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Alex y Patrick – Capítulo 8

Fotor122121133Me suena el despertador y me despierto sobresaltada. Lo primero que hago es mirar la pantalla del móvil, sin suerte… Espero no haber contestado demasiado tarde. Puede que cuando le escribiera ya estuviese dormido y por eso no me haya contestado.
 
Mientras me tomo el café mantengo la vista fija en el móvil, como si le estuviera mandando señales telepáticamente. Quizá se haya levantado tarde y con las prisas no haya mirado ni el teléfono.
 
Recojo a Will y mientras vamos al colegio sigo llevando el móvil en la mano. Sigue sin responderme. Seguro que está de camino y no puede contestar mientras anda. O quizá sí lo haya leído y no te haya contestado porque eres tonta de remate y los dioses se han cansado de escuchar tus plegarias y de darte oportunidades.
 
Conforme nos acercamos al colegio mis nervios van en aumento. Mi pesimismo ya se ha apoderado de mí por completo y sé que no me ha contestado porque pasa de mí, así que ahora no paro de dar vueltas en cómo reaccionar si me lo encuentro. Tengo varias opciones que van desde la más valiente de todas a la más cobarde, es decir desde ir hacia él y devolverle el beso y luego preguntarle en plan chula si eso responde a su pregunta hasta dejar a Will en la esquina y vigilar que entra en el colegio mientras estoy escondida.
 
A todo esto, pobre crío lleva un rato explicándome algo pero no le estoy prestando nada de atención. Sólo sonrío y asiento con la cabeza como una autómata. Ya le recompensaré pero mi cabeza no me deja centrarme en otra cosa. Además, ya estamos llegando al colegio. Estiro el cuello y mi vista hace un barrido para intentar localizarle sin éxito. Una parte de mí respira aliviada al no tener que ponerme a prueba y ver cómo reaccionaría. Al llegar a la puerta y todavía sin rastro de Patrick, me agacho a la altura de Will, le doy un beso en la mejilla y le digo que le recogeré luego.
 
– ¿Quieres que le diga algo?
– ¿Qué?
– ¿Que si quieres que le diga algo a Patrick?
 
Ni siquiera intento disuadirle. Este niño es increíble. Mi súper poder de ralentizar imágenes y poner bandas sonoras a imágenes de la vida cotidiana, mola mucho, para qué negarlo, pero el de Will de meterse en mi cabeza es cuanto menos inquietante.
 
– Cuéntale lo que hicimos ayer si quieres… Dile que has conocido a Joey y que nos llevó a ver un partido de los Knicks – a lo mejor si lo oye en boca de Will se cree que estuvimos fuera.
– Vale, como quieras. ¡Hasta luego Alex!
– Adiós cariño.
 
Me quedo mirando como entra en el edificio y cuando me giro le veo. Viene caminando desde el final de la calle. Mi respiración empieza a acelerarse y empiezo a no saber qué hacer. Decido hacer ver que miro hacia dentro como vigilando a Will mientras por el rabillo del ojo controlo a Patrick. Me está mirando. Aún no está lo suficientemente cerca como para verle la expresión de la cara, así que no sé si se alegra de verme o por el contrario me odia. 
 
Se acabó, voy a ser valiente. Aún no sé cómo consigo adelantar un pie y luego otro y haciendo acopio de toda la valentía que puedo, me dirijo hacia él. Le miro fijamente esperando ver su reacción. Me está mirando y está serio pero al momento me dedica una sonrisa de medio lado. Me recojo un mechón de pelo y me lo pongo detrás de la oreja, vamos como una quinceañera tonta, sin poder evitar sonreír. 
 
Y entonces, cuando estamos a unos diez metros, oigo que alguien le llama. Es una mujer. Lleva una cartera en la mano y va muy bien vestida. Debe rondar los 35 años, es rubia y lleva el pelo recogido en un moño. A simple vista parece la típica profesora estricta chapada a la antigua pero la tía tiene un cuerpazo que luce enfundada en un traje chaqueta que tiene pinta de ser carísimo. La mujer se pone a su altura y empieza a hablar con él mientras le enseña unos papeles. Se paran a unos metros de mí y veo como Patrick empieza a leer los papeles que el zorrón rubio le acaba de dar. 
 
Decido seguir caminando hacia delante y dirigirme hacia el metro para ir a trabajar. Cuando estoy a pocos metros de pasar por su lado observo que Patrick sigue manteniendo la cabeza agachada leyendo los dichosos papeles pero entonces veo como levanta los ojos y me mira. Me sobresalto a notar esa mirada azul con esa pose tan sexy. Me obligo a no apartar mis ojos de él y así es como compruebo que Patrick me está siguiendo con la mirada y me sigue regalando esa sonrisa de medio lado tan sexy. Y cuando paso por su lado veo que sus labios se mueven:
 
– Te veo luego.
 
Las susurró sólo para mí, solo las oí yo en mi mente, el ruido de alrededor desapareció y fui capaz de escuchar como esas palabras sonaban en mi cabeza con su propia voz. 
 
Así que a pesar de que la interrupción de zorrón rubio (ya está bautizada) ha conseguido parar mi repentino momento de valentía, no consigue borrarme la sonrisa de mi cara durante el trayecto a la redacción.
 
Nada más llegar voy a la reunión matutina de reparto de noticias. Acabamos rápido. Me asignan dos reportajes no urgentes que tengo que entregar en un plazo máximo de una semana. Me siento en mi escritorio, enciendo mi ordenador y mientras espero a que se abran todos los programas, cojo el móvil del bolso para dejarlo encima de la mesa, y entonces veo el sobrecito rojo en la pantalla.
 
“Siento la interrupción de esta mañana”
 
El remitente ya no es desconocido, anoche grabé el número de Patrick en la agenda.
 
Y antes de que pueda contestar, recibo un segundo mensaje.
 
“También siento no haberte contestado anoche, me dormí. Me encantó leer tu respuesta esta mañana.”
 
Automáticamente se me escapa una risita infantil, me pongo roja en segundos y pulso responder. 
 
“No me importa que nos hayan interrumpido, siempre y cuando siga en pie la promesa que he leído de tus labios”
 
Me siento como una quinceañera y el cosquilleo que noto en mi estómago es una sensación nueva para mí. Ni tan sólo Jeff, mi novio de la universidad, consiguió hacerme sentir como ahora. Estuve enamorada de él, o al menos eso pensaba yo, pero lo que siento por Patrick es muy diferente. Jeff era muy guapo y el sexo era fantástico, pero todo lo que le sobraba en la entrepierna le faltaba en la cabeza. Corté con él porque aunque mi cuerpo estaba encantado, mi cabeza necesitaba nuevos retos y Jeff no me aportaba nada intelectualmente hablando. No es que me creyera una lumbrera, pero me interesaban otras cosas aparte de cuantos cubatas seguidos era capaz de aguantar un cuerpo humano en una sola noche o cuantas abdominales podía hacer en una hora (y doy fe que eran muchísimas porque las tuve que contar en alguna ocasión). En ese momento me pita el móvil de nuevo.
 
“Por supuesto que sigue en pie. ¿Nos encontramos en el parque?”
 
Supongo que es la mejor idea… No me puedo deshacer de Will, y no quiero que conste (bueno, un poco y un ratito sí), así que llevarle al parque será la mejor opción.
 
“Me parece bien. ¿Me invitas a un café mientras Will juega en los columpios?”
 
En el fondo, este ingrediente de secretismo no me desagrada del todo, lo hace más excitante. Su respuesta no se hace esperar en forma de varios mensajes seguidos. Voy a insonorizar el teléfono porque algunos compañeros empiezan a mirarme.
 
“¿Por qué encasquetar a Will en casa de algún amigo…?”
 
“Es broma”
 
“Aunque a ver cómo hago para reprimir las ganas locas que tengo de besarte de nuevo”
 
¡Madre mía! Me estoy poniendo cardíaca. No creo que hacer partícipe a Will de nuestra relación, o lo que quiera que sea que tengamos, sea una buena idea. Ya conozco la dificultad del niño para estarse calladito y no quiero que Patrick se meta en problemas en el colegio por relacionarse digamos… íntimamente, con una digamos… canguro de uno de sus alumnos.
 
“Ya veremos cómo nos lo montamos para que Will no nos vea. Y hablando de niños, ¿tú no tendrías que estar dando clase?”
 
¿Cómo lo está haciendo? ¿Qué lleva el móvil en la mano mientras da clase? 
 
“¿Niños? ¿Clase? ¡Joder, es verdad! Espera que levanto la cabeza del móvil a ver si siguen aquí”
 
¡Jajaja! Me lo voy a comer…
 
“Sí, confirmado, siguen aquí delante y me miran fijamente. ¡Jajaja! En serio, me fastidió mucho la interrupción y necesitaba hablar contigo aunque fuera así y les he puesto una película. Estoy sentado al fondo de clase con el móvil en silencio. Señorita, ¿qué está usted haciendo conmigo? No me comporté así ni en la adolescencia…”
 
Si te contara yo lo que me has obligado a hacer durante estos meses…
 
“Ahora será culpa mía… ¡Nos vemos luego!”
 
Y al segundo recibo su respuesta.
 
“Prometido”
 
Ya sé en qué es diferente Patrick y qué hace que me guste tanto. Aparte de ser extremadamente guapo, tiene la inteligencia suficiente como para retarme continuamente. No es sólo un cuerpo, y menudo cuerpo, o una cara bonita, es inteligente y compartimos gustos. Puedo llevarle a un museo o exposición sin necesidad de ir oyéndole bostezar cada cinco minutos, como al cine o a ver un partido y luego ya llevármelo a la cama y que me haga el amor hasta perder el sentido.
 
A la hora de comer llamo a Joey y le cuento todas las novedades. Después de casi media hora de conversación en la que se me llegan a saltar las lágrimas de la risa con sus ocurrencias, no puedo evitar despedirme diciéndole:
 
– Te quiero Joey.
– Ui, que se nos pone sentimental la niña…
– No lo puedo evitar… Gracias por tus consejos, aunque no lo parezca, me sirven de ayuda.
– Vale, de nada… A ver si me buscas una chica que me asiente un poco…
– ¿Cómo? ¿Qué oyen mis oídos? ¿Joey el conquistador, el que no pasaba dos noches con la misma mujer, se ha cansado de ligar y quiere sentar la cabeza?
– Menos cachondeo… No me refiero a casarme y eso. No quiero sentar la cabeza a ese nivel, pero tener a alguien que se preocupe por mí y esas cosas, no estaría mal…
– Yo me preocupo por ti, tonto…
– Eso ya lo sé, tú ya me entiendes… Quiero seguir jugando… pero con la misma chica, mi chica… 
– No conozco a muchas posibles candidatas, y si encima te tienen que seguir el ritmo y compartir todos tus… ejem… gustos sexuales…
– Hija, ¡suenas como si fuera un rarito! Sólo me gusta divertirme… yo no tengo la culpa de que seas una mojigata. Cuando te lleves a tu amiguito a la cama, sugiérele jugar con unas esposas o taparle los ojos y ya me dirás si se niega…
– Vale, pasaré tu currículum por la redacción a ver si alguna se quiere arriesgar. Te dejo que tengo curro y quiero acabarlo antes de recoger a Will.
– Llámame para contarme qué tal…
– ¡Cotilla!
 
Entre los mensajitos con Patrick y la llamadita con Joey, tengo tanto trabajo acumulado que no me doy cuenta y es hora de recoger a Will. Grabo lo que llevo escrito del artículo en un pen drive y decido llevármelo a casa para adelantarlo algo más antes de acostarme.
 
Después de varias paradas en metro y corriendo como una jabata llego a la puerta del colegio. Will me espera en la puerta. No hay señales de Patrick.
 
– ¿Vamos al parque?
– ¡Vale! Esta mañana metí el balón en la mochila así que podemos practicar un poco los pases.
– Bueno… ya viste que el fútbol no es lo mío… 
– ¿Y Patrick no viene hoy?
¡Venga ya! ¡¿Me lee el pensamiento o qué?!
– No lo sé… ¿le has dicho tú que viniera?
– No, pero a lo mejor te había dicho que iba a venir como el otro día…
– Pues no lo sé cariño… – disimula Alex, disimula – a lo mejor viene o a lo mejor no… a mí no me ha comentado nada. Seguro que habrá algún niño en el parque que quiera jugar contigo.
 
Con esta maniobra espero haber conseguido dos cosas: 1. Que se crea que Patrick y yo no hemos quedado en vernos en el parque y que cuando le vea se piense que ha sido casual y 2. Que cuando llegue Patrick ya esté jugando con otro crío y no me lo acapare y me lo deje para mí solita un rato.
 
Llegamos al parque y rápidamente Will saca el balón, me encasqueta la mochila y sale corriendo hacia la zona infantil para buscar una víctima con la que jugar al fútbol. Yo me dirijo hacia uno de los bancos y automáticamente saco mi móvil para enviarle un mensaje a Patrick para hacerle saber dónde estamos y compruebo que se me ha adelantado.
 
“Salgo en cinco. ¿Estáis ya en el parque?”
 
¿Cómo consigue siempre arrancarme una sonrisa?
 
“Sí. Will ha traído el balón y está jugando con otros niños. Yo estoy sentada en un banco. ¿Tú les has insinuado que habíamos quedado en el parque?”
 
“¿Yo? No… con lo discreto que es el colega…”  
 
“Pues empiezo a sospechar que tiene súper poderes y es capaz de meterse en mi cabeza porque me ha preguntado si ibas a venir…”
 
Mejor que esté al corriente de los posibles súper poderes de Will no vaya a ser que intente meterse en su cabeza también.
 
“¡Jodío niño! Ya he salido”  
 
¡Jajaja! Me chifla este hombre, no lo puedo evitar. Y encima me dice cosas como que no sabe si podrá aguantar sin darme un beso. Aún me parece mentira que yo le pueda provocar eso. Varios minutos después me suena el móvil de nuevo.
 
“Estás preciosa”
 
Me giro y le veo acercarse a mí. Me sonríe y me saluda. Apoya sus manos en el banco y se agacha un poco sin dejar de mirar hacia la zona infantil.
 
– Hola… ¿qué tal tu día? – me pregunta a escasos centímetros de mi cara.
– Largo…
 
Coloca su mano encima de la mía y empieza a acariciármela. Nos miramos a los ojos sin saber si dar un siguiente paso. Le miro los labios e instintivamente me humedezco los míos y le suelto:
 
– Si te beso ahora mismo estaríamos jugando con fuego, ¿no?
– Mmmmm… veamos… Will a tan sólo diez metros de distancia por allí, un grupo de alumnos de cuarto del colegio con sus respectivas madres por ese otro lado… sí, digamos que sería algo atrevido y temerario…
– Ya… – digo agachando la cabeza – no pretendo meterte en líos.
– Yo tampoco sé cómo debemos llevar todo esto. Por un lado no entiendo por qué tenemos que llevarlo, en secreto, pero por otro algo me dice que de momento es lo mejor que podemos hacer. Déjame tantear un poco el terreno primero… 
 
Sigue acariciándome el dorso de la mano y me mira a los ojos. Los suyos son transparentes, no sólo por el color azul, sino porque me hablan. Leo deseo y felicidad, ilusión y nerviosismo. Son tan francos como él y muestran exactamente los mismos sentimientos que tengo yo.
 
– Voy a saludar a Will, ¿vale?
 
Asiento con la cabeza y le veo alejarse y acercarse al niño. Will al instante se le cuelga del cuello y le empieza a explicar alguna cosa de las suyas. Me encanta verles juntos, mis dos hombres favoritos…
 
Patrick vuelve y se sienta a mi lado en el banco. Voluntariamente rozo mi pierna con la suya y disimuladamente me coge la mano.
 
– Patrick, siento mi reacción de ayer a tu beso… no quisiera que llegaras a pensar que no te lo quería devolver…
– Yo siento haberme ido. Pero si no paraba en ese momento, no hubiera respondido de mis actos. Me gustas mucho Alex… creo que incluso demasiado. Y no quería cagarla, no quería que pensaras que soy un aprovechado…
– Nunca hubiera pensado eso. Me gustaría que lo de ayer se repitiera… y prometo poner más de mi parte… aunque no sé cómo nos lo vamos a montar con semejante listillo a nuestro alrededor – digo mirando hacia Will.
– A mí sólo se me ocurre una solución… vamos, si a ti te parece bien. Podemos vernos en tu casa después de que dejes a Will.
– Me parece bien. Y… ¿empezamos hoy mismo? – digo mordiéndome el labio inferior.
– ¡Will! ¡Nos vamos! – y acercándose a mi oreja me susurra – Y por favor no te muerdas más el labio, o nos detendrán por escándalo público.
– ¿Ya? – dice Will extrañado – Pero si acabamos de llegar…
 
Durante el trayecto a casa, Patrick sienta a Will en sus hombros y éste nos cuenta el partidazo de fútbol que acaba de disputar en el parque. 
 
Cuando llegamos a casa de Will, mientras abro la puerta noto el cuerpo de Patrick pegado a mí. Will entra corriendo diciéndole a su madre que ya está en casa mientras los dos aprovechamos la soledad del momento para mantener el contacto. Patrick me abraza por la espalda y yo hecho un poco la cabeza hacia atrás apoyándola en su pecho. Estamos deseando llegar a mi piso, yo lo estoy deseando y según noto en mi espalda, él también.
 
De repente Will empieza a llamarnos a gritos.
 
– ¡Alex! ¡Patrick! ¡Venid rápido! ¡Mi mamá no se despierta!

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