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—¡Rápido, chicos! ¡Que perderéis el autobús!

—¡Ya voy! —grita Connor bajando las escaleras a toda prisa.

—¡Estoy listo! —dice Evan justo después.

Los dos se plantan frente a su madre, bien peinados y sonrientes, listos para pasar la inspección.

—Vamos a ver… Dientes limpios… Orejas limpias… Más o menos bien peinados… —sonríe pasando los dedos por el rebelde pelo castaño de Evan, echándoselo a un lado para que no le caiga en los ojos—. Gafas bien puestas…

Beth les mira a los dos, sonriendo muy orgullosa, listos y preparados para empezar un nuevo curso. Además, este año es especial, porque Evan ya tiene cinco años y empieza el colegio. Es un gran cambio con respecto a la guardería, pero Connor y Kai, que tienen siete y nueve años respectivamente, le ayudarán a adaptarse.

—¡Kai, espabila! —grita mirando hacia arriba.

—¡Vooooooooooooy! ¡Tranquila! ¡No hay prisa…! ¡Si perdemos el autobús, vamos corriendo y punto! —grita Kai, aún desde el piso de arriba, para la desesperación de su madre, que niega con la cabeza, consciente de que nunca conseguirá que su hijo mayor se ilusione por ir al colegio.

—Mamá, me he puesto hasta colonia. ¿Me hueles? —le pregunta entonces Connor, acercándose a ella, aunque no haría falta porque ya ha advertido el olor desde antes de que entrara en la cocina.

—¡Madre mía! ¡Qué bien hueles!

—Ya sabes, es el primer día de curso y me han dicho que Segundo Grado es muy chungo y si me meto a la Señora Meyers en el bolsillo, tengo medio curso ganado.

—Bien pensado, cariño, aunque espero que sigas sin necesitar más ayudas externas aparte de esto —dice picando con su dedo en la cabeza de su hijo—. ¿Y tú, Evan? ¿Listo para tu primer día de colegio?

—¡Listo y preparadísimo! ¡Estoy tan nervioso…! ¡Voy a tener un pupitre para mí donde poder sentarme para hacer los trabajos! ¡Y lápices de colores! ¡Y en la clase habrá una pizarra! ¿Sabes, mamá? Voy a intentar sentarme delante de todo para estar muy atento a la profesora.

—Ah, pues me parece muy bien, cariño —responde ella.

En ese momento, Kai entra en la cocina y, acercándose a Evan por la espalda, susurra en su oído:

—Entre tú y yo, eso no lo digas en voz alta cuando estés en el colegio…

—¿Por qué? —pregunta Evan.

—Porque te cogerán manía desde el primer día, y créeme, no querrás que eso ocurra.

—Kai, deja de meterle miedo a tu hermano —dice Beth cogiéndole de las manos para atraerle hacia ella—. Vamos a ver… Revisión… Kai, por favor. No te has lavado los dientes, aún tienes legañas en los ojos y no quiero ni mirarte la orejas. ¿Se puede saber qué hacías allí arriba en vez de asearte?

—Cagar.

—Oh, por favor, Kai… ¿Todo este rato?

—Y leer un cómic —asegura, sonriendo orgulloso—. ¿No dices siempre que tengo que leer más?

—Kai, ¿qué pasará si digo esas cosas y me cogen manía? —insiste Evan, con cara de susto, agarrando a su hermano de la manga.

—Que los mayores te zurrarán de lo lindo —le dice, provocando que Evan abra mucho los ojos, asustado.

—Pero vosotros no vais a dejar que eso pase, ¿no? Vosotros sois mayores… ¿Kai…? ¿Connor…? —les pregunta a los dos, que se sonríen entre ellos con malicia—. ¿Mamá…?

—Eso no va a pasar, tranquilo. Y si en algún momento algún niño te molesta, tus hermanos te defenderán. Ya me encargaré yo de que lo hagan, porque de lo contrario, se les acabó jugar al baloncesto en las pistas.

—¡Mamá! —se quejan los dos a la vez.

—Vosotros veréis… Ahora, tú —dice señalando a Kai—, arriba de nuevo a lavarte los dientes y la cara. Tienes dos minutos. Si en ese tiempo no has bajado, me encargaré de que tu profesora te cargue con tantos deberes para hacer este fin de semana, que no tendrás tiempo ni para comer.

—¿En el colegio mandan deberes para hacer en casa? —pregunta Evan ilusionado, dando pequeños saltos, mientras su madre y sus hermanos le miran con una mezcla de sorpresa e incomprensión reflejada en el rostro—. ¡Ay, qué bien!

—Mamá, confiésalo —insiste Kai antes de subir de nuevo al baño—, es adoptado, ¿verdad?

—¡Kai, el tiempo corre! ¡Baño! ¡Ya! —dice Beth señalando a su hijo.

—¿Qué pasa? ¡Me gusta el colegio! —se queja Evan, extendiendo los brazos, sin entender por qué a todo el mundo le extraña tanto que le haga ilusión aprender cosas nuevas—. Connor saca buenas notas y nadie se mete con él…

—Pero no digo cosas como «¡deberes, qué bien!» o «me voy a sentar delante del todo para estar más atento a la profe» —le contesta Connor imitando el tono de voz agudo de Evan.

En ese momento, Kai baja corriendo las escaleras y frena en seco delante de su madre, abriendo los brazos y dando una vuelta sobre sí mismo, pavoneándose.

—¡Listo! Preparaos nenas, que voy…

—Ahora sí. Guapísimo —dice Beth estrechando a Kai entre sus brazos mientras le susurra al oído—. Cuida de Evan, por favor. Ve a verle siempre que puedas…

—Si sigue siendo tan pedante, me va a dar mucha faena —le contesta en voz baja.

—Hazlo por mí, ¿vale, mi vida? —le pide dándole un beso en la mejilla antes de soltarle.

—Sabes que sí —responde Kai guiñándole un ojo—. Lo que sea por mi chica favorita.

—Y por ser el primer día, procura que no te castiguen… Intenta empezar el curso con buen pié…

—Veremos a ver…

Pocos minutos después, Beth observa desde el porche de casa a sus tres hijos en la parada del autobús. Ve como, al parase el vehículo frente a ellos, Evan se agarra de las manos de sus hermanos y que estos, lejos de incomodarse, a pesar de sus múltiples quejas y burlas, le miran sonrientes, intentando tranquilizarle. Kai incluso le agarra de los hombros y cuando se abre la puerta, se agacha a su altura y, señalando hacia el conductor, le explica algo mientras Evan asiente. Justo antes de subir, Connor, que siempre ha tenido una conexión especial con su madre, se gira hacia ella y levanta el pulgar sonriente para tranquilizarla, gesto que ella agradece lanzándole un beso y diciéndole adiós con la mano.

≈≈≈

Kai lleva un rato sentado en su pupitre, en la última fila de la clase, charlando con algunos compañeros de clase, cuando su profesora entra por la puerta.

—¡Buenos días, chicos!

—¡Buenos días, señora Clarke! —contestan todos a la vez.

En cuanto levanta la vista, sonríe afable, mirando alrededor, hasta que se fija en Kai, que está con la espalda recostada en la silla, mirando al techo mientras juega con un lápiz en la boca.

—Kai O’Sullivan.

—¡Sí, señora! —contesta él poniéndose en pie, haciendo el saludo militar mientras el resto de la clase ríe.

—Buen intento, pero quiero tenerte cerca… Cindy, haz el favor de cambiarle el sitio a Kai —le pide a una chica que hasta ahora estaba sentada en la primera fila.

—Está claro que sigue sin ser inmune a mis encantos… —comenta mientras se levanta.

Kai tira la mochila en el suelo, al lado del pupitre que ha quedado libre, mientras se deja caer en la silla.

—Mucho mejor —dice la profesora, justo antes de fijar su vista en la chica sentada a mano derecha de Kai—. Parece ser que tenemos una nueva alumna. ¿Por qué no te levantas y te presentas?

La niña le obedece al instante y se coloca a su lado, de cara al resto de alumnos. Se muerde el labio inferior, agachando la vista y juntando las manos frente a ella.

—¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? —la ayuda la señora Clarke, dándole unas pistas acerca de por dónde empezar.

La niña se coloca el pelo detrás de las orejas y cuando levanta de nuevo la vista, decide tranquilizarse fijando la vista en un punto, y el destino quiere que sea en Kai. Él abre los ojos de par en par y enseguida se le dibuja una enorme sonrisa en los labios.

—Me llamo Judith McBride. Antes vivía en Minnesota, pero a mi papá le han trasladado a Nueva York y…

Mientras habla, Kai se echa hacia delante y apoya la barbilla en las manos, escuchándola detenidamente. Al rato, cuando ella acaba de hablar y vuelve a sentarse, la profesora les pide que saquen sus libros. Judith lo hace, pero Kai es incapaz de quitarle los ojos de encima.

—¿Qué miras? —le dice ella de repente.

—Ah, ¿que no te has dado cuenta aún? Pues a ti —contesta él sin cortarse un pelo.

Ella gira la cabeza hacia la profesora, disimulando, atenta a las explicaciones de la señora Clarke, aunque Kai puede comprobar que se ha sonrojado un poco.

—Si quieres, a la hora del recreo, te puedo hacer de guía turístico… Ya sabes… enseñarte un poco todo esto…

—Kai, por favor… —le llama la atención la señora Clarke—. Vamos a empezar bien el curso. Dime que el verano te ha servido para darte cuenta de que quieres hacer algo de provecho en la vida…

—Puede apostar por ello, señora.

—Vale, pues demuéstramelo.

Kai asiente con la cabeza mientras la profesora sigue con la explicación. Pocos segundos después, él se inclina hacia su derecha, y sin dejar de mirar al frente, insiste en voz baja:

—¿Qué me dices? ¿Tenemos una cita?

—No.

—¿Por qué no?

—Calla y déjame escuchar —susurra Judith.

—Conocer las capas de la Tierra no te servirá de mucha ayuda en el futuro, créeme. En cambio, conocerte este colegio como la palma de tu mano, es de vital importancia para ti.

—¿Ah, sí? ¿Y eso por qué?

—La cafetería, por ejemplo. ¿No quieres saber el camino más corto para llegar desde aquí? Te advierto que los primeros se llevan lo mejor… Y si toca verdura, las coles de bruselas se quedan siempre para el final…

Ella le mira de reojo, arrugando la boca, aunque sin dar su brazo a torcer, aún atenta a las explicaciones de la profesora, que sigue paseando a un lado y a otro de la clase.

—Los baños —insiste él—. ¿Acaso no te interesa saber qué baños están más limpios? Porque para tu información, sí, hay algunos más limpios que otros o…

—Kai, segundo aviso —La señora Clarke vuelve a parar la clase para llamarle la atención—. Al tercero, te mando al despacho del director Zachary, que ya te debe de echar de menos.

—Solo estoy siendo amable con la chica nueva —se excusa él—. Ya sabe, para que no se sienta sola y sin amigos…

—Muy amable por tu parte, pero espera al recreo para estrechar lazos.

—¡Eso mismo le estaba diciendo yo! Que saliera conmigo a la hora del recreo. ¿Ves, Judith? Si no quieres hacerme caso a mí, haz caso de la voz de la experiencia.

La profesora resopla con fuerza, dándole por imposible, mientras intenta acallar las risas de los demás alumnos. Kai tiene el poder de alborotar una clase con un solo comentario, y a veces, reconducirles es una ardua tarea.

Por suerte para ella, el resto de la hora de clase acaba sin más incidentes y en cuanto suena la alarma para salir al recreo, todos los alumnos salen despavoridos.

—¡Kai! ¡¿Vienes?! —le grita un compañero.

—¡Un momento! ¡Le prometí a mi madre que le echaría un ojo a Evan! —contesta él.

Corre hacia la zona del parvulario, donde están las clases de los niños más pequeños del centro, y busca la clase de Evan. A través del cristal de una de las puertas, le ve sentado alrededor de una mesa, con un lápiz en la mano, sacando la lengua mientras se esfuerza en escribir algo en una hoja. Es el único que está sentado, ya que el resto de sus compañeros están repartidos por toda la clase, la mayoría jugando. Kai, resignado, apoya las manos en la puerta y le observa mientras niega con la cabeza. Entonces, la profesora le ve en la puerta y se acerca hasta Evan para avisarle. En cuanto levanta la vista, sonríe de oreja a oreja y levanta la hoja para enseñársela. Kai, levanta los pulgares para compartir su entusiasmo. La profesora se levanta y entonces Evan coge la hoja y se acerca hasta la puerta.

—Hola, Kai —le saluda.

—¡Eh! ¡Hola! —le responde agachándose a su altura—. ¿Cómo te va? ¿Te gusta?

Evan se muerde los labios y agacha la cabeza, mirando la hoja que lleva entre las manos. Mueve los ojos de un lado a otro, indeciso, hasta que Kai le insiste:

—¿Evan…? ¿Estás bien?

—Es que no quiero que te enfades…

Kai chasquea la lengua y le revuelve el pelo con cariño.

—No me enfado. Te lo prometo —le dice mientras Evan levanta la vista y le mira muy ilusionado.

—Me encanta, Kai. ¡Mira lo que estoy haciendo!

—¡Vaya! ¿Lo has hecho tú solo? —le pregunta con orgullo, provocando que Evan asienta sonriendo—. ¡Pues está genial! Escribes muy pero que muy bien.

—Me ha dicho la profesora que me lo puedo llevar para enseñárselo a mamá y papá. ¿Vendrá Connor a verme? ¿Le dices que venga y así se lo enseño? Pero no le digas lo que he hecho, que será una sorpresa. La profesora ha dicho que hoy no saldremos al recreo, y por eso estamos jugando aquí en clase, así que no os veré allí. Para mí mejor, porque prefiero practicar las letras. ¿Y sabes qué más? Somos la clases de las estrellas y, ¿sabes a dónde nos van a llevar? ¡Al planetario! ¿Te lo puedes creer? ¡Y vamos a hacer más excursiones!

En ese momento, Kai, que había permanecido atento a todas sus explicaciones, intentando seguir y entender todo lo que su hermano le decía, a pesar de hablar de forma atropellada debido a la emoción, empieza a reír.

—¿Qué pasa? ¿De qué te ríes?

—De nada, colega —le contesta abrazándole y cogiéndole en brazos para llevarle de nuevo dentro de clase—. Solo estoy feliz de que te guste tanto venir al cole. Estoy seguro de que harás algo grande en la vida.

—Tú también —asegura Evan antes de apretar los labios contra la mejilla de su hermano para darle un enorme beso.

—Nos vemos a la salida, ¿vale? Te vendremos a recoger para ir juntos en el autobús. Espéranos a Connor o a mí, no salgas sin nosotros.

—Prometido.

Camina hacia atrás, diciéndole adiós a Evan con la mano hasta que, al salir al pasillo y darse la vuelta, se encuentra con Judith.

—Hola —la saluda él, metiéndose las manos en los bolsillos del vaquero.

—Hola —responde ella, sonriendo y echando rápidos vistazos a la clase de Evan.

—Es mi hermano pequeño —le informa él rascándose la nuca, algo avergonzado—. Es su primer día… y mi madre me ha pedido que venga a verle y…

—Es genial… —dice ella agachando la cabeza mientras se coloca unos mechones de pelo detrás de las orejas.

—¿Sí? —contesta Kai sorprendido, hasta que, al ver la oportunidad que se le acaba de presentar, decide aprovechar la ocasión—. Sí, la verdad es que no me cuesta nada y así le veo y yo también me quedo más tranquilo.

—Qué tierno…

—Sí… Esto… ¿te has perdido?

—Eso parece.

—Eso te pasa por no aceptar mi invitación. ¿A dónde querías ir?

—Al despacho del director. Tengo que entregar unos papeles que les pidió a mis padres…

—Sígueme, conozco el camino bastante bien —dice empezando a caminar, mirándola de reojo.

—Eso me ha parecido antes…

—Bah, las malas lenguas…

Caminan uno al lado del otro, esquivando a varios alumnos que, a pesar de la prohibición expresa, corren por los pasillos. Muchos de ellos saludan a Kai porque, a pesar de ser de cuarto, muchos le respetan como si fuera del último curso.

—Es aquí —dice entonces Kai, abriendo la puerta—. ¡Buenos días, Rose! ¿Cómo ha ido el verano?

—¡Malackay O’Sullivan, no me digas que ya te han castigado! ¡Batirías tu propio récord!

—¿Por quién me tomas, Rose? Solo venía a saludarte —contesta con su mejor sonrisa, haciendo las delicias de la secretaría del director—, y a acompañar a esta señorita. Rose, ella es Jud, es su primer día en el colegio y ha tenido la suerte de que me sentara a su lado en clase. Jud, ella es Rose. Es colega, y de fiar, cualquier cosa que necesites, puedes confiar en ella…

Las dos le miran divertidas, hasta que Rose, poniendo los ojos en blanco, mira a Judith y con una sonrisa afable.

—Me llamo Judith, no Jud.

—Jud es más corto y mola más.

—Nadie me llama Jud.

—Y no dejes que nadie más lo haga, así el honor será solo mío.

—Bienvenida —interviene entonces Rose—. ¿Qué necesitas?

—Venía a traerle estos papeles al señor Zachary…

En ese momento, el director sale de su despacho.

—Rose, salgo unos minutos a…

En cuanto ve a Kai, se frena en seco, mira el reloj y, con la boca abierta, le pregunta:

—¿Ya? ¿Tan solo dos horas has tardado?

—Que no estoy castigado… Solo he venido a acompañarla. Es nueva, y no sabía donde estaba su despacho. Qué fama tengo…

—Totalmente inmerecida, ¿verdad? —dice el señor Zachary, dándole unas palmadas en la espalda—. ¿Cómo ha ido el verano? ¿Tus hermanos están bien? ¿Y tus padres?

—Todos bien, señor. De hecho, Evan ha empezado este año.

—Otro O’Sullivan… ¿Me tengo que poner a temblar?

—No, para nada. Evan es muy inteligente. Mis padres han ido perfeccionando la especie conforme tenían hijos. Yo soy la prueba piloto y lo han ido mejorando hasta llegar a Evan.

—No te infravalores, Kai. Si te esforzaras tanto para estudiar como para hacer el mal, sacarías unas notas de escándalo.

—Me va más el lado oscuro…

—Ya… —resopla y, dirigiéndose a Judith, añade—: ¿Qué tienes para mí? Ah, sí. ¿Estos son los papeles que les pedí a tus padres?

—Sí, señor —contesta ella de forma muy educada.

—Perfecto entonces. Gracias. Espero no volver a verte por aquí en todo el curso y a ti —dice mirando a Kai—, al menos esta semana.

—Cinco días seguidos… Lo intentaré.

En cuanto salen de nuevo al pasillo, Kai la mira e intentando disimular su nerviosismo, evita su mirada.

—¿Quieres que te lleve a algún sitio más? ¿Sabes llegar a tu taquilla desde aquí? Yo voy para la mía para coger el bocadillo…

—No hace falta… Creo que me puedo orientar y sé llegar desde aquí.

—Vale… Pues nos vemos luego…

—Hasta luego.

La observa mientras se aleja y sabe que, aunque intente disimularlo, va muy perdida. Camina por el pasillo, recto, y si continúa así, acabará llegando a la puerta principal. Así pues, chasqueando la lengua, corre hasta ponerse a su altura.

—¿Te han adjudicado una taquilla fuera del colegio?

—¿Cómo? —pregunta ella con la cara roja como un tomate.

—¿Qué taquilla tienes?

—La 274 —susurra mordiéndose la mejilla por dentro de la boca.

—Ven —La agarra del brazo, tomando el primer pasillo a la izquierda, caminando pocos metros hasta que, apoyándose en una de las taquillas, le dice—: Esta es.

Judith se acerca a la que le indica y le mira con suspicacia antes de intentar abrirla.

—No te preocupes. Abrir taquillas no es uno de los motivos por los que piso tanto el despacho del director…

—No sé si eres de fiar… La fama que te precede habla por sí sola… —dice ella, haciendo girar la rueda para poner la combinación numérica.

—Como quieras. La mía está allí —señala mientras camina hacia la suya.

Mientras él coge su bocadillo, no puede evitar sonreír. Judith no solo es increíblemente guapa, sino que además parece una chica lista, no una boba que solo se preocupa por su aspecto físico. Y lo mejor de todo es que no se corta nada frente a él.

—¿Vas hacia el patio?

Kai se asusta al escuchar su voz tan cerca y no puede evitar dar un pequeño salto.

—¿Te he asustado? —dice Judith sin poder contener la risa—. Pensaba que eras un tipo duro.

—No… No, no me he asustado. Es solo que… Bueno, no…. Es igual. Que sí, que voy hacia el patio.

—¿Estás nervioso o algo? —le insiste ella, mirándole de reojo.

Kai la mira y, al verla sonreír de forma burlona, sin dejar de mirarle de reojo, entorna los ojos y ríe negando con la cabeza.

—¿Nervioso yo? ¿Por una chica? —pregunta con soberbia mientras salen al exterior—. Nunca me verás nervioso por culpa de una chica…

—¿Nunca? ¡Ya, claro! —le reta, acercándose a él con las manos en la cintura.

Se quedan un rato mirándose de frente, a escasos centímetros el uno del otro. Ella no retrocede ni un centímetro, aguantándole la mirada, mermando poco a poco la resistencia de Kai, que traga saliva cuando empieza a notar que su respiración se hace cada vez más pesada.

—¡Kai! ¡¿Echas unas canastas con nosotros?!

Le llaman a lo lejos, pero ellos dos no se inmutan. Se siguen mirando, aunque Kai empieza a claudicar y a echar rápidos vistazos alrededor.

—¿Qué es esto? ¿Una especie de pelea para ver quién aguanta más? —dice, pensando que usar una estrategia diferente pueda mover la balanza a su favor—. Porque te advierto que me encantan las peleas… Y yo nunca pierdo…

—¡Kai! ¡¿Vienes o qué?! —vuelven a llamarle.

—Te esperan tus amigos —dice Judith.

—Que les jodan.

—¡Anda, tira para la pista! —le pide ella, dándole un empujón.

—¿Y dejarte aquí sola y desamparada?

—Créeme, sé cuidarme sola… Además, si me siento en peligro, gritaré para que vengas a salvarme.

—O si te entran unas ganas locas de ir a mear y no recuerdas el camino… —asegura él señalándola mientras camina de espaldas hacia la pista.

En cuanto llega, le indican con quién forma equipo y enseguida le llega el balón. Después de driblar a un par de chicos y de hacer una pared con Tony, ya cerca de la canasta, se eleva y lanza el balón, que entra de forma limpia a través del aro. En cuanto lo hace, mira hacia Judith para comprobar que le haya visto encestar. Comprueba que se ha sentado en un banco y que desde allí, sigue atenta los lances del partido. Ella le sonríe, hecho que envalentona a Kai, que enseguida vuelve a pedir el esférico e intenta acercarse a la canasta.

—¡Pásala, tío! —le recrimina un chico, pero él quiere lucirse frente a ella, quiere que le vea encestar, y si puede ser, una canasta tras otra.

—Deja de pavonearte y pásala, colega —le dice Tony, dándole un puñetazo en el hombro.

Pero Kai no les escucha. Su única obsesión ahora mismo es encestar cuantas más canastas mejor. Y cada vez que lo hace, ella sonríe, incluso aplaude, y Kai ve cada vez más cerca el momento en que le pueda dar un beso y pedirle que sean novios. Al fin y al cabo, eso es lo que hace la gente cuando se gustan, ¿no? Hacerse novios…

—¡Que la pases! —le dice entonces Troy, un chico un curso mayor que él, dándole un fuerte empujón que le hace caer al suelo de culo.

Muchos de los chicos empiezan a reír, incluso algunos que ni siquiera estaban jugando, así que lo primero que hace Kai es mirar hacia Judith, y cuando la descubre riendo también, se enfurece y, enrabietado, se pone en pie en busca del chico que le empujó.

—¡Ha caído de culo, el muy tonto! —ríe, ajeno a las intenciones de Kai hasta que este se abalanza sobre él y le da un par de puñetazos.

El chico se zafa y, aún en el suelo, empieza a retroceder mientras otros gritan para llamar la atención de los profesores encargados de vigilar la hora del recreo.

—¿Qué pasa aquí? —pregunta uno de ellos en cuanto se acerca, agarrando a Kai por la espalda.

—¡Se abalanzó sobre mí! ¡Sin motivos! —se queja el chico, limpiándose la sangre que le mana de un labio, mientras una profesora se interesa por sus heridas.

—¡Y una mierda! —grita Kai—. ¡Me empujaste y te reíste de mí! ¡Gilipollas! ¡Que eres un gilipollas!

—¡Eh, eh, eh! ¡Basta, Kai! ¡Y vigila ese lenguaje! —le advierte el profesor que le agarra.

—Pero es que… Es que… ¡Ese capullo empezó!

—¡Kai! —vuelve a reprenderle el profesor.

—¡Tú me pegaste!

—¡Vete a la mierda, Troy!

—Ya está bien, Kai. Acompáñame al despacho del director.

Kai se deja llevar, pasando entre una multitud de chicos que le observan, unos riendo aún por la caída, otros le miran con cara de miedo y algunos le aplauden y vitorean. Él está avergonzado aún, porque piensa que ha hecho un ridículo enorme, y no puede quitarse de la cabeza la imagen de Judith riéndose de él. Camina con la cabeza agachada, hasta que entran en el despacho del director.

—No puede ser… —resopla Rose.

—Siéntate ahí —le pide el profesor que le ha acompañado, señalando las sillas situadas a mano izquierda, mientras le explica a Rose el motivo de su presencia allí.

Pasan casi quince minutos cuando el director entra por la puerta. Se le queda mirando y luego, extrañado, mira a Rose y a su reloj.

—Esto ya lo he vivido… Cuando he salido antes… tú te habías ido, ¿no?

Al no contestarle Kai, el director mira a Rose, que asiente con la cabeza, resignada.

—Se ha peleado con Troy Adams de quinto, le ha pegado algunos puñetazos, y ha dicho algunas palabras malsonantes… Troy sigue en la enfermería…

El director le mira fijamente durante unos segundos observando a Kai, el cual, apoyando la cabeza en la pared, mira el techo mientras golpea las patas de la silla con los pies.

—¿Ya estás contento? Primer día de clase, primera llamada a tus padres.

Kai se encoge de hombros, haciendo ver que le trae sin cuidado que le castiguen y que llamen a sus padres. Y es así, ahora mismo, lo único que le preocupa es que Judith le haya visto hacer el ridículo.

Media hora después, su madre entra en el despacho del director y, tras sentarse en la silla de al lado de su hijo, le mira con gesto severo.

—¿Ni un día, Kai? ¿Qué intentabas? ¿Batir un récord?

El director sonríe sin despegar los labios, dándose cuenta de que todos piensan lo mismo, aunque enseguida se pone más serio y le explica a Beth lo sucedido, incluyendo el estado físico de Troy, que ha salido de la enfermería con una ceja rota y un hematoma en el pómulo.

—¿En qué estabas pensando, Kai? —le pregunta su madre—. En nada bueno, como siempre. Kai, por favor… Inténtalo al menos…

Después de soportar las charlas de su madre y del director, Kai vuelve a clase. La señorita Hubert está en mitad de la explicación de la fotosíntesis cuando él entra. Se deja caer en su pupitre y apoya los brazos encima de la mesa.

—Bienvenido, Kai —le saluda mirándole por encima de sus gafas—. ¿Y tu libro?

—En la taquilla —contesta él con desgana, sin siquiera mirarla.

—Este va a ser un curso muuuuuy largo… —resopla la señorita Hubert, quitándose las gafas y cogiéndose el puente de la nariz con los dedos—. Judith, ¿puedes acercar tu pupitre al de Kai y compartir tu libro con él?

Ella obedece al instante, sin rechistar, mientras Kai, incómodo, mira hacia el otro lado y la profesora prosigue con su explicación. Aún no está listo para mirarla a la cara, para enfrentarse a su mirada burlona por el ridículo de antes. De repente, siente unos suaves golpes en el brazo pero cuando mira a Judith, ve que está con la vista fija en la profesora. Se fija entonces en el papel que reposa encima del libro situado entre los dos.

«Juegas muy bien al baloncesto, aunque creo que te va más el boxeo»

Kai sonríe agachando la cabeza, totalmente extasiado de felicidad y aliviado al comprobar que ella parece no haberle dado mucha importancia a su caída. Entonces, ella vuelve a acercarse el papel y, con la misma letra pulcra de antes, vuelve a escribir.

«Más que como guía, prefiero contratarte como guardaespaldas. ¿Cuál es tu precio? ¿Me va a costar muy caro?»

Kai gira la cabeza y entonces sus miradas se encuentran. Él entorna los ojos, sopesando su respuesta, la cual tiene muy clara, aunque no sabe si atreverse a confesarla. Se muerde el labio inferior y finalmente, cuando ve que ella le tiende el lápiz, se decide a escribir.

«Un beso es la tarifa normal»

En cuanto gira el papel para que ella lo lea, traga saliva y la mira expectante para ver su reacción. Judith levanta una ceja y luego, sin mirarle, dobla el papel y lo guarda al final del libro. Kai, resignado, apoya la barbilla en una mano y simplemente evade su mente, dejando que los minutos pasen, sin más. Así, en cuanto suena el timbre indicando el final de la clase y la hora del comedor, sale de clase y arrastra los pies hacia allí. En cuanto entra, antes de recoger su bandeja, se acerca a la mesa de los de primer curso y saluda cariñosamente a Evan. Charla con él y con alguno de sus compañeros un rato, y luego se acerca hasta Connor, que está en la fila para recoger la comida.

—Me han dicho que has batido tu propio récord…

—Las noticias vuelan. ¿Me cuelas? —dice cogiendo su bandeja mientras Connor le deja ponerse delante de él.

—¿Estás bien?

—Por supuesto.

—¿Qué ha pasado?

—Que el gilipollas de Troy me empujó y se rió de mí.

—¿Ya está?

—¿Te parece poco?

—Le has partido la ceja…

—Es igual… Evan está bien. Se lo está pasando en grande —dice cambiando de tema mientras sostiene la bandeja ya con la comida en ella, esperando a que la recoja su hermano.

—Ya. Le fui a ver antes y estaba contentísimo porque le van a llevar al planetario.

—¡Jajaja! Lo sé. Qué raro es…

—Es adoptado —bromea Connor—. Bueno, tío. Nos vemos en el pasillo para coger el autobús.

—Vale. Hasta luego, Con.

Cuando se separan y Kai levanta la vista para buscar un sitio donde sentarse, ve a Tony haciéndole señas a los lejos, pero entonces ella se pone a su lado y le da un beso en la mejilla.

—¿Con eso vale? —le pregunta.

—Eh… Yo… Pues… —balbucea Kai, totalmente alucinado.

—Me tomaré eso como un sí —resuelve ella rápidamente—. ¿Me presentas a tus amigos?

Desde ese día y hasta que a su padre le volvieron a trasladar de oficina en el trabajo, casi dos años después, fuimos inseparables. Incluso logró que durante el tiempo que estuvo a mi lado, pisara mucho menos el despacho del director. Creo que el señor Zachary llegó a echarme mucho de menos, y Rose también, pero yo era sorprendentemente feliz portándome bien. Mis padres también estaban maravillados, tanto por mi comportamiento como por mis notas, que mejoraron mucho. Jud fue especial… Fue mi primer amor de verdad.

12 Comentarios

  1. Ana-Reply
    30 marzo, 2015 en 10:36

    Ves una inicia mejor la semana con un capitulo tuyo jajajajaja xD

    Y bueno vayamos al tema:

    1. Empezare con mi Evan…YO TE JURO

    • Ana-Reply
      30 marzo, 2015 en 10:48

      MIERDAAAAAAAA!! le he daoa publicar antes de tiempo 🙁 PERDON PERDON….

      SIGAMOS:

      1. Empezare con mi Evan..YO TE JURO QUE LO ADORO!! yo a este niño me lo como!!! si es que es adorable todo el!! Lo emocionao que esta mi chiqui…que va ir a planetario!! (eso me recuerda….jajajajaja xD ) lo dicho adorable!!!yo quiero tenerlo como alumno!!

      2. Mi CONNOR sale poquito pero sale…aixx…esa complicidad con su mami.. aixxx…a él me lo como también pero de otra manera jajajajajaja xD

      3. Y el GRAN kai!! ME ENCANTA! yo te juro que ya le echaba de menos!!lo que me rio con él es poco jajajajajaj xD me encanta!! No digo mucho más que la señora kai sino me mata jajajajaja xD

      4. Me encanta la historia de kai…me encanta que conozcamos a kai desde el principio. Hemos empezado por su infancia y ya vemos que era un perla jajajaja xD Y bueno hemos conocido a su primer amor…ves mira la Juduth le hizo sentar la cabeza durante un tiempo..bien por ella.. 😉 Y la verdad es que como no con ganas de saber más!!me encanta ver la unión de los hermanos desde pequeños..ese cariño que hay entre ellos me encanta…

      5. Y ese momento Beth mandandolo al baño…no se porque te he visto a ti diciendo lo mismo a los mellis jajajajaja xD

      Bueno guapi que me encanta ya desde el minuto la historia de Kai y como no con ganas de más!!

      Un besazo!!
      Muaaaaksss
      Ana

      • Anna García-Reply
        30 marzo, 2015 en 12:13

        😀 Kai no os va a sorprender mucho porque, como veis, desde pequeño era genio y figura…

        Bueno, algo de realidad sí hay en la relación de Beth con sus hijos (sobre todo con Kai y Evan, que son un calquito de mis propios hijos…)

        Espero que con esta historia lleguéis a conocerle un poquito más… 😉

        • Anna García-Reply
          30 marzo, 2015 en 12:16

          Ah, y tu Connor sale poco en este… Pero te prometo que sabrás mucho más de él más adelante…

  2. Melina la Presionadora-Reply
    30 marzo, 2015 en 11:10

    Dios estoy de acuerdo con Anna!!!
    Me ha encantado y como me gusta este hombre desde que era pequeño!!
    Un besote y esperamos la nueva muy pronto!!

    • Anna García-Reply
      30 marzo, 2015 en 12:15

      ¡Genial!

      Pues el lunes que viene, daremos un pequeño salto en el tiempo y sabremos algo más de él…

      La idea es que en cada capítulo, aparte de conocer algo más a Kai, viviremos alguna parte de la historia de esta familia…

      Espero que os guste, aunque ya advierto que es como un pequeño spin-off (y recalco lo de pequeño), porque la próxima historia nueva está al caer…

  3. laura-Reply
    30 marzo, 2015 en 15:11

    uooooooo me encantaaaa!!! jajaja este kai… me he reido un montón! me encanta el momento baño de «tienes dos minutos» me recuerda a mi misma cuando se lo digo ami niña, que se llama Judith! que pase la semana yaaaa
    petonicus

    • Anna García-Reply
      30 marzo, 2015 en 15:16

      😀 Yo también les cronometro… Los «venga, vamos, dale, dale, dale, rápido, un, dos, un, dos…» en mi casa son habituales… Así como sus respuestas, que se parecen sospechosamente a las de Kai en el caso de uno de ellos, y a las de Evan en el caso del otro… 😉

      ¿Ah, sí? ¿Tu hija se llama Judith? ¡Precioso nombre! Quizá algún día se cruce con un Malackay, sobre todo si viaja a Irlanda… ¿quién sabe?

      La semana que viene, ¡más!

  4. ROSA JARA-Reply
    30 marzo, 2015 en 20:27

    kai , evan y connor
    como olvidarlo si son perfectos
    cada una en su estilo me encanto saber un poco mas de ellos
    lo ame muchas gracias ANNA
    un besote

    • Anna García-Reply
      30 marzo, 2015 en 20:39

      ¡Gracias Rosa!

      Son unos personajes que dan mucho juego, así que pueden regalarnos cientos de historias…

      El lunes que viene, ¡nueva entrega! 😉

  5. claudia-Reply
    30 marzo, 2015 en 21:51

    Espera espera espera, pero esto es, lo que me imagino que es??? La historia de nuestros grandes y perfectos chicos hermanos, desde pequeños??? Menos mal que me he suscrito a bloglovin, y casualmente como ya te tengo fichada, he visto que había algo nuevo y casi me da un parraque de la emoción, al leer tanto nombre conocido de golpe!!! Va a continuar, o serán historias sueltas, de los distintos libros???

    • Anna García-Reply
      30 marzo, 2015 en 22:55

      Hola! Jajaja!

      He llevado un día de locos y se me ha olvidado avisarte…

      Será como un spin-off solo de Kai… Unos pocos capítulos, diez como mucho. Fue petición de Gaby y la verdad es que yo también le tenía ganas…

      La nueva, la empezaré a publicar cuando acabe esta.

      Un besazo enorme!

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