aprovecharla.
– Perfecto. ¿A las cuatro aquí en clase?
– Vale. Hasta luego Alex.

 
Acto seguido entra en clase. 
 
– ¡Hola tropa! ¿Cómo ha ido en fin de semana? 
– ¡Hola Patriiiiiick! 
 
Me quedo un rato detrás de la puerta cerrada porque necesito un rato para asimilar lo que ha pasado. Madre mía, he hablado con él y esta tarde vuelvo a verle. De cerca es mucho más guapo, qué digo guapo, es perfecto.
 
Al llegar a la redacción hablé con mi jefe y no me puso ningún impedimento. Le dije que lo sentía pero era algo que sentía que tenía que hacer y lo comprendió al momento, primero porque tiene ocho nietos por los que daría la vida y la historia le ha entristecido mucho y segundo porque sabe que así puede empezar a devolverme todos los favores que le he estado haciendo cuando no tenía una vida propia que vivir.
 
Las siguientes horas las ocupo escribiendo algunas noticias mientras imprimo las fotos que hicimos Will y yo ayer en el parque. Han quedado geniales y pienso regalárselas. 
 
Al volver de comer llamo a Joey. No sé nada de él desde el sábado cuando me pegó la bronca y quiero ponerle al día de mis últimos avances.
 
– ¿Qué pasa nena?
– Joey, soy tu hermana, no uno de tus ligues de los que no recuerdas el nombre. ¿Puedes hablar?
– Sí, de hecho acabo de llegar al laboratorio. Llevamos una mañanita complicada. En esta ciudad la gente está muy loca últimamente… ¿Y tú qué tal?
– Bien, de hecho, muy bien.
– ¿Y eso? ¡¿No me digas que me hiciste caso?! Espera, espera, que voy a coger la grabadora… ya. Repite conmigo alto y claro: “Joey, tenías razón, como siempre, he decidido dejar de ser una niñata y he seguido tu consejo”.
– Buen intento… Patrick, se llama Patrick.
– ¡Jajaja! ¡Venga ya! ¿En serio te has atrevido? ¡Esa es mi chica! ¿Y cómo lo has hecho? ¿Alguna de mis tácticas?
– No. De hecho es el profesor de Will.
– ¿Y quién es Will?
– El niño al que llevo y recojo del colegio cada día. 
 
Silencio al otro lado de la línea.
 
– ¿Hola?
– Perdona, estaba intentando procesar lo que me estás contando… ¿Me estás diciendo que has sabido que es profesor y que tu táctica ha sido buscarte un niño al que hacerle de canguro para hablar con él? ¿No es un poco heavy?
– ¡Por Dios Joey! No estoy tan loca… ¿por quién me tomas?
– Claro que no. Usted disculpe señora acosadora.
– En serio Joey. Resulta que Brooke, mi vecina de al lado, está enferma, algo grave creo, y su hijo no puede ir al cole cuando está mala porque no tiene a nadie que le lleve y lo recoja y me ofrecí yo a hacerlo. Me da mucha pena y no me cuesta nada en realidad. Además el crío es genial. Te caerá bien.
– ¿Y a mí por qué me va a caer bien?
– Verás es que le dije que tenía un hermano policía y alucinó un poco y me hizo muchas preguntas y le dije que un día vendrías y te podría hacer todas las preguntas directamente.
– ¡Ai qué bien! Con lo que me gustan los niños… O sea que para que tú te tires a ese tío, no sólo tienes que hacer de canguro de su alumno sino que me metes a mí en el saco. ¿Y yo qué gano con todo esto?
– Te invito a comer o a cenar algún día.
– ¡Hecho! 
 
Sigo explicándole el encuentro y conforme las palabras salen de mi boca más inverosímiles me parecen. La verdad es que ha sido una casualidad muy grande, pero ahora la voy a aprovechar al máximo.
 
– Así que esta tarde hemos quedado a las cuatro en el colegio.
– Alex, ponte escotazo y enseña pechuga.
– Joey por favor, vamos a hablar de la situación de Will y de cómo podemos ayudarle. No creo que sea el momento más adecuado. Además, voy directa desde la redacción, no desde la disco.
– Vale de acuerdo. Vas por el crío, pero piensa un poco en ti e intenta sacarle algo de información que te pueda ser útil. Ya te has asegurado que volverás a verle alguna vez más en el colegio, pero intenta saber algo más de él, coge confianza. 
– Lo sé Joey, lo intentaré. Estoy tan contenta… 
– Y yo me alegro por ti. Llámame y me cuentas luego, ¿vale? ¡Te quiero!
 
El resto de mi jornada laboral lo paso imaginando como será nuestra conversación, pero mi preocupación por lo que me pueda contar Patrick de la madre de Will es cada vez más grande. Tengo una mezcla de sentimientos contradictorios. Por una parte estoy muy ilusionada por poder tener un contacto más cercano con Patrick. Es algo que no me podía imaginar hace unos días. Pero en cambio estoy un poco asustada por lo que pueda averiguar de la situación de Will. Le estoy cogiendo muchísimo cariño y no me gustaría verle sufrir, pero algo no va bien en esa casa.
 
Al salir de la redacción me retraso un poco en la panadería comprando unos donuts para la merienda, así que se me escapa el metro. Eso me hace retrasarme unos minutos y llego a las puertas del colegio pasados diez minutos de las cuatro. Hay varios grupos de madres charlando fuera y muchos niños aún en el patio. Me dirijo hacia la clase de Will y al llegar no puedo evitar quedarme en la puerta observando la escena que me encuentro.
 
Will está sentado en la primera fila y Patrick agachado enfrente, con el pupitre separándolos. Will está escribiendo muy concentrado, sacando incluso la lengua y Patrick atento a lo que escribe. Al cabo de un rato, Will orgulloso le mira expectante.
 
– Ahora está perfecto Will. Fíjate bien en la diferencia con lo que habías escrito antes. A mí me da igual que tardéis más o menos, lo que quiero es que os fijéis en lo que hacéis. 
– Pero los demás ya habían acabado de escribirlo todo y yo no y me miraban porque soy lento… 
– Vamos a hacer una cosa, ¿sabes guiñar un ojo? 
– Sí, ¡mira! – y a la vez que lo guiñaba se le contraía toda la cara.
– ¡Jajaja! Vale, tendremos que practicarlo algo más pero la próxima vez que hagamos un dictado, voy a ir más lento, te miraré y hasta que no me guiñes el ojo, si puede ser algo más disimulado, no continuaré leyendo. 
 
Dios mío, es un encanto y tiene mucha mano con los niños. Seguiría observándolos toda la vida, pero tampoco quiero retrasarme mucho más, así que pico a la puerta. Will se alegra muchísimo de verme y viene corriendo a darme un abrazo. Me agacho a su altura y le enseño la bolsita de la panadería.
 
– ¿Tienes hambre? Te he traído merienda.
 
El chico me coge la bolsa y me da un beso y un gran abrazo. Esto es una sensación nueva para mí y me encanta. De repente siento que sería capaz de hacer lo que fuera por él. Patrick interrumpe mis pensamientos.
 
– Hola Alex, pasa. Mira, este es el papel del que te hablaba esta mañana. Es el formulario habitual que damos a los padres cuando tienen que autorizar a alguien para recoger a sus hijos. Tan sólo hace falta que pongas tus datos, incluido un número de teléfono por si tuviéramos que localizarte en algún momento, y que su madre firme aquí.
 
– De acuerdo. Esta noche cuando deje a Will en su casa intentaré hablar con su madre y que me firme el papel.
– Esto… Alex – se acerca algo más a mí y baja su tono de voz a casi un susurro – tendríamos que hablar un rato y preferiría hacerlo sin Will delante. 
 
Si se acerca más creo que me desmayaré. Su voz, ya de por sí algo ronca, suena realmente sexy cuando baja el tono como ahora. 
 
¿Solos él y yo sin Will delante? ¿Una cita? Madre mía por favor que sea cierto. Podríamos ir a cenar, aunque también me conformaría con un café… Alex céntrate que estás aquí por el bien del niño, no por el tuyo. 
 
– Escucha, si no tienes nada que hacer, podríamos ir un momento al parque que hay aquí al lado y mientras Will juega nosotros podemos charlar tranquilamente – me dice.
– De acuerdo. 
 
Le observo mientras coge un puñado de papeles escritos por los niños y los mete en una mochila. Se guarda también unos libros y coge su cuaderno de notas. Se para a buscar algo mientras se rasca la cabeza como un niño pequeño y mira de un lado a otro. No puedo evitar sonreír divertida.
 
– ¿Te ayudo?
– Soy un desastre. Creo que he perdido el bolígrafo. Apuesto a que en algún lugar de esta clase hay un agujero negro donde van a parar todos los bolis que pierdo. Y cuando no es un bolígrafo son las llaves de casa o el móvil… – y sonríe vergonzoso, tal y como lo haría un niño – Vamos, es igual. Ya cogeré otro de casa. Will, ¿qué te parece si Alex y yo te llevamos un rato al parque para que juegues?
– ¡Genial! – responde el crío.
– Pues no se hable más.
 
Salimos del colegio y nos dirigimos al parque. Will va delante nuestro saltando y cantando mientras se acaba su merienda. Patrick camina a mi lado y de reojo veo su perfil perfecto. Es bastante más alto que yo, más o menos como Joey y camina de una forma elegante. 
 
– ¿A qué te dedicas Alex? 
– Soy periodista del Times. Escribo y últimamente también hago las fotos de algunos artículos. Ya se sabe que con los tiempos que corren, los que tenemos la suerte de tener un empleo, tenemos que multiplicarnos.
– Sí, eso me suena… Yo tengo que ocuparme por completo de mis 25 chicos. Así que soy su tutor, su profesor de matemáticas, de lengua, de música o incluso de gimnasia. Así que si no les caigo bien, lo tienen crudo…
 
Llegamos al parque y Will sale corriendo hacia la zona de columpios.
 
– Mira, allí hay un banco. ¿Quieres un café del quiosco? Son buenos.
– Gracias, me encantaría.
–  Perfecto. Ahora vengo.
 
Vale, esto definitivamente, es una cita. Le veo alejarse y no puedo dejar de mirarle de arriba abajo. Se mete la mano en el bolsillo de atrás del pantalón para sacar la cartera. Quién fuera esa mano… Escucho como le dice a Will que no se aleje demasiado y le indica donde estamos sentados por si nos busca. 
 
Café en mano, nos sentamos uno al lado del otro ninguno de los dos deja de mirar a Will. Le veo acercarse a unos niños y sentarse a su lado para jugar. Es un crío asombroso y no se merece sufrir, así que no me ando con rodeos.
 
– Patrick, ¿qué le pasa a la madre de Will?
 
Patrick gira la cabeza hacia mí y nada más verle la cara sé que lo que saldrá de su boca no me gustará.
 
– Brooke tiene SIDA.
– ¿SIDA? Dios mío… 
– Además está en una fase muy avanzada. Lo poco que sé es por lo que me contó una asistenta social que fue a su casa hace unas semanas. Sé que tiene fiebre a menudo y que como su sistema inmunológico está muy débil, cualquier resfriado se convierte en una neumonía. Tiene sarpullidos por el cuerpo y cada vez está más y más delgada. Son los síntomas claros de la enfermedad en su fase final.
 
Me quedo callada, no me salen las palabras. Veo a Will jugar ajeno a nuestra conversación. 
 
– ¿Will lo sabe?
– Alguna vez he hablado con él del tema y aunque sabe que su madre está muy enferma y desde hace ya mucho tiempo, él sigue diciendo que su madre se curará. De todos modos, es muy listo y creo que en el fondo sabe que lo de su madre no tiene un final feliz.
 
Qué vida tan injusta. Ningún niño debería pasar por la mala experiencia de perder a su madre. Y pensar que yo estaba contenta por tener la oportunidad de tener esta conversación con Patrick… ¡Cómo he podido ser tan superficial y egoísta! Los ojos se me empiezan a humedecer.
 
– ¿Qué va a pasar con Will? ¿Dónde está su padre? – digo secándome las lágrimas.
– Su padre, ni idea. Will nunca ha hablado de él así que no creo que le conociera. En cuanto a qué pasaría luego… supongo quedaría bajo la tutela del estado y  un tribunal de menores decidiría qué hacer con él. Supongo que lo llevarían a casas de acogida. 
 
Nos quedamos hablando durante bastante rato más. Ya no estoy preocupada por cómo hablar con Patrick, lo único que me preocupa es como hacer que la vida de Will sea lo más feliz posible. 

2 Comentarios

  1. SANDRA-Reply
    29 agosto, 2017 en 13:42

    En serio???? Alex no es la unica en quitarse las lagrimas!!!
    En tu linea Anna!!

    • Anna García-Reply
      29 agosto, 2017 en 17:34

      😀 La de años que hace que escribí esto… Qué recuerdos!

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