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Alex y Patrick – Capítulo 6

Fotor1217203017Los siguientes días lo paso yendo de culo corriendo de un lado para otro. Corro para llegar al trabajo desde el colegio. Corro si tengo que ir a cubrir alguna noticia para luego llegar a la redacción y poder escribirla y luego corro para volver al colegio a tiempo y que Will no me tenga que esperar durante mucho rato. No quiero que mis nuevas obligaciones influyan en mi rendimiento laboral, pero es obvio que ir con prisas siempre me hace estar menos ágil que antes. Si la noticia tiene que salir en la edición del día siguiente, en varias ocasiones he tenido que escribirla con demasiada prisa y no es mi estilo. 
 
Los únicos momentos del día en los que bajo de revoluciones es cuando estoy con Will. Y eso es porque disfruto haciéndolo. Durante los paseos matutinos, me explica las asignaturas que le tocan, los deberes que ha tenido que hacer o a lo que juegan en el recreo. Por la tarde siempre vamos al parque. Algunos días paseamos juntos cámara de fotos en mano para inmortalizar lo que nos llame la atención. Otros días él juega en el parque infantil mientras yo me siento en un banco. Algunos días aprovecho para acabar de redactar alguna noticia que haya dejado a medias con el portátil y enviarla luego por mail a tiempo del cierre de edición. Otros días se sienta a mi lado y mientras yo escribo, él hace sus deberes. 
 
Ninguno de los días he pensado en Patrick, bueno, al menos no demasiado, y tampoco hemos tenido oportunidad de hablar. Para poder llegar a tiempo al trabajo dejo a Will en la puerta del colegio, asegurándome que entra, y salgo corriendo. Por las tardes cuando le recojo, me espera en la puerta así que excepto ayer, no tuve la oportunidad de ver al “profe macizo” (cosecha de Joey). Estaba hablando con dos madres de algo que debía ser graciosísimo, ¡porque no veas cómo reían y le tocaban el brazo las muy putas! Ains, perdón… Es que es ver cómo le hacen la pelota y se arriman a él sólo porque está tremendísimo, y me sale mi vena de banda callejera. Me pilló mirando y nos dijo adiós con la mano y me regaló una de esas sonrisas que me vuelven loca. Y ese fue todo nuestro contacto. Tampoco en el parque hemos coincidido porque cuando suele correr Patrick es algo más tarde y nosotros ya nos hemos ido de allí y cuando llego a casa no tengo fuerzas de salir a correr porque estoy agotada.
 
Ayer por la tarde al dejar a Will en casa, pasé a ver cómo se encontraba su madre. No paró de agradecerme lo que estaba haciendo por ella y su hijo. Me contó que cada noche su hijo le explicaba todo lo que hacía durante el día y que se lo explicaba con una sonrisa en los labios y que para ella esa era su mejor medicina. Oír esas palabras hizo que se me encogiera el corazón. No puedo ni imaginarme la preocupación que debe tener esa mujer pensando qué pasará con su hijo cuando ella no esté. Me contó que no tiene familia directa ya que no tenía hermanos y sus padres habían muerto hacía algunos años. No me atreví a preguntarle cómo cogió la enfermedad ya que la conversación fue lo suficientemente sobrecogedora como para tenerme toda la noche en vela…
 
Como no he dormido nada, mi viernes empieza muy pronto. Me ducho y me hago el desayuno como una autómata ya que mi cabeza no está pendiente de lo que hago. Lo único en lo que pienso es en cómo puedo hacer más fácil la vida de esa mujer y la respuesta está clara: seguir haciéndome cargo de Will y hacerle feliz. Si Will es feliz, Brooke también lo será. Mientras me tomo el café se me ocurre que mañana podría llevar a Will al Museo de Historia. Seguro que le encantará entrar en el planetario que hay en su interior y ver a sus adorados planetas. Luego puedo llevarle a comer por ahí y así pasar el día juntos y el domingo… bueno, ya pensaré en algo.
 
Durante nuestro paseo matutino le cuento a Will el plan de este fin de semana y salta de alegría mientras le brillan los ojos. Vale, parece que he dado en el clavo y está entusiasmado. 
 
– He leído sobre los planetarios y se ve que te ponen películas de las estrellas y los planetas en el techo de un cine. Y te explican cosas de la galaxia. Si prestas atención a lo que nos expliquen, a lo mejor puedes decidir qué planeta te gusta más…
– Claro, porque no puedo ir por la vida sin saber qué planeta me gusta más de todos… ¡soy una insensata! – digo irónicamente y le miro cariñosamente.
– A lo mejor tu hermano Joey puede llevarnos en su coche de policía…
– No lo creo cariño. Joey trabaja mañana y de todos modos, los museos no son su punto fuerte… Igualmente, le llamaré para ver si puede hacernos una visita el domingo y así os conocéis. ¿Te parece bien?
 
Entra en el colegio como una exhalación. Está contentísimo y así es como deberían estar todos los niños. Cuesta tan poco hacerles feliz…
 
Como cada día, el tiempo vuela a mí alrededor, sin tiempo siquiera para comer así que al salir de la redacción compro un bocadillo en el bar de la estación del metro y me lo como por el camino. Al llegar al colegio Will me espera en la puerta hablando con otros niños y niñas y al verme salta los cinco escalones.
 
– ¡Adiós Will!
– ¡Hasta el lunes!
– Veo que ya empiezas a tener amigos…
– Sí… antes se pensaban que era un rarito pero han visto que soy guay y normal como ellos porque vengo al cole todos los días. 
– Es un comienzo… ¿Parque?
– Guay. Patrick nos ha puesto pocos deberes. Dice que quiere que nos lo pasemos bien el fin de semana – qué considerado es…
– Perfecto. Si quieres los hacemos en el parque ahora y así ya nos olvidamos de ellos.
 
Cuando estamos a punto de entrar en el parque, oigo una voz, esa que hace que moje las bragas sólo con oírla. ¡Venga, la puerca ha vuelto! 
 
– ¡Alex! ¡Will!
 
Nos giramos y a lo lejos, corriendo hacia nosotros, veo a Patrick. Mi súper poder se pone en marcha y le veo acercarse a cámara lenta. Mi mente, perversa en muchas ocasiones, empieza a ver la escena como si de una película se tratara, y en mi cabeza empieza a sonar la melodía de “El guardaespaldas”.
 
And I will always love you
I Will always, love you
 
– Pensaba que no os pillaba… 
– ¡Patrick! ¿Vienes al parque? – dice Will.
 
Di que sí. Di que sí.
 
– Vale, me apunto.
 
Madre mía. Ahora que ya casi no me acordaba de ti… puñetero, tú sí que sabes… 
 
Entramos en el parque y nos sentamos en un banco mientras Will se dirige hacia los columpios. 
 
– Will me cuenta cada día lo bien que se lo pasa contigo.
– Bueno, yo también me lo paso bien con él. Además, es lo menos que puedo hacer por ellos y no me cuesta trabajo. Ayer estuve charlando con Brooke y sé que está muy preocupada por su hijo y creo que verle feliz le hará sobrellevar su enfermedad con más facilidad.
– Le estás salvando la vida a ese chico… Eres increíble Alex. Will es un chico con suerte…
– Bueno, no sé yo quien está haciendo más bien a quien… Lo creas o no, Will me está ayudando también mucho a mí – me mira con cara extrañada y añado – es una historia larga…
 
Historia que te incumbe por cierto… 
 
– Will me ha contado que mañana vais al planetario…
– Sí. He pensado que como le gustan tanto los planetas y está tan preocupado en que elija mi favorito, sería divertido hacer una visita al museo y al planetario.
– Seguro que le encanta… 
 
Nos quedamos los dos callados sin decir bien qué decir. No quiero hacerme ilusiones pero ese “eres increíble Alex” ha sonado en mi cabeza como un piropo. Que seguro que serán imaginaciones mías y después será solo una frase para quedar bien, pero ha sonado tan bien…  
 
– Esto… Alex, yo tengo entradas para el museo… A los maestros nos dan entradas de vez en cuando para algunos museos de la ciudad y no las he utilizado. Si las quieres, son tuyas.
– Pues… suena estupendo. Si no las vas a utilizar…
– No, he ido varias veces, tanto solo como con el colegio, así que lo conozco bastante bien.
 
Pues podrías venir con nosotros. ¿Ves como no es tan difícil decirlo? Pues venga, atrévete y dilo, venga chula dilo… Eres una cagada. Perdonad pero tengo una lucha interior entre mi yo imaginario (la chulita) y el verdadero (la cagada).
 
– ¿De qué habláis? – salvada, piensa mi yo verdadero.
– Patrick tiene entradas para el museo de sobra y nos va a dar unas para mañana. Así no tendremos que hacer ni cola para entrar.
– Genial. ¿Y por qué no vienes con nosotros Patrick?
 
Dios mío, que un niño de 6 años me tenga que salvar la papeleta… tiene delito. Estoy por confesarle a Patrick: “¿Ves? Cuando te dije que Will me ayudaba más a mí que yo a él era por estas cosas”.
 
– Eh, bueno, no querría molestaros…
– Patrick sería genial que vinieras – insiste Will
– Bueno, no tengo nada que hacer mañana… Si a Alex no le importa podría haceros de guía.
– ¿Importarme? ¡Qué va! ¡En absoluto! ¡Sería genial que nos acompañaras! – vale, ahora creo que he sonado demasiado entusiasta…
– Perfecto entonces. ¿Nos vemos a las diez en la puerta del museo?
– Genial. Nos vemos allí. Luego habíamos pensado ir a comer algo por ahí y por la tarde seguramente venir al parque. Por si quieres pasar el día con nosotros…
– Vale. Me parece un buen plan. Me apunto – dice sonriendo – Bueno, os dejo ya que quiero ir a casa y cambiarme para salir a correr.
– ¿Corres a menudo? Yo me he planteado varias veces salir a hacer algo de ejercicio – vale Alex, corta el rollo que se te va a escapar la risa.
– Sí, intento salir cada tarde. Necesito mi momento de desfogarme y además me sirve para mantenerme en forma para seguirles el ritmo a estos monstruos. Si algún día te animas, puedes venir conmigo.
 
Si tú supieras…
 
Nos despedimos hasta mañana y disimuladamente me quedo mirando cómo se marcha. Lo que acaba de pasar no ha sido mi imaginación, ¿no? No sólo pasaremos el día juntos ¡sino que además me ha invitado a correr con él alguna vez! Miraré mi horóscopo porque hoy debe haber una conjunción cósmica en mi signo y tengo la suerte de cara.
 
– Te gusta – me interrumpe Will.
– ¿Cómo? ¿Por… por qué dices eso?
– Porque no paras de mirarle. A mí me pasa lo mismo cuando habla Sam y a veces incluso ni siquiera me acuerdo de lo que me ha dicho porque mientras me habla sólo pienso en lo guapa que es…
– No me gusta… – madre mía qué marrón… Will no puede saberlo porque con lo que charla, éste se lo suelta mañana mismo.
– ¡No pasa nada! ¡Es guay! Además, ¿a que ya no te acuerdas del chico ese que te gustaba pero con el que no te hablabas?
 
¡Jolín qué memoria el tío! Es capaz de retener cualquier cosa que le cuentes…
 
– Sí me acuerdo de él y Patrick no me gusta, simplemente tenemos algo en común… algo de 1,30 m. y bastante incordio por cierto, ¿de acuerdo?
– Lo que tú digas…
 
A la mañana siguiente me levanto más contenta de lo habitual. Tengo una cita con mis dos chicos favoritos. Me ducho y desayuno con una rapidez inusual. Normalmente mi pereza manda a esas horas de la mañana y suelo tardar una hora en hacer las dos cosas. El dilema viene a la hora de vestirme. 
 
¿Qué ponerte para una primera cita, que en realidad no lo es, con el hombre de tus sueños, más un niño de 6 años, y que parezca que has escogido lo primero que veas en el armario pero en realidad quieres que se fije en ti? Esa pregunta es muy difícil de responder, como pude comprobar tras 1 hora delante del espejo probándome todo lo que había en mi armario. Al final me decidí por unos vaqueros ajustados y una camiseta de tirantes ceñida al cuerpo con una camiseta de cuello ancho encima que me dejaba a la vista uno de los hombros. Rematé el conjunto con mis Converse rosa y un foulard rosa. Al fin y al cabo no era una cita… mi cabeza me había hecho creer que sí, pero en el fondo sólo venía con nosotros porque Will se lo había pedido, así que opté por la comodidad. 
 
Cogí mi mochila con la cámara de fotos (para hacerle alguna a Will claro… no a Patrick… aunque si sale de refilón…) y cuando abrí corriendo para recoger al pequeñajo, ahí estaba esperándome ya. Madre mía la de sustos que me pega este crío…
 
Durante el trayecto en metro no para de hablar, vamos, lo habitual y al bajarnos en nuestra parada no hace más que tirar de mí. 
 
– Corre Alex que Patrick nos estará esperando ya. ¡Llegamos tarde porque has tardado mucho en vestirte!
 
¿Qué pasa? ¿Este niño me espía o qué? ¿Me lee la mente?
 
– ¿Qué dices? Si me he puesto lo primero que he encontrado… para ir lo más cómoda posible…
– Lo que tú digas…
 
Será jodío el niño…
 
Cuando por fin llegamos, el museo ya ha abierto. Desde lejos vemos a Patrick sentado en las escaleras de acceso y Will sale corriendo hacia él. Mientras yo observo la escena y le hago mi habitual repaso. Me alegro de haber acertado con mi vestimenta ya que él también ha elegido algo cómodo, vaqueros, una camiseta, zapatillas deportivas y una sudadera que lleva en la mano. Vuelve a llevar esas gafas que me gustan mucho y que no había descubierto hasta que le conocí como Patrick el profesor y no sólo como Patrick el corredor. Nos ve y se pone en pie. Will corre hacia él y de repente se le tira encima. Patrick le coge en brazos y el crío se le abraza al cuello. Tengo problemas para mantenerme en pie y no echarme a llorar porque esa es la escena más bonita que he visto en mucho tiempo.
 
– Llegamos tarde porque aquí la señorita ha tardado mucho en decidir qué ponerse – le dice Will a Patrick.
– ¿Pero qué dices? Pero si me he puesto lo más cómodo que he encontrado en el armario… – ¡yo lo mato!
 
Patrick nos mira divertido mientras dice:
 
– Venga, no perdamos más tiempo. Entremos. Will, tú mandas, ¿qué quieres ver primero?
 
Mientras Will nos lleva de una sala a otra del museo, Patrick nos va explicando todo lo que vemos. Es una gozada porque es como tener a un guía particular. Además tiene muchísima paciencia y responde a todas las ocurrencias de Will, por muy raritas que parezcan. Me encanta verles juntos y, aunque me gustaría que me prestase algo más de atención a mí, reconozco que encuentro muy sexy ver a un hombre con tan buena mano con los críos.
 
– ¡Sabes un montón de cosas Patrick! ¡Qué pasada! 
– Bueno, me conozco este museo prácticamente como si fuera mi casa… Llevo casi 5 años haciendo esto mismo acompañando a otros 25 preguntones como tú…
 
Entonces llegamos al planetario y Will está excitadísimo. Nos dan unas gafas en 3D y nos dirigimos al interior. ¡Qué más puedo pedir en mi primera cita! ¡Hasta hemos venido al cine! El problema es que la película no tiene pinta de ser muy romántica que digamos y que cierto mocoso se sienta entre los dos. Cuando empieza, la imagen que veo es preciosa, todo oscuro y con millones de estrellas brillando. No puedo reprimir quedarme con la boca abierta y esbozar una sonrisa. Por favor, qué romántico… si estuviera al lado de Patrick no sé si podría reprimirme de cogerle la mano… si no fuera por la voz robótica que empieza a dar la explicación y que me pega un susto que doy un brinco de mi asiento.
 
Al salir del planetario es ya la hora de comer, así que decidimos dar por finalizada nuestra visita al museo. Como Will manda, él elige donde comer y acabamos en un McDonald’s. No nos hemos podido resistir cuando nos ha dicho que nunca ha comido en uno. El colmo de su éxtasis viene cuando ve que el regalo que le ha tocado en la cajita y comprueba que es un mini balón de football americano. Devora la hamburguesa y las patatas mientras no para de decir que le encanta y baña todo con cantidades industriales de kétchup.
 
– Bueno Will, ahora Alex y yo decidimos donde ir, así que creo que hablo también en nombre de Alex cuando digo que ahora toca tomarnos un buen café en una terraza al sol.
– Mmmmm, ahora te escucho Patrick. Secundo la moción. Conozco un kiosco en el parque que cumple todos los requisitos. Buen café, terraza y parque infantil cercano. 
 
Cuando llegamos a la terraza nos sentamos y Will sale corriendo hacia los columpios con el balón en la mano. Enseguida vemos que se busca compañeros de juego.
 
– Deja que esta vez te invite yo al café Patrick. 
 
Mientras espero a que me los preparen, le observo por el rabillo del ojo. Se ha cambiado las gafas de pasta negras por unas de sol tipo Ray Ban y mira hacia el cielo como tomando el sol. Por dios qué sexy es. Me dan unas ganas terribles de besar ese cuello… Venga, valor, vuelve a la mesa y que no se te note nada que te estás poniendo tontita…
 
– Aquí tienes.
– Necesitaba uno de éstos. 
– ¿Cómo pueden tener tanta energía los niños? Nosotros estamos derrotados y él sigue jugando como si nada.
– Tú cuando eras pequeña seguro que eras igual.
– Bueno, yo era más tranquila. Mi hermano sí era como Will, quizá peor.
– ¿Tienes un hermano?
– Sí, Joey. Somos mellizos pero es muy diferente a mí. Yo siempre he sido tranquila, me ha gustado leer y he sido buena estudiante y él en cambio ha sido el típico niño movido y deportista y mal estudiante. Él era el rey de las fiestas y yo me quedaba siempre en casa. Vamos, la noche y el día – digo mientras veo que sonríe – ¿De qué te ríes?
– Creo que tu hermano hubiera sido el hijo perfecto para mi padre. Siempre quiso que su hijo, o sea yo, jugara al fútbol americano como él hacía en su juventud. Imagínate el disgusto cuando vio que su único chico estaba más interesado en los libros que en los balones… ¿A quién le apetece que le aplasten un montón de tíos por el mero hecho de tener un balón en las manos? Aún así, insistió e insistió y tuve que jugar hasta acabar el instituto.
– Pues suena justo a lo que le gustaba a Joey, y que le sigue gustando. Todos los deportes que tengan algo que ver con darse golpes con otro, tipo fútbol americano o Hockey sobre hielo, le encanta. 
– Suena a que tenemos muchas cosas en común… 
– Sí… ¿entonces no tienes hermanos?
– Sí, dos hermanas. Yo soy el mayor y único chico. De hecho mi padre echa la culpa de mi falta de interés por los deportes a mi madre y mis hermanas. Yo creo que incluso se debe pensar que soy gay… como tampoco he llevado nunca a una chica a casa… Si alguna vez le da un ataque al corazón, tendré claro que yo seré el motivo…
– ¿Y no has tenido nunca novia? – ya está, me he tirado a la piscina sin flotador.
– Sí, no me mal interpretes… no soy gay… Alguna novia he tenido en la universidad, pero nada serio… Supongo que no he encontrado aún a mi persona especial. Estaba bastante más centrado a mis estudios y ahora en mis niños. No tengo mucho tiempo de salir por ahí entre semana ya que me llevo mucho trabajo a casa y los fines de semana salgo a correr o simplemente me quedo leyendo un libro… Aunque ahora que me escucho en voz alta, sí soy un bicho raro, ¿no?
– ¡Jajaja! No tanto como yo… Mi hermano Joey una vez me dejó información sobre un monasterio de clausura.
– ¡Venga ya!
– Sí, Joey es así de simpático. No soy de salir de discotecas… prefiero ir a alguna exposición y el tipo de chicos que las frecuentan no son precisamente mi estilo… Y Joey me ha llevado alguna vez a tomar una copa pero los tíos que se me acercaban tenían serios problemas para mantener el equilibrio y a mí no me conquistan de ese modo…
– ¿Y cómo se te conquista? – me pregunta de repente agachando la cabeza.
– Pues no sé… llevándome a un museo, a dar un paseo, a ver las estrellas, invitándome a comer… – ¿he dicho yo eso? No he sido yo, ha sido la fresca que hay en mí. Por favor si me estoy poniendo roja y todo… lo noto. 
– Bien, voy por buen camino entonces… 
 
¿Ha dicho él eso? ¿Alguien más lo ha oído? A mí me ha sonado a insinuación, ¿no? No estoy loca, lo ha dicho. Pero no puede ser… como alguien como él se puede fijar en alguien como yo… ¡pero es que lo ha dicho!
 
– ¿Venís a jugar? Porfi… 
 
Ya decía yo que llevaba mucho rato sin cortarnos el rollo…
 
– Venga va, trae ese balón. Vamos a pegar unos pases – dice Patrick.
 
Vamos a la zona de césped grande que hay cerca donde mucha gente está jugando. Patrick le lanza el balón a Will con un estilazo de jugador profesional.
 
– Vaya, no se te da nada mal… – le digo.
– Ya te dije que la insistencia de mi padre no tenía límites y a la fuerza aprendí algunas cosas, así que si un día tu hermano quiere que nos echemos unos pases, podré defenderme para no quedar mal – me dice guiñándome un ojo – Toma Alex, ¡te la lanzo!
 
La cojo con poquísima gracia y oigo a Will pidiéndola.
 
– ¡Aquí Alex, aquí!
 
Y entonces Patrick se pone entre los dos con intención de interceptarnos el paso. Yo dudo hacia donde pasarle el balón a Will y Patrick aprovecha para acercarse a mí a toda prisa.
 
– ¡Corre Alex pásamela!
 
Salgo corriendo en dirección contraria a Patrick con el balón en las manos y sin saber qué hacer. Oigo a Will reír sin parar. Cuando de repente unos brazos me cogen por detrás y me abrazan. El tiempo se para en ese preciso instante. Noto el pecho de Patrick contra mi espalda moviéndose al compás de su respiración. Sus fuertes brazos me agarran por el estómago y noto su aliento en mi nuca.
 
– Ya no tienes escapatoria.
 
Me gira hacia él sin dejar de abrazarme. No puedo dejar de mirarle y perderme en sus ojos. Él me sonríe y pasea su vista de mis ojos a mis labios. Nuestras bocas están a tan sólo unos centímetros de distancia y no puedo evitar morderme el labio inferior. Si no me muerdo el mío no sé si me podría resistir a morder el suyo.
 
– Ahora Patrick, ¡quítale el balón!
 
Y él reacciona, y me quita el balón de las manos.
 
– Vale, vosotros ganáis. Me rindo, voy a sentarme en el césped – más que nada porque al soltarme Patrick he tenido serios problemas para mantenerme en pie.
 
Decido coger la cámara de fotos y sacarles unas cuantas mientras se pasan el balón. Patrick le enseña algunos trucos a Will acerca de cómo coger el balón.
Cuando empieza a oscurecer, decidimos volver para casa. Will no para de pensar otros sitios a los que podríamos llevarle. La verdad es que no me importaría volver a repetir esta salida. Casi llegando a casa, a Will se le empiezan a acabar las pilas, por fin, y Patrick le coge en brazos y al poco rato se duerme. 
 
Al llegar a nuestro bloque de apartamentos, cojo las llaves del piso de Brooke que ella me dio, abrimos la puerta y metemos a Will en la cama. Patrick le pone el pijama mientras yo voy a avisar a Brooke de que hemos llegado. La aviso de que metemos a Will en la cama pero que le dejo unos bocadillos para los dos en la cocina por si tienen hambre y salimos al rellano.
 
– Bueno – decimos los dos a la vez.
– ¡Jajaja! – nos reímos también a la vez.
– Primero yo – digo – Gracias por un día maravilloso. Ha sido genial ver a Will tan contento.
– La causante de que Will esté tan contento eres tú Alex. Lo que estás haciendo por ese crío es increíble… – y agacha la cabeza como antes en la terraza – Tú eres increíble.
 
Eso es un piropo. Sí, seguro. Lo es, no lo he soñado. Y no sé bien cómo actuar ante ello, no estoy acostumbrada. Tengo unas ganas locas de besarle pero no quiero precipitarme y entonces Patrick se me acerca hasta dejar su cara a escasos centímetros de la mía.
 
– A falta de no ser correspondido, si luego me das un tortazo por la osadía lo entenderé, pero no quiero quedarme con las ganas.
 
Y me regala el beso más bonito que me han dado en la vida. Recreándose, pasando del labio inferior, mordiéndomelo, a lamerme el labio superior. Y, aunque yo quiero seguir y dejarle entrar en casa, él se para bruscamente y apoyando su frente contra la mía y respirando con fuerza, coge mi cara entre sus manos, me da un último beso casto en los labios y se va.

13 Comentarios

  1. Maka-Reply
    26 marzo, 2016 en 16:56

    Ooooooooohhhh

  2. Nagore-Reply
    10 abril, 2016 en 1:19

    Hombre, no, no puedes hacer eso y marcharte así sin más! Vaya uno.

    • Anna García-Reply
      10 abril, 2016 en 14:48

      😀

  3. cami-Reply
    11 abril, 2016 en 17:26

    O por Dios…..me está encantandoo esta historia!!!

    • Anna García-Reply
      11 abril, 2016 en 18:53

      Me alegro! 😉
      Millones de besos!

  4. Margarita-Reply
    12 abril, 2016 en 16:46

    Ooohhhhhhh. Nos estas mal acostumbrando anna !!!!!! Creo que ahora mi principe azul no era tan azul jajajajajajajajajaja

    • Anna García-Reply
      12 abril, 2016 en 21:32

      ¡Jajaja! Me gusta regalaros unas cuantas frases míticas en cada libro…

  5. Belén.-Reply
    19 enero, 2017 en 1:03

    Después de leerme todos tus libros,y a la espera de alguna novedad,me adentro a leer esta historia y es igual de especial que todas,me encantas Anna,gracias por escribir como lo haces!

    • Anna García-Reply
      19 enero, 2017 en 10:21

      Millones de gracias!

  6. leidy-Reply
    17 abril, 2017 en 5:55

    hermoso por Dios… me encanta, me encanta alucino con tus novelas ni te cuento todos los sentimientos encontrados que tuve con segundas oportunidades simplemente maravilloso

    • Anna García-Reply
      17 abril, 2017 en 12:01

      Muchísimas gracias! 😀

  7. sandra-Reply
    29 agosto, 2017 en 15:23

    Quiero un Patrick en mi vida!!!

    • Anna García-Reply
      29 agosto, 2017 en 17:34

      Tú y todas…! 😉

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