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ALEX Y PATRICK

Alex y Patrick – Epílogo

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Estoy sola en el desván. Hace unos años que hicimos obras aquí arriba para crearme mi propio cuarto oscuro en el que poder revelar las fotos como a mí me gusta, a la antigua usanza. Uno a uno voy pasando los papeles fotográficos por los diferentes líquidos y colgándolos para secarlos y cuando acabo me siento en mi taburete y paseo mi vista de una foto a otra, mientras la imagen se hace más nítida poco a poco. Son los recuerdos impresos de uno de los días más felices de mi vida. Repaso las caras de las fotografías y están llenas de felicidad y yo sólo puedo sentir un amor incondicional al verlas.

– Mama, ¡no encuentro la liga!
– Emma cariño, tranquila. Estará en el cajón del armario, donde la dejamos cuando la compramos en la tienda.
– ¡No está!
– Toma, aquí está – digo dándosela tras buscar tan sólo unos segundos en el cajón donde dije que estaría.
– Gracias mamá… estoy tan nerviosa… no sé qué haría sin vosotros… me caso en una hora y tengo la sensación de que todo va a salir mal. ¿Y papá y Will? Sin Will no me caso, ya se lo dije. Si no llega, no me caso.
– Tranquila, todo saldrá bien. Papá ha ido a buscarle al aeropuerto. Su vuelo ha llegado hace una hora así que deben estar a punto de llegar.

La abrazo con fuerza y cuando nos separamos no puedo retener las lágrimas, a riesgo de que se me corra el maquillaje. Está preciosa con su vestido blanco de tirantes. Es muy sencillo, con una especie de plisado en la falda y algo de cola. El maquillaje también es muy natural, y el pelo lo lleva recogido con algunos mechones sueltos. Todo el conjunto le hace parecer muy natural, ya que su belleza de por sí ya llama suficiente la atención. Es clavadita a su padre, con sus impresionantes ojos azules, su pelo castaño y unos labios carnosos impresionantes. Es la niñita de nuestros ojos y siempre lo será por mucho que se case y forme su propia familia… eso no cambiará. Desde que nació fue la mimada de casa y no sólo por Patrick y por mí, también por Will que ejerció el papel de hermano mayor a la perfección. La llevaba orgulloso en el carrito por la calle y luego en el parque nunca la dejaba sola. Él se encargó de enseñarle a caminar, a montar en bici, a patinar o a escribir su nombre. Así se convirtieron en inseparables y aún en la actualidad, a pesar de vivir a más de 300 quilómetros de distancia. 

– ¡Papaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
– Ben, papá ha ido a buscar a Will. ¿Qué quieres?
– ¿Cómo se pone ésto?
– ¿Cómo se pone qué?
– Ésto – dice mientras aparece por la puerta con la corbata al cuello atada con un nudo que bien podría pasar por un nudo marinero.
– Ven aquí que te ayude – le digo intentando deshacer el lío que ha montado – Ala, mírate en el espejo a ver qué te parece.
– Estoy tremendo, ¿verdad hermanita?

Le miro y no puedo creer cómo dieciocho años han pasado tan rápido. Ben ha sido un terremoto desde que estaba en mi barriga. Fue un embarazo horroroso. Vomité todos los días, incluso en el quirófano minutos antes de dar a luz, engordé como quince quilos, y todos los olores me daban asco. Cogí ciática y me dolió la espalda todos y cada uno de los días de embarazo. Además, no contento con eso, cuando nació lloró todas las noches durante semanas, haciendo imposible conciliar el sueño para nadie en casa, Will y Emma incluidos. Desde que nació, me recordó a Joey, sólo que tenía mis ojos grises y conforme iban pasando los años, Ben se iba pareciendo más y más a él, rubio y con esos hoyuelos suyos tan característicos. Además, era muy travieso y se metía en líos en el colegio cada dos por tres. Ahora le veo tan guapo y mayor con el traje negro y la corbata azul que eligió Emma para los padrinos y que Will llevaría igual y me siento muy orgullosa de él. Es un chico muy extrovertido y simpático y este año empezará interpretación en la universidad ya que quiere ser actor. 

¡Oye! ¡Despierta hermanita! – le dice chascando los dedos delante suyo – Que no me haces caso… ¡Estoy guapo o no? ¿Crees que alguna de tus amigas querrá probar la mercancía? 
– Por favor Benjamin… Que mis amigas te sacan la mayoría más de diez años.
– Pues eso, un yogurín es difícil de despreciar…
– Sigue soñando enano. La mayoría vienen con pareja y las que no, créeme que se fijan más en Will o en papá que en ti.
– ¿Perdona? – les interrumpo – ¿En tu padre?
– ¿Te sorprende? Papá es guapísimo y es un… digamos… madurito interesante, aunque tenga cincuenta años.
– Mamá, tendrás que sacar las uñas para que no se acerquen a papá… ¡Jajaja! – me dice Ben divertido.Los tres nos reímos y Emma abraza a Ben.
– Gracias renacuajo. Necesitaba reírme un rato para aliviar tensiones… Esto me sobrepasa… Estoy muy nerviosa.
– ¿Tú también estabas nerviosa cuando te casaste con papá? – me pregunta Ben cuando se separa de Emma.
– A mí no me dio tiempo a ponerme nerviosa cariño… Papá me pidió que me casara con él en el mirador del Empire State y a la media hora estábamos casados.
– ¡Y Will y yo estuvimos presentes!
– Sí, vuestro hermano tenía seis años y tú estabas aquí dentro – digo tocándome la barriga.

En ese momento se oye la puerta de entrada.

– Ya están aquí – dice Ben saliendo de la habitación – ¡Will!
– ¡Hola! ¡Ya estamos aquí! – oigo gritar a Patrick.

Las dos salimos de la habitación dirigiéndonos hacia abajo mientras oímos a Will y a Ben hablar.

Mientras bajo las escaleras veo a mi chico después de varios meses. Vestido ya con el traje de padrino y con el pelo alborotado de siempre. Sus ojos vivos e inquietos y su sonrisa perenne en la cara. Ahora ya tiene treinta años y se ha convertido en un hombre hecho y derecho de vive en Boston desde que acabó la carrera de medicina, se especializó en pediatría y le contrataron en el Children’s Hospital, uno de los más importantes del país. Allí conoció a Rachel, enfermera del mismo hospital, con la que vive desde hace unos años y con la que tendrá un bebé en algo más de tres meses. Vamos a ser abuelos de un niño que se llamará Owen.  

Emma me adelanta por la escalera y una vez abajo se tira en brazos de Will.

– ¡Guau! ¡Estás guapísima! – dice Will mientras se abrazan.
– Tú también estás muy guapo. Ese azul que escogí para vuestras corbatas es perfecto.

Mientras mis tres hijos hablan Patrick se acerca a mí, me da un beso y me dice que se va a vestir. Es el único que falta por hacerlo.
– Hola cariño. ¿Cómo estás? – digo abrazando a Rachel.
– Bien. Owen empieza a pesar ya y cada vez acabo más cansada al final del día, pero sigue portándose muy bien y me sigo encontrando perfectamente.
– Me alegro – digo acariciándole la barriga.
– Mamá… – dice Will a mi lado.
– Hola mi amor.

Me da un abrazo larguísimo y de repente soy consciente de lo pequeña que soy a su lado. Parece que fue ayer cuando me tenía que agachar para abrazarle y ahora es él el que lo hace.

– Te he echado de menos mamá…
La ceremonia ha sido preciosa, sencilla y muy corta. Se ha celebrado en unos jardines a las afueras de la ciudad y allí mismo también el banquete. Emma y Bruce hacen una pareja perfecta. Se conocieron en la universidad cuando ambos estudiaban derecho y lo suyo, como lo mío con Patrick, fue amor a primera vista. Empezaron a salir el segundo año de carrera y ya no se separaron más.

Aunque Emma me lo prohibió, no puedo evitar sacar la cámara de fotos una vez empieza el baile. 

– Tita, ¡hazme una foto!

Y cuando me giro me encuentro a mi sobrinita Emily con el pelo lleno de flores que debe haber cogido prestados de los centros de mesa.

– Emily, ¡pero qué guapa estás! ¿Ya te han visto papá y mamá?
– No, eztán buzcando a Jack y Kevin porque no loz encuentran y ezo ez muy peligrozo.

Jack y Kevin son los hermanos mayores de Emily y son un verdadero peligro. Tienen ya trece y dieciseis años y son la causa de que mi hermano y Claire tardaran tanto en atreverse a ir a por el tercer hijo. Siempre estaban metidos en líos y castigados en clase. Se habían roto casi todos los huesos del cuerpo porque no paraban quietos y sus ideas no eran precisamente brillantes. Por suerte, los dioses se debieron apiadar de ellos y les regalaron una niña preciosa y buenísima.

– ¡Jajaja! Sí, que tus hermanos desaparezcan sin dejar rastro es verdaderamente peligroso…
– Puez eztán con Ben.
– Hola preciosa – le dice Patrick cogiéndola en brazos – ¿Dónde vas tan guapa? 
– Hola tito Patrick. ¿Te guzta?
– Mucho. ¿Crees que la tía Alex dejará aparcada un rato la cámara y se vendrá a bailar conmigo o tendrás que sustituirla tu?
– ¡Yo! – dice la niña riéndose – Dame vueltas como a una princesa.
– Cariño… Emily dice que mi hermano y Claire están buscando a Jack y Kevin. ¿Los has visto?
– Uf, qué peligro… Pues no… Ahora que lo dices hace rato que no les veo…
– Pues Ben está con ellos.Patrick me mira con los ojos muy abiertos y poniendo una mueca de susto cuando aparecen Will y Rachel.
– Uf, no puedo más – dice Rachel sentándose en una silla – ya no puedo bailar más.
– ¿Qué pasa? – pregunta Will al ver la cara de Patrick.
– Tu hermano ha desaparecido con Jack y Kevin. Voy a buscarles, pero no te muevas de aquí – me dice señalándome – Me debes un baile.
– Déjales, ya les busco yo. Saca a mamá a bailar y que deje de hacer fotos ya – contesta Will. Y mirándome añade – Emma te lo prohibió, te dijo que no quería que en su boda pareciera que estuvieras trabajando.
– Vale… no me echéis la bronca. 
– Ala, aprovechemos – me dice Patrick quitándome la cámara de las manos y dejándola en la mesa – ¿Señora me concede este baile?

Me lleva a la pista y mientras empezamos a bailar nos miramos a los ojos.

– ¿Te he dicho que estás preciosa?
– No muchas veces…
– Pues estás preciosa.
– Tú también estás impresionante. Esta corbata gris tiene algo que me gusta mucho. De hecho hoy me he enterado que muchas amigas de tu hija piensan que eres muy atractivo y Ben dice que debería sacar las uñas para defender lo que es mío.
– Mmmmm, jovencitas…
– ¡Oye! – le recrimino dándole un golpe en el hombro.

Cuando acaba la canción, Emma se nos acerca y me da un beso en la mejilla. 

– ¿Dónde están Will y Ben? – nos pregunta extrañada – Aún no he bailado con el renacuajo y lleva mucho rato sin molestar a ninguna de mis amigas.
– Pues de Ben hace rato que no sabemos nada. Está desaparecido junto con tus primos y Will ha ido a buscarles.
– ¡Como la líen el día de mi boda les mato!
– Venga, vamos a buscarles. Esperad que coja la cámara y avisemos a Rachel.

Nos alejamos de la carpa convertida en pista de baile justo en el momento en que nos alcanzan Joey y Claire con Emily en brazos.

– ¿Los habéis encontrado? – les pregunto.
– No, ni rastro – me dice Joey – Te juro que los arresto y les hago pasar el resto del verano encerrados.
– Will también les está buscando… Ben está con ellos.

Nos adentramos en la parte más alejada del jardín cuando empezamos a oír una risas y cuando estamos lo suficientemente cerca vemos que los aspersores de esa parte del jardín están encendidos y que los chicos, Will incluido, están haciendo el burro resbalando por encima del césped, totalmente empapados.

– ¿Pero qué hacéis? – les grita Emma.

Los cuatro se quedan parados de golpe. Han tenido la delicadeza de quitarse la americana y quedarse con la camisa, que llevan totalmente pegada al cuerpo.

Patrick y Joey sonríen y se miran divertidos mientras enfoco el objetivo y empiezo a hacerles fotos. Éstas son las que más me gusta hacer.

– Pues a mi no me parece tan mala idea… – dice Patrick de repente.
– A mí tampoco… – contesta Joey.

Emma les mira con los ojos abiertos como platos.

– No os atreveréis… ¿Papá? ¿Joey?

De repente Joey sale corriendo hacia donde están los chicos empapándose con el agua y resbalando con el césped tal y como estaban haciendo hace un rato. Patrick ríe a carcajadas, al igual que Emily, que ha salido disparada detrás de su padre.

– ¡Papá! ¡Ven! – le gritan Will y Ben a Patrick.

De repente Patrick se gira hacia mi y sin pensárselo dos veces me quita la cámara de las manos dándosela a Emma, me coge en brazos y carga conmigo hasta quedarnos en el centro de los aspersores.

Nos besamos mientras el agua resbala por nuestra cara y nos empapa toda la ropa y de repente, todo a mi alrededor vuelve a desaparecer. Es algo que Patrick ha conseguido que pase siempre que sus labios rozan los míos. 

Unos golpes en la puerta me devuelven a la realidad. Me dirijo hacia la puerta y la abro con cuidado de que no entre mucha luz.

– ¿Se puede? – me pregunta Patrick.
– Adelante.

Se sienta en el taburete y me agarra por la cintura atrayéndome a él. Apoya la barbilla en mi hombro y observa las fotos que cuelgan de la cuerda. 

– Qué fotos más bonitas… Mira esa – dice señalando una en la que estamos los dos debajo del chorro de los aspersores – Me encanta. Nos la debió hacer Emma.
– A mí me gustan mucho esas – y le señalo mis favoritas. 

La primera es una imagen de Will, Emma y Ben riendo con la boca bien abierta por alguna ocurrencia del pequeñajo. Salen guapísimos los tres. Son mi regalo y les adoro.

La segunda es una imagen de Patrick y Will, sentados en unas escaleras, con las mangas de las camisas arremangadas y sin corbata ya. Charlan tranquilamente con una cerveza en la mano. Se palpa su complicidad claramente. Sé que Patrick quiere a nuestros hijos por igual, pero es innegable que con Will tiene una conexión especial.

– Los hemos hecho bien, ¿verdad? – me pregunta Patrick algo melancólico.
– Claro que sí. Alice y Charlie estarían muy orgullosos de ti – digo girándome hacia él – Cuidas a la perfección de tus dos familias, la nuestra y los chicos de la casa de acogida. 
– Gracias. Sé que a veces paso menos tiempo contigo del que debería… pero desde que mis padres no están me veo en la obligación de ayudar a Megan con los chicos…Le acaricio la cara mientras le beso con ternura.

– Bueno, ahora que tenemos la casa para nosotros solos después de varios años, podemos volver a ser como novios de nuevo… Sin nadie que nos interrumpa…
– Mmmm, como novios ¿eh? – y empieza a besarme mordiendo mis labios suavemente y acariciándome la espalda.

Entonces, cuando nuestra respiración ya está agitada y mi cuerpo pide sexo a gritos, se separa de mi y me susurra al oído.

– Elije una pared.