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Alex y Patrick – Capítulo 9

Fotor1221215048Como un resorte salimos corriendo hacia la habitación de Brooke. Al entrar nos encontramos a Will al lado de la cama de su madre, cogiéndole la mano que le caía por el lateral de la cama. Tenía la carita bañada en lágrimas y descompuesta. Sus ojos reflejaban miedo.
 
Patrick cogió a Will en brazos y me lo dio para que lo apartara de esa escena que no era nada adecuada para un niño tan pequeño. Mientras él se agachó al lado de Brooke y vi cómo le tomaba el pulso. Me miró y negó con la cabeza mientras cogía su móvil para llamar a emergencias y explicar la situación. Will gritaba e intentaba zafarse de mis brazos mientras le llevaba hacia mi casa.
 
– ¡Mamiiiiiiiiiiiiii! ¡Déjame! ¡Quiero ir con mi mami! ¡Suéltame!
 
Al entrar en casa le senté y al instante se levantó e intentó salir corriendo hacia su casa, así que tuve que cerrar la puerta con llave.
 
– ¿Qué estás haciendo? ¡Quiero ir con mi mamá! ¡Ella me necesita!
 
Mi cara estaba bañada en lágrimas y no podía pararlas. Sabía que lo que estaba haciendo era lo mejor para Will pero me dolía en el alma verle sufrir de esa manera. Tampoco sabía qué decirle para consolarle. Es un chico muy inteligente y Patrick me dijo que sabía perfectamente lo que le pasaba a su madre porque ella se lo había explicado, pero no deja de ser un niño de tan sólo 6 años que intentaba negar la evidencia diciendo que su madre un día se curaría.
 
Lo único que se me ocurrió hacer fue abrazarle mientras me sentaba en el sofá con él en brazos. Empezó a golpearme mientras seguía llorando y me gritaba que le dejara ir. Le dejé desfogarse conmigo ya que al fin y al cabo era de las pocas maneras que podía demostrar sus sentimientos, su contrariedad. ¡Qué difícil debe ser entender estas cosas para un crío tan pequeño! 
 
Poco a poco se fue rindiendo y bajando de intensidad. Siguió llorando y sollozando durante mucho rato. No hablaba y yo tampoco le forzaba. No sé cuánto tiempo pasó hasta que dejé de oír su llanto y comprobé que se había quedado dormido en mis brazos. No quise dejarle en la cama por si se despertaba y se encontraba solo, así que cogí la manta del sofá y me la puse por encima cubriéndonos.
 
Como pude saqué el móvil del bolsillo y escribí a Patrick.
 
“Will se ha quedado dormido en mis brazos. He tenido que cerrar con llave la puerta de casa para que no saliera corriendo. ¿Cómo vas? ¿Necesitas ayuda?”
 
Dejo el teléfono a un lado y observo a Will. Aunque duerme profundamente su expresión no es relajada. Seguro que en su cabeza no para de repetirse la última imagen que ha visto de su madre y daría lo que fuera por borrárselas de su mente. Le seco con el dedo algunas marcas de lágrimas y mientras le resigo con el dedo los pequeños mofletes no paro de pensar qué será de él. 
 
Muchas preguntas se me agolpan en la cabeza y trato de responderlas todas, aunque en estos momentos me es muy difícil pensar con claridad.
 
¿Tendrá algún familiar que se pueda hacer cargo de él? Ni Will ni Brooke me han hablado de nadie nunca. 
 
¿Tendrá que ir a un hogar de acogida? Si no hay ningún familiar cercano ni tutor, eso es lo que suele pasar en las películas…
 
¿Seré capaz de permitir que eso pase? Ni hablar. Este crío me ha cambiado la vida y le he cogido tanto cariño como si fuera mi propio hijo. Incluso si tuviera algún familiar que se pudiera hacer responsable, no sé si sería capaz de permitir que lo alejaran de mí.
 
¿Cómo puedo hacer para que eso no pase? No tengo ni idea acerca de los trámites y requisitos necesarios para adoptar a un niño hoy en día, pero pienso averiguarlos.
 
En ese momento recibo respuesta de Patrick.
 
“Han llegado los de emergencias y han certificado el fallecimiento. Buscando entre los papeles de Brooke he visto que tenía contratado un seguro de vida. Han venido y estamos ahora con los papeles. También han llegado los de la funeraria y se llevarán el cuerpo en un rato. El entierro será pasado mañana”.
 
Muevo un poco a Will con cuidado para poder contestar el mensaje.
 
“¿Qué pasará ahora con Will? No puedo dejar de pensar en ello…”
 
Sé que Patrick está tan preocupado por el chico como yo.
 
“Los del seguro me dicen que no había testamento y Will no tiene asignado ningún tutor, así que me temo que irá a un hogar de acogida”
 
Las lágrimas empiezan de nuevo a brotarme de los ojos. No lo voy a permitir, estoy ya convencida. Mañana mismo empezaré a tramitar los papeles para adoptar a Will… si él quiere claro. 
 
En ese momento llaman a la puerta. Como puedo me levanto dejando a Will estirado en el sofá y bien tapado con la manta. Cuando abro, con las lágrimas cayéndome por la cara sin pausa, me encuentro a Patrick apoyado en el marco de la puerta. Tiene los ojos cansados y tristes y el pelo despeinado. Me precipito hacia él y sus fuertes brazos me resguardan. Entramos en casa, cierra la puerta y se apoya en ella sin soltarme. Ahora la que lora soy yo.
 
– No es justo – consigo decir entre lágrimas – no es justo…
– Lo sé, pero sabíamos que este día llegaría. Más tarde o más temprano, pero llegaría. 
– ¿Y Will? ¿Qué va a pasar con él? Sabíamos que llegaría, pero no puedo concebir cómo le pueden pasar estas cosas a un niño tan pequeño… ¡No es justo! – grito dándole un golpe involuntario a Patrick en el pecho, justo como antes me los daba Will a mí.
 
Me abraza con más fuerza y noto sus brazos fuertes en mi espalda.
 
– No voy a permitir que sufra más. Patrick no voy a permitir que se lo lleven. Quiero que se quede conmigo.
 
Patrick, me cogió la cara entre sus manos y me dio un beso pausado que consiguió tranquilizarme un poco. Poco a poco empezó a besarme las mejillas con ternura, secándome las lágrimas. Después hizo un recorrido por toda mi cara. Sus besos, aunque no curaban la pena que tenía en el corazón, eran como una aspirina que conseguían mitigarlo. Apoyé la cabeza en su pecho y empecé a relajarme al escuchar el latido de su corazón. Una mano acariciaba mi espalda y la otra mi pelo. Cerré los ojos y ya no estaba en mi piso. Estábamos en una playa, abrazados y relajados, escuchando el sonido de las olas, mientras el agua nos mojaba los tobillos. Se oía la risa de Will corriendo a nuestro alrededor y jugando con el agua. Era un lugar maravilloso en el que estaba con mis hombres favoritos…
 
Entonces decidí tomar la iniciativa, tal y como debería haber hecho dos noches atrás. Levanté la cabeza, miré a sus ojos, esos que me tenían completamente hipnotizada y luego posé mi vista en sus labios. Sin pensármelo dos veces le besé. Primero acaricié su labio inferior con mi lengua y luego la introduje en su boca. Llevé mis manos a su pelo y empecé a notar que su respiración se agitaba. Como un resorte sus manos, que yacían en mi espalda, se pusieron en movimiento. Una subió hacia mi nuca y me agarraba del pelo hacia atrás dejándome el cuello a su merced. Me lo empezó a mordisquear mientras su otra mano bajaba hacia mi trasero y me apretaba contra él. Mmmmm eso que noto en mi vientre promete y me excita mucho. Mis manos cobran vida propia y se meten por debajo de la camiseta de Patrick. Empiezo a acariciar sus anchas espaldas y luego voy hacia sus abdominales marcados. Los resigo con los dedos y subo hacia su pecho. Sus manos empiezan a subir mi camiseta poco a poco.
 
– ¿Mami? No… ¡Mami! 
 
Nos separamos al instante y miramos hacia el sofá. Will sigue dormido pero está teniendo una pesadilla. Mueve su cabeza de un lado a otro y está sudando mucho. Me acerco hacia él y me agacho a su lado poniéndole una mano en la cabeza y acariciándole el pelo le susurro:
 
– Shhhhh, tranquilo.
 
Se despierta de golpe, respirando con ansiedad y mirándonos a los dos. Me coge la mano buscando protección y entonces le digo:
 
– ¿Quieres que te lleve a la cama y me estire contigo?
 
Asiente sin decir ni una palabra, así que le cojo en brazos y le llevo a mi dormitorio. Le estiro a un lado de mi cama, le tapo con el edredón y me estiro a su lado abrazándole. Le beso en el pelo hasta que su respiración vuelve a calmarse y noto como vuelve a dormirse.
 
Patrick nos observa desde la puerta. Está impresionante, con el pelo despeinado y una sonrisa en los labios.
 
– Lo siento.
– No te preocupes – me dice acercándose a la cama y sentándose en ella – ahora Will te necesita más que yo.
– ¿Te quedas con nosotros? ¿Te estiras a mi lado?
– Lo que tú quieras preciosa.
 
Se quita las zapatillas y se estira a mi lado, abrazándome por detrás. Hunde su nariz en mi pelo y me aprieta con fuerza contra él. Aún noto su erección contra mi espalda.
 
– Me parece que los dioses se han aliado en nuestra contra, ¿eh? – le digo.
– Eso parece… pero no te preocupes… ya llegará nuestro momento y cuando llegue, no permitiré que nada ni nadie nos interrumpa.
– Suena genial…
 
Me besa el hombro con ternura y lo siento como un gesto muy familiar, nada extraño. Parece mentira que hace sólo unos días no me atrevía a hablar con él y ahora lo tengo estirado en mi cama abrazándome y susurrándome al oído que todo saldrá bien.
 
– ¿Qué pasará ahora con Will?
– Alex… al no tener familiares cercanos ni tutores asignados y sin un testamento de por medio… le asignarán una casa de acogida…
– Patrick, quiero quedarme con Will, quiero adoptarle, si él quiere, claro. Necesito saber qué requisitos necesito…
– De acuerdo, tranquila, mañana llamaré a un tipo que conozco que es asistente social y le preguntaré. Igualmente, eso llevará unos días y los de asuntos sociales vendrán antes a por Will.
– ¿Cómo? 
– Alex… antes no te lo dije pero los del seguro me explicaron que al no haber estipulado nadie para acoger a Will, ellos tenían la obligación de llamar a asuntos sociales. Me comentaron que vendrían pasado mañana a recoger al chico.
 
Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. No puedo hacerme a la idea de separarme de Will. No quiero ni pensar cómo se sentirá en un entorno nada familiar para él, justo después de perder a su madre.
 
– Tranquila Alex. No te voy a dejar sola. Entre los dos lo arreglaremos, te lo prometo.
 
Mientras me acariciaba la mejilla con una mano y el estómago con la otra, poco a poco me fui tranquilizando y cerrando los ojos hasta quedarme dormida.
 
Veo a Will correr por la playa de nuevo. Está más alto y delgado, más mayor, como si tuviera unos diez años. Conserva la misma cara de despierto y esos ojos tan expresivos. Lleva el pelo más largo y se está convirtiendo en un niño muy guapo. Entonces me fijo que lleva a otro niño de la mano. Es bastante más pequeño que él, de unos 3 años, con pelo castaño claro y unos ojos azules impresionantes, unos ojos que sólo he visto en otra persona. Los dos corren por la arena de la mano. Se acercan a la orilla y justo cuando el agua va a tocarles los pies, corren en dirección contraria riendo como locos. Ambos van vestidos con pantalón corto beige y camiseta blanca y van descalzos.
 
Entonces unos brazos bronceados me agarran por detrás abrazándome. Me besa en el cuello y los hombros. Sé que es Patrick, reconocería esos besos entre un millón. Y entonces oigo que me dice:
 
– Hola cariño.
 
Sonreímos y ambos volvemos a mirar hacia la arena. Los chicos corren hacia nosotros mientras el pequeño grita:
 
– ¡Mami, mami!
 
El pequeño se echa a mis brazos mientras Patrick coge a Will. Es una imagen preciosa. Somos una familia.
 
Noto que me besan en la mejilla y oigo una voz que me dice:
 
– Alex, me voy.
 
Abro los ojos no sin dificultad y veo a Patrick hablándome al oído.
 
– Hola… – le susurro mientras le acaricio la cara. Tiene ojeras producto de no haber dormido mucho esta noche – ¿Qué hora es?
– Son las seis de la mañana. Me voy a casa a ducharme y cambiarme de ropa y luego me iré a trabajar. Sigue durmiendo.
– Luego llamaré a la redacción para pedir al menos dos días libres. Tienes pinta de no haber dormido nada…
– Bueno… Will se despertó dos veces, asustado por las pesadillas y tú tampoco has dormido demasiado relajada… no parabas de moverte e incluso has hablado en sueños. 
– Lo siento…
– No pasa nada. Al contrario, cuando hablabas me llamaste en sueños y estabas preciosa…
 
Me besó con ternura y luego cogió su mochila y se fue a su casa.
 
Aunque lo intenté, ya no pude dormir más, así que al final decidí preparar café y enviarle un mail a mi jefe explicándole la situación y pidiéndole unos días libres.
 
Luego empecé a hacer una búsqueda acerca de los procesos de adopción. Patrick preguntará a un asistente social que conoce pero no está de más ir informándose un poco. Se me pasan las horas inmersa en montones de datos, papeles y requisitos. Cuando vuelvo a mirar el reloj me doy cuenta de que son las nueve de la mañana, así que voy al dormitorio a ver a Will. Veo que está despierto, recostado de lado. Me acerco a él pero ni siquiera me mira.
 
– Hola cariño, ¿cómo estás?
 
No recibo respuesta pero no me rindo.
 
– ¿Tienes hambre?
 
Tampoco recibo respuesta, así que decido no forzarle. Vuelvo a la cocina y regreso al dormitorio con un vaso de leche con galletas que dejo en la mesita de noche. 
 
– Te dejo aquí esto por si tienes hambre – y regreso al salón.
 
Compruebo que tengo un mail de mi jefe dándonos el pésame y diciéndome que no me preocupara y que cogiera el tiempo necesario. Como no sé qué turno hace Joey, le envío un mensaje al móvil para explicarle la situación y entonces veo un mensaje de Patrick.
 
“Hola preciosa. Ya estoy en el colegio. ¿Cómo estáis?”
 
“Hola. No pude volver a dormirme así que preparé café y empecé a buscar información acerca de los procesos de acogida y adopción. También avisé a mi jefe y he enviado un mensaje a Joey para que lo sepa. Will se ha despertado pero no se ha levantado de la cama. No me ha hablado aún y le he llevado el desayuno pero tampoco lo ha probado. Estoy preocupada por él pero no quiero hacerme pesada”.
 
“Es normal. Haces bien. No le agobies, él mismo decidirá cuando está preparado. Esta tarde he quedado con el asistente social que te dije. Me ha comentado que pedirá llevar el expediente de Will él mismo y que esta misma tarde me traerá parte de la documentación necesaria y me explicará cómo funciona la cosa”
 
“¿Vendrás a casa cuando acabes?” – le pregunté.
 
“Si tú quieres que vaya, iré”
 
“Claro que quiero que vengas”.
 
“Vale, pues espérame. Iré después de hablar con ese tío y así te cuento. Llevaré algo de cena”
 
Y entonces, en un arrebato de valentía le dije:
 
“Si quieres tráete ropa de recambio y así te puedes quedar a pasar la noche aquí sin tener que levantarte muy temprano para ir a tu casa a ducharte y cambiarte…” 
 
¡Le acabo de invitar a pasar la noche conmigo! Sé que no pasará nada porque Will estará con nosotros pero quiero que esté conmigo, que se acueste conmigo y me abrace mientras dormimos. No pido más.
 
“Me parece una idea fantástica”
 
Pasan las horas y Will sigue sin hablar y sin probar bocado. Empiezo a estar muy preocupada pero Patrick tiene razón, así que le dejo su espacio. 
 
A eso de las cinco de la tarde llega Joey. 
 
– Hola hermanita…
 
Automáticamente me tiro a sus brazos y las lágrimas vuelven a aflorar. No sabía que era capaz de llorar tanto…
 
– Lo siento mucho… ¿Cómo está Will?
– No lo sé… no ha dicho ni una palabra en todo el día. Ha pasado mala noche con muchas pesadillas. Hemos dormido los tres en mi cama para que se sintiera seguro.
– ¿Los tres? ¿Tienes una mascota?
– Patrick se quedó con nosotros – y viéndole la cara vi que necesitaba ciertas respuestas ya o no pararía hasta conseguirlas –  No es lo que tú piensas…  bueno, casi sí, pero no…
– Ah vale… ¡Dónde vas a parar! ¡Ahora lo tengo todo muchísimo más claro!
– Teníamos intención de venir a mi casa después de dejar a Will en la suya pero entonces fue cuando nos encontramos el cuerpo sin vida de Brooke. Por eso te digo que sí teníamos intención de acostarnos pero pasó lo que pasó y fue una larga noche… y le pedí a Patrick que se quedara con nosotros.
– ¿Está aquí? Patrick digo…
– No, esta mañana ha ido a trabajar y al salir tenía una cita con un asistente social que conoce y que llevará el caso de Will. Joey, si él quiere, voy a hacerme cargo del crío, voy a adoptar a Will.
– Me parece una idea fantástica y valiente… ¿Estás segura de que podrás hacerte cargo de un niño tú sola?
– Estoy decidida. Ese niño me cambió la vida Joey, y tengo que ayudarle. Además, no estoy sola… te tengo a ti… y a Patrick.
– Cierto… ¿Puedo ir a ver a Will?
– Claro… aunque no sé si te va a dar mucha conversación…
– Pues se la doy yo, no te preocupes.
 
De eso estoy segura. Joey tiene labia para rato. 
 
Pasadas dos horas vuelven a llamar a la puerta. Esta vez es Patrick. Al abrir y verle me doy cuenta de lo mucho que le he echado de menos y lo que me he llegado a acostumbrar a su presencia en tan pocos días. Trae su mochila habitual, además de un portafolio lleno de papeles en una mano y la bolsa de un supermercado en la otra.
 
Lo deja todo en la barra de la cocina y me besa con pasión. Después abrazándome me dice al oído:
 
– Dios… te he echado mucho de menos. No me he podido concentrar en todo el día… mi cabeza estaba aquí contigo y con Will.
– Yo también te he echado mucho de menos…
 
En ese momento oímos un carraspeo y nos giramos hacia el pasillo. Es Joey.
 
– ¿Es que siempre nos tiene que interrumpir alguien? – me dice al oído.
 
No puedo evitar esbozar una sonrisa, la primera en muchas horas.
 
– Patrick, este es Joey, mi hermano. Joey, él es Patrick.
 
Ambos se acercan y se estrechan la mano. De repente, la cara de Patrick muestra una expresión pensativa. ¡Mierda, no me acordaba! ¡Joey y Patrick ya se habían visto anteriormente en el parque! ¡Joder qué fallo! Pero Joey anda espabilado y rápido dice:
 
– Encantado Patrick. Oye, tu cara me suena… ¿no nos hemos visto antes? 
– Estaba pensando exactamente lo mismo, pero no caigo.
– ¡Ya sé! En el parque. Te confundí con un amigo mío. ¡Qué casualidad!
– ¡Es verdad! Me abordaste en el parque llamándome… Neal o algo así, ¿no?
– ¿Os conocéis? – intervengo yo disimulando.
 
Y entonces me responde mi hermano.
 
– En realidad no pero cruzamos unas palabras en el parque cuando le confundí con mi amigo Neal, ¿te acuerdas de él?
– Sí, Neal, me acuerdo…
– Bueno, pues nada, yo me voy para casa. Will tampoco ha hablado nada conmigo. Dadle tiempo. ¿A qué hora es mañana el entierro?
– A las diez de la mañana.
– Nos vemos allí entonces. Patrick, un placer, espero que nos volvamos a ver y nos tomamos unas cervezas. Y ya sé que es un tópico y esas cosas pero como se te ocurra hacerle daño a mi hermana, te juro que te arrepentirás. Recuerda que soy poli, llevo pistola y sé cómo hacer desaparecer un cuerpo sin dejar rastro.
 
Dicho esto se larga. La verdad es que ha sabido salir del embrollo con muchísima naturalidad. ¡Menudo pieza está hecho! Patrick va a ver a Will y al rato, mientras yo saco las cosas de la cena de la bolsa, regresa a la cocina conmigo. 
 
– Nada. Sigue sin decir nada y la comida sin probarla – dice dejando el plato en el fregadero.
 
Juntos hacemos la cena dándonos besos y abrazos de vez en cuando. Compruebo que se mueve con mucha familiaridad por la cocina, cosa que encuentro muy sexy. Cuando acaba de hacer la cena, le lleva un plato a Will. Me siento en uno de los taburetes de la cocina mientras Patrick abre una botella de vino que ha comprado para la ocasión. Y me sirve una copa haciéndome una reverencia.
 
– Señora, espero que la cena sea de su agrado.
 
La verdad es que los espaguetis estaban deliciosos.
 
– Mmmmm, no sabía yo que cocinaras tan bien. 
– Bueno, tan sólo son unos espaguetis. No me pidas algo mucho más elaborado.
– Pues están deliciosos. ¿Tienes alguna otra sorpresa que darme? ¿Algún otro don que quieras confesarme?
– Déjame pensar… Tampoco se me da mal bailar…
– ¡Te estás quedando conmigo! – y me lo quedo mirando de arriba abajo.
– ¿Qué pasa? No es tan raro, ¿no?
– Estaba pensando si no serás gay…
– ¿Por qué? ¿Por qué sé cocinar unos espaguetis?
– Es que recuerdo a una amiga de la universidad a la que un novio le salió gay y una vez me dijo que no entendía como no se había dado cuenta antes porque cumplía las tres premisas. Guapo, bailaba bien y vestía bien. Tú eres guapo, mucho para ser precisos, dices que bailas bien y vestir, para ser un hombre que se compra él mismo la ropa, no vistes mal… Empiezo a estar preocupada…
– He exagerado entonces… tampoco bailo tan bien – dice guiñándome un ojo.
 
Entre risas y confidencias acerca de nuestro pasado, nos acabamos la cena. Voy a ver a Will y veo que ha comido algo de espaguetis. Sonrío al ver que está dormido de nuevo. Le acaricio el pelo y le doy un beso en la mejilla.
 
– Ha comido algo y se ha vuelto a dormir.
– Eso es bueno… Ven, te enseño los papeles que me han dado y te explico por encima cómo va a ir la cosa. 
 
Nos sentamos en el sofá y Patrick empieza a explicármelo todo mientras saca varios documentos. Pierdo la noción del tiempo hasta que le veo quitarse las gafas un momento y frotarse los ojos. Tiene más ojeras que esta mañana. Debe estar agotado ya que anoche no pegó ojo.
 
– Vamos a la cama Patrick. Necesitas descansar y mañana será un día muy largo – y tirando de su brazo le llevo hasta el dormitorio. 
– La verdad es que estoy exhausto y me duele la cabeza ya… Dios mío no me puedo creer que vaya a pasar otra noche durmiendo a tu lado sin que pase nada más… 
– Patrick yo…
– No, tranquila, lo entiendo. Debes estar con Will. Ya tendremos nuestro momento, lo encontraremos. 
 
Me meto en el baño y me pongo mi pantalón de pijama y mi camiseta de tirantes para dormir. Al salir, Patrick también se ha cambiado ya y lleva un pantalón de pijama ancho de color gris y una camiseta de manga corta. Al verme suspira y me dice:
 
– Me vuelves loco Alex… me voy a dormir al sofá o no respondo de mis actos. Y necesito dormir y contigo así a mi lado…
– Patrick… no hace falta… lo siento…
– Créeme, sí hace falta. No pasa nada, de verdad – y me regala una sonrisa y el beso más casto que le es posible dar.

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