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Alex y Patrick – Capítulo 7

Fotor1221184016El sol empieza a asomar por la ventana de mi habitación. Me remuevo en la cama y empiezo a desperezarme. Al instante recuerdo el día de ayer y sobretodo cómo acabó. Me toco los labios. Sé que no ha sido un sueño aunque fue un momento que he imaginado miles de veces. 
 
Fue perfecto, tierno a la vez que sensual. Con sus manos cogiendo mi cara. Lento, sin prisas. Cuando apoyó su frente contra la mía, creo que esperó mi reacción. ¿Debería haberle besado yo entonces? ¡Pues claro so tonta! No quiero que piense que yo no deseaba ese beso y mi reacción puede darle a entender eso. 
 
Me levanto y me voy a la ducha a despejar mis ideas. Mientras el agua resbala por mi cuerpo, no paro de darle vueltas a mi no reacción… Me quedé paralizada y no porque no me gustara, ni muchísimo menos, sino porque no me creía lo que estaba pasando. Tan sólo cerré los ojos y me dejé llevar. Si Patrick no me hubiera estado agarrando, me habría caído al suelo porque mis piernas empezaron a flaquear.
 
Salgo de la ducha. Me pongo un pantalón de chándal y una camiseta y me cepillo el pelo mirándome en el espejo del baño. Veo mi reflejo y no puedo evitar tocarme los labios. Eso labios que ya nunca más me pertenecerían. Desde ayer son propiedad de Patrick. Cierro los ojos y revivo la escena de anoche de nuevo. Y por más veces que reviva las imágenes, siempre me sigo quedando con la misma sensación… ¡soy tonta del culo! 
 
El timbre de la puerta me despierta de golpe y mi mente automáticamente piensa en Patrick. ¿Será él? ¡Por favor que sea él! Sí lista, ¿y si es él qué harás, quedarte petrificada? Para eso mejor que se compre una muñeca hinchable.
 
Abro la puerta con cierto nerviosismo y entonces me desilusiono al ver a Joey en la puerta.
 
– Ah, eres tú. ¿Qué haces aquí?
– Venía a cambiarte unos donuts por un café aunque viendo el recibimiento que me has hecho mejor me bajo a la cafetería y me zampo yo solito los 4 donuts.
– Lo siento Joey, pero es muy temprano. Podrías haberme despertado y es domingo…
– Sí claro, como si te hubieras ido de fiesta…
– Por el pestazo a alcohol que pegas, tú sí vienes de fiesta, ¿no? ¿Has dormido algo?
– Sí y no. 
– Bah, madura Joey por favor… Que no tienes 18 años…
– Estoy en ello, pero los cambios cuestan… Y volviendo al tema de antes, he venido porque sabía que estarías despierta. Te conozco hermanita y ayer te fuiste a dormir como mucho a las 11 de la noche y porque estarías viendo una película o leyendo un libro. 
 
Me doy por vencida y empiezo a preparar el café, pero sigo oyendo al cojonero de mi hermano.
 
– No, no, ya sé qué hiciste, te ligaste a un tío y habéis estado follando toda la noche y ahora está durmiendo en tu cama. No, mejor, no es sólo un tío, son dos y habéis hecho un trío.
– Basta ya Joey… no estoy de humor.
 
Y como me conoce más que yo misma, capta al  instante que algo me pasa.
 
– Alex… ¿qué pasa?
– Pues… ayer salí con Patrick y…
– ¡¿Qué?! ¡¿Y por qué me entero ahora?!
– Con Patrick y Will. De hecho, no fue una cita en sí. Yo quería llevar a Will al museo y Patrick tenía entradas gratis… Will quería que viniera con nosotros… luego fuimos a comer… pasamos la tarde en el parque… charlamos durante bastante rato… después Will se durmió y Patrick lo trajo a casa en brazos y al despedirnos me besó.
– ¿Y lo sueltas así? ¿Sin inmutarte? Alex… deberías estar dando saltos de alegría… ¿La cita la tuviste con el mismo Patrick del que llevas meses colgada?
– Sí… y estoy contenta, mucho. Fue increíble Joey… pero…
– ¿Pero qué?
–  Pues que me quedé parada Joey… que no me moví… ¡no le devolví el beso! Yo quería devolvérselo, madre mía si quería. ¡Me hubiera gustado meterle la lengua hasta la yugular!
– ¡Esa es mi chica! Ya hablas como yo…
– Es que me doy pena Joey… Por mi culpa voy a echar a perder la mayor oportunidad de mi vida de ser feliz.
– Alex, tranquila. ¿Qué pasó exactamente?
– Pues que me dio el beso más tierno, romántico y sensual que me han dado en la vida y yo ni moví los labios. Luego se paró y apoyó su frente contra la mía… creo que esperaba que yo tomara entonces la iniciativa, y no hice nada… Así que pasado un rato, me dio un beso casto en los labios y se marchó. Creo que estaba decepcionado. La he cagado Joey, la he cagado. Se va a pensar que cometió un error y que yo no quería ese beso y se arrepentirá de haberlo hecho.
– Alex cariño, créeme, si una chica no quiere que la beses, sí se mueve, para darte un tortazo. No se queda parada…
– Joey, es que no podía moverme porque realmente no creía que lo que estaba pasando fuera real. Simplemente cerré los ojos y me dejé llevar. Estaba incluso mareada y mis piernas parecían de goma… 
– Eso no quiere decir que no te gustase…
– Ya… 
– Si lo prefieres, llámale tú ahora. Él dio el primer paso anoche, dalo tú ahora. Dile que ayer te lo pasaste muy bien y que quieres repetir.
– No tengo su número…
– Pues tendrás que vivir con la incertidumbre hasta mañana. Bueno, a todo esto, ¿dónde está ese crío al que tenía que conocer?
 
Will y Joey se cayeron bien al instante. Will no paraba de hacerle preguntas acerca de su trabajo de policía y Joey, encantado de fardar, se las contestaba todas. Incluso le prometió llevarle un día dentro de un coche patrulla.
 
– ¿Y tienes esposas para los malos?
– Y para las malas también… – le contesta con una risilla.
– ¡Joey! Que sólo tiene 6 años por favor…
– Vale, vale… Es que si os dedicáis a llevarle de museos y pijadas de esas, alguien se tendrá que encargar de enseñarle las cosas importantes de la vida…
 
Will, que había estado escuchándonos atentamente, entonces dijo:
 
– Joey, también jugamos al futbol en el parque. No solo hicimos cosas de empollones. Patrick sabe jugar súper bien y me estuvo enseñando a lanzar el balón.
– Yo te llevaré un día a ver deporte del bueno… ¿Qué prefieres futbol, baseball o hockey hielo?
 
Se pasaron un buen rato hablando de todo lo que les gustaba, de deportes, de televisión, incluso de chicas. Ya sabía yo que iban a tener muchas cosas en común ya que el nivel de madurez de Joey es casi idéntica a la de Will… Cuando hablaban de chicas tuve que echarle alguna que otra mirada a Joey reprendiéndole, pero en el fondo me alegré que hablara con él en vez de conmigo… teniendo en cuenta el número de conquistas de cada uno, salta a la vista que eligió bien.
 
Yo recojo un poco el dormitorio y al abrir un cajón de la cajonera encuentro la carpeta donde guardo las fotos que le he ido haciendo a Patrick durante estos últimos meses. Al abrirla no puedo evitar soltar un suspiro y es que cuanto más lo pienso, más segura estoy de que la he cagado pero bien. ¿En qué cabeza cabe que se te presente la oportunidad que llevas esperando tanto tiempo y la dejes pasar? Eso le pasa a cualquier chica normal y le mete la lengua hasta el tuétano y ahora mismo estaría aún durmiendo en la cama al lado de Patrick descansando después de una noche entera de pasión y desenfreno. ¡Imbécil! ¡So lerda!
 
Al volver al salón me encuentro a ese par cuchicheando:
 
– La pillé varias veces mirándole fijamente. Y a veces le miraba el culo – dijo Will soltando una risita – Pero cuando le dije que le gustaba me dijo que no. Debe estar enamorada de ese chico que me dijo una vez que no conocía…
– ¿Y él? ¿Te fijaste si la miraba?
– ¿Pero esto qué es? ¿Qué estáis cotilleando? – digo cortándolos porque no sé si quiero escuchar la respuesta a esa pregunta.
– ¡Nada! – sueltan los dos a la vez.
– ¿Vamos a salir un rato Alex? – pregunta Will
– Venga va, que os invito a comer – contesta Joey.
 
Acabamos comiendo unos perritos en un puesto callejero que conoce Joey y que según él son los mejores de toda la ciudad y la verdad es que si no son los mejores, poco les falta.
 
– Will, está es una de las cosas importantes de la vida que tienes que saber. Aquí hacen los mejores perritos de todo NY, ¿de acuerdo?
– Ajá. 
– Y ya que estamos aquí cerca, ¿te gusta el baloncesto?
– Pues no lo sé… no he visto nunca un partido…
– Eso no se puede permitir. Ahora mismo nos vamos al Madison Square Garden a ver si quedan entradas para el partido de esta tarde de los Knicks.
 
La verdad es que la tarde fue muy divertida. Mientras veíamos el partido, Will no hacía más que imitar a Joey en todo. Se levantaba cuando él lo hacía, gritaba cuando Joey lo hacía e incluso profería los mismos insultos. Yo me moría de la risa viéndolos y la verdad es que me hizo olvidarme durante unas horas de mí más que probable futuro de celibato cuidando gatos. Incluso Joey prometió que el sábado que viene nos llevará a ver un partido de los Yankees, así que Joey estaba emocionadísimo. Parecía que mi hermano estaba despertando la afición por los deportes del crío.
 
Son casi las siete de la tarde cuando entro en casa después de dejar a Will en la suya. Me dirijo a la cocina y me doy cuenta entonces que me había olvidado allí mi móvil. La verdad es que no lo había echado de menos… normalmente los fines de semana no suelo estar muy solicitada, exceptuando alguna llamada de mi madre o de Joey. Como he estado con una de las dos personas que pueden llamarme, miro la pantalla por si hubiera una llamada de la otra y extrañada compruebo que tengo varios mensajes de texto de un número desconocido.
 
“Ayer lo pasé muy bien. Quizá podríamos repetirlo…”
 
¿Ayer? Sólo estuve con dos personas ayer y una no sabe casi escribir y ni mucho menos tiene móvil, así que este número sólo puede ser de Patrick. ¿Cómo ha conseguido mi número? ¡Claro! De la autorización de recogida de Will…
 
El corazón empieza a latirme con mucha más fuerza cuando leo el siguiente mensaje escrito varios minutos después.
 
“Espero que no te molestara mi atrevimiento, pero era algo que deseaba hacer desde el primer momento que te vi”
 
Con el móvil en la mano empiezo a dar saltos de alegría por todo el piso. 
 
– ¡Yujuuuuuuuuuuuuuu! ¡Bien por mí! ¡Bien por mí! ¡Me ha dicho que quería besarme desde la primera vez que me vio! 
 
Al fin y al cabo parece que mi reacción no le dio a entender nada equivocado, así que puedo respirar tranquila. Y cuando estoy en una nube, abro el último de los mensajes, enviado varias horas después… de hecho, enviado hace apenas una hora.
 
“Me parece que cometí un error. Lo siento. No hace falta que me digas nada. No quiero hacerte sentir incómoda cuando vengas al colegio ni que influya en Will”
 
Noooooooooooooooo. ¡Joder! Escogí un buen día para olvidarme el móvil en casa. Al ver que no le contestaba en todo el día se debe haber pensado que no siento lo mismo que él, que ese beso me incomodó y no me gustó. 
 
¿Qué hago? No puedo dejar pasar la oportunidad de nuevo, así que pulso responder y empiezo a escribir:
 
“Patrick, estaba fuera con Will y me había dejado el teléfono en casa. Yo también me lo pasé muy bien y por supuesto que me gustaría repetir… todo, la despedida también”
 
Pulso a enviar rápidamente, sin pensarlo, porque si lo hago sé que la Alex cagada se impondrá a la chula y empezará a aplicar la censura.
 
Espero una respuesta durante horas y agotada y sin cenar me voy a la cama. Miro fijamente la pantalla del teléfono y así, con el móvil en la mano, me quedo dormida.

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