agarciaribas@gmail.com

 

—¿Estás despierto? Brad… Eh, Bradley… ¿Estás despierto?

—¡Sí! ¡Sí! ¡¿Qué pasa?! ¡¿Está bien Lilly?! —contesta de forma precipitada, incorporándose de golpe en la cama.

—Tranquilo —digo riendo mientras pongo una mano en su pecho y le vuelvo a recostar en la cama—. Ella está bien. Sigue durmiendo en su cama.

—¿Entonces?

—Mañana tienes que acordarte de ir a New Haven a por el vestido de la princesa para Lilly.

—¿En serio?

—Sí, acuérdate de que estaba agotado en todas partes y lo encargué en una tienda de allí.

—No, Harper, no me refería a eso. ¿En serio me despiertas a las…? —gira la cabeza para comprobar la hora en el despertador—. ¡Oh, joder! ¿A las cuatro de la madrugada, para recordarme que vaya a por un puto disfraz de princesa?

—Bueno, a lo mejor es que tengo tantas cosas en la cabeza que no me dejan pegar ojo… —le digo cabreada.

—Vale, pero quedamos en que me ibas a dejar encargarme de algunas cosas para liberarte de un poco de trabajo. Así que, por favor, deja de preocuparte por todo.

—Solo intento que mi niña encuentre debajo del árbol el disfraz que pidió.

—Que sí, que lo tengo controlado.

—¿Igual de controlado que las luces de la casa?

—Te he dicho que le he pedido a Matt que me ayude a ponerlas mañana.

—Sería lo suyo. Mañana es Nochebuena. Si esperas unos pocos días más a ponerlas, ya no tendrían sentido…

—Relájate, Harper…

—Eso intento pero…

—Estás embarazada. Tienes que descansar.

—Solo estoy de cuatro meses y medio.

Me agarra de la cara con una mano y me obliga a acercarla a la suya. Apoya sus labios en los míos, mientras sigo hablando, quejándome. Al comprobar que su intento de callarme ha fallado, se mueve hasta colocarse encima de mí. Con un rápido movimiento con la rodilla, me abre las piernas y se coloca en el hueco que queda en medio.

—¿Qué haces?

—Ya que me has despertado y no pareces tener sueño…

—Son las cuatro de la mañana, te tienes que levantar en tres horas.

—No has tenido tanta consideración antes, cuando me has despertado para que no me olvidara de comprar el disfraz de Cenicienta —dice moviendo las caderas y frotando su erección contra mi entrepierna.

—¡De Cenicienta no!

—Del que sea. ¿Lo tienes encargado, no? Pues el que me den —Acerca los labios a mi cuello y empieza a besarlo y lamer mi piel, mientras una de sus manos empieza a bajarme el pantalón del pijama.

—Bradley, si le traes uno que no sea el que quiere, tú y solo tú sufrirás las consecuencias.

—Bla, bla, bla…

—¡Oye!

—¡¿Qué?!

—¡No te lo tomas en serio!

—Es un puñetero disfraz, Harper. Además, todas las princesas visten igual, ¿qué mas dará uno que otro?

—Es el que ella le ha pedido a Santa Claus.

—Santa puede equivocarse.

—Es mágico, no se equivoca nunca.

—Siento ser yo quien te quite la venda de los ojos, pero Santa Claus no existe…

—De verdad, qué poco espíritu navideño tienes.

Pero ya no me escucha, porque está entretenido besando de nuevo mi piel. Del cuello ha descendido hasta los pechos, succionando uno de los pezones mientras pellizca el otro con los dedos. Saca la lengua y me lame, dibujando un camino descendente hacia el ombligo. Enmarca mi pequeña barriga de embarazada y la besa repetidas veces mientras yo sonrío, muerta de amor por él. Cuando baja algo más, arqueo la espalda y hundo los dedos en su rubio y despeinado pelo.

—Oh… Joder, Bradley… —jadeo cuando siento su aliento entre las piernas y su lengua tortura dulcemente mi clítoris.

—¿Joder, qué? —dice separándose unos centímetros.

Unas pequeñas descargas recorren mi cuerpo y mis piernas, en un acto reflejo, intentan cerrarse. Sus manos las agarran con fuerza, obligándolas a hacer lo contrario de lo que pretendían. Así, en un abrir y cerrar de ojos, me encuentro totalmente abierta y expuesta a él, agarrándome a su pelo. Sus labios succionan mi clítoris y vuelvo a jadear como una loca, hasta que me doy cuenta de que hace un rato que no siento sus caricias. Entonces abro los ojos y le encuentro mirándome fijamente, dejando su cara a escasos centímetros de la mía, sonriendo de medio lado.

—¿Qué pasa? —le pregunto.

—Que no me has contestado.

—¿Contestarte? ¿A qué?

—Antes has dicho: joder, Bradley. Y yo te he preguntado: ¿joder, qué? Y sigo esperando la respuesta.

—Ya sabes a qué me refería —digo haciéndome la tímida, mirando el cuerpo que tengo encima de mí, resiguiendo esos hombros musculados con un dedo, acariciando el vello de su pecho y admirando ese vientre firme.

—Lo sé, pero me gusta oírtelo decir…

Acerca su cuerpo algo más, doblando los codos y apoyando su peso en los antebrazos, que coloca a ambos lados de mi cabeza. Su nariz roza la mía y su aliento calienta mis labios.

—¿Qué quieres que te diga? ¿Que me gustas? ¿Que te quiero cada día más? ¿Que me pones cachonda? ¿Que lo que me haces sentir, no solo en la cama, no lo había sentido con nadie? ¿Que me encanta cómo me haces el amor? ¿Que me vuelvo loca cuando me tocas?

—Algo así, sí…

Justo en ese momento, Bradley se hunde dentro de mí sin previo aviso, provocando que de mi boca salga un intenso gemido. Sin dejar de mirarme a los ojos, sin perderse ninguna de mis reacciones a sus embestidas, repite la misma operación varias veces. Lo hace sin prisas, asegurándose de penetrarme lo más profundo posible. Cuando escucho que su respiración se acelera cada vez más, abro los ojos y le acaricio la cara. Aprieta la mandíbula con fuerza y arruga la frente, mientras yo le acerco hasta que nuestros labios se tocan. Pone una mano en mi nuca y rueda sobre sí mismo hasta quedar boca arriba, conmigo encima.

—¿Mami?

Me quedo quieta de inmediato al escuchar su voz. Pongo una mano encima del pecho de Bradley y un dedo encima de sus labios. Por unos segundos, el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas es lo único que se escucha en toda la habitación.

—¿Qué pasa? —me pregunta él.

—Tu hija. ¿No la has oído?

—No… —contesta, justo antes de quedarnos callados de nuevo, agudizando el oído para intentar escuchar algo más, hasta que pasados varios segundos, añade—: Te lo habrás imaginado…

—Shhhh…

—¿Mami? —se vuelve a escuchar.

—¿Lo ves? —digo separándome de él.

—Joder, qué oído tienes…

—Por eso me llama a mí siempre, porque tú estás sordo como una tapia —digo mientras me pongo rápidamente los pantalones del pijama y la sudadera de mi universidad—. Voy a ver qué le pasa.

Mientras Bradley se deja caer sobre el colchón, con los brazos extendidos, resoplando contrariado, yo salgo al pasillo y camino con paso decidido hasta la habitación de Lilly. Abro su puerta con sigilo y camino hasta su cama, encendiendo la luz de la pequeña lámpara de su mesita de noche.

—Lilly, ¿estás bien?

—Mami, he tenido una “pescadilla”.

—¿En serio? —le pregunto intentando que no se me escape la risa—. A ver, cuéntame qué pasaba.

—Estaba en mi habitación jugando y venía un señor malo y se me quería llevar. Y yo gritaba y lloraba pero no estabais porque me habíais dejado sola en casa.

—¿Un señor malo?

—Sí, con cuchillos en los dedos y la cara fea.

—¿Y a ese señor le has visto en la tele? —Lilly asiente lentamente—. ¿En casa?

—No.

—¿En casa de tío Matt?

—Sí. Cameron cogió el mando de la tele porque quería ver Pocoyó y salió el señor feo en otro canal.

—Pues entonces no tienes nada por lo que preocuparte. ¿Sabes por qué? Porque esa es una pesadilla que en ningún momento se hará realidad —Lilly me mira con sus enormes ojos azules, tapándose con la colcha hasta la nariz, atenta a todas y cada una de mis palabras—. Primero porque ese señor malo del que hablas, no existe, es solo un personaje de la tele. Y segundo porque nosotros nunca te dejaríamos sola en casa.

—¿Nunca?

—Nunca.

—¿Ni siquiera cuando venga el bebé? Pasaréis más tiempo con él…

—Cariño, te prometo que eso no es verdad.

—Pero es un niño, y papá le va a preferir a él.

—¡Eso no es verdad! ¿Cómo puedes pensar eso? —le pregunto, pero al ver su cara poco convencida, aparto las mantas y la cojo en brazos—. Ven, vamos a ver a papá.

Cuando entramos, escucho el ruido de la ducha y sonrío. Al final, pensando de forma muy acertada que la cosa iba para largo, ha decidido darse una ducha, seguramente fría, para quitarse el calentón de encima. Nosotras nos acostamos en la cama y, mientras esperamos a que salga, Lilly se entretiene poniendo la oreja en mi barriga para ver si escucha al bebé.

—¿Qué haces aquí? —le pregunta Bradley mirándole, con la frente arrugada.

—Verás, cariño, Lilly tiene una… inquietud… —digo levantando las cejas y haciéndole señas para que sea comprensivo.

—Vale… ¿Y bien? Cuéntame.

Bradley se seca el pelo con una toalla y se estira en su lado de la cama, girado de cara a nosotras.

—He tenido una “pescadilla” muy mala.

—¿Una “pescadilla”? —pregunta mirándome mientras yo le aclaro que lo que ha tenido es una pesadilla, y se le escapa la carcajada.

—No “hace risa”, papá.

—Cariño, no le tienes que tener miedo a las pesadillas porque no son verdad…

—Pero es que el señor era muy feo y malo.

—¿Y tú crees que papá no le pegaría una paliza? ¿Tú crees que papá le dejaría siquiera acercarse a ti?

Bradley se sienta en la cama, apoyando la espalda en el respaldo, y se pone a Lilly encima. Ella apoya la cabeza en su pecho mientras él le acaricia el pelo con cariño y besa su cabeza. La mece durante un buen rato, tranquilizándola, y entonces sé exactamente cómo mi hija se siente. Sé que en sus brazos se siente totalmente amada, protegida y segura, justo como me siento yo cuando estoy en su lugar.

—¿Estás mejor? —le pregunta mientras ella asiente con la cabeza.

—Papi, ¿puedo dormir con vosotros?

—Ya me lo imaginaba yo… —le contesta estirándose en la cama—. Está bien por hoy, pero no te acostumbres.

Lilly nos da un beso a ambos y se coloca boca arriba. Cierra los ojos y empieza a bostezar mientras yo acaricio su cara con mis dedos para adormecerla. Cuando su respiración se vuelve pesada, nos miramos a los ojos y sonreímos.

—Ya sé lo que más me gusta de ti —le digo—. Verte con Lilly.

≈≈≈

—A ver si te he oído bien… ¿En serio tengo que subirme a tu desván para buscar unas luces de navidad que deben de tener como mínimo treinta años y que es muy probable de que no funcionen? —me dice Matt, mirándome con la boca abierta.

Está sentado en la mesa de la cocina, desayunando, mientras Cameron se come sus cereales, sentado frente a él. Lilly está sentada en su regazo desde que entramos por la puerta y corrió a sus brazos.

—Sí… —le contesto—. Necesito que me ayudes. Tú eres el que ha subido más recientemente.

—Sí, claro, hace como diez años… Además, ¿quién eres tú y qué has hecho con mi hermano? ¡Pero si eras la maldita reencarnación de Míster Scrooge! ¿De dónde sale todo ese espítiru navideño?

—¡Joder Matt! ¡No me seas capullo!

—¡Capullo! ¡Capullo! —empieza a repetir Cameron.

—¡Joder, Cameron! ¡Calla! —dice Lilly.

A los dos se nos escapa la risa, hasta que Bree aparece por la cocina y nos da una colleja a los dos.

—Ah —nos quejamos a la vez, frotándonos la nuca.

—Vigilad esa boca. Que solo tienen cinco y cuatro años y ya hablan como unos pandilleros —nos reprocha, acercándose luego a mí para darme un beso en la mejilla—. ¿Qué tal está Harper? ¿Cómo van esas náuseas?

—Muy bien. Ya no tiene náuseas y los mareos también han desaparecido —respondo mientras Bree coge a Cameron en brazos.

—Genial. ¿Irá a la librería?

—¿Acaso lo dudas? —le respondo.

—Entonces luego iré a verla. Por cierto, mis padres se quedan con los niños, así que sí, la noche de Navidad, después de ni se sabe cuánto, saldremos de fiesta.

—¡Sí! —dice Matt poniéndose en pie llevando a Lilly aún en brazos.

Cuando Bree pasa por su lado con Cam en brazos, Matt la besa y le hace cosquillas a mi sobrino, que se retuerce de la risa.

—Por fin papi va a poder llevar a mami a bailar —le dice mientras el pequeño sigue riendo a carcajadas—. Te quedarás con la abuela, ¿a que sí?

—Vale —responde Cameron—, pero queremos pizza para cenar.

—Eso lo negociáis con ella.

—Bueno, me voy a trabajar. Toma a tu hijo —dice Bree dándole un beso a Matt mientras le coloca a Cameron en el otro brazo y, cogiéndole la cara con ambas manos, le da un largo beso en los labios.

—Te quiero.

—Yo más.

—Mentira —replica Matt.

—No, a mami la quiero yo más —interviene Cameron.

—Ay, mi niño precioso —dice Bree besándole varias veces justo antes de salir por la puerta.

Matt la mira embobado, incluso mucho después de que haya salido de su campo de visión. Yo le observo detenidamente, muy orgulloso de ver cómo mi pequeño delincuente ha sentado la cabeza, convirtiéndose incluso en un responsable padre de familia. Luego, deja a los niños en el suelo y haciendo ver que les da una patada en el culo, les dice que vayan a jugar.

—¿Y entonces? ¿Por qué de repente quieres poner luces en la casa? Pensaba que el árbol ya era demasiado por ti…

—Lilly quiere luces…

—Mujeres… Hacen lo que quieren con nosotros…

—Dímelo a mí. Luego tengo que ir a New Haven a buscar un disfraz que Harper a encargado…

—¿Un disfraz de Santa Claus para ti? Si sigues echando barriga, te va aquedar como un guante. ¿A qué tienda vas a ir? ¿No será un sex shop?

—Ja, ja y ja. Mira cómo lloro de la risa —le contesto—. Es un disfraz de princesa que Lilly quiere para Navidad.

—Pues nosotros le hemos comprado el stick… Tu hija es una niña de extremos, hockey sobre hielo y princesas…

—Como su madre… Tan pronto me da un beso como me pega un puñetazo.

—Merecido sin duda… —susurra entre dientes, aunque al ver mi cara, sonríe de forma forzada y añade—: El beso, por supuesto.

—Imagínate… Yo, el día de Nochebuena, en un centro comercial. Solo de pensarlo, me entran escalofríos y se me ponen los pelos de punta.

—Piensa en la recompensa nocturna.

—Sí… Como acabe como la de hoy…

—¿Qué ha pasado?

—Pues que Lilly tuvo una pesadilla y nos cortó el rollo justo en el mejor momento. Y cuando se calmó, no pudimos retomar donde lo dejamos porque se vino a dormir a nuestra cama.

—Qué putada…

—Pues controla, porque creemos que la pesadilla tenía que ver con el tipo de “Pesadilla en Elm Street” y dice que la vio aquí con Cameron… Quítales el mando a distancia de la televisión porque son peligrosos.

≈≈≈

—¡Hola! —la saludo al entrar en la librería.

—¡Hola Bree! ¿Y Cameron? ¿No viene contigo?

—No, hoy se ha quedado con Matt y Brad. Están los cuatro en mi casa. Pero te he traído un té.

—¡Gracias! No sabes lo bien que me viene… Esto helada… Llevo dos pares de calcetines y tengo una estufa aquí debajo —dice señalando debajo de su escritorio—, pero aún así, tengo los dedos de los pies congelados.

—¿La calefacción?

—Es de los años cincuenta, y no va muy bien.

—¿Y Bradley ya te deja venir a trabajar en estas condiciones?

—Sí porque, básicamente, no lo sabe.

—Oh, oh…

—Y espero que siga así. Problemas he tenido para que me dejara levantarme de la cama cuando estuve con las náuseas y los mareos…

—Soy un tumba —le digo sellando mis labios con los dedos—. Mi madre dice que vengáis a la hora que queráis, pero por vuestro bien, alejaos de todo el caos de gritos y consignas militares y no aparezcáis hasta eso de las ocho, cuando la cena esté lista.

—De acuerdo —me contesta riendo.

—Y la buena noticia es que mis padres se quedarán con Lilly y Cameron para que podamos ir a la fiesta en el bar de Josh.

—¿Estás de broma? ¿Con los dos? ¿A dormir? —me pregunta mientras yo asiento con la cabeza y una gran sonrisa.

—Sí, espero que se porten bien y no le suelten las dos nuevas palabras que han aprendido hoy… Más que nada para que no se arrepientan y nos los devuelvan…

—¿Mejor no pregunto, verdad?

—Mejor.

—¿Te gusta?

Harper me enseña la foto que acaba de enmarcar y luego se levanta para colgarle en el, no ya tan pequeño, museo. Es una instantánea del lago helado, su lugar favorito de todo el pueblo. En ella salimos patinando yo y Matt, él llevando a hombros a Cameron, el cual no se atreve aún a patinar, Bradley y Lilly, ella ya con un estilo bastante depurado para su edad.

—¿Sabes? —empieza a decir—. Creo que ese lago cambió mi vida y tengo la sensación de que muchos de los momentos más felices pasan ahí.

Sonrío al escucharla porque sé exactamente a qué se refiere. Yo viví la historia de amor de Brad y Harper desde el principio, desde mucho antes de empezar, cuando se odiaban a gritos y se amaban en secreto. Sé que que en el lago intercambiaron las primeras palabras amables en varios días y sé que allí también dieron rienda suelta a su pasión por primera vez.

En ese momento, suena el teléfono y mientras ella cuelga la nueva foto, yo corro para descolgar. Siento el calor de la estufa cuando me acerco al escritorio y eso me reconforta.

—¿Polo Norte, dígame? —digo al reconocer el teléfono de mi casa, suponiendo que debe de ser Matt el que llama.

—¿Hola?

Hago una mueca cuando me doy cuenta de que quien está al otro lado de la línea es Bradley. Miro a Harper, que no me quita ojo de encima y sabe por mi expresión, que la he cagado.

—Es para ti —le digo pasándole el auricular cuando ella se acerca, pidiéndome explicaciones con la expresión de su cara.

—¿Hola? Ah, hola cariño… —Me alejo unos pasos pidiéndole disculpas—. No, era un broma de Bree. En serio, no pasa nada…

Harper me hace una seña con la mano, amenazándome con cortarme el cuello por haber metido la pata tan solo diez minutos después de haber prometido no hacerlo.

—Vale, perfecto. Sí, está encargado a mi nombre. Cuando salga de la tienda, si llego a tiempo, os echo un cable —sigue diciendo—. Te amo.

—Lo siento… —me disculpo levantando ambas manos—. Pensaba que era Matt…

—No pasa nada. Parece que le he convencido… Bradley se va ahora a por el disfraz de Lilly. Ha dejado a Lilly con Matt y Cameron. Luego subirán al desván de casa para buscar las luces de la casa.

—¿Bradley se ha dado un golpe en la cabeza? ¿De repente le ha invadido el espíritu navideño?

—No, algo más efectivo… Lilly le hizo pucheros y se lo pidió por favor.

—No me lo creo… Míster Scrooge ablandado por una niña…

—No sabes de lo que es capaz de hacer por ella…

≈≈≈

Tardo quince minutos en entrar en el centro comercial, otros veinte en conseguir aparcar y casi cuarenta minutos en encontrar la puñetera tienda dentro del laberinto de pasillos llenos de gente cabreada corriendo arriba y abajo. Cuando entro, me dirijo directamente al mostrador.

—¡Oiga, haga la cola como todos los demás! —me grita un tipo con la cara roja como un tomate.

—Solo quiero hacer una pregunta… —contesto arrugando a frente.

—¡Pues haga la cola como los demás!

—Que le jodan… —digo perdiendo la paciencia.

Cuando veo que se acerca una dependienta, antes de darle tiempo a atender a nadie, la asalto:

—¡Perdone! Mi mujer encargó un disfraz…

—Tiene que hacer la cola. Cuando llegue su turno, le compruebo si nos ha llegado.

Después de mirar con incredulidad a la chica, resoplo resignado y camino hacia el final de la cola antes de que se haga más larga. Cuando paso por al lado del tipo de antes, me mira de reojo, con aire de suficiencia. Me dan ganas de estamparle un puñetazo en toda la cara, pero me contengo por el bien de mi hija.

Veinte minutos después, llega mi turno frente al mostrador. Justo cuando voy a abrir la boca para repetir las mismas palabras de antes, el teléfono del mostrador suena y la dependienta descuelga el auricular. Resoplo de nuevo, resignado, mientras detrás de mí se escuchan las quejas de los demás.

—Espere que se lo compruebo —dice la dependienta mientras teclea las teclas con un dedo de su mano libre, hecho que se hace eterno—. No… En rojo no nos queda… Tenemos en amarillo y azul… Espere a ver…

Después de varios minutos más, cuando mi paciencia roza unos límites insospechados, la dependienta vuelve a hablar.

—El ordenador me marca que en la tienda de Rochester quedan tres en color rojo… No, me temo que no puedo reservarlo, pero puedo darle el teléfono de la tienda de allí… Sí, espere que lo busco…

—¡Venga, hombre! —me quejo desesperado, levantando los brazos.

Cinco minutos después, la dependienta cuelga y me mira a la cara, con evidentes signos de cabreo hacia mí, supongo que debido a mis constantes quejas y muecas de desaprobación.

—Dígame —dice de mala gana.

—Como le decía hace lo que parece una eternidad, mi mujer encargó un disfraz.

—¿Nombre?

—Eh… Bradley…

—El de su mujer, no el suyo.

—Ah, Harper.

—¿Y el disfraz?

—De princesa.

—¿De cuál de todas ellas?

—¡Venga ya! ¡¿No me diga que necesita más datos?! ¡¿Cuántas mujeres llamadas Harper le han encargado un disfraz de princesa?!

—Solo se lo pregunto para comprobar que el disfraz que ha encargado su mujer es el que realmente va en la bolsa.

—¿Sabe qué? —le digo, acercando mi cara, sonriendo—. Que me arriesgaré y confiaré en ustedes.

Haciendo una mueca, la chica se aleja del almacén para volver al rato con una bolsa en la mano. Saco el dinero con rapidez y casi le arrebato el cambio y la bolsa, caminando a toda prisa hacia la salida. Solo cuando llego al coche y cierro la puerta, me permito cerrar los ojos e intentar relajarme. De todos modos, no me entretengo demasiado, porque aún me queda llegar a casa, subirme al desván con Matt para buscar las luces, y ponerlas donde Lilly quiera.

≈≈≈

—¡Veo, veo!

—¡¿Qué ves?! —gritan los dos a la vez.

—Una cosita…

—¡¿Y qué cosita es?!

—Empieza, empieza… ¡por la letra M!

Al instante, los dos se dan la vuelta y miran alrededor. Van de un lado a otro del salón mientras yo les miro divertido. Lilly entorna los ojos, mirando detenidamente todo, intentando adivinar qué objeto que empieza con la letra M es el que yo he elegido. Cameron, al ser más pequeño, le va detrás como un perrito faldero.

—¡Mapa! —dice Lilly señalando el cuadro del pasillo, ese con una vista aérea de toda la zona. No es un mapa, pero no voy a ser yo quien le quite la ilusión.

—¡Mapa! ¡Mapa! —repite Cameron.

—¡Que no me copies! —le grita Lilly, girándose hacia él—. ¡Piensa tus propias palabras!

—¡No es el mapa! —intervengo con rapidez para que la pelea no vaya a más—. ¡Pero es una muy buena respuesta! ¡Seguid chicos!

Los dos vuelven a la carga, barriendo el lugar como si fueran sabuesos.

—¡Maceta! —grita Lilly.

—¡Maceta! —repite Cameron.

—¡Cameron! ¡Que no me imites!

—¡Tampoco! ¡Respuesta incorrecta!

Me muevo alrededor de ellos, bailando y haciéndoles tonterías para ponerles nerviosos.

—¡Matt, para! —ríe Lilly—. ¡Nos pones nerviosos y no nos concentramos!

—¡Papá! ¡Que no nos encontramos!

—Concentramos, Cameron —le digo revolviéndole el pelo—. Y no repitas lo que dice Lilly. Piensa porque seguro que la sabes…

Eso anima mucho a Cameron, que enseguida se pone a buscar como un loco. Al rato, me mira y empieza a recitar:

—¡Moto! ¡Mono! ¡Mesa! ¡Montaña!

—¡Jajaja! Camerón, todas esas cosas no están aquí dentro. ¡No seas tramposo! —le digo haciéndole cosquillas mientras él se retuerce entre mis brazos.

—Matt, no se me ocurre nada… —me dice Lilly entonces, acercándose a mí.

—¿Os rendís? —les pregunto.

—¡Sí! —contesta Cameron al instante.

—¡No! —se apresura a decir Lilly—. Pero danos una pista.

—Una pista… Vale —digo poniéndome en pie y cogiéndoles a ambos de una mano—, lo que tenéis que buscar es algo que está en alguno de nosotros tres…

—¡Matt! —grita Lilly que, cuando ve que Cameron va a repetirlo, le echa una mirada intimidatoria—. Tu nombre empieza por la M.

—Tampoco, pero esa sí que es buena… Vas bien, pequeña.

—¡Moco! —grita de nuevo de repente.

—¡Sí! —digo eufórico, levantando los brazos, justo antes de coger a Lilly al vuelo y lanzarla por los aires—. ¡Esta es mi chica!

—¿Dónde hay un moco? —pregunta Cameron.

—¡En tu nariz, so bobo! —responde Lilly señalándole.

Cameron se lleva la manga del jersey a la nariz y se limpia los mocos con ella. Lilly y yo hacemos una mueca de asco con la boca, justo antes de reír a carcajadas. En ese momento, Bradley entra por la puerta.

—¿Qué pasa aquí? ¿De qué os reís? —pregunta.

—Del moco de Cameron —responde su hija.

—Eres una gran influencia para ellos, sí señor —me dice Bradley, dándome unos golpes en el hombro.

—Oye, que todo esto tiene un propósito educativo… Estábamos jugando al veo veo y de paso, aprendiendo las letras.

—M de moco, claro… Ya de paso, enséñales que caca empieza por C e idiota por I.

—Si tienes alguna queja, te buscas otro canguro la próxima vez.

—Vale. Oye, ¿me ayudas en lo de las luces? ¿Subimos al desván?

—¿Y qué hacemos con este par? ¿Nos los subimos también?

—¡Chicos, coged unas linternas que nos vamos de excursión! —dice mi hermano mientras los niños gritan de alegría.

≈≈≈

Llevo toda la tarde cocinando, pero no me importa. Todo es poco para mi familia, y quiero que salga todo perfecto. Por eso pongo mucho esmero cuando preparo la mesa, cuidando cada detalle. Voy a sentar a los chicos al lado de Stan, a Bree y Harper en medio y a mis preciosos nietos a mi lado. Sé que Lilly no es mi nieta en realidad, pero conozco a su padre de toda la vida y su madre es una de las personas más especiales que he conocido, así que desde que nació me comporto como si lo fuera, igual que ella conmigo.

—¡Abuela! ¡Abuelo! —escucho la voz de Cameron y el ruido de sus pasos hasta la cocina.

—¿Dónde está mi campeón? —pregunta Stan cogiéndole en brazos y lanzándole al aire.

—¡Aquí! —grita el pequeño.

—Hola mi vida —le digo cuando le cojo y él se me abraza con fuerza—. ¿Dónde están tus padres?

—Me ha dicho mi padre que os dé las gracias por darme de comer y quedaros conmigo —contesta dejándome a mí con la boca abierta—. Que ya volverán algún día de estos a por mí.

—Pues dile a tu padre de mi parte, que cuando le pille le voy a agarrar de las pelotas y le voy a convertir en eunuco para el resto de su vida.

—¡Stan! —le reprocho mientras él se ríe.

—Vale, veo que no ha colado —dice Matt entrando en la cocina con mi hija cogida de su mano.

—¿Qué es un “nuco”? —pregunta Cameron.

—Nada… —contesta Stan dándole un abrazo cariñoso a Matt y un beso enorme a Bree—. Falsa alarma.

—Huele de maravilla, Jud —me dice Matt al acercarse para darme un beso—. Como siempre.

—Gracias, cariño.

—¡Abuela!

Un torbellino entra por la cocina y se me tira a los brazos, seguida de cerca por Bradley y Harper.

—¡Hola preciosa mía! —le digo mientras la estrecho entre mis brazos.

—No es tu abuela —dice Cameron, mirándola muy serio—. Yo te la presto, pero no es tuya de verdad.

—Cameron, por favor —le reprocha Bree—. No hagas que me enfade.

Siempre están igual y, aunque se adoran y no saben vivir el uno sin el otro, siempre están peleando y haciéndose la puñeta el uno al otro. Después de la pequeña rencilla y de los saludos de rigor, a pesar de que todos parecen estar muy a gusto en la cocina, nos sentamos a la mesa y empezamos a cenar.

—Me ha dicho Bree que os vais a Nueva York para fin de año —les pregunta Stan.

—Sí —contesta Bree—. Como este año mis padres no podían venir en Navidad, nos vamos para allá.

—Y voy a poder patinar en el parque, abuelo —dice Lilly.

—Como si aquí no pudieras hacerlo… —le dice Bradley.

—Veo que ir a Nueva York te hace tanta gracia como siempre, ¿eh? —intervengo yo mientras él me mira resignado.

—Calla, que ya le tengo casi convencido y le he propuesto planes que incluso le apetecen…

Ambos se miran con complicidad, sonriéndose, y seguro que entendiéndose perfectamente, sin necesidad de abrir la boca. La misma complicidad y atracción que todos notábamos y sabíamos que había entre ellos, aunque se resistieran a admitirlo.

—¿Tenéis calor? ¿Queréis que apague la calefacción? —les pregunto cuando ya estamos acabando de comer.

—¡No, por favor! —me contesta Harper enseguida.

—¿Estás bien? —le pregunta Bradley extrañado, tocándole la frente con una mano.

—Sí, solo es que… Ya sabes que soporto muy mal el frío.

—¿Aún no funciona la calefacción de la librería? —le pregunta Matt sin levantar la vista del plato.

—¿No funciona la calefacción? —pregunta de nuevo Bradley, esta vez ya con el ceño fruncido y una expresión de preocupación en la cara.

Harper fulmina a Matt con la mirada mientras este pone cara de disculpa, así que doy por hecho que ella había decidido no contarle nada a Bradley…

—Repito la pregunta: ¿no funciona la calefacción de la librería?

—No…

—¿Desde hace cuánto?

—Pocos días…

—¿Cuánto son pocos días?

—No sé…

—¿Matt? —Bradley gira la cabeza hacia su hermano, el cual traga saliva y mira repetidamente a Harper—. No la mires a ella. ¿Desde cuándo lo sabes? ¿Cuánto hace que no funciona la calefacción?

—Unas dos semanas, creo —contesta agachando la cabeza—. Puede que algo más…

—¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué ninguno de los dos me dijo nada?

Bree desvía la mirada hacia Cameron, que se está peleando con un trozo de pollo.

—Tía Bree y yo también lo sabíamos —dice entonces Lilly.

—¿Alguien más? —pregunta Bradley cada vez más enfadado mientras Harper niega con la cabeza.

—Te lo pensaba decir…

—¿Cuándo?

—Cuando estuviera arreglada…

—¿Y cuándo va a estarlo?

—Después de fiestas, cuando venga el técnico al que he llamado.

—¡Pero eso es ilógico! Mientras viene, podría ir yo a echarle un ojo…

—Ya lo hizo Matt…

—No tiene fácil arreglo, Brad. Creo que hay que cambiar toda la instalación porque es muy antigua…

—Mientras tanto, tengo estufas…

—Que claramente no son suficientes… ¿Se puede saber por qué no me lo has dicho? ¿Por qué nadie me dijo nada?

—Porque yo les pedí que no te dijeran nada —confiesa Harper.

—¡¿Por qué?! —pregunta Bradley desesperado y cada vez más encendido.

—Porque no quería que te preocuparas. Bastante me costó convencerte de que me dejaras ir a trabajar… ¿Si supieras que paso frío, me dejarías ir?

—¡Por supuesto que no!

—Pues por eso mismo no te lo dije.

Bradley se la queda mirando, entornando los ojos. Está cada vez más enfadado, aunque por suerte, como Harper ya le conoce lo suficiente, no sube el tono en ningún momento y se mantiene serena.

—No pasa nada, cariño. Necesito ir a trabajar porque me distraigo. El bebé está bien, yo me encuentro bien, y un poco de frío en los pies no hará que cambie la situación. Me abrigo un poco más y ya está. Relájate, por favor. Hasta ahora parecías llevarlo bastante bien…

—Y yo le he comprado unos calcetines de lana gruesos… —interviene Matt, asintiendo con la cabeza mientras mira a su hermano.

—Y te he quitado una de tus chaquetas para ir a trabajar. Ya sabes que me acostumbré a ponérmelas y me encantan —dice Harper mirándole con una sonrisa en la cara mientras le agarra del brazo—. Vamos… No es para tanto, y en el fondo lo sabes…

—Bradley, tienen razón… —intervengo al ver que se queda callado, pensativo y cabizbajo—. Además, Harper es la mujer más fuerte que he conocido nunca. Si puede contigo y con tu hermano, puede con un poco de frío en los pies. Y ahora, ¿quién quiere tarta de chocolate?

≈≈≈

Algo me despierta, no sé aún el qué. Siento que debo abrir los ojos, y no sé explicar por qué. Cuando lo hago, lentamente, me encuentro con sus ojos.

—No pretendía despertarte… —se disculpa.

Entonces me doy cuenta de que su mano reposa en mi vientre. Cuando la va a retirar, con expresión culpable, se la agarro y la mantengo donde estaba.

—Lo siento —repite agachando la cabeza.

—No pasa nada. Si tú te sientes mejor haciendo esto, hazlo —le digo acariciando su mejilla.

Teniendo en cuenta que cuando estuve embarazada de Lilly, al principio quiso que abortara, luego se desentendió al ver que yo quería seguir adelante, después casi me retuvo en casa cuando nos reconciliamos y casi contuvo la respiración hasta que dí a luz y comprobó con sus propios ojos que las dos estábamos, si esta vez se va a conformar con tocarme la barriga mientras duermo para quedarse tranquilo, estoy dispuesta a dejárselo hacer cada noche.

—¿Qué hora es? —le pregunto.

Se gira hacia su mesita de noche y tras comprobar la hora en su despertador, se vuelve hacia mí y, susurrando, contesta:

—Casi las seis.

—¿Y qué haces despierto? No me digas que estás aún preocupado por la temperatura de mis pies…

—No —contesta sonriendo, apoyando la otra mano en mi mejilla—, pero de alguna manera, verte dormir, tan relajada y… segura, me hace sentir bien.

Beso la palma de su mano y ladeo la cabeza de forma cariñosa, acercando mi cuerpo al suyo, acurrucándome contra él. Cuando estoy pegada a su pecho, me abraza con fuerza y deja ir un largo suspiro.

—Os amo —me dice—, más que a nada en el mundo. Haría cualquier cosa por Lilly, por este pequeño y por ti…

—¿Cualquier cosa?

Bradley se separa de mí unos centímetros y me mira extrañado. Arruga la frente, en ese gesto tan típico de él, y mientras yo acaricio con los dedos los surcos que se le forman, intentando que relaje la expresión, él dice:

—Claro que sí.

—Pues fóllame —susurro contra su boca, agarrándole de la camiseta—, ahora.

Muerdo su labio inferior y tiro de él, hundiendo los dedos de mis manos en su pelo. Nunca he recibido un no por respuesta por su parte, y esta vez no es diferente. Como un resorte, siento su creciente erección en la parte baja de mi vientre y, con mucho tacto y delicadeza, me estira de nuevo boca arriba y, sin dejar de besarme, empieza a bajarme el pantalón del pijama. Conformo sus manos descienden, también lo hacen sus labios, que besan cada centímetro de mi piel. Cuando siento el calor de su aliento traspasar la fina tela de mi tanga, me remuevo nerviosa. Definitivamente, estoy mojada y cuando Bradley retira un poco la tela con los dedos y su lengua se adentra en mí hasta lame mi clítoris, con su barba haciendo cosquillas en la cara interna de mis piernas.

—¡Mami! ¡Papi! ¡Corred! ¡Ha venido Santa Claus!

Me cubro rápidamente con el edredón, tapando el cuerpo de Bradley, que se queda inmóvil al instante.

—¡Corre mami! ¡Ven! —vuelve a gritar Lilly, entrando en nuestra habitación como una exhalación—. ¡Hay regalos debajo del árbol!

—Es muy temprano, cariño. ¿Por qué no vas a tu cama e intentas dormir un poco más?

—Ya no tengo más sueño. ¿Dónde está papi?

—Eh… En el baño —me apresuro a contestar.

En cuanto veo que empieza a caminar hacia el cuarto de baño, golpeo la cabeza de Bradley para indicarle que puede moverse y me levanto de la cama con prisa.

—Déjale tranquilo Lilly —digo mientras me subo el tanga y me pongo el pantalón del pijama y la bata—. Ya bajo yo contigo y empezamos a abrir los regalos.

—¡Bieeeeeen! ¡Papá, baja rápido!

Afortunadamente, Lilly sale de la habitación tal cual ha entrado, como un torbellino. Yo la sigo de cerca, y justo antes de salir, escucho la voz de Bradley.

—Recuérdame lo gratificante que es ser padre…

—Calla —le susurro riendo—. Y no tardes en bajar.

≈≈≈

Apoyo las manos en el lavamanos mientras me miro al espejo, resignado. Luego agacho la vista hacia mi erección, negando con la cabeza, maldiciéndome por otra oportunidad perdida. Sin duda, Lilly ha cambiado las reglas del juego, y ya no soy capaz de recordar cuando fue la última vez que disfruté de Harper sin prisas. Hacer el amor se había convertido en un deporte de riesgo y los dos últimos intentos había resultado infructuosos…

Me mojo la cara con abundante agua, justo antes de ponerme una camiseta y bajar las escaleras hacia el salón.

—¡Mira, mamá! ¡La pastelería que yo quería!

—¡Sí! —responde Harper con una enorme sonrisa—. Y tiene horno y todo.

Lilly abre la pequeña puerta del horno  aprieta varios botones que hace que se enciendan algunas luces y emita algunos sonidos.

—¡Papá! ¡Mira qué bonito!

Me acerco hasta ella y me siento en el suelo, a su lado, aunque enseguida se coloca en mi regazo con otro regalo en las manos. La abrazo y siento los latidos rápidos de su corazón mientras empieza a rasgar el papel. Veo que Harper nos mira con una enorme sonrisa dibujada en su cara, sonrisa que yo le devuelvo, lanzándole a la vez un beso.

—¿Qué me decías antes? ¿Que te recordara qué? —me susurra mientras yo sonrío como un bobo.

Tiene toda la razón, y aunque en ocasiones echo de menos cuando estábamos solos los dos, estos momentos con Lilly son impagables, y ver su cara de felicidad bien merece todas las interrupciones del mundo.

—¡Uala! ¡Qué pasada! ¡Cómo mola!

Lilly nos devuelve a la realidad con sus gritos y dejamos de mirarnos para centrar toda nuestra atención en ella. En cuanto veo lo que tiene entre sus manos, palidezco al instante. Miro a Harper, que me fulmina con la mirada, pidiéndome explicaciones.

—¡Me encanta! —grita Lilly con el disfraz entre los brazos—. ¡No lo había pedido pero me encanta!

—¿Un disfraz de Hulk? —pregunta Harper mirándome fijamente—. ¿Por qué narices Santa Claus te ha traído un disfraz de un tipo verde, gordo y feo en lugar del de princesa que habías pedido?

Yo encojo la cabeza entre los hombros, mientras niego sin saber qué ha pasado. La verdad es que tenía tantas ganas de salir de la tienda y del centro comercial que, aunque la dependienta insistió en comprobar si el disfraz que me llevaba era el correcto, yo agarré la bolsa y salí pitando de allí. Era lo único que me pidió, del único regalo que me tenía que encargar, y la cagué.

De repente, un gruñido desgarrador resuena por todo el salón y los dos giramos la cabeza hacia su procedencia. Antes nosotros, nuestra niña, ataviada con el disfraz verde, con músculos de espuma y unas enormes manos cerradas en puño que suenan cuando chocan la una contra la otra.

Sin poderlo remediar, mi expresión va cambiando poco a poco y se me escapa una sonora carcajada. Lilly se contagia de ella y se me tira a los brazos gritando:

—¡Me encantaaaaaaa!

—¿Segura? O sea, ¿no habías pedido uno de princesa? ¿Con vestido, corona, varita mágica y eso? —le pregunta Harper mientras Lilly la mira con la boca abierta, aún entre mis brazos.

—Una varita no puede hacer esto —contesta poniéndose en pie y haciendo chocar los puños entre sí—. Y mira, mamá, tócame los músculos.

Lilly se acerca hasta Harper y le toca los pectorales acolchados del disfraz haciendo una mueca de admiración con la boca.

—Parece entonces que el gordito de rojo ha acertado, ¿no? —digo.

—¡Sí! —contesta Lilly dando saltos de alegría.

—Eso parece… —añade Harper mirándome con los ojos brillantes por la emoción de ver tan feliz a nuestra hija—. ¿Y sabes qué? También ha dejado una cosa para ti…

—¿En serio? Si no he pedido nada…

—Bueno, ha demostrado de sobra que tiene mucha imaginación…

—¡Sí, papá! ¡Ábrelo! —dice cogiendo el sobre que le tiende su madre y acercándomelo con mucho esfuerzo.

—Gracias —le digo con una inclinación de cabeza.

En cuanto rasgo el sobre, meto dos dedos en su interior y saco tres entradas para ver a los Rangers. La cara se me debe de iluminar, porque enseguida mis dos chicas sonríen de oreja a oreja.

—Parece que ha vuelto a acertar —dice Lilly.

—Son para cuando vayamos para fin de año —digo mirando a Harper, que asiente con la cabeza, totalmente feliz de ver que su regalo me encanta.

—¿A que ya tienes más motivos para hacer que te apetezca un poco más ir?

—Y hay tres… ¿Quiere decir eso que yo también voy? —pregunta Lilly con los ojos muy abiertos.

—Bueno, supongo que Santa Claus le ha regalado las entradas a papá y él puede invitar a quien quiera…

—Mmmm… Me lo pensaré seriamente… —digo.

—A mí, papá, a mí. Por favor… Me gustaría mucho ir… —me ruega Lilly, arrodillándose en mi regazo mientras junta los enormes puños de Hulk frente a su cara.

—Me lo pensaré. Mientras tanto, toma, llévale esto a mamá —digo entregándole mi sobre.

Lilly se lo lleva  se queda frente a ella mientras Harper rasga el sobre y saca de dentro las entradas que yo le he comprado. Es gracioso, porque ambos hemos pensado en lo mismo y nos hemos regalado entradas para disfrutar de cosas que nos gustan mientras estemos en Nueva York. Hockey en mi caso, un musical de Broadway en el suyo.

—¡Vaya! ¿En serio? ¿El Fantasma de la Ópera? ¡Me encanta! —dice mirándome, aunque enseguida disimula para Lilly y mirando al techo, dice—: ¡Gracias Santa! ¡Me encanta!

—Pero esta vez hay solo dos… ¿Con quién irás, mamá?

—Lo tengo que pensar… —dice mirándome mientras me saca la lengua.

—¿Me llevas a mí? Lo de la ópera no es que me guste mucho, pero los fantasmas sí.

—No es un fantasma como el que tú te imaginas… Creo que esta vez iré con tu padre…

—Pero yo me quedaré sola…

—Tranquila, cariño —le digo para intentar tranquilizarla—. Santa lo ha planeado todo, y mientras tu madre y yo estemos en la obra, tú te quedarás con David y Julliet. ¿Qué te parece?

—¡Genial! ¡Guay!

—¿En serio? —me pregunta Harper.

—Sí, en serio. David me llamó y me dijo que Santa le había pedido el favor. Parece que lo tiene todo planeado…

≈≈≈

—Mamá, en su mochila tienes el jarabe por si tiene tos y también el de la fiebre.

—¿Está malo? Cuando hemos comido juntos antes, parecía estar bien… —interviene mi suegro.

—Está perfectamente, pero su hija es una exagerada. ¿Nos vamos? —le pregunto a Bree, impaciente.

—Espera un momento —contesta Bree sin siquiera mirarme—. En la bolsa le he puesto, además del pijama, una muda por si tuviera algún accidente en la cama. Por si acaso, no le deis de beber después de las ocho.

—Cariño, es Cameron, nuestro hijo, no un puto Gremlin. Si se mea, habrá sido un accidente. ¿A que sí, campeón? —le pregunto agachándome a su altura.

—Has dicho puto —me contesta.

—Tú también.

—Mierda —maldice.

—Has dicho mierda —digo yo.

—Tú también.

—¿Estamos en paces? —le pregunto.

—¿Puedo comer tarta de chocolate de la abuela?

—Puedes.

—¿Dos trozos?

—No tientes a la suerte —digo poniéndome de nuevo en pie mientras levanto un dedo y le guiño un ojo.

—¿Te vas a portar bien? —vuelve a la carga Bree, cogiéndole en brazos.

—Que sí, mamaaaaaaaaa. Te lo he dicho millones de veces.

—¿Quién es el niño guapo de mamá? —pregunta.

—¡Yo! —respondo antes de que Cam lo haga, sacando la lengua mientras Bree me da un manotazo cariñoso—. ¿Nos vamos ya? Bree, cariño, que mañana le recogemos, que no vas a pasar ni veinticuatro horas separada de él.

—Mujeres… —dice Stan, entendiendo perfectamente mi desesperación.

Justo en ese momento, el coche de Bradley para frente a la casa de Jud y Stan. Lilly, se apea, corriendo hacia nosotros con su mochila a cuestas, seguida de cerca por mi hermano y por Harper.

—Eh —nos saluda Bradley.

—Cuánto tiempo… —bromeo yo, ya que hace menos de tres horas, estábamos comiendo todos juntos en su casa.

—Gracias de antemano —les dice Harper a Jud y Stan.

—No tenéis nada que agradecernos. Son mis nietos y me encanta quedarme con ellos —contesta Jud mientras Stan coge en brazos a Lilly, que rodea su cuello con su cortos bracitos.

—Gracias —le dice mi hermano mientras Jud le abraza y le da un beso en la mejilla.

Cuando todos se han despedido y llega mi turno, me acerco a mi suegra y nos miramos durante unos segundos.

—Cuídamela —dice Stan justo antes de entrar en la casa con Lilly en brazos y Cam agarrado de su mano.

—Sé que la cuidarás, siempre lo haces —me dice Jud cuando nos quedamos solos—. Pero prométeme una cosa.

—¿El qué?

—Divertíos al máximo.

—Dalo por hecho. Venimos… ¿sobre las once de la mañana?

—Dejadlos a comer. Así podréis dormir hasta tarde.

En cuanto me subo al coche, miro a Bree y le sonrío. Ella también me mira y se encoge en su asiento. Está tan guapa como siempre, como aquella primera vez que vino al bar de Josh con Harper. Aquella noche en la que conocí al amor de mi vida, que tuve frente a mis narices siempre, pero en la que nunca me había fijado de esa manera.

—¿De qué te ríes? —me pregunta.

—¿Quieres salir conmigo, otra vez?

—Siempre.

≈≈≈

En cuanto entramos en el bar de Josh, millones de recuerdos me vienen a la memoria. Lo cierto es que, si echo la vista atrás, son demasiadas las cosas que han pasado entre estas cuatro paredes. Recuerdo la primera noche que lo pisé, invitada por Matt. Aquella noche en la que él se dio cuenta, por fin, de la existencia de Bree. O la noche que abrí la librería de nuevo, después de la reforma, poco después del accidente de Matt. Acabamos también aquí y lo pasamos en grande, sobre todo Bradley y yo, encerrados en el lavabo. Tampoco puedo olvidarme de mi fiesta sorpresa de cumpleaños, o de la celebración del campeonato de liga de los chicos…

—¡No me lo puedo creer!

La voz de Josh me devuelve a la realidad. Cuando le miro, veo que ha salido de detrás de la barra y se ha arrodillado delante de Matt.

—¿A qué debo tal honor? ¿No me digáis que habéis vendido a vuestros hijos? —bromea.

—No hay dinero suficiente en el mundo —contesta Matt mientras Josh le da una cariñosa colleja en la nuca, justo antes de acercarse a a Bree.

—Hola preciosa. Me alegro de veros por aquí.

—Hola Josh.

—Bradley —le saluda dándole un abrazo y dándose unas palmadas en la espalda, justo antes de acercarse a mí para darme un par de besos—. Harper, estás preciosa.

—¿Cómo va el negocio? —le pregunta Brad.

—No nos quejamos… —dice cuando llegamos a la barra y él se vuelve a poner detrás de ella. Sacha aparece de la trastienda y al vernos, nos saluda a todos con una enorme sonrisa en la cara—. Oye, esto hay que celebrarlo… A la primera ronda invito yo. ¿Qué vais a tomar?

Bradley pide una cerveza, Bree un whisky con cola, yo una Coca-Cola mientras me señalo el vientre y pongo cara de circunstancias. Cuando llega el turno de Matt, Josh ni siquiera le mira para preguntarle, directamente le pone delante una botella de cerveza sin alcohol. Se miran con una sonrisa de complicidad, justo antes de excusarse y ponerse a atender a otros clientes.

Las siguientes dos horas las pasamos charlando con varios conocidos del pueblo. Algunos son asiduos de cada fin de semana, otros, como nosotros, han recurrido a los abuelos para poder escaparse a disfrutar de la conocida fiesta de Navidad en el bar de Josh.

Después, Bree y los chicos se ponen a jugar a los dardos mientras yo los observo sentada encima de uno de los taburetes. Les veo reír mientras Matt le hace la puñeta a Bradley. Discutir cuando Bree se queja de que Bradley la ha distraído o darse algún golpe deliberado para hacer que el que lanza el dardo, falle estrepitosamente.

—Vas a fallar. ¿Lo sabes, verdad? —le dice Matt a su hermano—. Fallarás ese tiro y me convertiré en el campeón mundial de dardos del día de Navidad de este bar.

Bradley le mira de reojo, sonriendo de medio lado, con aires de superioridad. Luego mira a Bree que, más pacífica y sabedora de que está muy lejos de alcanzarles, se encoge de hombros. Luego me mira durante unos segundos y nos quedamos estancados el uno en el otro. Vestido con unos vaqueros, sus botas desgastadas de color marrón y una camisa de cuadros, con el pelo más corto que cuando le conocí y alguna que otra arruga de más, pero con la misma pose de tío borde y arrogante de siempre. Ese carácter que me hizo enojar, que me sacó de mis casillas, que me descolocó y que, sobre todo, me enamoró. Cuando desvía la mirada hacia la diana y se concentra, me levanto y me coloco a su espalda, rodeando su cintura con mis brazos. Bradley ni siquiera llega a lanzar el dardo, sino que se da la vuelta hasta quedarse de cara a mí y me mira levantando una ceja.

—Me encanta esta canción —le digo mirándole a los ojos.

Sin mediar palabra, le da el dardo a Matt y dándole una palmada en el hombro, le dice:

—Tú ganas.

Luego me agarra de la mano y me lleva hasta la pista de baile. Acaricia mi vientre durante unos segundos, justo antes de rodear mi espalda con el brazo. No suelta mi otra mano, sino al contrario, la lleva hasta su corazón y la posa encima. No deja de mirarme a los ojos en todo el rato hasta el punto de llegarme a abrumar. Sus cristalinos ojos azules me hipnotizan de tal manera que incluso llego a perder el ritmo de la música e incluso tengo la sensación de que floto y de que me mantengo en pie gracias a que él me sostiene.

—¿Sabes…? Las mujeres soñamos, desde pequeñas, en qué nos deparará la vida cuando seamos adultas. Soñamos acerca de con quién nos casaremos, cuántos hijos tendremos, dónde viviremos… Y mi idea nunca se pareció ni lo más remotamente a esto. Siempre soñé con una vida en la ciudad, llena de lujos, asistiendo a todo tipo de fiestas de alto copete, con vestidos elegantes… Soné que tendría un novio de cuento, guapo y perfecto, al que conocería en la universidad. Un tipo que se haría rico y que me consentiría todo tipo de caprichos y con el que tendría un montón de niños, todos perfectos y bien peinados.

—¿Y la realidad…? —me pregunta él con algo de recelo e inseguridad.

—La realidad no puede ser más diferente, pero es mucho mejor de lo que soñé. Adoro vivir aquí, sin necesidad de lujos, asistiendo a estas fiestas, a las que puedo venir en vaqueros. Acompañada del mejor amigo, pareja y padre que puede existir, al que conocí porque me recogió en una inhóspita carretera, al que odié durante bastantes semanas y del que me enamoré perdidamente. Un tipo que pese a no ser rico, me consiente todos los caprichos, a mí y a nuestra preciosa, aunque algo despeinada y nada femenina, hija.

Bradley sonríe al escucharme, agachando la cabeza a la vez. Se muerde la cara interna de la mejilla durante unos segundos, arrugando la frente a la vez. Río y paso los dedos por los surcos de su frente, cogiendo su cara entre mis manos, acercándola a mis labios y besando cada centímetro de su piel.

—Te quiero, Bradley.

Él me mira a los ojos, entornándolos levemente. Al rato, me coge en volandas hasta que mi cara se queda a la altura de la suya. Sin importarme lo que piensen los demás, enredo mis dedos en su pelo, enrosco las piernas alrededor de su cintura y me dejo llevar. Agarrándome del trasero y de la nuca, Bradley hunde su lengua en mi boca.

—¿Cuánto rato más tenemos que quedarnos? —me pregunta al rato—. ¿Quieres quedarte o…?

—Sácame de aquí —digo sin dejar de besarle.

Me deja en el suelo y me agarra de la mano, tirando de mí con fuerza hacia la salida. Le hace una seña con la cabeza a su hermano, que le entiende al instante, y salimos al exterior. Caminamos con rapidez hasta el coche. En cuanto entramos, le veo resoplar y colocarse bien el pantalón a la altura de la entrepierna. Me acurruco en el asiento, sin dejar de mirarle, conduciendo con esa pose tan sexy. Observo su perfil, muy masculino, con la barba ensombreciendo su mentón, la nuez muy marcada en su cuello, subiendo y bajando al tragar saliva, esa nariz imperfecta y sus arrugas al lado de los ojos.

Para el motor y entonces me doy cuenta de que estamos a las afueras del pueblo, en nuestra carretera. Le veo apearse del coche y venir hasta mi puerta. La abre y me tiende la mano para ayudarme a bajar.

—Pensaba que querías llevarme a casa… —le digo mientras me dejo llevar por él.

—Y quiero, pero antes tengo que hacer algo…

Me lleva hasta la baliza de señalización, la que marca el punto kilométrico de la carretera, nuestro kilómetro 430.

—Hacía tiempo que no nos parábamos aquí… Echaba de menos este sitio… —comento mirando alrededor, aunque la única iluminación que hay es la luz que proyectan los faros del coche de Brad.

—Casi cinco años —dice él, antes de empezar a hablar de nuevo.

—¿Y qué hacemos aquí? —le pregunto mientras me estremezco por el frío.

En ese momento, Bradley clava una rodilla en el suelo y me mira con ojos vidriosos.

—¿Qué…? ¿Qué haces?

—Antes dijiste que era tu amigo, tu pareja y el padre de Lilly… Y ahí falta algo… Quiero serlo todo para ti. Sé que no lo necesitas, y yo tampoco, pero quiero hacerlo. Quiero casarme contigo. Harper, ¿quieres tú? ¿Quieres casarte conmigo?

Me llevo las manos a la boca, totalmente emocionada. Tiene razón, no necesito casarme con él para demostrar lo mucho que nos queremos, pero sí quiero hacerlo. Las lágrimas ruedan por mis mejillas pero no puedo dejar de sonreír.

—¿Eso es un sí? —me pregunta.

—Es un por supuesto.

Con la cara iluminada por la emoción, se pone en pie y me besa con ansia. Cuando tengo los labios hinchados y muy sensibles, me coge la cara entre sus manos y me mira embelesado.

—No tengo ningún anillo para regalarte… No lo tenía planeado… Fue un arrebato…

—No te preocupes —le digo agarrándome a sus muñecas—, no me hace falta.

Los primeros copos de nieve de la noche empiezan a caer y nos sorprende abrazándonos. Llevamos un buen rato así, sin prisa, disfrutando el uno del otro en nuestro lugar favorito del mundo, el punto en el que nuestras vidas se unieron para siempre.

—Vamos a casa, que empieza a hacer mucho frío.

Los dos nos montamos en el coche, pero cuando Bradley gira la llave en el contacto, el motor hace un ruido extraño, como si se ahogara. Él intenta arrancarlo de nuevo, pero con el mismo nulo reservado.

—Voy a ver qué pasa —me dice al rato—. No salgas, ¿vale?

Le veo abrir el capó de la furgoneta y hundir la cabeza en ella. Escucho varios ruidos cuando saca su caja de herramientas de la parte de atrás y, picando en mi ventana para que la baje, me dice:

—Creo que es algo del motor de arranque. Voy a intentar echar un vistazo pero no tiene buen pronóstico, al menos, no con la herramientas que tengo aquí. Sube la calefacción, no quiero que pases frío.

—Vale —le contesto sacando la cabeza para besarle.

Cuando vuelve a perderse por la parte delantera del coche, hago lo que me pide y enciendo la radio. Me distraigo tarareando alguna canción y navegando un poco por internet a través de mi teléfono móvil, hasta que, pasado un buen rato, le escucho maldecir y golpear con una llave inglesa. Vuelve a meterse dentro del coche, sin chaqueta y con las mangas de la camisa arremangadas a la altura de los codos, a pesar del frío. Tiene la cara, los brazos y parte de la ropa manchados de grasa, hecho que, añadido a su expresión de cabreo, no hace otra cosa más que recordarme a mi Bradley, al que conocí en este mismo punto y puso mi mundo patas arriba.

—Voy a llamar a Matt para ver si nos puede venir a buscar… —dice contrariado, buscando su teléfono en el bolsillo de la chaqueta.

—Espera… —le pido agarrando su mano.

Busco entre los CD hasta encontrar el que quiero. Lo pongo y busco la canción, la nuestra. En cuanto empiezan a sonar las primeras notas de la guitarra, le miro hasta que veo la respuesta que yo quería.

—¿Qué haces? —me pregunta mientras, tirando de su mano, le llevo a la parte de atrás de la furgoneta.

—Me pones mucho de esta manera…

—¿De qué manera?

—Sucio… Cabreado… —le digo mientras me siento a horcajadas encima de él, y sus manos recorren mi espalda y mis costados.

—Eres rara…

—Puede.

—Pero aún así, no puedo esperar a llegar cuanto antes a casa y hacerte el amor en nuestra cama. Tenemos que recuperar el tiempo perdido.

—No se me ocurre un lugar mejor para empezar a hacerlo.

Le beso mientras me froto contra su creciente erección. Sus manos siguen recorriendo mi espalda por dentro del jersey y sus dedos se deshacen del cierre de mi sujetador con la habitual facilidad pasmosa de siempre. A pesar de su reticencia a desnudarme para que no pase frío, me quito la parte superior y, después de admirarme durante un rato, lleva su boca a mis pechos y los tortura dulcemente. Cuando mi roce le hace imposible contenerse por más tiempo, se empieza a desabrochar el vaquero mientras yo hago lo mismo con el mío. Sin esperar siquiera a que me quite el tanga, aparta la tela a un lado y se clava con urgencia dentro de mí, echando la cabeza hacia atrás y dejando ir a la vez un gruñido de placer. Me obliga a quedarme quieta, clavando sus dedos en mi piel, apretando la frente contra mi pecho. Cuando siento que la presión de sus dedos se relaja, empiezo a moverme lentamente, arriba y abajo, sin dejar de mirarle a los ojos. Aumento el ritmo paulatinamente, agarrándole del pelo y tirando de él para echar su cabeza hacia atrás. Yo llevo la voz cantante y, aunque me encanta la faceta dominante de Bradley, así es como quiero que sea esta vez. Me encanta ver su mandíbula apretada, las gotas de sudor poblando su frente, o sus jadeos de placer, y saber que yo soy la causante de todo ello. Por eso, cuando sus brazos se estrechan alrededor de mi cintura y sus ojos se cierran con fuerza, cuando con cada estocada se hunde en mí hasta el fondo, cuando nuestras respiraciones se alteran y aceleran sin remedio, pego mi boca a la suya y acojo su jadeo gutural cuando se vacía dentro de mí, justo antes de hacerlo yo misma.

Permanecemos varios minutos en la misma postura, abrazados, sin miedo a ser interrumpidos por nadie.

—Tengo que llamar a Matt —me dice sonriendo, a la vez que posa una de sus manos en mi vientre—. No quiero que paséis frío.

—Vale —contesto posando mi mano encima de la suya, entrelazando los dedos—. Vamos a pedir que nos recoja una grúa… ¿Me dejas llamar a mí?

—¿Sabrás indicarle dónde estamos?

—No se me olvidará en la vida.

34 Comentarios

  1. Gabriella fan #1 de Bradley-Reply
    28 diciembre, 2014 en 20:51

    Vale, no sé que decir. Tengo que dejar un comentario y no sé que poner. Es que la verdad creo que no puedo estar más enamorada de este hombre… no puedo, no puedo, desde siempre sabes que es mi debilidad… y no es que los demás no me gusten, que me gustan, y mucho, pero mucho mucho pero es que mi Bradley es mi Bradley ahí donde lo ves…. tan tierno, tan bueno, tan bruto, tan borde, tan todo!!! Lo adoro!!

    Es el personaje que a mí más me ha marcado, pero no el que más me ha marcado de tus historias (que tambien) sino está en la posición número 1 junto al Sr. Zimmerman. Has sabido darle una personalidad muy peculiar que hace que sientas cada cosa que dice… ese hombre es perfecto!!! De verdad!

    Te acuerdas cuando hace unos días hablábamos de cumplir expectativas con este especial de navidad, y tengo que decirte que no las has cumplido… lo siento, una vez más has superado cualquier cosa que pudiera pensar que ibas a escribir, jamás pensé en un especial tan bonito, tan perfecto, tan Bradley!!!!!!! Eres la mejor escribiendo!!!

    Gracias por lo de la grasaaaaa… jajajaja estaba leyendo y veía que estaba llegando al final y yo pensado; la mato, la mato, la mato, donde está mi grasa!!!??? jajajajajaj chapó!! Gracias, gracias y mil gracias.

    Me ha encantado saber de todos los personajes de esta historia, como van sus vidas antes del epílogo (ese en el que Cameron y Lily la lían de tal forma que es genial) me ha encantado ver a Bradley en la faceta de papá, y me he reído lo que no está escrito con Hulk… quiero un marido así!!! Yo voy a pedírselo a los Reyes Magos a ver si cuela…

    Solo me falta una cosita que decir, bueno dos, la antepenúltima cosa es que gracias por escribir este especial (yo lo pedí! *aplausos*) porque es lo más genial que he leído de un personaje que me tiene más que enamorada, me ha hecho muchiiiiiiisima ilusión, no te llegas a imaginar cuanta.

    Y la última cosa es…. tachaaan! Pienso pedir especiales de Bradley cada Navidad!! Sí, lo he decidido en la segunda línea que leía y en la que ya estaba babeando (una vez más) por mi adoradísimo Bradley.

    Gracias, gracias y gracias por este grandísimo capítulo!!!!!!

    Gaby, fan #1 de Bradley para siempre, siempre, siempre.

    • Anna García-Reply
      28 diciembre, 2014 en 21:09

      ¿Y ahora qué te digo yo después de semejante comentario?

      Solo puedo darte las GRACIAS.
      Primero por leer la historia una cantidad indecible de veces (debes de saberte los diálogos de memoria como yo recito “Resacón en Las Vegas”).
      Segundo por haberme hecho esta petición porque, aunque reconozco que al principio tragué saliva varias veces pensando dónde me había metido al acceder, me lo he pasado genial dándoles vida de nuevo. Además, para volver a meterme en la personalidad de todos, he tenido que releer algunos capítulos clave y… lo reconozco, he llorado de nuevo.
      Y tercero pero no menos importante, gracias por tan bellas palabras.

      Yo también me he reído tela con el disfraz de Hulk. Y con los diálogos entre Matt y Bradley (ellos en su línea siempre), y con los niños diciendo palabrotas.

      En esta pequeña historia, también hay alguna referencia “basada en un hecho real”. Por ejemplo, Dani de pequeño tenía “pescadillas” y no pesadillas. Y Nico pasó una semana entera con los puños de Hulk puestos a todas horas… (tentada estuve de tirarlos a la basura).

      Te prometí que saldría Bradley manchado de grasa y lo cumplí. Te juro que he buscado el momento ideal y cuando se me ocurrió y vi que podía cumplir tu deseo y encima en ese lugar tan especial para ellos, no me lo pensé.

      ¿Pasar cada Navidad en casa de los Logan? Madre mía qué marrón…

      Me alegro de que te haya gustado tanto. Tenía miedo de no cumplir tus expectativas con tu personaje favorito… Así que, ¡MISIÓN CUMPLIDA! Ahora a centrarme de nuevo en Aaron.

      ¡Un besazo enorme!

  2. Ana fan numero 2 de Bradley y fan 1 de Matt!!-Reply
    28 diciembre, 2014 en 22:44

    No sere la uno pero soy la dos,que conste en acta jajajaja xD y ya de Matt soy la number one jajajaja xD aixxx que hombresss…

    Y como comento al capitulo yo ahora..mmm…vale ya…

    Risas
    1. Adoro los dialogoss hermanitos Logan jajajajajajajaja xD lo que me he llegado a reir!! Jajajajaja xD
    2. Los niños son la bombaa!! El momento disfraz Hulk dioss es buenisimo jajajaja xD
    3. Adoro a los abuelos jajajajajaja xD son geniales!
    4. Que risa con Matt y el veo veo jajajaa xD

    Lloros/momento emotivo

    1. Esa pedida..me ha matao…te juro que me he emocionao como una boba.. dando palmaditaa y todo..aixxxx que bonito ..

    Momentos en que Ana ha muerto:

    1. Con los peques..he muerto de amor..aixxx…
    2. Vale si a mi tambien me ha matao verlo manchadito de grasa…

    Y ahora mensaje a la autora:

    Cuando me entere de que harias el especial me alegro. Fue con esta historia cuando descubri al señor Bradley y fue cuando sucumbi a el. Bueno tengo que decir que compartir historia con mi Matt estaba dividida pero me enamoro. Y que decirte que eres maravillosa escribiendo y que haces magia cuando escribes en serio. Me ha encantado!y bueno gracias por animarme!!aixxx eres la mejor!!te adoro!!
    Muaaaaakssss!!
    Ana

    • Anna García-Reply
      28 diciembre, 2014 en 23:17

      ¡Gracias!

      Me preocupaba que guardara la esencia de la historia, porque la escribí hace bastante tiempo y han pasado muchos personajes después y llega un momento en que temo confundir sus personalidades…
      Por ejemplo, Bradley, Kai y Aaron tienen bastantes rasgos en común, pero a la vez son muy diferentes, y tenía miedo de mezclar la personalidad de uno con el otro.
      Por eso tuve que releer algunos capítulos de la historia.

      El veo veo es otro de los momentos “basados en hecho real”… ¿Te ha gustado? Pues a mí en su día, cuando lo viví, no me hizo mucha gracia… ¡Jajaja!

      Otra con la grasa… ¿Qué tendrá? 😛

  3. rocio fan numero 3-Reply
    29 diciembre, 2014 en 3:17

    Simplemente le ame 🙂 un buen regalo de navidad y buena espera para el capítulo de mañana.

    ¿si me quedo tirada en el coche puedo llamar a Brad?

    • Anna García-Reply
      29 diciembre, 2014 en 7:50

      Por supuesto que puedes llamarle! Yo os paso su número…

  4. Gabriella pimpampum toma lacasitos-Reply
    30 septiembre, 2015 en 23:08

    Hola! Nada, me he acordado y me ha dado añoranza… solo pasaba para decirte: comentario en moderación! jajajajajajajja

    • Anna García-Reply
      1 octubre, 2015 en 0:05

      ¡Jajajaja! Lo tuyo es grave…
      Comentario aprobado!

  5. Laura Gómez-Reply
    7 octubre, 2015 en 0:07

    Así en mayúsculas SIMPLEMENTE HERMOSA!!!!!
    Gracias gracias Anna por regalarnos historias que llenan el corazón de un hermoso sentimiento

    • Anna García-Reply
      7 octubre, 2015 en 0:10

      😀 Muchísimas gracias!
      La verdad es que las dos historias que tengo enteras en el blog hace mucho tiempo que las escribí, y gracias a ti, he podido hacerles un repaso. Se me ha escapado alguna sonrisilla y alguna que otra lágrima al leerla…

  6. Fatima-Reply
    18 octubre, 2015 en 17:38

    Puffffff! Te superas con cada historia, me ha encantado, yo quiero uno de esos, con un Matt o un Bradley me conformo. Muchas gracias por compartir unas historias tan bonitas.

    • Anna García-Reply
      18 octubre, 2015 en 17:44

      😀 Gracias a ti por leerlas!

      Un beso enorme

  7. Chary-Reply
    4 enero, 2016 en 9:30

    Hola Anna
    Que Decirte?????
    Sin palabrasssss,me han encantado todos tus libros….. Me has echo reír y llorarrrrrr en todos ellos
    Esta es la clase de lectura que yo quierooooo
    Muero de amor con cada personaje masculino. Y las féminas me encantan,, aun no he encontrado un pero en ninguno de tus libros. Bueno miento uno si….. Que se me hacen cortos jajjajajjaja
    Me declaró fan incondicional…
    Y deseando leer los siguientes no pares por favor por que después de leerte tengo tal resaca que no me engancha nada de lo que leo,, desde megan maxwl no me pasaba…. Pero te digo un secreto (tu lo has conseguido con creces y sobrada jijiji)
    Y ahora que hago yo si ya lo e leído todos???
    Un beso enorme

    • Anna García-Reply
      4 enero, 2016 en 14:31

      😀 ¡Jajaja! Mis historias son adictivas, ¿eh?

      Guau, muchísimas gracias por tus palabras. ¡Qué gozada saber que hay gente como tú que vive mis libros con tanta intensidad!
      Seguiré dándole a la tecla mientras me lo siga pasando tan bien como ahora.

      Miles de besos!

  8. Chary-Reply
    18 enero, 2016 en 21:09

    Tengo mono de tiiiiiiiii
    Necesito algo jajjajajja

    • Anna García-Reply
      18 enero, 2016 en 21:22

      😀 ¡Jajaja!
      Dadme tiempo… Necesito unas semanitas aún para presentaros a mi próxima criatura… 😉

  9. mdm80-Reply
    16 febrero, 2016 en 22:46

    Enhorabuena!
    He muerto de amor con tus libros, he reído y he llorado, amando a todos tus personajes. Me declaro incondicional de los Sullivan aunque Nathan es un personaje sensacional.
    Conocí tu literatura de casualidad y bebi tus libros en apenas dos semanas. El blog lo he conocido después y me parece maravilloso poder leerte en él.
    Eres increíble!!!
    Sigue así

    • Anna García-Reply
      17 febrero, 2016 en 0:21

      Muchísimas gracias!
      Es todo un honor haberte hecho sentir tanto con tan poco.
      Gracias por confiar en mí.

      Miles de besos!

  10. Maka-Reply
    26 marzo, 2016 en 2:03

    Maaaaaadre miaaaaa…lo empecé ayer por la mañana y no he podido parar hasta ahora….uuuuffff

    Me encantan Bradley y Harper! Me encantan Matt y Bree, me enaaaaaaantan David y Julliet…y me suuuuuper encantan Cameron y Lilly!

  11. Xiomi-Reply
    6 abril, 2016 en 19:14

    Sin palabras, hermosa historia, todos los personajes me enamoraron (excepto Eli y Debbi por supuesto). Los diálogos geniales, en fin todo. Solo me perdí un poco a partir del epilogo y el capitulo adicional por que no comprendía muy bien quien estaba contando la historia en ese momento, pero al ir leyendo iba comprendiendo. Felicitaciones a Anna Garcia.

    • Anna García-Reply
      6 abril, 2016 en 22:00

      🙂 Muchísimas gracias!
      Me gusta haceros trabajar… 😉

  12. PIVIRO-Reply
    7 abril, 2016 en 10:56

    Hacía tiempo que no leía unos libros tan entrañables como los tuyos. ERES MI ÍDOLO!!!! Cada vez que leo uno de tus libros me parece mejor que el anterior pero después me doy cuenta que es que me gustan todos. Esa sensibilidad que tienes, tu manera de escribir tan real como la vida misma, el sufrimiento de los personajes en situaciones que cada uno vemos reflejados en nosotros mismos. No es por hacerte la pelota, pero tengo en mi casa todos los libros que has publicado porque eres de las pocas autoras que me encanta releer y me parece que en papel me siento mucho más cerca de sus personajes tocando sus páginas. Mis sinceras felicitaciones por ese don que Dios te ha dado y que espero puedas seguir desarrollando durante mucho tiempo

    • Anna García-Reply
      7 abril, 2016 en 13:24

      Guau…
      Muchísimas gracias…
      De verdad que comentarios como el tuyo, me abruman. Es increíble todo el cariño que me dais y siento como que no os correspondo lo suficiente… Espero que mis historias os devuelvan todo ese cariño, porque sino, no sé cómo hacerlo…
      Millones de gracias por todo!

  13. Giovy-Reply
    8 abril, 2016 en 21:18

    Siemplemente me encanto, he leido todos tus libros y mis tres favoritos son Quedate a mi lado, Hasta que te conoci con Esta es nuentra historia y obviamente éste.
    Tienes una forma de escribir que me llega al alma, tus presonajes principales y secuandarios son maravillosos, definidos y con mucha personalidad.

    Me declaro absolutamente fans de Matt, me encanto 😉

    Muchisismas felicidades y por favor, no nos hagas esperar mucho para poder leer otra maravillosa historia de esas que tu sabes crear.
    Un abrazo

    • Anna García-Reply
      8 abril, 2016 en 22:50

      Muchísimas gracias!
      La verdad es que Matt tiene muchas fans… 😉 ¿Por qué será?

  14. Maria-Reply
    16 abril, 2016 en 20:45

    Me ha encantado, eres todo un descubrimiento, he leido todos tus libros publicados, no se si me queda alguno mas que como este, solo tengas aqui.
    Espero algo pronto

    • Anna García-Reply
      16 abril, 2016 en 22:55

      Por aquí hay un par de historias que no están publicadas: “Alex y Patrick” y “Segundas oportunidades”…
      No sé si las has leído, pero si no es así, te invito a que les eches un ojo!

  15. Ruth-Reply
    19 abril, 2016 en 20:00

    Hola Ana! Primero felicitarte ! , segundo tienes que publicarlo ya! Y tercero quiero leerlo otra vez.
    Me ha encantado las historias….he estado tan enganchada que deseaba acabar lo que tenía que hacer para volver a, capítulo que había dejado, al irme a dormir me acordaba de los personajes y mentalmente volvía a revivir lo que había leído….era como obsesión . En fin me ha encantado y si hubieras seguido escribiendo de ellos hubiera seguido leyendo. Es una sensación espléndida porque quieres seguir viviendo en tu mente esas historias y siempre quería saber más!. Espero que de Camerón y lyli hagas otros capítulos! Muchas gracias por darnos la oportunidad de leer esas fantásticas historias compartiéndolas con nosotras. Muchas muchas felicidades de todo corazón.
    P.d. Siempre leo en digital pero si lo publicas me lo compro en papel!.

    Saludos calentitos desde las Islas Canarias!

    • Anna García-Reply
      19 abril, 2016 en 20:16

      😀 Hola!
      Pues muchísimas gracias! Me encanta porque no eres la primera que me “acusa” de provocar sus ojeras y ansias lectoras, y eso me enorgullece un montón.
      Sí, me habéis convencido y planeo sacar a la luz estas historias… Aún no sé cuando, pero lo haré, prometido.

      Besos!

  16. Ana Marcela-Reply
    24 abril, 2016 en 20:15

    Mujer eres una dura!! Me ha encantado esta historia y todas las demas que ya he leido. Dios bendiga tu mente para que sigas creando cosas tan bonitas y tus manos para puedas seguir escribiendolad y dandonos así una alegria inmensa y una experiencia maravillosa con cada historia. Un gran abrazo!!

  17. May-Reply
    13 mayo, 2016 en 17:38

    Leído todo lo anterior no me queda más que decir.
    Lo comparto todo muchísimas gracias.Muxuxxxx

    • Anna García-Reply
      16 mayo, 2016 en 23:20

      😀

  18. Betsua-Reply
    24 mayo, 2016 en 1:38

    Me ha encantado tu historia, me gusta que pones personajes tan humanos, AMO A LOS HERMANOS LOGAN!!! Me enamorado de todos tus personas de esta y de otras historias, SOY TU FAN!!!

    • Anna García-Reply
      24 mayo, 2016 en 19:39

      Muchísimas gracias!

Deja un Comentario